Portada del sitio > Obras académicas > Disertaciones > Rivadeneira Prada, Raúl. Presencia permanente de Cervantes y el Quijote en (...)

Rivadeneira Prada, Raúl

Presencia permanente de Cervantes y el Quijote en Bolivia

Viernes 4 de marzo de 2016, por Tatiana Alvarado Teodorika

Presencia permanente de Cervantes y el Quijote en Bolivia
RAÚL RIVADENEIRA PRADA (leer la presentación)

Inmensidad de la obra cervantina
Situarse en el mundo de Cervantes y el Quijote es como hallarse en medio del mar, a bordo de una frágil y diminuta barca, maravillado por su inabarcable inmensidad. ¿Cuánto se ha escrito acerca de ellos? Nunca lo sabremos con exactitud. Pero sí sabemos que, después de la Biblia, el Quijote es la obra más difundida en español y que se ha traducido ya a más de cien lenguas.
La primera traducción a un idioma extranjero (el inglés), se la debe al hispanista y estenógrafo británico Thomas Shelton, publicada en 1612. Shelton se basó en la versión española lanzada cinco años antes en Bruselas. La última traducción, hasta ahora, es la vaciada al quechua por el peruano Demetrio Tupaj Yupanki, con rústicas ilustraciones realizadas por habitantes del pueblo de San Juan (Perú). Fue presentada públicamente el 12 de mayo de 2006.
La primera traducción al alemán, data de 1621, se debe a Pahsch Basteln von der Sohle. El hispanista César Oudin la editó en francés en 1614. Lorenzo Franciosini, lexicógrafo y profesor de español en Siena y Pisa tradujo el Quijote al italiano y lo publicó en Venecia, en 1622. Estas son las traducciones más próximas a la primera edición de la novela.
La bibliografía producida en español y otras lenguas es incalculable. En sólo dos años (2005-2006), con motivo del IV Centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, se han editado en castellano más de 400 nuevos libros, según informa Alberto Blecua, en el estudio introductor de una nueva edición de la novela, dirigida por él y publicada en la colección Austral de Espasa Calpe, Madrid, 2007.
¿Qué se puede decir de Cervantes y del Quijote, que no se haya dicho ya en los últimos cuatrocientos años? Con ligereza de juicio podría suponerse que ya nada queda por decir. Sin embargo, con mejor discernimiento por relecturas de la obra, se puede afirmar que en esta prodigiosa e inagotable cantera aún hay riqueza inexplotada.
Actualidad del Quijote
El Quijote es tan actual como los sucesos cotidianos. Su presencia en nuestras vidas es permanente y sorprendente. ¿Por qué? Porque nos toca de cerca y da la mediad de nuestra identidad, no con chauvinismos mezquinos, sino con la esencia de la especie humana, con la cultura universal.
Recordando las palabras de Ítalo Calvino digamos que el Quijote es el clásico de cada uno de sus lectores: “Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo, en relación y a veces en contraste con él”, dice el célebre escritor cubano-italiano, autor, entre otras obras, del sustancioso ensayo Por qué leer a los clásicos.
Abunda en este tema el generoso ensayo “Vigencia del Quijote”, de José Manuel Martín Morán, publicado en el Boletín de la Real Academia Española, Tomo LXXXV, enero-diciembre de 2005. Con sobrada razón, Claudio Guillén dice acerca de esto: “Cervantes (el Quijote), nos sorprende una y otra vez incitándonos a examinar críticamente los más variados temas, convirtiéndolos en problemas, dramatizándolos mediante diálogos, y considerando su posible proyección en conductas reales y personales” (Edición conmemorativa, del Quijote. Asociación de Academias, Alfaguara, Madrid, 2004).
La respuesta crítica más temprana tras la aparición pública del Quijote parece ser la de John Locke, hacia 1690. En su obra Ensayo sobre la comprensión del hombre, el filósofo inglés escribe: “Ninguno de los libros de ficción que yo conozco se iguala a Don Quijote en utilidad, humor y formidable decoro”. Daniel De Foe (1720) habla del “quijotismo de Robinson Crusoe”.
Dostoeiwski escribió en 1840: “Si este mundo se acabara, y en el otro nos preguntaran qué hemos aprendido de la vida en la Tierra, y a qué conclusión hemos llegado, bastaría presentar un volumen del Quijote y decir: Esta es nuestra conclusión acerca de la vida. ¿Pueden por ella inculparnos?”
Sigmund Freud le dijo en una carta a su novia Martha Bernais que durante el caluroso verano de 1883 estuvo más concentrado en la lectura de Don Quijote que en estudiar la anatomía del cerebro.
En la apreciable extensión de cuatro siglos con Cervantes y el Quijote, el mundo literario, se transformó y los universos místico, político, social, económico, psicológico, encontraron puntas de ovillo para construir teorías, desgranar ideas, desmadejar hechos y emociones en busca de una mejor comprensión de la naturaleza humana.
Los primeros lectores del siglo XVI hallaron en la novela un motivo de sabroso entretenimiento, calificándola como una comedia harto reidera. El Romanticismo del siglo XIX la clasificó como descriptiva y representativa de la ficción y la realidad fusionadas.
El propio vocablo “Quijote” ha evolucionado semánticamente. Referido a un ser humano, adquiere inicialmente el sentido de loco, disparatado; después, el de sujeto cómico, burlesco y caricaturesco; en el siglo XIX, pasa a significar “hombre idealista y romántico”; en el siglo XX, es paradigma de libertad y justicia. En otros idiomas, se lo ha cubierto con semas opuestos por ejemplo: The Oxford Paperback Dictionary (1998) mantiene el sentido romántico de la palabra cuando registra “quijotesco” de este modo: “quixotic: noble, caballeroso, altruista”. En cambio, el Deutsches Wörterbuch de Wahring (1994) conserva la significación dada por el Diccionario de Autoridades de 1737 cuando anota: “Donquichotterie” (quijotismo), conducta ridícula destinada al fracaso”.
Influencias
Miguel de Cervantes y el Quijote han tenido y tienen vigorosa influencia en creaciones y recreaciones sobre muchos escritores, contando entre ellos a no pocos bolivianos.
No cabe duda de la influencia española en la literatura inglesa. La obra más influyente ha sido el Quijote, pero también lo ha sido el Teatro Español de los siglos XVI y XVII. Corresponden a esta época obras escritas en inglés basadas en piezas teatrales españolas, por ejemplo, The Island Princes, de Fletcher inspirada en la Conquista de las Islas Malucas, de Leonardo de Argensola, y Rule a Wife and Have a Wife, similar a la obra El sagaz Estacio, marido examinado, de Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo.
Voltaire dijo: “Yo soy don Quijote”. Simón Bolívar lanzó una exclamación algo parecida a la anterior: “Los más grandes majaderos del mundo hemos sido Jesucristo, Don Quijote y yo”. Goethe, (1782) comentó entusiasmado: “Cervantes es mi chaleco salvavidas en medio del océano de papeles burocráticos”.
Hoy se sostiene que el Quijote es fuente de la literatura moderna, matriz de la escritura actual y del naciente siglo XXI. Mario Vargas Llosa afirma: “Aunque no lo sepan, los novelistas contemporáneos que juegan con la forma distorsionan el tiempo, barajan y enredan los puntos de vista y experimentan con el lenguaje, son todos deudores de Cervantes” (Edición conmemorativa del Quijote).
Al expirar el siglo XIX, Iván Turgenev publicó en Rusia Hamlet y Don Quijote, una original comparación del origen y arrebatos de locura en ambos personajes. Recuérdese que Hamlet, de Shakespeare, se representó en 1603; dos años después se publicó El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.
En 1890, el judío Mendele Moher Sefarim escribió una obra imitativa de las aventuras del Caballero Andante y su fiel escudero, a la que tituló Los viajes de Benjamín III, cuyos personajes tienen gran parecido (por sus sueños y peripecias) con don Quijote y Sancho Panza, aunque sin armadura, ni caballo ni rucio. (He resumido aquí, en traducción propia, algunas referencias tomadas del ensayo Don Quijote across the Centuries, de Patricia Finch y John Allen, publicado por la Universidad de Yale, New York, 1996.
Juan Siles Guevara da noticia de que Ricardo Jaimes Freyre escribió la pieza El mundo de Cervantes y el de don Quijote, así como una reseña del libro Vida de Don Quijote y Sancho, de Miguel de Unamuno, ambos trabajos publicados en la Revista de Letras y Ciencias Sociales de Tucumán, Argentina, sin fecha de edición.
Eduardo Ocampo Moscoso registra en su Historia del periodismo boliviano que a fines de 1898 comenzó a circular en La Paz una hoja dominical titulada Don Quijote, en formato tabloide. El 1 de septiembre de 1899, se fundó en Cochabamba el semanario Sancho Panza, caracterizado por lanzar invectivas en prosa y cuartetos de rima forzada. Al año siguiente, se suma a la prensa de La Paz el semanario combativo La Voz de Sancho Panza, ideológicamente opuesto a Don Quijote, de la misma ciudad.

Cervantes y el Quijote en Bolivia
En una pausa de su extenuante aventura, don Quijote piensa que sus hazañas han suscitado enorme interés público. Quiere saber en qué concepto lo tiene la gente, en qué nivel se encuentra su reputación. Para esto, más que pedirle, le ordena a su compañero:
...y dime, Sancho amigo, qué es lo que dicen de mí por ese lugar. ¿En qué opinión me tiene el vulgo, en qué los hidalgos y en qué los caballeros. ¿Qué dicen de mi valentía, qué de mis hazañas y qué de mi cortesía? ¿Qué se platica del asunto que he tomado de resucitar y volver al mundo la ya olvidada orden caballeresca?
Sancho le da una información recabada del bachiller Carrasco:
Me dijo que andaba ya en libros la historia de vuestra merced, con nombre del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.
Carrasco corrobora la noticia y añade:
Es tan verdad, señor –dijo Sansón– que tengo para mí que el día de hoy están impresos más de doce mil libros de la tal historia: si no dígalo Portugal, Barcelona y Valencia, donde se han impreso y aun hay fama que se está imprimiendo en Amberes; y a mí se me trasluce que no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzca.
La reputación del Quijote traspasó en poco tiempo los límites de su pequeña aldea, pues cuando Cervantes aún se hallaba escribiendo la segunda parte, circulaban ya traducciones de la primera en inglés y francés.
El encargo de don Quijote a su escudero no se lo llevó el viento. Como el bachiller Sansón Carrasco, muchos voluntarios se han echado sobre los hombros la pesada tarea de indagar qué se ha dicho y qué se dice del Ingenioso hidalgo sobre la faz de la tierra. Dos botones de muestra: Finch y Allen rastrearon pistas bibliográficas para legarnos Don Quijote across the Centuries (Don Quijote a través de los siglos).
El profesor boliviano Luis R. Quiroz toma el lugar de Sancho Panza y oficia de informante para responder a la pregunta ¿Qué dicen de don Quijote los habitantes de esta tierra americana que Cervantes eligió para ser Corregidor? En ese empeño, Quiroz ha recopilado todo cuanto le ha sido posible, durante más de tres lustros, acerca de la presencia de Cervantes y el Quijote en Bolivia, para entregarnos ahora el fruto de sus indagaciones en esta obra de tomo y lomo que testimonia el permanente interés de los bolivianos, como en todas partes, por la obra cervantina. Y presenta el libro oportunamente, cuando aún estamos celebrando el IV centenario del Quijote. Lo incorpora con buena vestidura y sólido contenido, a la lista de obras similares hechas en países por donde aún cabalgan incansables el Caballero de la Triste Figura y su rechoncho compañero.

Algo sobre el autor
Pero, digamos algo acerca del autor de esta hazaña verdaderamente quijotesca, de voluntarioso, noble y desinteresado emprendimiento. Luis R. Quiroz nació en La Paz, en 1933. Se graduó de profesor de inglés y español e hizo estudios de docencia en la Universidad de Vermont, EE.UU, donde obtuvo, además, tres maestrías: una en la Enseñanza del Inglés, otra en Educación Superior, y la tercera en Enseñanza del Español, en 1964, 1966 y 1976, respectivamente. Su experiencia y excelencia docente no se limita a la enseñanza de idiomas, sino que abarca también una buena porción de la literatura, pues en Vermont ha impartido cursos, cuyos títulos paso a mencionar: Literatura Española del Siglo de Oro, etapa a la que pertenecen Cervantes y el Quijote; El Teatro Español, La Generación del ’98, La Novela de la Posguerra Civil Española y La Novela Española Contemporánea.
Quiroz ha organizado simposios sobre Cervantes y su obra, y veladas universitarias con representaciones de los entremeses cervantinos, entre 1977 y 1985; ha dirigido recorridos de sus estudiantes por las rutas de don Quijote, por medio de recursos gráficos y audiovisuales. Con el material reunido en Bolivia y en fuentes documentales de los Estados Unidos, pudo armar la estructura de la obra que hoy presenta, pero no solo eso, sino que el valioso material compilado le sirvió también para ofrecer conferencias en inglés y en español. Estos son los títulos de sus disertaciones más importantes:
1. Cervantes in Bolivia: Cervantes Wants to be Mayor of La Paz and Clavileño. Two Plays by Guillermo Francovich. Trabajo preparado para la Convención Nacional Asociación de Estudios Afro-Americanos y de Estudios Hispanos y Latinos de Houston, Texas, mayo de 1997
2. Cervantes in Bolivia: Don Quixote ́s Legacy in Two Bolivian Children Story Writers. Disertación sobre el cuento Don Quijote en el Siglo XX, de Oscar Alfaro y la novela corta Las aventuras de Miguelín Quijano de Gastón Suárez. Universidad de Cincinnati, Ohio, octubre de 1997.
3. Cervantes in Bolivia: The Painter Solón Romero as Spokesman of Don Quixote. Disertación ilustrada con video y transparencias, en la Universidad Hofstra, Nueva York, febrero de 1998.
4. Cervantes in Bolivia: Don Quixote in the City of La Paz, by Juan Francisco Bedregal. Houston, Texas, julio de 2006.

Hay más referencias y pautas sobre la tesonera dedicación de Luis Quiroz a los estudios cervantinos, pero lo mencionado hasta aquí es más que suficiente para certificar la idoneidad del compilador en la ejecución de un trabajo serio, responsable.
Las antologías reúnen piezas escogidas de obras, generalmente literarias, con brevísimas referencias de sus autores. La compilación acopia obras o fragmentos sin sujetarse a un riguroso criterio selectivo. La compilación es informativa, debe responder a la pregunta ¿Qué hay acerca de...? En el caso presente, a la pregunta: ¿Qué hay en Bolivia acerca de Cervantes y el Quijote? Quiroz informa que ha encontrado cincuenta y siste trabajos de cuarenta y ocho escritores, cuyas semblanzas dan la medida de sus talentos, aptitudes y destrezas tanto como la talla de sus obras.
Quiroz registra, pues, en este volumen la mayor parte de cuanto se ha dicho hasta ahora, en Bolivia, sobre don Miguel y don Quijote. Esto por una parte; por otra, ofrece a los lectores resúmenes bio-bibliográficos de los autores bolivianos cuyas obras ha compilado. De este modo, presta también un valioso servicio de difusión de nuestros valores literarios, dentro y fuera del país.

La compilación
La compilación hecha por D. Luis R. Quiroz pone al alcance de la mano las inspiraciones bolivianas debidas a Cervantes y el Quijote, desde el centenario ensayo Bolívar y Don Quijote, de José Quintín Mendoza (1893), hasta la reciente novela breve Miguel de Cervantes Saavedra y un amor secreto, de Dora Justiniano de la Rocha (2007).
El 21 de mayo de 1590, el Manco de Lepanto le pidió a Felipe II, rey de España, que le asignara alguno de los “tres o cuatro oficios que al presente están vacíos en las Indias”, entre ellos el de Corregidor de La Paz. El tenor de esta carta fue dado a conocer por Martín Fernández de Navarrete en su obra Vida de Cervantes y después reproducido por D. Marcelino Menéndez y Pelayo en sus Obras completas. La solicitud cayó en saco roto, porque para ejercer alguno de esos “tres o cuatro oficios” había que pertenecer a la nobleza, y, como todos saben, Cervantes era plebeyo. Pero, su anhelo de ser Corregidor de La Paz se salvó de caer en el olvido o de quedar enclaustrado en un anecdotario, de esos que se llenan de telarañas en los sótanos de las bibliotecas y archivos oficiales, hallando natural refugio en la ficción literaria donde los sueños se hacen realidad. Juan Francisco Bedregal y Raúl Botelho Gosálvez lo llevaron al cuento y la novela; Guillermo Francovich al teatro y Gregorio Reynolds a la poesía.
El lector tendrá la oportunidad de leer y valorar los 59 trabajos de Cervantes y el Quijote en Bolivia, por ello, y por razones de tiempo, me limito a mencionar los productos más destacables, desde mi punto de vista. Además de la obra de Quintín Mendoza, veo los magníficos ensayos de Hernando Sanabria Fernández, Rubén Carrasco de la Vega y Jorge Siles Salinas; bellos poemas de Abel Alarcón, Joaquín Gantier y Humberto Viscarra Monje; formidables piezas oratorias de Armando Alba, Porfirio Díaz Machicao y Carlos Castañón Barrientos; sustanciosos artículos publicados en periódicos y revistas con las firmas de Guillermo Francovich, Juan Francisco Bedregal y Renán Estensoro Alborta.
Abren el libro un ordenado y descriptivo prólogo del autor, y una ilustrativa introducción escrita por D. Jaime Martínez Salguero.
Están intercaladas en los textos hermosas láminas de los consagrados artistas Carmen Álvarez Daza, Walter Solón Romero y Miguel Yapur Daza.
Sería inexacto decir que esta obra registra el paso de Cervantes y el Quijote por Bolivia, porque no es así, porque el genial autor y sus fantásticos personajes no vinieron y se fueron, sino que llegaron para quedarse. Permanecen en las montañas y el altiplano; en los valles, bosques y llanuras bolivianos.
Por la magia de las inspiradas creaciones y recreaciones de fecundos escritores, habitan entre nosotros Cervantes, don Quijote, Sancho Panza y Dulcinea; Rocinante y Clavileño con sus arrebatos, sus alegrías y tribulaciones; con sus mañas y figuras. Viven con la gente, están en la mentalidad popular llamada también “el imaginario colectivo”, proliferando sus dichos, adagios y refranes, aun en apócrifas sentencias como la tan difundida “Sancho, amigo, deja que los perros ladren, señal de que avanzamos”, que el hombre común toma, sin dubitación, como legítima voz del Caballero Andante, sin saber que se apropia, remodelada, de una locución escrita en el siglo XX por el guionista de la película “Don Quixote”, de Orson Welles, en esta forma: “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”. Hermoso dicho que bien podría suscribir con agrado el propio Caballero Manchego.
Esta obra, digámoslo una vez más, da fehaciente testimonio de la presencia permanente de D. Miguel de Cervantes Saavedra y del Quijote de la Mancha en Bolivia. Congratulaciones a su autor por el beneplácito con que seguramente será recibida en el ámbito literario de Bolivia y en el mundo de habla hispana. Le auguramos un éxito editorial rotundo.

La Paz, 25 de noviembre de 2009

Documentos adjuntos

Comentar este artículo