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Alvarado Teodorika, Tatiana

La primera parte del Parnaso antártico: La traducción de Las Heroidas ovidianas de Diego Mexía de Fernangil (resumen)

Viernes 4 de marzo de 2016, por Tatiana Alvarado Teodorika

La primera parte del Parnaso antártico: La traducción de Las Heroidas ovidianas de Diego Mexía de Fernangil

RESUMEN
DISCURSO DE INGRESO A LA ABL

Da. Tatiana Alvarado Teodorika (leer la biografía)

Tatiana Alvarado Teodorika inició su discurso compartiendo su sentir sobre la investigación filológica, a la que describe como «un periplo continuo en el tiempo, en el que quizás se pierde uno porque deja un poco de sí en aquella época de los versos que se estudia, y otro poco permanece en esta que nos tiene atrapados de pies y manos».
Igualmente, antes de entrar de lleno en su estudio, explicó, respecto a su disertación, que se trata de una síntesis de trabajos en torno a una de las traducciones que conciernen a la producción literaria charqueña en el siglo XVI. Esto es, una traducción que constituye un importante eslabón en la literatura nacional y en la literatura hispana en general. Se trata de la Primera parte del Parnaso Antártico de Diego Mexía de Fernangil, dijo. Una traducción de Las Heroidas de Ovidio, que tras su publicación en Sevilla, en 1608, fue reeditada en 1797, en 1884, en 1909, en 1946, en 1959 y en 1961 aunque con múltiples variaciones, es decir, con o sin prólogo, con o sin paratexto, etc.; conservando siempre la integralidad de la traducción de Mexía de Fernangil.
Según expresó Alvarado, esta traducción despertó su interés en tanto creación literaria. Para defender dicha posición, pasó a referirse a la larga tradición traductora en Occidente y, puntualmente, en España; la misma que se hereda en Charcas, dijo. Remontándose en el tiempo, se refirió por un lado, a quienes defendían al latín frente a las lenguas vernáculas: Pedro Chinchilla o Alfonso de Palencia por ejemplo; pero también, por otro lado, a quienes reivindicaban la lengua romance y buscaban un modelo de lengua literaria en las propias raíces.
Según precisó en el estudio, ambos frentes se aunarían más adelante en la figura de Fernán Pérez de Oliva, el cual habiendo traducido en versiones libres al castellano la Electra de Sófocles, el Anfitrión de Plauto, y la Hécuba de Eurípides, demostró que el castellano es una lengua apta para la filosofía y la historia, de la misma forma con que Fray Luis de León demostrara que lo es para la teología.
El proceso del ingreso de nuevas ideas está íntimamente ligado a la traducción, señaló. Esta siempre ha representado un vehículo de cultura y mediación entre el mundo clásico y el moderno. Así, apoyándose en las palabras de Highet, Alvarado recordó al público presente que «la influencia clásica pasa a la literatura de las naciones modernas a través de tres cauces principales: la traducción, la imitación y la emulación. La traducción, ese arte descuidado –pasó a enfatizar–, es en la literatura un elemento muchísimo más importante de lo que la mayoría de nosotros cree».
El autor de la traducción que concentra el interés del estudio –Mexía de Fernangil–, es un humanista, dijo. Pues, este logró adquirir el saber clásico, dominando a) al menos el latín y b) recuperando los textos originales en esta lengua. Se explica que su humanismo se reconoce además,
a través de su capacidad de imitación, la cual, como pregonaban los poetas barrocos, era parte esencial en el proceso artístico y de creación.
La reflexión en torno a la imitación es interesante, continuó la investigadora; pues, si la imitatio es el alma de la poesía, y si la traducción es imitatio, entonces el papel de esta última vendrá a ser el mismo: el del ánima de una poesía en devenir en aquel mundo nuevo en el que iba surgiendo una nueva literatura, y en el que el proceso creativo en la práctica del traducir, siguiendo la imitatio, se constituiría en una forma de conocimiento que no sólo iría a enriquecer al nuevo continente, sino también al viejo.
Mexía –explicó– forma parte de la Academia Antártica. Establecida esta en Lima, lleva en el nombre su esencia misma: la vertiente clásica y peninsular de la que bebe y el espacio en sí en el que se desarrolla. Esta Academia literaria representa la entronización del Renacimiento italiano en la literatura americana de la época y la constitución de un pensamiento letrado particular que serviría en la construcción de las nuevas sociedades.
La Academia Antártica, intenta en su creación competir con México que ya se había ganado un lugar en el espacio letrado. En su programa, no obstante, se reconocen dos aspectos centrales: a) la traducción y la difusión del saber, y b) el cultivo de la historiografía y la construcción de una memoria antártica.
En cuanto al primer aspecto, refirió la académica, debe recordarse que el concepto de traducción en la época era distinto al actual. En este sentido, dijo, se entenderá que si bien puede considerarse la traducción como un texto estrictamente dependiente de su «original», antes que una mera relación entre textos, habrá que considerar a la vez la estrecha relación escritor-lector que representa y, además, siguiendo la tradición medieval –no obstante que ya posiblemente con ciertos tintes de influencia moderna incipiente en la época–, habrá que observar una subordinación del texto-final al texto-base, pero sobre todo considerar la genialidad del texto resultante en tanto creación, bajo la constante del respeto del texto-base; una idea que se transparenta en las palabras del propio Mexía, en la dedicatoria que hace de su obra de «el autor a sus amigos»:
Quise traducirlas en tercetos por parecerme que corresponden estas rimas con el verso elegíaco latino [...] siempre he procurado arrimarme a la frasis latina, en cuanto en la nuestra es permitido (fol. 2-3).
Mexía, como traductor, se convierte en el responsable de la difusión y la influencia que la obra pudiera tener en el público que la leyera –concluyó la investigadora–, y por lo tanto, se hace también responsable del contenido del original.
Por otra parte, como bien sabemos, continuó, Ovidio se encuentra entre los autores más representativos y traducidos desde la Antigüedad. Sus Metamorfosis representan el principal vehículo de difusión de la mitología clásica: Velázquez, por ejemplo, tuvo en su biblioteca la versión castellana de Bustamante de las Metamorfosis; traducción que solía llamarse «Biblia de los poetas».
De esta manera, la traducción de Ovidio al castellano conoce una importante contribución en el Nuevo Mundo con la versión de Diego Mexía de Fernangil, dijo la académica. Una traducción que inicia el poeta durante un viaje del Perú a la Nueva España, y que concluirá estando en México. A esta le sumará la traducción del Ibis o In Ibin: en conjunto una traducción con un éxito duradero, pues, en pleno siglo XX –recopiló la autora– esta versión de las Heroidas de Ovidio, se sigue editando hasta que aparece la edición anotada en prosa de Ana María Pérez Vega en 1994.
Ante su obra, Mexía de Fernangil se define, inicialmente, antes que como poeta, como metrificador señaló Alvarado. El de poeta, habría dicho aquel, «es nombre célebre y grandioso», y con respecto a la labor acometida por el poeta, igualmente Mexía de Fernangil se habría referido a las vicisitudes de aquel: «mil veces dignos de ser alabados los que a cualquier género de virtud se aplican en las Indias, pues demás de no haber premio para ella, rompen por tantos montes de dificultad para conseguirla».
Estas nuevas palabras transparentan la idea de que no solo se trataba de hacer un encomio de la poesía o de la traducción –explicó–, sino de la labor de poetas y traductores, quienes «pueden ocuparse en ejercicios virtuosos y darse a los estudios de las letras» (fol. 4) en las Indias, con todas las dificultades que esto representaba.
El empeño de Mexía en su traducción se gratifica con la publicación de las Heroidas en la Metrópoli, finalizó la autora; su difusión en la Audiencia de Charcas también ha sido atestiguada; se trata de una traducción que viene acompañada de comentarios, siguiendo en su trabajo, el ejemplo de los glosadores medievales.





DISCURSO DE RESPUESTA
D. Andrés Eichmann (leer la biografía)
Por su parte D. Andrés Eichmann pasó a indicar en su discurso de respuesta que la nueva académica acababa de mostrar algunas de las mejores maneras de concebir la traducción desde la Antigüedad hasta los siglos XV-XVII: aquellas que resultan imprescindibles para comprender la labor del traductor de Ovidio, dijo. Según acabamos de oír, continuó, «Mexía de Fernangil entendía que podía llamársele, antes que traductor, imitador. Y por más de una vía, Alvarado nos acaba de mostrar que la imitatio, llamada “el alma de la poesía”, es sin duda labor de poeta. La versión de las piezas ovidianas que nos ha dejado Mexía de Fernangil es, sin duda una gran creación literaria consciente».
Para corroborar lo dicho por la Dra. Alvarado, Eichmann trajo a colación un trabajo reciente de Carla Salazar, estudiante de la carrera de Literatura de la UMSA, según la cual, Mexía de Fernangil manifiestaba su posición de creador, ya desde la portada del libro. De este modo, siguiendo a Salazar leyó la siguente cita:
“No se trata de Las heroidas de Ovidio traducidas [...]. Se trata de la Primera parte del Parnaso Antártico de obras amatorias. Y más abajo [sigue la portada] «Con las 21 epístolas de Ovidio, y el In Ibin, en tercetos. [...] Por Diego Mexía, natural de la ciudad de Sevilla; y residente en la de los Reyes, en los riquísimos Reinos del Pirú». Notamos que el nombre del creador es Diego Mexía y no Ovidio, y que las epístolas son sólo una parte del libro.”
Seguidamente Eichmann, recogiendo la referencia que D. Tatiana Alvarado hiciera de Enrique Garcés, apostilló que este autor igualmente puede considerarse «colega» de Mexía de Fernangil, por sus traducciones en estas tierras, del Canzoniere de Petrarca, de Os Lusíadas de Camoens y de De Regno de Francesco Patrizzi. Añadió Eichmann que le parecía provechoso enriquecer el contexto
literario específico de Mexía de Fernangil. Y para ello pasó revista a varios otros traductores-poetas que compartieron con este el mismo espacio geográfico.
En un primer caso –refirió– se tienen los Anónimos traductores de unos versos nacidos en Copacabana (en 1587). «Esto es llamativo, porque posiblemente se trató de la primera vez que un poema anónimo nacido en estas tierras hubiera alcanzado una difusión mundial». Asociado a un episodio milagroso del año 1587 –explicó–, apareció un poema a la Pasión de Cristo. Compuesto en Copacabana en lengua aymara o en uru, fue publicado en latín, en Roma en 1591 y en París en 1605. El primer traductor pudo haber sido algún jesuita humanista de Juli como Ludovico Bertonio o Pedro V. Pizzuto, dijo. Ahora bien, sin vínculo con esta versión, el poema aparece también en castellano, en Lima en 1611. Añadió que una tercera versión –que sería independiente de las otras dos mencionadas– se transmite en quechua: «el primer testimonio conocido a su respecto es de 1650», expresó.
Traducciones del padre Oré. En el mismo terreno de las lenguas andinas, el expositor se refirió al franciscano Luis Jerónimo de Oré, quien manifestó sus dotes inagotables de poeta y de traductor en el Symbolo Catholico indiano (publicado en Lima en 1598). Señaló que «no sabemos si conoció a Mexía de Fernangil, pero sí que anduvo por los mismos sitios y en tiempos muy próximos».
En el terreno de las traducciones más cercanas a las de Mexía de Fernangil, Eichmann recordó a Diego Dávalos y Figueroa, poeta afincado en La Paz, que en su Miscelánea austral (Lima, 1602-3) llevó a cabo «exquisitas traducciones de una canción de Luiggi Tansillo y de sonetos de Vittoria Colonna». Apuntó a su vez que Luis de Ribera es otro poeta-traductor al cual habría que referirse: «en sus Sagradas poesías (Sevilla, 1612) tradujo varios salmos y cánticos bíblicos, además de otras muy felices de versos sueltos de Virgilio, Horacio y otros de la Antigüedad», dijo. Por último, hizo una breve reseña de la labor de Diego Flores, criollo de Chuquisaca, quien en su Preciosa margarita (Lima, 1611) incluye traducciones de Sedulio, San Beda, San Bernardo y Rodolfo Agrícola, entre otros.
Concluyó diciendo que, a su entender, este contexto literario es útil para situar la labor del poeta y traductor de Ovidio.
«Hemos visto ejemplos bastante diversos, todos del tiempo de Mexía de Fernangil. Es justo añadir – dijo antes de cerrar su intervención– que, pese al altísimo vuelo de la mayoría de las plumas aquí mencionadas, ninguno de sus dueños (salvo Garcés) emprendió, como traductor, una tarea de tan largo aliento como el autor del Parnaso antártico», felicitando nuevamente a Tatiana Alvarado.

Alianza Francesa
27 de noviembre de 2013

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