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Ordenes Lavadenz, Jorge

La cruz del serrano

Sábado 22 de abril de 2017, por Tatiana Alvarado Teodorika

LA CRUZ DEL SERRANO
Jorge V. Ordenes-Lavadez ante la Academia Boliviana de la Lengua
Mediados de 2001
UNO
Con respecto a la migración de gente procedente del occidente de Bolivia a la ciudad de Santa Cruz sobre todo durante los últimos veintitantos años, un empresario cruceño relativamente próspero, joven, leído, conocido en la república y allende, y respetable —respetable sobre todo por su bien lograda afluencia— me decía a mediados del año 2001 que los cruceños de cepa y trayectoria, los “viejos cruceños”... se sentían hoy como los más recientes palestinos del planeta... con la excepción de que los palestinos de Palestina luchaban por recobrar por lo menos algo de sus territorios, sus derechos y dignidad; que se les ayudaba... y que seguramente los recobrarían por lo menos en parte; en cambio los cruceños, por indiferencia y por desidia, tenían poca esperanza de recobrar nada. Menos esperanza aún tenían de recuperar parte del terruño, sus tradiciones y autoridad como las entendían ellos, además de los derechos y la dignidad; porque lo más perdido que no perdido era irrecuperable. Era irrecuperable sobre todo por lo intangible, por lo abstracto... aunque no menos vigoroso y definitivamente latente en el consciente del cruceño... pese al orgullo, a la dedicación a la familia, a la veneración de la campiña, al trabajo honrado de la tierra y de la empresa; pese al vigor de las tradiciones, y “pese a haber habitado Santa Cruz ¡desde el siglo diez y seis!”
Me pareció que lo dijo con soltura y firmeza, acaso con sinceridad y convicción razonada... tranco por tranco, nota tras nota de un himno de angustia sorda encostrada en la adversidad cada vez mayor, sobre todo más notoria a medida que hablaba... La verdad es que habló trasluciendo un sentimiento de pesadumbre mezclado con nostalgia y resentimiento, algo de sorna que destilaba humor... entre otros sentimientos no menos enigmáticos, todos cabizbajos, creo.
Curioso aunque no sorprendido, solicité que me permitiese la indiscreción de hacerle unas preguntas deslindadas de lo que califiqué en voz alta como un elocuente pronunciamiento. Dije que oportunidad de articular conocimiento y sentimiento... emotivamente, en voz alta, como ésta, sobre todo en Bolivia... donde el que más o el que menos filosofa en silencio y para sí, no había que pasar por alto. Comenté que su análisis y opinión valían, etc.
Interesado, respondió en voz altísima y firme: “las preguntas que usted quiera, Ordenes, por favor... si para eso estamos... ¿no es cierto?... para abordar temas tan nuestros como Santa Cruz. Aquí estoy a sus órdenes, Ordenes”, no faltaba más.
Aduciendo que mi interés en el tema, y deseo de aprender, limitaban mi capacidad de memorización, pregunté si me permitía dejar el teléfono celular abierto de modo que lo que dijésemos se grabase... a fin de que yo tuviese una transcripción de lo dicho para poder trabajar y preparar la parte escrita en función a ella. Por supuesto”, respondió. También rayó la cancha diciendo que cuando él levantase la mano —apuntó con el índice al celular— significaba que lo que iba a decir había que excluirlo de la versión grabada. O sea que ante la señal yo debía cerrar el celular. Asentí. Pero no quedó claro cuando podría ponerlo nuevamente en marcha, ni yo insistí sobre el asunto a fin de tener la libertad de volver a ponerlo en marcha a mi albedrío.
Mi pregunta inicial después del arreglo que firmamos tácitamente fue que si el Empresario tenía inconveniente en que yo publicase internacionalmente lo que se iba a decir en privado. Pensando en voz alta el Empresario respondió que no, que no tendría inconveniente; pero que sería de su agrado que lo que él dijese también se publicase nacionalmente, o sea en Bolivia; aunque, “pensándolo bien”, dijo, quizá conviniese... “digamos, que yo le eche una leída”... a lo que vaya a publicarse nacionalmente de modo que no “vayamos a jochear los petos de nadie”, ni “metamos la pata”... diciendo cosas que... o publicando cosas que por ahí no agraden por razones mal entendidas y peor interpretadas. En las tierras de Ñuflo “ahí nomáj” se tergiversan las cosas, todas las cosas... a conveniencia, sobre todo cuando se trata de “la cosa nuestra”. Como usted prefiera, respondí. Por supuesto que mostraré, lo que resulte por escrito de la entrevista, a usted y a la o las personas que usted indique. Le satisfizo, aunque ipso facto dijo que tal vez convenía que su abogado, o quizá su esposa, estuviese presente en la conversación, en la entrevista. O “mejor”, que leyese... ¡el producto final!... Insistí en que si quería llamar a su abogado o a su esposa, para que escuchasen, no había problema.
Él respondió con un “¡para qué! ... la verdad es que no los necesitamos para una cuestión de amigos ¿no es verdad?” Luego añadió: “.Cualquier similitud con seres vivientes es pura... purísima... ¡purisísima verdad, reflejo de la verdad y derivado de la verdad! Y al que le toque el guante que se lo chante, que ya es tiempo de decir una verdad de mejor calidad en torno a lo acontecido en estas trastierras tan mediterráneas de conciencia, tan reñidas con la capacidad de autocrítica y tan adictas a la capacidad de alabanza. Sólo lisonjas románticas, que yo sepa, se han escrito sobre estos hombres y estas comarcas. Todavía no han llegado los tratadistas de la historia que duele, o sea la verdadera historia... la que edifica porque cuesta, por lo menos la que más se acerque a ella”. Lo que vale, la verdad, cuesta decirla, escribirla y estudiarla... Escúcheme... cuesta aún más recordarla y difundirla de buena gana y buen humor a fin de no repetirla. Ahí nomaj... No puede ser de otra manera”...
Reía, nerviosamente y rió un buen rato. La grabación ese momento registró veinticinco segundos de risa intermitente. La verdad es que también en ese momento a mí me pareció menos tiempo de risa.
Mi segunda pregunta versó sobre si estaba seguro de su decisión de no estar acompañado de su esposa o su abogado, o de cualquier otra persona durante la conversación-entrevista...
“Si por ahí me falta un dato no estaría mal tener un consueta”... dijo. Pero “para qué” se respondió. En la vida hay que valerse de los propios medios ¿no es cierto?” ...El que debe pensar y actuar en función a ese pensamiento es nomaj uno, quién más puej... no es máj... métale”. ....Vamos, “adelante con los faroles que no hay miedo habiendo hospitales”. Pregunte, pregunte... Ordenes, pregunte esto... converse don Ordenes... don Jorge Ordenes ... pregunte, indague, provoque, suplique, rebusque que yo responderé... aquí se trata de responder, “de rebuznar”... y no de quedarse callado “pese al miedo a pelarle”. El silencio ante un micrófono es “pelarle”... Aunque también es pelarle cuando uno se calla sin micrófono, como ocurre en este paisingo que se deshace en la falta de estrategias, de posibilidades, de honestidades... todas sin micrófono... es toda una filosofía. La crítica es espasmódica por lo tímida, micrófono o no micrófono. “Oiga, esto... Ordenes... Sabe usted que es toda una filosofía esto del micrófono”.
Me miraba buscando corroboración. Se la di.
“Por fin sonríe usted... mañana saldrá el sol”, me dijo. “Usted toma muy en serio su trabajo puej... Porque esto de escuchar y escribir es trabajo puej... Póngase a su gusto que vamos a conversar... vaya che”.
Continuó mostrando un agudo y fotogénico rictus: en Bolivia... ya no hay micrófonos que valgan la pena porque lo que vale la pena no se dice ni por micrófono, ni por nada...
DOS
Hablaremos en la entrevista de filosofía cruceña ¿no es verdad? ... dijo el empresario, para añadir: “Escúcheme, la filosofía está en la falta de voluntad para acceder a la verdad, la verdad más creíble, aunque sea inventada... Inventada pero... escúcheme... inventada pero creíble”. Los medios son eso, medios “medios”. Lo entero no es parte de la bolivianadanga oriental ni occidental. “A los dos les falta voluntad”. Como también falta voluntad y “en algunos casos micrófono” a las agrupaciones religiosas para decir lo que deberían decir, para cantar al sinople y al blanco en las misas de los domingos, en todas las misas y oficios, hasta en los de difuntos, bautizos, certificados, bendiciones y sermones. “Decir con fuerza, puej”... Aquí todos toleramos. Yo, tolero, tú toleras, él tolera, nosotros toleramos, etc. Reina el gerundio de todo: “tolerando”, “esperando, aguantando, sonriendo, muriendo” y así hasta la eternidad ¿no es cierto? A los menos pero poderosos interesa más el participio pasado, o sea lo tolerado, esperado, aguantado, sonreído y muerto... porque se trata de material de comedia exhibida, pan comido, pan explotado, masticado, salivado, digerido y defecado... que digamos ni siquiera sirva para fertilizar nada porque no hay con qué recolectarlo, don Ordenes... no hay ni cómo reconocerlo, menos habrá puej voluntad de recogerlo. Todavía está lejango el día en que los cruceños aprendamos a recoger todo lo que tenemos que recoger de la superficie física de nuestros parajes, y de nuestras conciencias, incluyendo muchas verdades ¡y hasta verdasingas!... Escúcheme... Ordenes... aquí tiende a reinar la mitomanía ante uno mismo, que es peor que si reinase ante los demás.
Escúcheme... el alcantarillado escasea en todas las ciudades donde habitan seres en este paisingo. ¡Qué verdad! ¿no es cierto?... A esa capacidad de análisis edificante de lo que nos falta... y de lo que nos sobra... llamo la filosofía de la voluntad... tan nuestra precisamente por la falta de voluntad. Los cruceños toleramos por falta de voluntad. Somos volitivos por naturaleza pero a la nuestra. Por ejemplo... escúcheme... aquí toleramos no porque somos tolerantes, sino porque somos pusilánimes, pero pusilánimes impulsivos, además de culpables. Pusilaninísimos... ¿y sabe usted por qué?... ¿sabe usted, sobre todo, ¿por qué?... ¡Porque hace tiempo que miramos lo que venía y no lo vimos! ... Nos faltó curiosidad. De ahí que seamos culpables de ser los flamantes y flameantes, los esculpidos y más puros... los más categóricos nuevos palestinos del mundo. Con la diferencia de que los palestinos de Palestina están obligados a firmar la paz porque donde están no hay espacio para pelear. Aquí hay todo el espacio del mundo, pero la pelea a la Medio Oriente no se dio de pleno todavía y no se dará en el corazón de Suramérica y ¿sabe usted por qué?... Escúcheme... “porque gran parte del ‘enemigo’ es uno mismo”. Y de eso aquí no se habla... pero habrá de hablarse porque “¡la parturienta tiene que parir!” Aunque mientras más cambian las cosas, más permanecen. “Escúcheme”, esta tierra tenía posibilidades de salir adelante con su gente noble, sana y trabajadora... pero trabajadora hasta cierto punto y ni un adarme más. Es más trabajadora la mujer oriental que el hamacado varonazo. También es más curiosa. Escúcheme... desde que los cruceños decidimos mezclar el aislamiento con el orgullo, la frustración y la necesidad... cuando decidimos organizar lo obvio, es decir el suministro de agua, de luz y de servicio de teléfono... además de unos cuantos kilómetros cuadrados de plantaciones y unas cuantas costosísimas industrias, “hace nomaj unos cuantos lustros”... nos dimos cuenta de que también nosotros éramos humanos bolivianos, tan homo sapiens como los occidentales, los del sur y del norte ¿no es cierto?... “esos que históricamente mierdeamos todos los días... colla eh mierda aquí, colla eh mierda allá”. Así los tratábamos cuando reemplazaban al camba hamacado en las sonadas zafras. Escúcheme, los trajimos y con ellos trajimos los prologómenos de nuestra propia y genuina palestinidad... ahí nomáj... También nos dimos cuenta de que podíamos aprender a hacer a costa de los otros cambas... a los que también mierdeamos todos los días... “camba ‘e mierda aquí... camba ‘e mierda allá... a esos cambas que en tiempos pasados “se les daba huajca” para que trabajasen... a lo Nicolás Suárez... ¿no es cierto?... Sí, ese cruceño de “sepa nuestra de la buena”... de la que muchos dicen sin hablar que se acabó con él. Y aquí estamos hablando de teléfonos, luz y agua, o sea de harta plata... a la que hay que añadir los asaltos de la usura y la de otros loteadores de la propiedad ajena. Escúcheme, estamos hablando de millones de dólares, de millones de euros, ... de millones de libras... ¿no es cierto?... Fue un descubrimiento dentro de la tradición hispana de brincarle a los demás y vivir de y en la hacienda forjada a como dé lugar y “en dos patadas... no es maj”... todo en un baño de flojera. La importancia de la filosofía de la voluntad cruceña cogió calibre y trascendencia. Sobre todo el voluntarismo sicológico porque en su momento discernimos en silencio la capacidad de aguante del camba y le aplicamos los torniquetes y hasta la camisa de fuerza que sólo el tiempo está ajando. También le aplicamos una ignominia, don Ordenes... ¡la ignominia de la coca!... En eso sí que somos europeos latos. El camba hoy es pico verde ¡carajo!... y todo por culpa de los que en su momento debieron recurrir a la voluntad que Dios les ha dado... Por todo esto y más es que yo postulo que desconocemos la deontología organizada. De los españoles heredamos la avaricia y la rudeza... y una gran capacidad emotiva de energía relampagueante que se torna difícil encausar. De los tupí guaraníes heredamos la tozudez, el amor a la tierra, y el respeto al más fuerte; además del arrojo en la defensa de causas entendidas por otros. En todo esto nada tuvo que ver el voluntarismo ético ni menos el metafísico. Aquí se leyó a empujones a Duns Scoto y a San Agustín. La voluntad sicológica... ahí nomaj. Aquí la refinamos, la amansamos y la peluqueamos a nuestra manera. La voluntad sicoslógica nos hizo descubrir que sí, que el habitante de las llanuras de Grigotá y alrededores consumiría agua, electricidad y hablaría por teléfono como cualquier otro necesitado del continente. Descubrimos que “podíamos y debíamos ser pro Santa Cruz”. También descubrimos que podíamos hacer las cosas a medias porque dizqué no hacía falta mayor esfuerzo. Ahí faltó voluntad ética... Elay... No hubo curiosidad ni voluntad de invención, esa que nos invente y que invente el verdadero e histórico Santa Cruz, el que nunca existió... y que debimos haber inventado los geniecillos de antaño... y, por qué no decirlo, de hogaño también. Algo con qué nutrir la educación de los hijos. Escúcheme, sobraron muchas cosas pero nada de voluntad edificante, o sea voluntad ética... que es lo mismo que voluntad pertinente. Éramos pocos, pocos con ganas de curiosear, de hacer... hacer con voluntad, hacer para nosotros, incluso secretamente para que no se enterasen en el Occidente; para que lo ignorasen los cambas acollados y los collas de Santa Cruz. Aquel primerizo camino pavimentado a Cochabamba era un peligro. Era imprescindible actuar discretamente para salud y éxito del proyecto... ¿no es cierto? Pero la voluntad se acabó. La verdad es que quedó en medio camino del desarrollo cruceño. “¡Faltó voluntad, faltó voluntad, faltó vo-lun-tad é-ti-ca”!... “Seamos corajudos... carajo”, y aceptémoslo: faltó, faltó, ¡FALTO!... don Ordenes... ¡Faltamos a nosotros mismos, a nuestros antepasados y a nuestros hijos y nietos! “¡Le faltamos a nuestra propia moralidad digamos que con micrófono!”... “Mea culpa, mea culpa, mea culpa...” “Para qué más puej”... elay... eso sí dijimos. Nos dijimos y, peor... ¡nos creímos porque nadie dijo que no nos creyésemos. Estamos en la trastierra ¿no es cierto?... Aquí no hay costas de océano que no sean las de los afiches. ¡Somos el corazón del continente... cuando más valiera que fuésemos las manos o las cuerdas vocales... entre otras cosas para usar por lo menos un micrófono! Cómo hacen falta manos para hacer, para deshacer primero y hacer después. Resultó que con agua, teléfono, electricidad y secreteos era suficiente para llenar las petacas con los sueldos de los atrevidos y gallardos, de los caballeros cruceños. Hacer más era dizqué innecesario porque estaba más allá de nuestras posibilidades inmediatas... y, por lo visto y desvivido las últimas décadas, estaba también más allá de las posibilidades mediatas. ¡Ojo! las carreteras grandes y no grandes, las escuelas, las bibliotecas, las universidades, los hospitales del departamento de Santa Cruz, incluyendo su capital y anillos, orgullo nuestro, tendrían que financiarlos los collas de mierda; esos dueños y señores del Gobierno central del paisingo; esos que nunca aceptaron que el territorio de Bolivia era más grande de lo que creían... ¡Barajo che! Nosotros aceptábamos el paisingo que ellos estipulaban, descuidando el terruño sagrado que pisábamos sobre el que había petróleo, gas natural, posibilidades y mujeres hermosas. Hasta en eso fuimos pusilánimes. “Le pelamos con la falta de voluntad ética.” Creímos que con agua, teléfono y electricidad ¡estábamos servidos! “Escúcheme”, el otro lado del asunto, el otro cotiledón de esta rosa sonrosada que es la irrealidad cruceña... porque ‘realidad’ cruceña no hay, no existe... y no existe porque esto es, como le dije al comienzo, “¡esto es una novísima Palestina!”, un mosaico de divinidades y cuestionamientos por dilucidarse. Ese otro cotiledón es que los cruceños somos los nuevos palestinos, mal que nos pese y bien que nos ligue... porque la culpa es nuestra y nada más que nuestra. Hablamos de... y hasta hacemos hincapié en lo que no tenemos, pero hacemos una nada para conseguirlo... ¡Chupate esa nos decimos todos los días!... Ahora, escúcheme, lo que teníamos que conseguir, cultivar, mejor dicho, entre otras cosas, escúcheme, entre otras cosingas... era nuestra capacidad de vaticinio... de va-ti-ci-nio. Qué barbaridad... ¡nunca desarrollamos una genuina capacidad de vaticinio!... Otra vez, nos faltó voluntad moral y moralizante, nos faltó visión, nos faltó inventiva. Nos faltó historia estudiada y estudio de la historia, la que fuese, aunque fuese la de Persia. Escúcheme... ¿acaso era difícil vaticinar lo que se venía? ¿Acaso no teníamos el suficiente entendimiento para concluir, allá en los años 1950, cuando la factibilidad de la República entró en un clarísimo “veremos”, que los cruceños descendientes de europeos y americanos guaraníes éramos pocos, y que la masa indígena del Todo, de ese Todo boliviano del que territorialmente éramos menos de una cuarta parte, y que vegetativamente éramos menos del cinco por ciento?... ¿Acaso no teníamos el suficiente entendimiento, no es cierto... para concluir, “allá... en esos almanaques”, que: o cruceñizábamos a los que viniesen, o ellos nos occidentalizaban?... ¿incluso culturalmente además de...? Hay cosas que mejor permanecen no dichas porque dimos de baja a la voluntad moralizadora... ¡Ahí no máj! Según autoridades, en 1992... en la provincia San Matías del departamento de Santa Cruz, la que colinda con Brasil, había, desde hace tiempo... cien por ciento más quechuas que guaraníes... para qué vamos a hablar de las provincias Caballero, Vallegrande, Florida, Ichilo, Andrés Ibañez, y otras... donde la población quechua siempre ha sido mayor que la guaraní... y de lejos... “¿Que siempre hubo que cruceñizar?”
TRES
La pregunta todavía es... ¿no es cierto? ... que si tenemos la fortaleza de ánimo para aceptar, y desde luego concluir, que el clima mayormente cálido, el mayor oxígeno, la abundancia de agua, el viento, la tierra que acarrea y hasta el humo... y las largas y difíciles distancias geográficas disimuladas por esos cordones umbilicales que vienen a ser los caminos al occidente, están en cierta manera cruceñizando a los miles de collas pobres que llegan y llegan y seguirán llegando... Pero que nosotros los cruceños, los orgullosos cambas “descendientes de andaluces y moros”, hayamos hecho o hagamos algo hoy, lo más mínimo, no es cierto... para cruceñizar a estos que por entonces llegaron para las zafras ¿se acuerda?... y que siguen llegando para lotear casi todo, es falso. No hemos hecho ni hacemos absolutamente nada al respecto, en parte porque una buena mayoría de los cruceños todavía no aceptan y por lo tanto no creen lo que acontece. Cabeza de avestruz en la arena. Eso sí, nos replegamos... el orgullo... la necesidad de subirnos en el último coche del pasado de un voluntarismo incompleto, selectivo... ¿no es cierto?... Nos arremolinamos y “nos regodeamos en la familia, en el negocio, en la fraternidad, en contar cuentos, en el guitarreo, en los musicones, la comparsa, la logia, los comités, en otras ilusiones, y en el interior de uno mismo... estadio de soledad... Y en casos aventurados y hasta ventureros... ¡en la política boliviana de politicoides!... en los juegos de azar, y en la hamaca... y no es máj”. El país está muy lejos. “La nación” es una mentira. Las naciones y nacioncingas, digamos bolivianas, son una verdad muy cercana a la mitomanía, insisto. Pero, escúcheme, como le digo, también nos ensimismamos... Escúcheme... ¡somos maestros del ensimismamiento mirón y lamentón, pero descansado!... El azar, el destino, el devenir inefable se encargan de los collas que llegan, de los que quedan y, sobre todo, de los que estuvieron, están y estarán llegando hasta con wiphalas. Ni los cruceños conocemos nuestra propia historia, y eso que por ahí hay libros escritos al respecto... ni los collas arribados conocen la suya porque les interesa un bledo la suerte que vaya a correr el Occidente de su supuesto país. Ignacio Warnes no era cruceño, etc. Ahí está un sonado Informe de la Real Academia de la Historia escrito por peritos que dicen que los llamados historiadores deforman la historia por razones premeditadas, y por ignorancia. Bolivia también es víctima de deformadores... sin tener connotados formadores, y no solamente en el campo de la historia. Escúcheme, menos conocemos nuestra sociología de vida que no sea el valor de habernos dado cuenta de que las cooperativas de luz, agua y teléfonos son pingües negocios de unos cuantos que se turnan... y que no quieren soltar teta. “Cada uno de estos sí que tiene historia conocida que ni siquiera ha sido escrita... ahí nomaj”. También miramos que nos arrasan loteadores de toda laya, incluyendo banqueros y sobre todo políticos collas y no collas, “incluyendo cruceños y extranjeros acollados”. Hay extranjeros más acollados que los mismos collas. La afamada revolución de 1952 fue occidental y para los occidentales, para paliar injusticias occidentales tejidas por occidentales. Escúcheme, el verdadero regionalismo de este Perú Alto de altura pero no de alteza es entre collas del sur y collas del norte. En la guerra civil de fin del siglo diez y nueve ganó La Paz porque puso más indígenas en los campos de batalla... y listo. Y los sigue poniendo, sobre todo en los campos ajenos. La minería y el pongueaje han sido occidentales. Nos afectó a los orientales durante la época de la colonia, por eso de brazos masculinos para Potosí, pero poco más, fuera de los huajcazos a lo Nicolás Suárez. Desde mucho antes del 52 miramos que la gente de la sede de Gobierno se porta indiferente ante las necesidades de los orientales... como la de tomarnos en cuenta en la hora de la repartija, la que sea. Y hasta en la repartija siempre nos han querido meter gato por liebre. Eso también es historia. Como es historia el que no digamos todo al mismo cruceño cuando se produce la repartija entre cruceños. Esto hoy. Pero aquí estamos hablando de la Cruz del Serrano, que es lo que interesa. La cruz de todos nosotros los de aquí. No de otras cruces. Escúcheme... ni menos hablamos de las cruces del occidente del país, como la que tiene Nuestra Señora de La Paz con el Alto de La Paz, que propende a crecer, crecer, crecer... pero no a la manera Palestina como ocurre en los llanos del Grigotá, porque los que llegan son también occidentales de por ahí nomaj... ¿no es verdad?... de las punas y planicies aledañas... de los predios abandonados primero por la Revolución del 52, y después a causa de la Revolución del 52. Altiplanos y punas abandonados por el campesino de aquel campesinado que los políticos de turno armaron con máuser en vez de con escuelas, hospitales y caminos. Incluso hoy el campesino occidental es venido a menos por el blancoide colla. ¡La tierra es de quien la trabaje políticamente!... ¡al diablo con la hoz y el martillo! ¡Viva la papeleta colorada!... ¿Se acuerda? ¡Y métale no maj!... ¡La verdad está afónica de vociferar pero no hay quien la enarbole, ni menos quien la escriba!... O como la cruz que tiene Cochabamba con la falta de agua; o la que tiene Sucre con la falta de acción. “¡Escúcheme, le apuesto que en todo El Alto no hay un solo camba que cante censo...!” ¡Pero sí hay algunos guaraníes!... Sí en pleno Alto.
CUATRO
Ahora, lo importante es cómo me siento yo... ¿no es cierto?... cruceño de sangre procedente sobre todo del lado de mi señora madre, querendón de esta tierra que una vez fue porque así me gustó que fuese; y que en cierta manera sigue siendo porque sigo queriendo que así sea, pero no la misma... Ante una realidad humana a la manera palestina, sin salida posible... La verdad, escúcheme... escúcheme... “la verdad es que me siento culpable, y lo digo en todo micrófono... y con voluntad ética”. Me siento culpable de haber sido inocente. De haber creído inocentemente que Santa Cruz no iba a cambiar como ha cambiado... y que iba a ser otra no programada ni menos conversada... “pa’ qué decir poetizada por apellidos ilustres.” “¡La etnología del cambio es una realidad... y al pan pan y al vino vino!” Los hijos de collas nacidos aquí serán cruceños, pero cruceños hijos, y después nietos, de collas... y así sucesivamente...; lo que nunca dejará de ser lo que es, por más tátara tátara que se sea. Así, lo que fue cruceño, lo que fue la cruceñidad a la antigua, a la mía, a la nuestra... hasta hace unas décadas, será cada vez menos cruceña... “¡no es maj!”... porque así se conforma la palestinidad de nuestro... ¿destino?... No, no creo en el destino, pero sí creo en lo que está aconteciendo como resultado de nuestras propias acciones o inacciones, de nuestra voluntad ensimismada, de nuestra capacidad de hacer la vista gorda sin percatarnos... ¡Ah tiempos viles!... Sin darnos cuenta de que la vista gorda la hacíamos a nosotros mismos. También creo que seguirá aconteciendo como resultado de nuestras propias acciones o falta de ellas. Creo en la circunstancia actual orteguiana del cruceño que, como digo, está repleta de palestinidad... que quiere decir “víctima inocente ¡y victimario! al mismo tiempo”. Escúcheme... sobre todo victimario de uno mismo que es la peor forma de serlo... porque victimar el ego es tener escasez de ideas, ideas redentoras... Es incapacidad de hacer literatura de ficción y al mismo tiempo gestar ideas salvadoras ¿no es cierto?... La Redención es del Nuevo Testamento. Y la Biblia hace tiempo que nos abandonó porque repetidamente faltamos a la mayoría de los mandamientos de Moisés... Creímos en el sacramento de la confesión y en el perdón ilimitado de nuestros pecados mortales sin hacer hincapié en que somos mucho más débiles que el Sacramento en sí. Ahí también le pelamos, y le pelamos en grande... ¡Nos hemos creído dueños de los mandamientos y las leyes, y de los sacramentos y reglamentos, y los hemos archivado!... Más todavía: creímos que nosotros éramos los mandamientos y los sacramentos vestidos de libre albedrío para hacer de nuestra capa un sayo. Si no nos perdonamos a nosotros mismos al no reconocer la necesidad de perdón, menos podíamos perdonar a otros, ni menos todavía a los collas... El sayo fino de nuestro quehacer se hilachó despiadadamente... ¡Tontería! eso de que los hijos de collas serán a la larga cruceños a la tradicional. Como digo, serán cruceños, pero no como lo fuimos los cruceños de antes. Y eso debí... debimos, mejor dicho, haberlo adivinado hace siglos. Ahí radica la inocencia de que hablo... Porque con poca voluntad ética, mucha inocencia, más vehemencia y harto machismo... según postularía la mujer cruceña, la mujer oriental de Bolivia... poco se podría aceptar a efectos de garbear la circunstancia hasta quizá dominarla. ¿Tranquilizarla?... imposible... no es cierto. Imposible... imposible. Imposible tranquilizar la mar de problemas cuando sopla el viento. En la circunstancia del cruceño sopla, sopla y sopla... ábrego tras ábrego según cualquier escucha de micrófono y practicante de voluntades impulsivas pero honestas... Escúcheme, aquí ya no sopla el sur... Nos van cambiando... Ya es solamente ábrego, o lo será dentro de poco... ¿Cómo me siento con respecto a lo que vengo diciendo? Por un lado me siento bien porque es una forma de conciliar fuerzas irreversibles. La humillación sobrellevada es una fuerza irreversible. La frustración es otra. La impotencia volitiva es una tercera. La falta de imaginación y de ideas... ¡es otra! Por otro lado hay incógnitas. Una de las incógnitas es dónde quedará lo auténtico, lo tradicional, en medio de tanta variedad, de tanta novedad impuesta sobre lo que éramos. La respuesta no existe, a no ser que la gestemos a punta de inventiva... ¡Cómo cuesta! Nos cuesta imaginar lo nuestro... cuando es la única manera de intentar salvarlo. Escúcheme... todavía nos interesa más el bendito Mr. Bloom del Ulises del irlandés William Joyce, que la entrepierna violada incestuosamente de docenas de niñas del oriente y occidente urbano y no urbano del “corazón de Suramérica”. Violadas por pederastas de profesión. ¡Es de no creerlo!... De ahí que ignoremos conciliar nuestra avenencia plena... Escúcheme: ...avenencia plena... digamos auténtica... con entes que constituyan la familia, la fraternidad, la comparsa, la logia. Los usamos pero no los asimilamos. En última instancia son refugios de profundas soledades porque no hay soledumbre más terrible que la que gesta la compañía de seres, de hijos inapetentes. “¡El fracaso es pésima compañía!” Así, estamos persuadidos de que al collao conocemos bien. Escúcheme, incluso lo conocemos más que los propios collas que lo han dejado para emigrar. Tenemos la ventaja de la perspectiva, eso sí. En eso también somos orteguianos. Los collas dejan el collao porque no lo conocen, y lo que es peor, no lo quieren conocer, y siguen dejándolo. La tradición oral tiene sus límites. La voluntad en ellos es principalmente cosmogónica, o sea inflexiblemente lenta, como dice el francés Todorov: “El Otro” son ellos, los cosmogónicos. Escúcheme, nosotros los cruceños somos cristianos viejos, voluntariosos de corte sicológico... Hay una diferencia que para el caso sirve para hablar, pero, hoy en día, sirve para poco más. Salvémonos en los significados y dejemos las palabras en el camino como se deja la orinada del día. Así, con las palabras vacuas también quedarán los charlatanes logómacos, y los escuchas atávicos y apáticos. Ambos le pelaron porque se han aplazado en forma vergonzosa. Ahí nomaj... ¡Viva la quietud bullente de la inconsciencia!
CINCO
Escúcheme... el significado de las palabras reivindicará al nuevo súper boliviano del teutón Federico Guillermo Nietzsche. También reivindicará al mestizo cósmico del mexicano José Vasconcelos, primo hermano de aquél en cuanto a la militancia de ideas enérgicas. Es cuestión de signos. El que los emite tiene que darse cuenta de que el que los recibe entiende otra cosa. Algo parecido acontece con los símbolos. La bandera nacional es un símbolo pero pocos en el territorio lo entienden de la misma manera. Para empezar, Bolivia es una posibilidad dolarizada que puede pero no quiere ser nación, y los cruceños debemos aceptar culpabilidad. El mestizo boliviano, o el que en un momento de la historia fue quiméricamentre boliviano, también será cósmico y súper algo, sobre todo por el globalizado respeto al decreto 21060. “Salvémonos en el significado de lo que hemos dicho”... será el grito de batalla de caneco de agua dulce. Lo de “pueblo enfermo” del colla Arguedas fue profético sobre todo por su significado. La verdad es que nadie sabe si Arguedas se refería al cruceño. Las naciones eran y siguen siendo varias por eso de Oriente y Occidente. Los idiomas y sus significados ni se diga. Hasta Samaipata llegaron... y ahí tuvieron que hacer una fortificación para sentar frontera y significado ante los atónitos pero inteligentes trashumantes desnudos de los llanos que eran sus parientes... y si no pregúnteselo a Francisco de Toledo, el que condujo “la guerra justa” contra los indios chiriguanaes. Guapas eran las indias, y el que no crea que investigue lo que se hacía en las encomiendas de los conquistadores y colonizadores europeos. Lo de Carlos Medinaceli fue más que ninguno: murió amargado ante un significado insignificante del ser boliviano occidental. La mayoría de las familias que colonizaron los llanos del Grigotá fueron de procedencia charquina, o sea colla rancia de nombre... y no tan rancia por eso de los “pardos” llegados a Santa Cruz. “¡Por favor no solamente a Vallegrande y Comarapa”! Una verdad es que del Paraguay llegaron cuatro gatos con los Ayolas, Irala y los Chávez, algunos importantes, que a la larga significaron menos de lo que se cree. Chávez era poco menos que desconocido en Lima donde caminó en busca de pautas de lo que estaba aconteciendo en sus lares explorados. La americanada oriunda e invadida se encargó de darle en la mata. Al siglo la ruta al Paraguay se cerró por altercados entre jesuitas. Éstos debieron haber tenido relativamente poca descendencia genealógica, pero a lo mejor significaron genéticamente. Todo puede ser, menos que los cruceños dejemos nuestras perogrulladas y aceptemos que tenemos raíces que vale la pena preservar, pese a todo, pero estudiándolas. Está bien que hace unos seis siglos los guaraníes, chiquitos y algunos otros hayan dado cuenta de los chanés, pero está mal que nosotros nos convenzamos a nosotros mismos de que somos los “nuevos chanés”, o los flamantes palestinos, que es lo mismo. Que nos intentan convencer otros... incluso álter egos... no hay duda. Pero de ninguna manera tratemos de convencernos los cruceños a nosotros mismos desde los micrófonos más subjetivos de nuestro ser. El símil late en la medida que lo hagamos palpitar. Escúcheme, “urge trabajar con los instrumentos al alcance, cosa que hagamos de los que están y los que llegan... digamos, una posibilidad viable de retorno a sus lugares de origen, y una posibilidad de origen de sus posibilidades de retorno”. Un mejor servicio de agua en Cochabamba... y no es maj. Un mejor empeño práctico en La Paz... y quizá se den cuenta de que también tiene tierra bajas y fértiles en el norte del Departamento; es decir, frente a sus narices. Sucre necesita convencerse de que con universidad y turismo es insuficiente, pese a las huellas de dinosaurios y a las huellas de explotación del hombre por el europeo que muestra Potosí. Para significar no queda más que desplazar ideas con micrófono, voluntad y curiosidad, y ver la forma de echar por la borda el estatuderato mental que tanto nos ha perjudicado. Pero, escúcheme... no hay quién desplace iniciativa de calidad en esta tierra cruceña de descendientes de andaluces que mataron guarayos a granel, y que después jugaron con las esperanzas y las espaldas de los cambas pobres, también descendientes de andaluces... pese a los diez mandamientos judíos, a los sacramentos cristianos, y, con los lustros, a las legislaciones collangas dictadas por la embajada americana... ¡Ah¡... hay tanto que decir...
SEIS
Ordenes... “Pregunte usted por favor que de éso se trata”.
Respondí que la entrevista había transcurrido en realidad sin que el empresario se percatase de las preguntas. Que no se preocupase... que las había respondido casi todas... y que tenía suficiente material para el trabajo.
[Después descubrí que lo que acababa de decir era inexacto porque la grabación remota se había interrumpido por un corte de corriente eléctrica al parecer anunciado de Santa Cruz].
Le pedí sí que me respondiese una pregunta adicional. El empresario dijo que con gusto la respondería. Le agradecí y procedí a preguntarle si él creía que el cruceño era racista. Levantó la mano y tuve que detener la grabación haciendo honor al acuerdo. La verdad es que me fue imposible hacer un resumen de lo que escuché como respuesta a esta mi reciente pregunta porque el entrevistado repitió la hazaña de hablar elocuentemente una hora y cuarenta minutos. En algún momento ordenaré mis notas de modo que pueda escribir y quizá publicar una segunda entrega de este singular encuentro con el empresario cruceño... sobre todo su respuesta a mi pregunta de que si el cruceño era racista. Prometo.
Ah, del texto “La cruz del serrano”, las citas entre comillas son fiel copia del original.

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