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	<title>Academia Boliviana de la Lengua</title>
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		<title>Academia Boliviana de la Lengua</title>
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		<title>Disertaci&#243;n de D Blithz Lozada sobre la Inteligencia Artificial</title>
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		<dc:date>2023-07-05T19:12:58Z</dc:date>
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		<dc:creator>Tatiana Alvarado Teodorika</dc:creator>


		<dc:subject>actualidades</dc:subject>
		<dc:subject>destacado</dc:subject>

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&lt;p&gt;Disertaci&#243;n presentada ante la Junta Plenaria de la Academia Boliviana de la Lengua el 30 de junio de 2023 disponible en l&#237;nea.&lt;/p&gt;


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&lt;a href="https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?rubrique13" rel="directory"&gt;Disertaciones&lt;/a&gt;

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&lt;a href="https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?mot2" rel="tag"&gt;actualidades&lt;/a&gt;, 
&lt;a href="https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?mot3" rel="tag"&gt;destacado&lt;/a&gt;

		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Disertaci&#243;n presentada ante la Junta Plenaria de la Academia Boliviana de la Lengua el 30 de junio de 2023 disponible &lt;a href=&#034;https://youtu.be/JPRWNvJ4aMo&#034; class=&#034;spip_out&#034; rel=&#034;external&#034;&gt;en l&#237;nea&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>Ordenes Lavadenz, Jorge. La cruz del serrano</title>
		<link>https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?article241</link>
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		<dc:date>2017-04-22T20:52:20Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Tatiana Alvarado Teodorika</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Discurso de ingreso a la Academia Boliviana de la Lengua, 2001&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?rubrique13" rel="directory"&gt;Disertaciones&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;LA CRUZ DEL SERRANO&lt;br class='autobr' /&gt;
Jorge V. Ordenes-Lavadez ante la Academia Boliviana de la Lengua&lt;br class='autobr' /&gt;
Mediados de 2001&lt;br class='autobr' /&gt;
UNO&lt;br class='autobr' /&gt;
Con respecto a la migraci&#243;n de gente procedente del occidente de Bolivia a la ciudad de Santa Cruz sobre todo durante los &#250;ltimos veintitantos a&#241;os, un empresario cruce&#241;o relativamente pr&#243;spero, joven, le&#237;do, conocido en la rep&#250;blica y allende, y respetable &#8212;respetable sobre todo por su bien lograda afluencia&#8212; me dec&#237;a a mediados del a&#241;o 2001 que los cruce&#241;os de cepa y trayectoria, los &#8220;viejos cruce&#241;os&#8221;... se sent&#237;an hoy como los m&#225;s recientes palestinos del planeta... con la excepci&#243;n de que los palestinos de Palestina luchaban por recobrar por lo menos algo de sus territorios, sus derechos y dignidad; que se les ayudaba... y que seguramente los recobrar&#237;an por lo menos en parte; en cambio los cruce&#241;os, por indiferencia y por desidia, ten&#237;an poca esperanza de recobrar nada. Menos esperanza a&#250;n ten&#237;an de recuperar parte del terru&#241;o, sus tradiciones y autoridad como las entend&#237;an ellos, adem&#225;s de los derechos y la dignidad; porque lo m&#225;s perdido que no perdido era irrecuperable. Era irrecuperable sobre todo por lo intangible, por lo abstracto... aunque no menos vigoroso y definitivamente latente en el consciente del cruce&#241;o... pese al orgullo, a la dedicaci&#243;n a la familia, a la veneraci&#243;n de la campi&#241;a, al trabajo honrado de la tierra y de la empresa; pese al vigor de las tradiciones, y &#8220;pese a haber habitado Santa Cruz &#161;desde el siglo diez y seis!&#8221; &lt;br class='autobr' /&gt;
Me pareci&#243; que lo dijo con soltura y firmeza, acaso con sinceridad y convicci&#243;n razonada... tranco por tranco, nota tras nota de un himno de angustia sorda encostrada en la adversidad cada vez mayor, sobre todo m&#225;s notoria a medida que hablaba... La verdad es que habl&#243; trasluciendo un sentimiento de pesadumbre mezclado con nostalgia y resentimiento, algo de sorna que destilaba humor... entre otros sentimientos no menos enigm&#225;ticos, todos cabizbajos, creo. &lt;br class='autobr' /&gt;
Curioso aunque no sorprendido, solicit&#233; que me permitiese la indiscreci&#243;n de hacerle unas preguntas deslindadas de lo que califiqu&#233; en voz alta como un elocuente pronunciamiento. Dije que oportunidad de articular conocimiento y sentimiento... emotivamente, en voz alta, como &#233;sta, sobre todo en Bolivia... donde el que m&#225;s o el que menos filosofa en silencio y para s&#237;, no hab&#237;a que pasar por alto. Coment&#233; que su an&#225;lisis y opini&#243;n val&#237;an, etc. &lt;br class='autobr' /&gt;
Interesado, respondi&#243; en voz alt&#237;sima y firme: &#8220;las preguntas que usted quiera, Ordenes, por favor... si para eso estamos... &#191;no es cierto?... para abordar temas tan nuestros como Santa Cruz. Aqu&#237; estoy a sus &#243;rdenes, Ordenes&#8221;, no faltaba m&#225;s. &lt;br class='autobr' /&gt;
Aduciendo que mi inter&#233;s en el tema, y deseo de aprender, limitaban mi capacidad de memorizaci&#243;n, pregunt&#233; si me permit&#237;a dejar el tel&#233;fono celular abierto de modo que lo que dij&#233;semos se grabase... a fin de que yo tuviese una transcripci&#243;n de lo dicho para poder trabajar y preparar la parte escrita en funci&#243;n a ella. Por supuesto&#8221;, respondi&#243;. Tambi&#233;n ray&#243; la cancha diciendo que cuando &#233;l levantase la mano &#8212;apunt&#243; con el &#237;ndice al celular&#8212; significaba que lo que iba a decir hab&#237;a que excluirlo de la versi&#243;n grabada. O sea que ante la se&#241;al yo deb&#237;a cerrar el celular. Asent&#237;. Pero no qued&#243; claro cuando podr&#237;a ponerlo nuevamente en marcha, ni yo insist&#237; sobre el asunto a fin de tener la libertad de volver a ponerlo en marcha a mi albedr&#237;o. &lt;br class='autobr' /&gt;
Mi pregunta inicial despu&#233;s del arreglo que firmamos t&#225;citamente fue que si el Empresario ten&#237;a inconveniente en que yo publicase internacionalmente lo que se iba a decir en privado. Pensando en voz alta el Empresario respondi&#243; que no, que no tendr&#237;a inconveniente; pero que ser&#237;a de su agrado que lo que &#233;l dijese tambi&#233;n se publicase nacionalmente, o sea en Bolivia; aunque, &#8220;pens&#225;ndolo bien&#8221;, dijo, quiz&#225; conviniese... &#8220;digamos, que yo le eche una le&#237;da&#8221;... a lo que vaya a publicarse nacionalmente de modo que no &#8220;vayamos a jochear los petos de nadie&#8221;, ni &#8220;metamos la pata&#8221;... diciendo cosas que... o publicando cosas que por ah&#237; no agraden por razones mal entendidas y peor interpretadas. En las tierras de &#209;uflo &#8220;ah&#237; nom&#225;j&#8221; se tergiversan las cosas, todas las cosas... a conveniencia, sobre todo cuando se trata de &#8220;la cosa nuestra&#8221;. Como usted prefiera, respond&#237;. Por supuesto que mostrar&#233;, lo que resulte por escrito de la entrevista, a usted y a la o las personas que usted indique. Le satisfizo, aunque ipso facto dijo que tal vez conven&#237;a que su abogado, o quiz&#225; su esposa, estuviese presente en la conversaci&#243;n, en la entrevista. O &#8220;mejor&#8221;, que leyese... &#161;el producto final!... Insist&#237; en que si quer&#237;a llamar a su abogado o a su esposa, para que escuchasen, no hab&#237;a problema. &lt;br class='autobr' /&gt;
&#201;l respondi&#243; con un &#8220;&#161;para qu&#233;! ... la verdad es que no los necesitamos para una cuesti&#243;n de amigos &#191;no es verdad?&#8221; Luego a&#241;adi&#243;: &#8220;.Cualquier similitud con seres vivientes es pura... pur&#237;sima... &#161;puris&#237;sima verdad, reflejo de la verdad y derivado de la verdad! Y al que le toque el guante que se lo chante, que ya es tiempo de decir una verdad de mejor calidad en torno a lo acontecido en estas trastierras tan mediterr&#225;neas de conciencia, tan re&#241;idas con la capacidad de autocr&#237;tica y tan adictas a la capacidad de alabanza. S&#243;lo lisonjas rom&#225;nticas, que yo sepa, se han escrito sobre estos hombres y estas comarcas. Todav&#237;a no han llegado los tratadistas de la historia que duele, o sea la verdadera historia... la que edifica porque cuesta, por lo menos la que m&#225;s se acerque a ella&#8221;. Lo que vale, la verdad, cuesta decirla, escribirla y estudiarla... Esc&#250;cheme... cuesta a&#250;n m&#225;s recordarla y difundirla de buena gana y buen humor a fin de no repetirla. Ah&#237; nomaj... No puede ser de otra manera&#8221;... &lt;br class='autobr' /&gt;
Re&#237;a, nerviosamente y ri&#243; un buen rato. La grabaci&#243;n ese momento registr&#243; veinticinco segundos de risa intermitente. La verdad es que tambi&#233;n en ese momento a m&#237; me pareci&#243; menos tiempo de risa. &lt;br class='autobr' /&gt;
Mi segunda pregunta vers&#243; sobre si estaba seguro de su decisi&#243;n de no estar acompa&#241;ado de su esposa o su abogado, o de cualquier otra persona durante la conversaci&#243;n-entrevista... &lt;br class='autobr' /&gt;
&#8220;Si por ah&#237; me falta un dato no estar&#237;a mal tener un consueta&#8221;... dijo. Pero &#8220;para qu&#233;&#8221; se respondi&#243;. En la vida hay que valerse de los propios medios &#191;no es cierto?&#8221; ...El que debe pensar y actuar en funci&#243;n a ese pensamiento es nomaj uno, qui&#233;n m&#225;s puej... no es m&#225;j... m&#233;tale&#8221;. ....Vamos, &#8220;adelante con los faroles que no hay miedo habiendo hospitales&#8221;. Pregunte, pregunte... Ordenes, pregunte esto... converse don Ordenes... don Jorge Ordenes ... pregunte, indague, provoque, suplique, rebusque que yo responder&#233;... aqu&#237; se trata de responder, &#8220;de rebuznar&#8221;... y no de quedarse callado &#8220;pese al miedo a pelarle&#8221;. El silencio ante un micr&#243;fono es &#8220;pelarle&#8221;... Aunque tambi&#233;n es pelarle cuando uno se calla sin micr&#243;fono, como ocurre en este paisingo que se deshace en la falta de estrategias, de posibilidades, de honestidades... todas sin micr&#243;fono... es toda una filosof&#237;a. La cr&#237;tica es espasm&#243;dica por lo t&#237;mida, micr&#243;fono o no micr&#243;fono. &#8220;Oiga, esto... Ordenes... Sabe usted que es toda una filosof&#237;a esto del micr&#243;fono&#8221;. &lt;br class='autobr' /&gt;
Me miraba buscando corroboraci&#243;n. Se la di. &lt;br class='autobr' /&gt;
&#8220;Por fin sonr&#237;e usted... ma&#241;ana saldr&#225; el sol&#8221;, me dijo. &#8220;Usted toma muy en serio su trabajo puej... Porque esto de escuchar y escribir es trabajo puej... P&#243;ngase a su gusto que vamos a conversar... vaya che&#8221;. &lt;br class='autobr' /&gt;
Continu&#243; mostrando un agudo y fotog&#233;nico rictus: en Bolivia... ya no hay micr&#243;fonos que valgan la pena porque lo que vale la pena no se dice ni por micr&#243;fono, ni por nada... &lt;br class='autobr' /&gt;
DOS&lt;br class='autobr' /&gt;
Hablaremos en la entrevista de filosof&#237;a cruce&#241;a &#191;no es verdad? ... dijo el empresario, para a&#241;adir: &#8220;Esc&#250;cheme, la filosof&#237;a est&#225; en la falta de voluntad para acceder a la verdad, la verdad m&#225;s cre&#237;ble, aunque sea inventada... Inventada pero... esc&#250;cheme... inventada pero cre&#237;ble&#8221;. Los medios son eso, medios &#8220;medios&#8221;. Lo entero no es parte de la bolivianadanga oriental ni occidental. &#8220;A los dos les falta voluntad&#8221;. Como tambi&#233;n falta voluntad y &#8220;en algunos casos micr&#243;fono&#8221; a las agrupaciones religiosas para decir lo que deber&#237;an decir, para cantar al sinople y al blanco en las misas de los domingos, en todas las misas y oficios, hasta en los de difuntos, bautizos, certificados, bendiciones y sermones. &#8220;Decir con fuerza, puej&#8221;... Aqu&#237; todos toleramos. Yo, tolero, t&#250; toleras, &#233;l tolera, nosotros toleramos, etc. Reina el gerundio de todo: &#8220;tolerando&#8221;, &#8220;esperando, aguantando, sonriendo, muriendo&#8221; y as&#237; hasta la eternidad &#191;no es cierto? A los menos pero poderosos interesa m&#225;s el participio pasado, o sea lo tolerado, esperado, aguantado, sonre&#237;do y muerto... porque se trata de material de comedia exhibida, pan comido, pan explotado, masticado, salivado, digerido y defecado... que digamos ni siquiera sirva para fertilizar nada porque no hay con qu&#233; recolectarlo, don Ordenes... no hay ni c&#243;mo reconocerlo, menos habr&#225; puej voluntad de recogerlo. Todav&#237;a est&#225; lejango el d&#237;a en que los cruce&#241;os aprendamos a recoger todo lo que tenemos que recoger de la superficie f&#237;sica de nuestros parajes, y de nuestras conciencias, incluyendo muchas verdades &#161;y hasta verdasingas!... Esc&#250;cheme... Ordenes... aqu&#237; tiende a reinar la mitoman&#237;a ante uno mismo, que es peor que si reinase ante los dem&#225;s. &lt;br class='autobr' /&gt;
Esc&#250;cheme... el alcantarillado escasea en todas las ciudades donde habitan seres en este paisingo. &#161;Qu&#233; verdad! &#191;no es cierto?... A esa capacidad de an&#225;lisis edificante de lo que nos falta... y de lo que nos sobra... llamo la filosof&#237;a de la voluntad... tan nuestra precisamente por la falta de voluntad. Los cruce&#241;os toleramos por falta de voluntad. Somos volitivos por naturaleza pero a la nuestra. Por ejemplo... esc&#250;cheme... aqu&#237; toleramos no porque somos tolerantes, sino porque somos pusil&#225;nimes, pero pusil&#225;nimes impulsivos, adem&#225;s de culpables. Pusilanin&#237;simos... &#191;y sabe usted por qu&#233;?... &#191;sabe usted, sobre todo, &#191;por qu&#233;?... &#161;Porque hace tiempo que miramos lo que ven&#237;a y no lo vimos! ... Nos falt&#243; curiosidad. De ah&#237; que seamos culpables de ser los flamantes y flameantes, los esculpidos y m&#225;s puros... los m&#225;s categ&#243;ricos nuevos palestinos del mundo. Con la diferencia de que los palestinos de Palestina est&#225;n obligados a firmar la paz porque donde est&#225;n no hay espacio para pelear. Aqu&#237; hay todo el espacio del mundo, pero la pelea a la Medio Oriente no se dio de pleno todav&#237;a y no se dar&#225; en el coraz&#243;n de Suram&#233;rica y &#191;sabe usted por qu&#233;?... Esc&#250;cheme... &#8220;porque gran parte del &#8216;enemigo' es uno mismo&#8221;. Y de eso aqu&#237; no se habla... pero habr&#225; de hablarse porque &#8220;&#161;la parturienta tiene que parir!&#8221; Aunque mientras m&#225;s cambian las cosas, m&#225;s permanecen. &#8220;Esc&#250;cheme&#8221;, esta tierra ten&#237;a posibilidades de salir adelante con su gente noble, sana y trabajadora... pero trabajadora hasta cierto punto y ni un adarme m&#225;s. Es m&#225;s trabajadora la mujer oriental que el hamacado varonazo. Tambi&#233;n es m&#225;s curiosa. Esc&#250;cheme... desde que los cruce&#241;os decidimos mezclar el aislamiento con el orgullo, la frustraci&#243;n y la necesidad... cuando decidimos organizar lo obvio, es decir el suministro de agua, de luz y de servicio de tel&#233;fono... adem&#225;s de unos cuantos kil&#243;metros cuadrados de plantaciones y unas cuantas costos&#237;simas industrias, &#8220;hace nomaj unos cuantos lustros&#8221;... nos dimos cuenta de que tambi&#233;n nosotros &#233;ramos humanos bolivianos, tan homo sapiens como los occidentales, los del sur y del norte &#191;no es cierto?... &#8220;esos que hist&#243;ricamente mierdeamos todos los d&#237;as... colla eh mierda aqu&#237;, colla eh mierda all&#225;&#8221;. As&#237; los trat&#225;bamos cuando reemplazaban al camba hamacado en las sonadas zafras. Esc&#250;cheme, los trajimos y con ellos trajimos los prolog&#243;menos de nuestra propia y genuina palestinidad... ah&#237; nom&#225;j... Tambi&#233;n nos dimos cuenta de que pod&#237;amos aprender a hacer a costa de los otros cambas... a los que tambi&#233;n mierdeamos todos los d&#237;as... &#8220;camba &#8216;e mierda aqu&#237;... camba &#8216;e mierda all&#225;... a esos cambas que en tiempos pasados &#8220;se les daba huajca&#8221; para que trabajasen... a lo Nicol&#225;s Su&#225;rez... &#191;no es cierto?... S&#237;, ese cruce&#241;o de &#8220;sepa nuestra de la buena&#8221;... de la que muchos dicen sin hablar que se acab&#243; con &#233;l. Y aqu&#237; estamos hablando de tel&#233;fonos, luz y agua, o sea de harta plata... a la que hay que a&#241;adir los asaltos de la usura y la de otros loteadores de la propiedad ajena. Esc&#250;cheme, estamos hablando de millones de d&#243;lares, de millones de euros, ... de millones de libras... &#191;no es cierto?... Fue un descubrimiento dentro de la tradici&#243;n hispana de brincarle a los dem&#225;s y vivir de y en la hacienda forjada a como d&#233; lugar y &#8220;en dos patadas... no es maj&#8221;... todo en un ba&#241;o de flojera. La importancia de la filosof&#237;a de la voluntad cruce&#241;a cogi&#243; calibre y trascendencia. Sobre todo el voluntarismo sicol&#243;gico porque en su momento discernimos en silencio la capacidad de aguante del camba y le aplicamos los torniquetes y hasta la camisa de fuerza que s&#243;lo el tiempo est&#225; ajando. Tambi&#233;n le aplicamos una ignominia, don Ordenes... &#161;la ignominia de la coca!... En eso s&#237; que somos europeos latos. El camba hoy es pico verde &#161;carajo!... y todo por culpa de los que en su momento debieron recurrir a la voluntad que Dios les ha dado... Por todo esto y m&#225;s es que yo postulo que desconocemos la deontolog&#237;a organizada. De los espa&#241;oles heredamos la avaricia y la rudeza... y una gran capacidad emotiva de energ&#237;a relampagueante que se torna dif&#237;cil encausar. De los tup&#237; guaran&#237;es heredamos la tozudez, el amor a la tierra, y el respeto al m&#225;s fuerte; adem&#225;s del arrojo en la defensa de causas entendidas por otros. En todo esto nada tuvo que ver el voluntarismo &#233;tico ni menos el metaf&#237;sico. Aqu&#237; se ley&#243; a empujones a Duns Scoto y a San Agust&#237;n. La voluntad sicol&#243;gica... ah&#237; nomaj. Aqu&#237; la refinamos, la amansamos y la peluqueamos a nuestra manera. La voluntad sicosl&#243;gica nos hizo descubrir que s&#237;, que el habitante de las llanuras de Grigot&#225; y alrededores consumir&#237;a agua, electricidad y hablar&#237;a por tel&#233;fono como cualquier otro necesitado del continente. Descubrimos que &#8220;pod&#237;amos y deb&#237;amos ser pro Santa Cruz&#8221;. Tambi&#233;n descubrimos que pod&#237;amos hacer las cosas a medias porque dizqu&#233; no hac&#237;a falta mayor esfuerzo. Ah&#237; falt&#243; voluntad &#233;tica... Elay... No hubo curiosidad ni voluntad de invenci&#243;n, esa que nos invente y que invente el verdadero e hist&#243;rico Santa Cruz, el que nunca existi&#243;... y que debimos haber inventado los geniecillos de anta&#241;o... y, por qu&#233; no decirlo, de hoga&#241;o tambi&#233;n. Algo con qu&#233; nutrir la educaci&#243;n de los hijos. Esc&#250;cheme, sobraron muchas cosas pero nada de voluntad edificante, o sea voluntad &#233;tica... que es lo mismo que voluntad pertinente. &#201;ramos pocos, pocos con ganas de curiosear, de hacer... hacer con voluntad, hacer para nosotros, incluso secretamente para que no se enterasen en el Occidente; para que lo ignorasen los cambas acollados y los collas de Santa Cruz. Aquel primerizo camino pavimentado a Cochabamba era un peligro. Era imprescindible actuar discretamente para salud y &#233;xito del proyecto... &#191;no es cierto? Pero la voluntad se acab&#243;. La verdad es que qued&#243; en medio camino del desarrollo cruce&#241;o. &#8220;&#161;Falt&#243; voluntad, falt&#243; voluntad, falt&#243; vo-lun-tad &#233;-ti-ca&#8221;!... &#8220;Seamos corajudos... carajo&#8221;, y acept&#233;moslo: falt&#243;, falt&#243;, &#161;FALTO!... don Ordenes... &#161;Faltamos a nosotros mismos, a nuestros antepasados y a nuestros hijos y nietos! &#8220;&#161;Le faltamos a nuestra propia moralidad digamos que con micr&#243;fono!&#8221;... &#8220;Mea culpa, mea culpa, mea culpa...&#8221; &#8220;Para qu&#233; m&#225;s puej&#8221;... elay... eso s&#237; dijimos. Nos dijimos y, peor... &#161;nos cre&#237;mos porque nadie dijo que no nos crey&#233;semos. Estamos en la trastierra &#191;no es cierto?... Aqu&#237; no hay costas de oc&#233;ano que no sean las de los afiches. &#161;Somos el coraz&#243;n del continente... cuando m&#225;s valiera que fu&#233;semos las manos o las cuerdas vocales... entre otras cosas para usar por lo menos un micr&#243;fono! C&#243;mo hacen falta manos para hacer, para deshacer primero y hacer despu&#233;s. Result&#243; que con agua, tel&#233;fono, electricidad y secreteos era suficiente para llenar las petacas con los sueldos de los atrevidos y gallardos, de los caballeros cruce&#241;os. Hacer m&#225;s era dizqu&#233; innecesario porque estaba m&#225;s all&#225; de nuestras posibilidades inmediatas... y, por lo visto y desvivido las &#250;ltimas d&#233;cadas, estaba tambi&#233;n m&#225;s all&#225; de las posibilidades mediatas. &#161;Ojo! las carreteras grandes y no grandes, las escuelas, las bibliotecas, las universidades, los hospitales del departamento de Santa Cruz, incluyendo su capital y anillos, orgullo nuestro, tendr&#237;an que financiarlos los collas de mierda; esos due&#241;os y se&#241;ores del Gobierno central del paisingo; esos que nunca aceptaron que el territorio de Bolivia era m&#225;s grande de lo que cre&#237;an... &#161;Barajo che! Nosotros acept&#225;bamos el paisingo que ellos estipulaban, descuidando el terru&#241;o sagrado que pis&#225;bamos sobre el que hab&#237;a petr&#243;leo, gas natural, posibilidades y mujeres hermosas. Hasta en eso fuimos pusil&#225;nimes. &#8220;Le pelamos con la falta de voluntad &#233;tica.&#8221; Cre&#237;mos que con agua, tel&#233;fono y electricidad &#161;est&#225;bamos servidos! &#8220;Esc&#250;cheme&#8221;, el otro lado del asunto, el otro cotiled&#243;n de esta rosa sonrosada que es la irrealidad cruce&#241;a... porque &#8216;realidad' cruce&#241;a no hay, no existe... y no existe porque esto es, como le dije al comienzo, &#8220;&#161;esto es una nov&#237;sima Palestina!&#8221;, un mosaico de divinidades y cuestionamientos por dilucidarse. Ese otro cotiled&#243;n es que los cruce&#241;os somos los nuevos palestinos, mal que nos pese y bien que nos ligue... porque la culpa es nuestra y nada m&#225;s que nuestra. Hablamos de... y hasta hacemos hincapi&#233; en lo que no tenemos, pero hacemos una nada para conseguirlo... &#161;Chupate esa nos decimos todos los d&#237;as!... Ahora, esc&#250;cheme, lo que ten&#237;amos que conseguir, cultivar, mejor dicho, entre otras cosas, esc&#250;cheme, entre otras cosingas... era nuestra capacidad de vaticinio... de va-ti-ci-nio. Qu&#233; barbaridad... &#161;nunca desarrollamos una genuina capacidad de vaticinio!... Otra vez, nos falt&#243; voluntad moral y moralizante, nos falt&#243; visi&#243;n, nos falt&#243; inventiva. Nos falt&#243; historia estudiada y estudio de la historia, la que fuese, aunque fuese la de Persia. Esc&#250;cheme... &#191;acaso era dif&#237;cil vaticinar lo que se ven&#237;a? &#191;Acaso no ten&#237;amos el suficiente entendimiento para concluir, all&#225; en los a&#241;os 1950, cuando la factibilidad de la Rep&#250;blica entr&#243; en un clar&#237;simo &#8220;veremos&#8221;, que los cruce&#241;os descendientes de europeos y americanos guaran&#237;es &#233;ramos pocos, y que la masa ind&#237;gena del Todo, de ese Todo boliviano del que territorialmente &#233;ramos menos de una cuarta parte, y que vegetativamente &#233;ramos menos del cinco por ciento?... &#191;Acaso no ten&#237;amos el suficiente entendimiento, no es cierto... para concluir, &#8220;all&#225;... en esos almanaques&#8221;, que: o cruce&#241;iz&#225;bamos a los que viniesen, o ellos nos occidentalizaban?... &#191;incluso culturalmente adem&#225;s de...? Hay cosas que mejor permanecen no dichas porque dimos de baja a la voluntad moralizadora... &#161;Ah&#237; no m&#225;j! Seg&#250;n autoridades, en 1992... en la provincia San Mat&#237;as del departamento de Santa Cruz, la que colinda con Brasil, hab&#237;a, desde hace tiempo... cien por ciento m&#225;s quechuas que guaran&#237;es... para qu&#233; vamos a hablar de las provincias Caballero, Vallegrande, Florida, Ichilo, Andr&#233;s Iba&#241;ez, y otras... donde la poblaci&#243;n quechua siempre ha sido mayor que la guaran&#237;... y de lejos... &#8220;&#191;Que siempre hubo que cruce&#241;izar?&#8221; &lt;br class='autobr' /&gt;
TRES&lt;br class='autobr' /&gt;
La pregunta todav&#237;a es... &#191;no es cierto? ... que si tenemos la fortaleza de &#225;nimo para aceptar, y desde luego concluir, que el clima mayormente c&#225;lido, el mayor ox&#237;geno, la abundancia de agua, el viento, la tierra que acarrea y hasta el humo... y las largas y dif&#237;ciles distancias geogr&#225;ficas disimuladas por esos cordones umbilicales que vienen a ser los caminos al occidente, est&#225;n en cierta manera cruce&#241;izando a los miles de collas pobres que llegan y llegan y seguir&#225;n llegando... Pero que nosotros los cruce&#241;os, los orgullosos cambas &#8220;descendientes de andaluces y moros&#8221;, hayamos hecho o hagamos algo hoy, lo m&#225;s m&#237;nimo, no es cierto... para cruce&#241;izar a estos que por entonces llegaron para las zafras &#191;se acuerda?... y que siguen llegando para lotear casi todo, es falso. No hemos hecho ni hacemos absolutamente nada al respecto, en parte porque una buena mayor&#237;a de los cruce&#241;os todav&#237;a no aceptan y por lo tanto no creen lo que acontece. Cabeza de avestruz en la arena. Eso s&#237;, nos replegamos... el orgullo... la necesidad de subirnos en el &#250;ltimo coche del pasado de un voluntarismo incompleto, selectivo... &#191;no es cierto?... Nos arremolinamos y &#8220;nos regodeamos en la familia, en el negocio, en la fraternidad, en contar cuentos, en el guitarreo, en los musicones, la comparsa, la logia, los comit&#233;s, en otras ilusiones, y en el interior de uno mismo... estadio de soledad... Y en casos aventurados y hasta ventureros... &#161;en la pol&#237;tica boliviana de politicoides!... en los juegos de azar, y en la hamaca... y no es m&#225;j&#8221;. El pa&#237;s est&#225; muy lejos. &#8220;La naci&#243;n&#8221; es una mentira. Las naciones y nacioncingas, digamos bolivianas, son una verdad muy cercana a la mitoman&#237;a, insisto. Pero, esc&#250;cheme, como le digo, tambi&#233;n nos ensimismamos... Esc&#250;cheme... &#161;somos maestros del ensimismamiento mir&#243;n y lament&#243;n, pero descansado!... El azar, el destino, el devenir inefable se encargan de los collas que llegan, de los que quedan y, sobre todo, de los que estuvieron, est&#225;n y estar&#225;n llegando hasta con wiphalas. Ni los cruce&#241;os conocemos nuestra propia historia, y eso que por ah&#237; hay libros escritos al respecto... ni los collas arribados conocen la suya porque les interesa un bledo la suerte que vaya a correr el Occidente de su supuesto pa&#237;s. Ignacio Warnes no era cruce&#241;o, etc. Ah&#237; est&#225; un sonado Informe de la Real Academia de la Historia escrito por peritos que dicen que los llamados historiadores deforman la historia por razones premeditadas, y por ignorancia. Bolivia tambi&#233;n es v&#237;ctima de deformadores... sin tener connotados formadores, y no solamente en el campo de la historia. Esc&#250;cheme, menos conocemos nuestra sociolog&#237;a de vida que no sea el valor de habernos dado cuenta de que las cooperativas de luz, agua y tel&#233;fonos son ping&#252;es negocios de unos cuantos que se turnan... y que no quieren soltar teta. &#8220;Cada uno de estos s&#237; que tiene historia conocida que ni siquiera ha sido escrita... ah&#237; nomaj&#8221;. Tambi&#233;n miramos que nos arrasan loteadores de toda laya, incluyendo banqueros y sobre todo pol&#237;ticos collas y no collas, &#8220;incluyendo cruce&#241;os y extranjeros acollados&#8221;. Hay extranjeros m&#225;s acollados que los mismos collas. La afamada revoluci&#243;n de 1952 fue occidental y para los occidentales, para paliar injusticias occidentales tejidas por occidentales. Esc&#250;cheme, el verdadero regionalismo de este Per&#250; Alto de altura pero no de alteza es entre collas del sur y collas del norte. En la guerra civil de fin del siglo diez y nueve gan&#243; La Paz porque puso m&#225;s ind&#237;genas en los campos de batalla... y listo. Y los sigue poniendo, sobre todo en los campos ajenos. La miner&#237;a y el pongueaje han sido occidentales. Nos afect&#243; a los orientales durante la &#233;poca de la colonia, por eso de brazos masculinos para Potos&#237;, pero poco m&#225;s, fuera de los huajcazos a lo Nicol&#225;s Su&#225;rez. Desde mucho antes del 52 miramos que la gente de la sede de Gobierno se porta indiferente ante las necesidades de los orientales... como la de tomarnos en cuenta en la hora de la repartija, la que sea. Y hasta en la repartija siempre nos han querido meter gato por liebre. Eso tambi&#233;n es historia. Como es historia el que no digamos todo al mismo cruce&#241;o cuando se produce la repartija entre cruce&#241;os. Esto hoy. Pero aqu&#237; estamos hablando de la Cruz del Serrano, que es lo que interesa. La cruz de todos nosotros los de aqu&#237;. No de otras cruces. Esc&#250;cheme... ni menos hablamos de las cruces del occidente del pa&#237;s, como la que tiene Nuestra Se&#241;ora de La Paz con el Alto de La Paz, que propende a crecer, crecer, crecer... pero no a la manera Palestina como ocurre en los llanos del Grigot&#225;, porque los que llegan son tambi&#233;n occidentales de por ah&#237; nomaj... &#191;no es verdad?... de las punas y planicies aleda&#241;as... de los predios abandonados primero por la Revoluci&#243;n del 52, y despu&#233;s a causa de la Revoluci&#243;n del 52. Altiplanos y punas abandonados por el campesino de aquel campesinado que los pol&#237;ticos de turno armaron con m&#225;user en vez de con escuelas, hospitales y caminos. Incluso hoy el campesino occidental es venido a menos por el blancoide colla. &#161;La tierra es de quien la trabaje pol&#237;ticamente!... &#161;al diablo con la hoz y el martillo! &#161;Viva la papeleta colorada!... &#191;Se acuerda? &#161;Y m&#233;tale no maj!... &#161;La verdad est&#225; af&#243;nica de vociferar pero no hay quien la enarbole, ni menos quien la escriba!... O como la cruz que tiene Cochabamba con la falta de agua; o la que tiene Sucre con la falta de acci&#243;n. &#8220;&#161;Esc&#250;cheme, le apuesto que en todo El Alto no hay un solo camba que cante censo...!&#8221; &#161;Pero s&#237; hay algunos guaran&#237;es!... S&#237; en pleno Alto. &lt;br class='autobr' /&gt;
CUATRO&lt;br class='autobr' /&gt;
Ahora, lo importante es c&#243;mo me siento yo... &#191;no es cierto?... cruce&#241;o de sangre procedente sobre todo del lado de mi se&#241;ora madre, querend&#243;n de esta tierra que una vez fue porque as&#237; me gust&#243; que fuese; y que en cierta manera sigue siendo porque sigo queriendo que as&#237; sea, pero no la misma... Ante una realidad humana a la manera palestina, sin salida posible... La verdad, esc&#250;cheme... esc&#250;cheme... &#8220;la verdad es que me siento culpable, y lo digo en todo micr&#243;fono... y con voluntad &#233;tica&#8221;. Me siento culpable de haber sido inocente. De haber cre&#237;do inocentemente que Santa Cruz no iba a cambiar como ha cambiado... y que iba a ser otra no programada ni menos conversada... &#8220;pa' qu&#233; decir poetizada por apellidos ilustres.&#8221; &#8220;&#161;La etnolog&#237;a del cambio es una realidad... y al pan pan y al vino vino!&#8221; Los hijos de collas nacidos aqu&#237; ser&#225;n cruce&#241;os, pero cruce&#241;os hijos, y despu&#233;s nietos, de collas... y as&#237; sucesivamente...; lo que nunca dejar&#225; de ser lo que es, por m&#225;s t&#225;tara t&#225;tara que se sea. As&#237;, lo que fue cruce&#241;o, lo que fue la cruce&#241;idad a la antigua, a la m&#237;a, a la nuestra... hasta hace unas d&#233;cadas, ser&#225; cada vez menos cruce&#241;a... &#8220;&#161;no es maj!&#8221;... porque as&#237; se conforma la palestinidad de nuestro... &#191;destino?... No, no creo en el destino, pero s&#237; creo en lo que est&#225; aconteciendo como resultado de nuestras propias acciones o inacciones, de nuestra voluntad ensimismada, de nuestra capacidad de hacer la vista gorda sin percatarnos... &#161;Ah tiempos viles!... Sin darnos cuenta de que la vista gorda la hac&#237;amos a nosotros mismos. Tambi&#233;n creo que seguir&#225; aconteciendo como resultado de nuestras propias acciones o falta de ellas. Creo en la circunstancia actual orteguiana del cruce&#241;o que, como digo, est&#225; repleta de palestinidad... que quiere decir &#8220;v&#237;ctima inocente &#161;y victimario! al mismo tiempo&#8221;. Esc&#250;cheme... sobre todo victimario de uno mismo que es la peor forma de serlo... porque victimar el ego es tener escasez de ideas, ideas redentoras... Es incapacidad de hacer literatura de ficci&#243;n y al mismo tiempo gestar ideas salvadoras &#191;no es cierto?... La Redenci&#243;n es del Nuevo Testamento. Y la Biblia hace tiempo que nos abandon&#243; porque repetidamente faltamos a la mayor&#237;a de los mandamientos de Mois&#233;s... Cre&#237;mos en el sacramento de la confesi&#243;n y en el perd&#243;n ilimitado de nuestros pecados mortales sin hacer hincapi&#233; en que somos mucho m&#225;s d&#233;biles que el Sacramento en s&#237;. Ah&#237; tambi&#233;n le pelamos, y le pelamos en grande... &#161;Nos hemos cre&#237;do due&#241;os de los mandamientos y las leyes, y de los sacramentos y reglamentos, y los hemos archivado!... M&#225;s todav&#237;a: cre&#237;mos que nosotros &#233;ramos los mandamientos y los sacramentos vestidos de libre albedr&#237;o para hacer de nuestra capa un sayo. Si no nos perdonamos a nosotros mismos al no reconocer la necesidad de perd&#243;n, menos pod&#237;amos perdonar a otros, ni menos todav&#237;a a los collas... El sayo fino de nuestro quehacer se hilach&#243; despiadadamente... &#161;Tonter&#237;a! eso de que los hijos de collas ser&#225;n a la larga cruce&#241;os a la tradicional. Como digo, ser&#225;n cruce&#241;os, pero no como lo fuimos los cruce&#241;os de antes. Y eso deb&#237;... debimos, mejor dicho, haberlo adivinado hace siglos. Ah&#237; radica la inocencia de que hablo... Porque con poca voluntad &#233;tica, mucha inocencia, m&#225;s vehemencia y harto machismo... seg&#250;n postular&#237;a la mujer cruce&#241;a, la mujer oriental de Bolivia... poco se podr&#237;a aceptar a efectos de garbear la circunstancia hasta quiz&#225; dominarla. &#191;Tranquilizarla?... imposible... no es cierto. Imposible... imposible. Imposible tranquilizar la mar de problemas cuando sopla el viento. En la circunstancia del cruce&#241;o sopla, sopla y sopla... &#225;brego tras &#225;brego seg&#250;n cualquier escucha de micr&#243;fono y practicante de voluntades impulsivas pero honestas... Esc&#250;cheme, aqu&#237; ya no sopla el sur... Nos van cambiando... Ya es solamente &#225;brego, o lo ser&#225; dentro de poco... &#191;C&#243;mo me siento con respecto a lo que vengo diciendo? Por un lado me siento bien porque es una forma de conciliar fuerzas irreversibles. La humillaci&#243;n sobrellevada es una fuerza irreversible. La frustraci&#243;n es otra. La impotencia volitiva es una tercera. La falta de imaginaci&#243;n y de ideas... &#161;es otra! Por otro lado hay inc&#243;gnitas. Una de las inc&#243;gnitas es d&#243;nde quedar&#225; lo aut&#233;ntico, lo tradicional, en medio de tanta variedad, de tanta novedad impuesta sobre lo que &#233;ramos. La respuesta no existe, a no ser que la gestemos a punta de inventiva... &#161;C&#243;mo cuesta! Nos cuesta imaginar lo nuestro... cuando es la &#250;nica manera de intentar salvarlo. Esc&#250;cheme... todav&#237;a nos interesa m&#225;s el bendito Mr. Bloom del Ulises del irland&#233;s William Joyce, que la entrepierna violada incestuosamente de docenas de ni&#241;as del oriente y occidente urbano y no urbano del &#8220;coraz&#243;n de Suram&#233;rica&#8221;. Violadas por pederastas de profesi&#243;n. &#161;Es de no creerlo!... De ah&#237; que ignoremos conciliar nuestra avenencia plena... Esc&#250;cheme: ...avenencia plena... digamos aut&#233;ntica... con entes que constituyan la familia, la fraternidad, la comparsa, la logia. Los usamos pero no los asimilamos. En &#250;ltima instancia son refugios de profundas soledades porque no hay soledumbre m&#225;s terrible que la que gesta la compa&#241;&#237;a de seres, de hijos inapetentes. &#8220;&#161;El fracaso es p&#233;sima compa&#241;&#237;a!&#8221; As&#237;, estamos persuadidos de que al collao conocemos bien. Esc&#250;cheme, incluso lo conocemos m&#225;s que los propios collas que lo han dejado para emigrar. Tenemos la ventaja de la perspectiva, eso s&#237;. En eso tambi&#233;n somos orteguianos. Los collas dejan el collao porque no lo conocen, y lo que es peor, no lo quieren conocer, y siguen dej&#225;ndolo. La tradici&#243;n oral tiene sus l&#237;mites. La voluntad en ellos es principalmente cosmog&#243;nica, o sea inflexiblemente lenta, como dice el franc&#233;s Todorov: &#8220;El Otro&#8221; son ellos, los cosmog&#243;nicos. Esc&#250;cheme, nosotros los cruce&#241;os somos cristianos viejos, voluntariosos de corte sicol&#243;gico... Hay una diferencia que para el caso sirve para hablar, pero, hoy en d&#237;a, sirve para poco m&#225;s. Salv&#233;monos en los significados y dejemos las palabras en el camino como se deja la orinada del d&#237;a. As&#237;, con las palabras vacuas tambi&#233;n quedar&#225;n los charlatanes log&#243;macos, y los escuchas at&#225;vicos y ap&#225;ticos. Ambos le pelaron porque se han aplazado en forma vergonzosa. Ah&#237; nomaj... &#161;Viva la quietud bullente de la inconsciencia! &lt;br class='autobr' /&gt;
CINCO&lt;br class='autobr' /&gt;
Esc&#250;cheme... el significado de las palabras reivindicar&#225; al nuevo s&#250;per boliviano del teut&#243;n Federico Guillermo Nietzsche. Tambi&#233;n reivindicar&#225; al mestizo c&#243;smico del mexicano Jos&#233; Vasconcelos, primo hermano de aqu&#233;l en cuanto a la militancia de ideas en&#233;rgicas. Es cuesti&#243;n de signos. El que los emite tiene que darse cuenta de que el que los recibe entiende otra cosa. Algo parecido acontece con los s&#237;mbolos. La bandera nacional es un s&#237;mbolo pero pocos en el territorio lo entienden de la misma manera. Para empezar, Bolivia es una posibilidad dolarizada que puede pero no quiere ser naci&#243;n, y los cruce&#241;os debemos aceptar culpabilidad. El mestizo boliviano, o el que en un momento de la historia fue quim&#233;ricamentre boliviano, tambi&#233;n ser&#225; c&#243;smico y s&#250;per algo, sobre todo por el globalizado respeto al decreto 21060. &#8220;Salv&#233;monos en el significado de lo que hemos dicho&#8221;... ser&#225; el grito de batalla de caneco de agua dulce. Lo de &#8220;pueblo enfermo&#8221; del colla Arguedas fue prof&#233;tico sobre todo por su significado. La verdad es que nadie sabe si Arguedas se refer&#237;a al cruce&#241;o. Las naciones eran y siguen siendo varias por eso de Oriente y Occidente. Los idiomas y sus significados ni se diga. Hasta Samaipata llegaron... y ah&#237; tuvieron que hacer una fortificaci&#243;n para sentar frontera y significado ante los at&#243;nitos pero inteligentes trashumantes desnudos de los llanos que eran sus parientes... y si no preg&#250;nteselo a Francisco de Toledo, el que condujo &#8220;la guerra justa&#8221; contra los indios chiriguanaes. Guapas eran las indias, y el que no crea que investigue lo que se hac&#237;a en las encomiendas de los conquistadores y colonizadores europeos. Lo de Carlos Medinaceli fue m&#225;s que ninguno: muri&#243; amargado ante un significado insignificante del ser boliviano occidental. La mayor&#237;a de las familias que colonizaron los llanos del Grigot&#225; fueron de procedencia charquina, o sea colla rancia de nombre... y no tan rancia por eso de los &#8220;pardos&#8221; llegados a Santa Cruz. &#8220;&#161;Por favor no solamente a Vallegrande y Comarapa&#8221;! Una verdad es que del Paraguay llegaron cuatro gatos con los Ayolas, Irala y los Ch&#225;vez, algunos importantes, que a la larga significaron menos de lo que se cree. Ch&#225;vez era poco menos que desconocido en Lima donde camin&#243; en busca de pautas de lo que estaba aconteciendo en sus lares explorados. La americanada oriunda e invadida se encarg&#243; de darle en la mata. Al siglo la ruta al Paraguay se cerr&#243; por altercados entre jesuitas. &#201;stos debieron haber tenido relativamente poca descendencia geneal&#243;gica, pero a lo mejor significaron gen&#233;ticamente. Todo puede ser, menos que los cruce&#241;os dejemos nuestras perogrulladas y aceptemos que tenemos ra&#237;ces que vale la pena preservar, pese a todo, pero estudi&#225;ndolas. Est&#225; bien que hace unos seis siglos los guaran&#237;es, chiquitos y algunos otros hayan dado cuenta de los chan&#233;s, pero est&#225; mal que nosotros nos convenzamos a nosotros mismos de que somos los &#8220;nuevos chan&#233;s&#8221;, o los flamantes palestinos, que es lo mismo. Que nos intentan convencer otros... incluso &#225;lter egos... no hay duda. Pero de ninguna manera tratemos de convencernos los cruce&#241;os a nosotros mismos desde los micr&#243;fonos m&#225;s subjetivos de nuestro ser. El s&#237;mil late en la medida que lo hagamos palpitar. Esc&#250;cheme, &#8220;urge trabajar con los instrumentos al alcance, cosa que hagamos de los que est&#225;n y los que llegan... digamos, una posibilidad viable de retorno a sus lugares de origen, y una posibilidad de origen de sus posibilidades de retorno&#8221;. Un mejor servicio de agua en Cochabamba... y no es maj. Un mejor empe&#241;o pr&#225;ctico en La Paz... y quiz&#225; se den cuenta de que tambi&#233;n tiene tierra bajas y f&#233;rtiles en el norte del Departamento; es decir, frente a sus narices. Sucre necesita convencerse de que con universidad y turismo es insuficiente, pese a las huellas de dinosaurios y a las huellas de explotaci&#243;n del hombre por el europeo que muestra Potos&#237;. Para significar no queda m&#225;s que desplazar ideas con micr&#243;fono, voluntad y curiosidad, y ver la forma de echar por la borda el estatuderato mental que tanto nos ha perjudicado. Pero, esc&#250;cheme... no hay qui&#233;n desplace iniciativa de calidad en esta tierra cruce&#241;a de descendientes de andaluces que mataron guarayos a granel, y que despu&#233;s jugaron con las esperanzas y las espaldas de los cambas pobres, tambi&#233;n descendientes de andaluces... pese a los diez mandamientos jud&#237;os, a los sacramentos cristianos, y, con los lustros, a las legislaciones collangas dictadas por la embajada americana... &#161;Ah&#161;... hay tanto que decir... &lt;br class='autobr' /&gt;
SEIS&lt;br class='autobr' /&gt;
Ordenes... &#8220;Pregunte usted por favor que de &#233;so se trata&#8221;. &lt;br class='autobr' /&gt;
Respond&#237; que la entrevista hab&#237;a transcurrido en realidad sin que el empresario se percatase de las preguntas. Que no se preocupase... que las hab&#237;a respondido casi todas... y que ten&#237;a suficiente material para el trabajo. &lt;br class='autobr' /&gt;
[Despu&#233;s descubr&#237; que lo que acababa de decir era inexacto porque la grabaci&#243;n remota se hab&#237;a interrumpido por un corte de corriente el&#233;ctrica al parecer anunciado de Santa Cruz]. &lt;br class='autobr' /&gt;
Le ped&#237; s&#237; que me respondiese una pregunta adicional. El empresario dijo que con gusto la responder&#237;a. Le agradec&#237; y proced&#237; a preguntarle si &#233;l cre&#237;a que el cruce&#241;o era racista. Levant&#243; la mano y tuve que detener la grabaci&#243;n haciendo honor al acuerdo. La verdad es que me fue imposible hacer un resumen de lo que escuch&#233; como respuesta a esta mi reciente pregunta porque el entrevistado repiti&#243; la haza&#241;a de hablar elocuentemente una hora y cuarenta minutos. En alg&#250;n momento ordenar&#233; mis notas de modo que pueda escribir y quiz&#225; publicar una segunda entrega de este singular encuentro con el empresario cruce&#241;o... sobre todo su respuesta a mi pregunta de que si el cruce&#241;o era racista. Prometo. &lt;br class='autobr' /&gt;
Ah, del texto &#8220;La cruz del serrano&#8221;, las citas entre comillas son fiel copia del original.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Fr&#237;as infante, Mario. Colaci&#243;n de manuscritos de Espa&#241;a en el aparato cr&#237;tico de la apolog&#237;a plat&#243;nica</title>
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		<dc:creator>Tatiana Alvarado Teodorika</dc:creator>


		<dc:subject>actualidades</dc:subject>

		<description>
&lt;p&gt;Ponencia presentada en el Encuentro de la Sociedad Boliviana de Estudios Cl&#225;sicos, realizado del 25 al 26 de julio en Cochabamba el a&#241;o 2012.&lt;/p&gt;


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&lt;a href="https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?rubrique13" rel="directory"&gt;Disertaciones&lt;/a&gt;

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&lt;a href="https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?mot2" rel="tag"&gt;actualidades&lt;/a&gt;

		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Ponencia presentada en el Encuentro de la &lt;a href=&#034;http://www.estudiosclasicosbolivia.org&#034; class=&#034;spip_out&#034; rel=&#034;external&#034;&gt;Sociedad Boliviana de Estudios Cl&#225;sicos&lt;/a&gt;, realizado del 25 al 26 de julio en Cochabamba el a&#241;o 2012.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Fr&#237;as infante, Mario. Tamayo tras las huellas de Horacio</title>
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		<dc:date>2016-08-06T11:55:13Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Tatiana Alvarado Teodorika</dc:creator>



		<description>
&lt;p&gt;Trabajo le&#237;do en el VII Encuentro de la Sociedad Boliviana de Estudios Cl&#225;sicosque se llev&#243; a cabo entre el 7 y el 9 de julio de 2010 en Tarija.&lt;/p&gt;


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&lt;a href="https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?rubrique13" rel="directory"&gt;Disertaciones&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Trabajo le&#237;do en el VII Encuentro de la &lt;a href=&#034;http://www.estudiosclasicosbolivia.org&#034; class=&#034;spip_out&#034; rel=&#034;external&#034;&gt;Sociedad Boliviana de Estudios Cl&#225;sicos&lt;/a&gt;que se llev&#243; a cabo entre el 7 y el 9 de julio de 2010 en Tarija.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>Fr&#237;as Infante, Mario. La traducci&#243;n de obras cl&#225;sicas al espa&#241;ol de Am&#233;rica</title>
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		<dc:date>2016-08-06T11:43:56Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Tatiana Alvarado Teodorika</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Disertaci&#243;n presentada en M&#233;xico el 18 de enero de 2016&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?rubrique13" rel="directory"&gt;Disertaciones&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Este discurso fue le&#237;do en el XV Congreso de la Asociaci&#243;n de Academias de la Lengua Espa&#241;ola que se llev&#243; a cabo entre el 22 y el 25 de noviembre de 2015 en M&#233;xico D.F.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Rivadeneira Prada, Ra&#250;l. Homenaje a J. Quir&#243;s</title>
		<link>https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?article203</link>
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		<dc:date>2016-05-20T05:00:10Z</dc:date>
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		<dc:creator>Tatiana Alvarado Teodorika</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Homenaje a J. Quir&#243;s&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?rubrique13" rel="directory"&gt;Disertaciones&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;HOMENAJE A J. QUIR&#211;S&lt;br class='autobr' /&gt;
RA&#218;L RIVADENEIRA PRADA (&lt;strong class=&#034;caractencadre-spip spip&#034;&gt;&lt;a href='https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?article151' class=&#034;spip_in&#034;&gt;leer la biograf&#237;a&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;BIOGRAF&#205;A BREVE&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Juan Quir&#243;s Garc&#237;a, el cr&#237;tico mayor de la literatura boliviana en la segunda mitad del siglo XX, naci&#243; el 29 de agosto de 1914 en Cochabamba, &#250;ltimo de una prole de siete hijos de los esposos Luis Quir&#243;s y Juana Garc&#237;a&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El 7 de mayo de 1957, ingres&#243; en la Academia Boliviana de la Lengua de la que fue su director desde el 4 de abril de 1975 hasta el 5 de marzo de 1992. Fue catedr&#225;tico y director de la Carrera de Literatura en la Universidad Mayor de San Andr&#233;s y profesor invitado en la Universidad de Iowa, Estados Unidos de Am&#233;rica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ejerci&#243; la cr&#237;tica literaria en los peri&#243;dicos La Naci&#243;n El Diario y Presencia, donde cre&#243; el suplemento semanal Presencia Literaria. Ese mismo a&#241;o fund&#243; tambi&#233;n, con un grupo de escritores y periodistas, la revista SIGNO, CVADERNOS BOLIVIANOS DE CVLTURA.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;PRESENCIA LITERARIA&lt;br class='autobr' /&gt;
Desde su creaci&#243;n con el nombre de &#8220;Hoja Literaria&#8221;, Presencia Literaria fue un &#243;rgano difusor y cr&#237;tico de obras y autores de Bolivia y sobre Bolivia. La tipograf&#237;a fue el soporte material de expresi&#243;n de las ideas y los sentimientos m&#225;s elevados. No fue casual ni vano relleno reproducir en la tapa de su primer n&#250;mero la &#8220;Oda a la tipograf&#237;a&#8221; (1956) en que Pablo Neruda rinde homenaje a Gutenberg y a los impresores que le siguieron, y exalta la importancia de las letras de molde en el desarrollo y expansi&#243;n de la cultura literaria universal. Condice el esp&#237;ritu de Presencia Literaria con estos versos finales de la oda nerudiana: &#8220;&#8230;circulas/ en las venas/de nuestra/ anatom&#237;a/y si duermes volando durante/alguna noche o huelga/ o fatiga o ruptura/ de linotipia/ bajas de nuevo al libro/ o al peri&#243;dico/ como nube/ de p&#225;jaros al nido&#8221;.&lt;br class='autobr' /&gt;
La tipograf&#237;a de Presencia Literaria pon&#237;a semanalmente al alcance de sus lectores, como nube/ de p&#225;jaros al nido, el pensamiento filos&#243;fico y el teatro de Guillermo Francovich; los versos de &#211;scar Cerruto y Pedro Shimose; los ensayos hist&#243;ricos de Jos&#233; Luis Roca y Juan Siles Guevara; los art&#237;culos sobre arte colonial de los esposos Jos&#233; de Mesa y Teresa Gisbert; los estudios de Carlos Casta&#241;&#243;n Barrientos, las entrevistas de Mario Arancibia, las orientaciones diplom&#225;ticas de Manuel Frontaura Argando&#241;a y Teodosio Ima&#241;a Castro; los trabajos ling&#252;&#237;sticos de Carlos Coello y Mario Fr&#237;as&#8230; Y abr&#237;a senda a centenares de noveles poetas, narradores y ensayistas. &lt;br class='autobr' /&gt;
La columna m&#225;s le&#237;da de Presencia Literaria era &#8220;Por el ojo de la cerradura&#8221;, que firmaba JOB, paradigma de la paciencia y la devoci&#243;n. JOB le atrajo enemistades a su creador: todas las quejas y rabietas, muchas muy poco amables y rencorosas, apuntaban hacia &#233;l. M&#225;s de uno, poco favorecido por sus comentarios, juraba y re-juraba que nunca m&#225;s leer&#237;a a JOB, pero el domingo siguiente lo primero que hac&#237;a era husmear en los apuntes de &#8220;Por el ojo de la cerradura&#8221;. &lt;br class='autobr' /&gt;
Ilustradores llamaba Quir&#243;s a los talentosos dibujantes que le cooperaban, entre ellos Pedro Shimose, Luis Bellido, Clovis D&#237;az, Jorge Villanueva y los hermanos Edgar y Windsor Arandia.&lt;br class='autobr' /&gt;
&#8220;Detr&#225;s de ese pseud&#243;nimo se esconde Hu&#225;scar Caj&#237;as&#8221;, dec&#237;an algunos; otros afirmaban: &#8220;JOB es Juan Quir&#243;s&#8221;, pero quedaban desconcertados al comprobar que &#8220;&#168;Por el ojo de la cerradura&#8221; segu&#237;a saliendo en su estilo conciso y de fina iron&#237;a, aun durante las largas ausencias de Quir&#243;s. Encabezaba la columna, en la contratapa del suplemento, la figura de un misionero descalzo, de cara inocente y luenga barba. Quir&#243;s cre&#243; a JOB, y &#233;l mismo apuntaba buena parte de los comentarios, pero tambi&#233;n escrib&#237;an la columna Hu&#225;scar Caj&#237;as, Alberto Bailey, Porfirio D&#237;az Machicao, &#211;scar Cerruto, Pedro Shimose, &#211;scarRivera-Rodas y Ra&#250;l Rivadeneira Prada. &lt;br class='autobr' /&gt;
CR&#205;TICO LITERARIO&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entre 1858 y 1992, descuellan en la cr&#237;tica literaria boliviana Gabriel Ren&#233; Moreno, Carlos Medinaceli, Gustavo Adolfo Otero, Humberto V&#225;squez Machicado y Juan Quir&#243;s Garc&#237;a. A la muerte de Medinaceli (1949) queda silenciada por m&#225;s de un lustro la estimaci&#243;n cr&#237;tica, vac&#237;o que fue llenado por Quir&#243;s con el pseud&#243;nimo Juan D&#180;Ors, adoptado en homenaje de admiraci&#243;n y gratitud al fil&#243;sofo y cr&#237;tico catal&#225;n Eugenio D&#180;Ors, que fue C&#243;nsul Honorario de Bolivia en Barcelona, y desde ese cargo salv&#243; la vida de muchos bolivianos d&#225;ndoles asilo y salvoconducto para abandonar el sangriento escenario b&#233;lico espa&#241;ol.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La cr&#237;tica de Quir&#243;s ensancha y enriquece las letras bolivianas con aplomo e imparcialidad; se desliza con iron&#237;a entre la generosidad y el rigor extremo, lejos del &#8220;paliquero&#8221; de Leopoldo Alas (Clar&#237;n). El lenguaje de Quir&#243;s es directo; amable, pero sin solemnidades; duro a veces, pero no ofensivo, le interesa m&#225;s la obra que el autor. Quir&#243;s, como Clar&#237;n, levant&#243; su voz contra el mal gusto, la chabacaner&#237;a, el ripio en la poes&#237;a. Cultivar el buen gusto, esta es la cuesti&#243;n de fondo aun para la cr&#237;tica cient&#237;fica u objetiva que, como la de Frye, tiene punto de partida en la po&#233;tica plat&#243;nica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La cr&#237;tica de Quir&#243;s queda perpetuada en dos libros: La Ra&#237;z y las Hojas y Fronteras Movedizas, subtituladas &#8220;Cr&#237;tica y estimaci&#243;n&#8221;. La escritura del maestro est&#225; libre de ataduras metodol&#243;gicas y tiene un claro prop&#243;sito estimativo y pedag&#243;gico. Su obra fue saqueada por copistas de escasas luces. Am&#233;n de estos hurtos, algunos detractores le acusaron de misoginia y exclusi&#243;n de &#8220;autores cambas&#8221; en las publicaciones de Signo y Presencia Literaria. Los hechos desmienten ambas leyendas negras: en esas publicaciones abundan firmas femeninas y de escritores cruce&#241;os y benianos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;AUSENCIA Y PRESENCIA&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La muerte, inexorable destino del hombre y casi siempre inoportuna, puso entre Quir&#243;s y sus disc&#237;pulos-amigos una distancia temporal que, por grande que parezca, es apenas una angosta brecha por donde fluyen los recuerdos como hilos de agua en medio de un inmenso desierto, propiciando el m&#225;gico encuentro del pasado y el presente. Despierta un sentimiento similar al instalado en el coraz&#243;n de Quir&#243;s cuando escribi&#243; el poema Presencia del &#225;ngel distante, en d&#237;sticos de interpelaci&#243;n y a&#241;oranza. Comprendimos la hondura de esta queja en el momento de su partida, pero tambi&#233;n conservamos, cada d&#237;a que pasa, el recuerdo del amigo, del &#8220;&#193;ngel distante&#8221; cuya ausencia se torna presencia con el poder de la evocaci&#243;n. Se fue erguido en su misi&#243;n apost&#243;lica, erguido de sencillez y sabidur&#237;a, erguido en el juicio justo y la opini&#243;n sensata, erguido ante los agravios y los agobios de la realidad, erguido ante el mezquino silencio; erguido, siempre erguido, en la memoria de quienes tuvimos el privilegio de contar con su amistad y su sabidur&#237;a.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo recordamos tarareando Cantos Gregorianos reminiscentes, tal vez, de su vida de seminarista en Barcelona y Roma, o melod&#237;as de Gladys Moreno, o los versos buc&#243;licos y nost&#225;lgicos de una samba argentina: Desde la cuesta del Portezuelo/ mirando abajo parece un sue&#241;o/ un pueblito aqu&#237;, otro m&#225;s all&#225;/, un camino largo que baja y se pierde&#8230; Conservamos su imagen de marm&#243;rea figura: testa y perfil de patriarca b&#237;blico, fil&#243;sofo griego o tribuno romano. Amplia frente, de entradas profundas en su cabellera de nieve escarmenada. Ronca y firme la voz, y mano abierta a la incondicional ayuda. Exuberante buen humor, de clara y cordial risa al celebrar una broma de buen gusto. R&#225;pida e ingeniosa la respuesta ante una insinuaci&#243;n maliciosa o burlesca; casi imbatible en la pol&#233;mica, pero generoso en la explicaci&#243;n; ecu&#225;nime y preciso al dirimir controversias literarias.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En agosto de 2014 se han cumplido 100 a&#241;os del nacimiento de Quir&#243;s. La corporaci&#243;n me confi&#243; la honrosa misi&#243;n de preparar, con ese motivo, un acto de homenaje y la edici&#243;n de una serie de ensayos de escritores que formaron parte del c&#237;rculo &#237;ntimo del cr&#237;tico. Respondieron a la convocatoria Pedro Shimose, &#211;scar Rivera Rodas, Carlos Coello, Alfonso Gamarra Durana, Carlos Casta&#241;&#243;n, Armando Mariaca y Teodosio Ima&#241;a Castro. Despu&#233;s, se sumaron Jaime Mart&#237;nez y Jos&#233; Roberto Arze con sendos discursos por ellos pronunciados en el homenaje efectuado el 27 de agosto. Todas estas contribuciones, precedidas por mi ensayo Juan Quir&#243;s, semblanza y obra, forman parte de la Primera Secci&#243;n del Anuario No. 29 y de la separata que, en forma de libro, se presentan esta noche.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pedro Shimose se ocupa del &#250;nico libro de poemas de Quir&#243;s, titulado &#8220;Ruta del Alba&#8221;, muy poco conocido aun en los &#225;mbitos literarios del pa&#237;s. Shimose ofrece el primer an&#225;lisis serio y documentado de esta obra; la disecciona, seg&#250;n el modelo de las Eleg&#237;as de Propercio, en dos: 1. Poes&#237;a profana, (9 poemas), y 2. Poes&#237;a religiosa, (15 poemas).&lt;br class='autobr' /&gt;
El ensayista pregunta: &#8220;&#191;Por qu&#233; Ruta del Alba?&#8221; y &#233;l mismo responde: &#8220;Porque expresa la ruta del poeta &#8211;su camino de Santiago &#8211; en busca del alba, s&#237;mbolo del despertar en la fe y la salvaci&#243;n. Shimose sostiene: &#8220;Decir que la poes&#237;a de Quir&#243;s es m&#237;stica, es arriesgar mucho. La poes&#237;a religiosa de Quir&#243;s es asc&#233;tica, de la v&#237;a purgativa (purgatio). Califica a Ruta del Alba como &#8220;libro de poes&#237;a religiosa sin parang&#243;n en las letras bolivianas&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#211;scar Rivera Rodas explora las claves que permitan comprender y adentrarse en el examen de la cr&#237;tica literaria quirosiana. Comienza se&#241;alando que esa tarea se adecuaba a la &#237;ndole y las condiciones de los medios de comunicaci&#243;n peri&#243;dica y masiva, entre ellas principalmente la concisi&#243;n. &#8220;De ah&#237; que &#233;l mismo llam&#243; a sus trabajos &#8216;rese&#241;as', es decir, narraci&#243;n sucinta, noticia y examen de obras literarias&#8221;. &#8220;El m&#233;todo &#8211;dice &#8211; se explica con los t&#233;rminos cr&#237;tica y estimaci&#243;n. Es decir, por una parte, examen y juicio; por otra, aprecio y reconocimiento&#8230; Esa cr&#237;tica y estimaci&#243;n ten&#237;an un objetivo muy claro, de car&#225;cter pragm&#225;tico, que convert&#237;a su trabajo en lo que &#233;l mismo llam&#243; una cr&#237;tica constructiva&#8221;. Rivera Rodas explica el concepto anterior: &#8220;&#8230;criticar no debe ser solo censura, reprobaci&#243;n, o se&#241;alamiento de los defectos que pueda tener la obra literaria. La cr&#237;tica debe considerar las imperfecciones de una manera afirmativa, dando firmeza, conjuntamente con el se&#241;alamiento de las virtudes de la obra, y as&#237; alcanzar&#237;a su condici&#243;n de &#8216;cr&#237;tica constructiva', con capacidad, adem&#225;s, de instruir&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Alfonso Gamarra Durana compuso, en su lecho de enfermo, un precioso canto sentimental, pero distante de la eleg&#237;aca tristeza, de ocho estrofas, una corta y siete largas, para honrar la memoria de su entra&#241;able amigo Juan Quir&#243;s. El poeta combina la descripci&#243;n del amigo con la admiraci&#243;n por su obra sacerdotal y literaria. Reproduzco el fragmento final de la octava estrofa, corolario de la imagen po&#233;tica del maestro:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El hombre que esperaba la luz en el horizonte&lt;br class='autobr' /&gt;
se acercaba tambi&#233;n a los crep&#250;sculos&lt;br class='autobr' /&gt;
a los s&#237;mbolos impresos&lt;br class='autobr' /&gt;
a conseguir la semilla de las odas&lt;br class='autobr' /&gt;
y en ellas los brotes perfumados&lt;br class='autobr' /&gt;
en la prosa de los disc&#237;pulos&lt;br class='autobr' /&gt;
de ideas concebidas en la palpitaci&#243;n&lt;br class='autobr' /&gt;
y en las notas que cadencian sobre superficies&lt;br class='autobr' /&gt;
de mares calmos.&lt;br class='autobr' /&gt;
No quiso noches de vac&#237;o&lt;br class='autobr' /&gt;
ni senderos desiertos de escritos ilegibles. &lt;br class='autobr' /&gt;
Por lo que hizo en su vida&lt;br class='autobr' /&gt;
fue el doctrinero de la paz.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Carlos Coello Vila relata c&#243;mo se fund&#243; la revista SIGNO, su casi milagrosa pervivencia de 1956 a 2007. A la muerte de Quir&#243;s, Coello asumi&#243; la direcci&#243;n de la revista con igual solvencia y empe&#241;o que su fundador. Hace un detallado recuento de 1534 fichas de ensayos, estudios o art&#237;culos y m&#225;s de un millar de recensiones de otros tantos libros. &lt;br class='autobr' /&gt;
Sobre la importancia que tuvo SIGNO en la vida literaria de Bolivia, oigamos a Coello: &#8220;Tres generaciones de bolivianos nos dimos cita en las p&#225;ginas de esta meritoria publicaci&#243;n. La primera, generaci&#243;n de los mayores, la de los hombres nacidos antes del primer centenario de la Rep&#250;blica, entre 1910 y 1925, empez&#243; a producir en la etapa previa a la guerra del Chaco; la de los nacidos entre 1935 y 1950, generaci&#243;n media, puso en letras de imprenta sus primeros trabajos a partir de los a&#241;os 60, y la generaci&#243;n m&#225;s joven compuesta por los nacidos entre 1950 y 1965, que deja escuchar su voz despu&#233;s de 1970. Esta mesnada multigeneracional de intelectuales es la portadora de la producci&#243;n cultural boliviana que cubre la segunda parte del siglo XX y trasciende el siglo, proyect&#225;ndose tenuemente en el presente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Carlos Casta&#241;&#243;n Barrientos, uno de los fundadores del Movimiento Prisma, rememora la fundaci&#243;n y actividades de este cen&#225;culo impulsado por Juan Quir&#243;s como un centro de confluencia de intelectos para el intercambio y discusi&#243;n de ideas, creaciones e inquietudes culturales, sin limitaciones reglamentarias ni prejuicios. Apunta: &#8220;Juan Quir&#243;s, el m&#225;s destacado organizador del grupo, y en realidad su sost&#233;n espiritual, fue quien bautiz&#243; (al cen&#225;culo) con el nombre de Prisma, voz que designa un poliedro que, pese a la diversidad de sus facetas, constituye una unidad, un solo cuerpo&#8221;. Recuerda tambi&#233;n que Prisma se estableci&#243; con la finalidad de realizar una amplia tarea de promoci&#243;n de la cultura boliviana dentro y fuera del pa&#237;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Armando Mariaca Valdez deja o&#237;r su autorizada voz en la reminiscencia de la obra de Quir&#243;s en Presencia, el matutino cat&#243;lico fundado por Hu&#225;scar Caj&#237;as y un grupo de personalidades entre las que figura el propio autor. Entre afectuosos recuerdos e impresiones personales, Mariaca aporta esta imagen:&lt;br class='autobr' /&gt;
&#8220;La presencia de Mons. Quir&#243;s en PRESENCIA fue importante no solo por todo lo que hizo en el suplemento Literario, sino por su amistad, su don de gentes, su profesionalismo en la pr&#233;dica del Evangelio con el ejemplo, con la forma de vida y con la pr&#225;ctica de virtudes que solo &#233;l supo imprimir a quienes conoc&#237;a.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Teodosio Ima&#241;a Castro rescata del olvido la faceta universitaria de Quir&#243;s, no por corta menos importante, como catedr&#225;tico de la Facultad de Filosof&#237;a y Letras, y como Director de la Carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andr&#233;s, en la d&#233;cada de los 70s. Ima&#241;a Castro da testimonio de la amplitud con que Quir&#243;s acog&#237;a en la c&#225;tedra, en Presencia y en SIGNO los trabajos de noveles escritores y el aliento que les brindaba para seguir produciendo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Jaime Mart&#237;nez Salguero ofrece una s&#237;ntesis biogr&#225;fica de Quir&#243;s basada en el abundante material publicado en SIGNO 32-33 y una estampa desde la visi&#243;n del amigo y asiduo colaborador de Presencia Literaria y la revista SIGNO. Transcribe algunas an&#233;cdotas personales del rico repertorio con que Quir&#243;s nos deleitaba, especialmente en las tertulias sabatinas de Prisma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Jos&#233; Roberto Arze, quien ha tenido a su cargo la catalogaci&#243;n de una parte de la biblioteca de Quir&#243;s, ahora patrimonio de la Academia Boliviana de la Lengua, bajo la clasificaci&#243;n decimal de Dewey, informa de su volumen num&#233;rico en las &#225;reas de Literatura. Historia y geograf&#237;a; Ciencias sociales y otras.&lt;br class='autobr' /&gt;
La publicaci&#243;n se cierra con una selecci&#243;n iconogr&#225;fica del inolvidable amigo y &#8220;maestro que no ense&#241;aba nada, pero del que lo hemos aprendido todo&#8221;, como ha dicho &#211;scar Rivera Rodas. &lt;br class='autobr' /&gt;
Finalmente, deseo dejar impresa la frase que, libre de ropaje metaf&#243;rico, me ha inspirado el imperecedero recuerdo de Juan Quir&#243;s:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt; Tu ausencia se hace presencia&lt;br class='autobr' /&gt; porque no el olvido&lt;br class='autobr' /&gt; sino la luz del recuerdo pervive,&lt;br class='autobr' /&gt; y esta es m&#225;s intensa&lt;br class='autobr' /&gt; cuanto m&#225;s larga es tu ausencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt; La Paz, 2015&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>Lozada Pereira, Blithz. Franz Tamayo: racismo, historia y educaci&#243;n. Blithz Lozada Pereira</title>
		<link>https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?article122</link>
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		<dc:date>2016-03-04T21:41:25Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Tatiana Alvarado Teodorika</dc:creator>



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&lt;p&gt;FRANZ TAMAYO: RACISMO, HISTORIA Y EDUCACI&#211;N Blithz Lozada Pereira &lt;br class='autobr' /&gt;
La Paz, 2009 &lt;br class='autobr' /&gt;
La pol&#237;tica educativa del liberalismo despu&#233;s de la Revoluci&#243;n Federal de 1899, no se restringi&#243; a veinte a&#241;os de ejercicio del poder de cinco gobiernos. En verdad, sus consecuencias se prolongaron hasta mediados del siglo XX e inclusive despu&#233;s de la Revoluci&#243;n Nacional de 1952. Fue una pol&#237;- tica que marc&#243; certidumbres sobre la educaci&#243;n y su papel en el desarrollo del pa&#237;s, acerca de la ne- cesidad de (&#8230;)&lt;/p&gt;


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&lt;a href="https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?rubrique13" rel="directory"&gt;Disertaciones&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;FRANZ TAMAYO: RACISMO, HISTORIA Y EDUCACI&#211;N&lt;br class='autobr' /&gt;
Blithz Lozada Pereira&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La Paz, 2009&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La pol&#237;tica educativa del liberalismo despu&#233;s de la Revoluci&#243;n Federal de 1899, no se restringi&#243; a veinte a&#241;os de ejercicio del poder de cinco gobiernos. En verdad, sus consecuencias se prolongaron hasta mediados del siglo XX e inclusive despu&#233;s de la Revoluci&#243;n Nacional de 1952. Fue una pol&#237;- tica que marc&#243; certidumbres sobre la educaci&#243;n y su papel en el desarrollo del pa&#237;s, acerca de la ne- cesidad de formar la conciencia nacional, la obligaci&#243;n del Estado de sustentarla beneficiando tam- bi&#233;n a los ind&#237;genas, y sobre la formaci&#243;n de los profesionales encargados de impartirla. Las vicisi- tudes que se dieron incluyen, desde el punto de vista ideol&#243;gico, las opiniones, las cr&#237;ticas y las pol&#233;micas que se suscitaron con el protagonismo de destacados intelectuales de la &#233;poca. Hubo ide- as sobre la reproducci&#243;n cultural, la filosof&#237;a educativa del pa&#237;s, la ense&#241;anza de la lengua espa&#241;ola a los ind&#237;genas, y otras que permitieron visualizar la importancia estrat&#233;gica de la educaci&#243;n. Entre los intelectuales que las sustentaron destaca por su vigor te&#243;rico, su acidez cr&#237;tica, el contenido herm&#233;tico e incontestable de sus posiciones y por el inobjetable car&#225;cter racista que lo caracteriza,&lt;br class='autobr' /&gt;
Franz Tamayo.&lt;br class='autobr' /&gt;
Tamayo vivi&#243; en un tiempo de acontecimientos decisivos de la historia de Bolivia que, todav&#237;a hoy, un siglo m&#225;s tarde, influyen en la configuraci&#243;n de los rasgos pol&#237;ticos, ideol&#243;gicos y culturales del pa&#237;s. Habiendo nacido el mismo a&#241;o de la confrontaci&#243;n b&#233;lica con Chile, fue un actor pol&#237;tico, in- telectual y literario que se desenvolvi&#243; con soltura y profundidad, con intensidad y magnificencia en distintos escenarios. Se trata de los momentos que en su vida de 77 a&#241;os, son importantes cuadros de la historia contempor&#225;nea de Bolivia, como la Revoluci&#243;n Federal, la Guerra del Chaco y la Re- voluci&#243;n Nacional. Tamayo despleg&#243; una personalidad poli&#233;drica y una cultura oce&#225;nica: sus posi- ciones pol&#237;ticas e ideol&#243;gicas fueron inquebrantables; la calidad de su pensamiento erudito, inve- ros&#237;mil; la claridad y energ&#237;a de sus posiciones, envidiable; su estilo polemista, devastador; sus in- tereses personales, comprometidos incondicionalmente con el pa&#237;s; el valor de su l&#237;rica, el m&#225;ximo de nuestra literatura; adem&#225;s de la inigualable versatilidad de su obra con brillo indeclinable, m&#225;s aun por la formaci&#243;n autodidacta que despleg&#243; desde su ni&#241;ez.&lt;br class='autobr' /&gt;
Pero, tambi&#233;n dio lugar a cr&#237;ticas, a minimizar su valor y demeritar sus logros. Probablemente, esto se debi&#243; a sus posiciones ideol&#243;gicas, a sus actuaciones p&#250;blicas y el estilo sui g&#233;neris de su perso- nalidad, a su car&#225;cter radical y a la forma c&#243;mo presentaba y defend&#237;a sus ideas con un lenguaje en&#233;rgico, maniqueo, absoluto e impermeable, sea que tratase temas pol&#237;ticos pol&#233;micos que cre&#237;a di- lucidados por su discurso, o que expresase sus inspiraciones l&#237;ricas de innegable valor est&#233;tico.&lt;br class='autobr' /&gt;
Hoy, expongo mi an&#225;lisis de la obra de Tamayo publicada durante 12 semanas seguidas en 55 art&#237;- culos de El Diario, entre julio y septiembre de 1910 y que posteriormente fue conocida como Crea- ci&#243;n de la pedagog&#237;a nacional. No se trata de un estudio exhaustivo ni exclusivo. Los editoriales dan lugar a diversas interpretaciones sobre la educaci&#243;n del indio, su alfabetizaci&#243;n en castellano, la misi&#243;n hist&#243;rica del mestizo y la inocuidad del blanco americano. Tambi&#233;n, con base en otras obras, examino sus ideas sobre el car&#225;cter nacional, el valor de la cultura occidental y de las lenguas, la construcci&#243;n de un destino estrat&#233;gico para el pa&#237;s, las premisas que fundar&#237;an nuestra civilidad y la fuerza puesta por la energ&#237;a de la raza ind&#237;gena. En definitiva, analizo con reflexiones te&#243;ricas de distinta procedencia, consideraciones de contexto, puntualizaciones filos&#243;ficas, educativas e hist&#243;ri- cas, c&#243;mo la obra pedag&#243;gica de Tamayo rebosa de un contenido racista. Un contenido de impor- tante influencia pol&#237;tica e ideol&#243;gica sin estar exento de producir efectos contra la paz y la democra- cia.&lt;br class='autobr' /&gt;
***&lt;br class='autobr' /&gt;
Durante las dos primeras d&#233;cadas del siglo XX se produjeron varios cambios sociales, pol&#237;ticos y culturales en Bolivia. Los veinte a&#241;os del Partido Liberal representaron la derrota del conservadu- rismo, la debacle del poder olig&#225;rquico del sur del pa&#237;s, la p&#233;rdida del poder de la Iglesia y, al me- nos, el cuestionamiento a una sociedad tradicional que ya no era capaz de capear las contradicciones emergentes. La Revoluci&#243;n Federal concentr&#243; el poder pol&#237;tico en La Paz y constituy&#243; un nuevo n&#250;cleo de decisi&#243;n de la vida nacional, fue la victoria ideol&#243;gica y pol&#237;tica del liberalismo que mar- car&#237;a el destino del pa&#237;s e influir&#237;a sobre la actuaci&#243;n de los intelectuales de la &#233;poca, entre ellos, Franz Tamayo.&lt;br class='autobr' /&gt;
El Partido Conservador tuvo entre sus filas a Isaac Tamayo, padre de don Franz y miembro promi- nente de tal agrupaci&#243;n. &#201;l profesaba la fe y el pensamiento de la Iglesia cat&#243;lica; sin embargo, en- salzaba al indio en un escenario econ&#243;mico de latifundio hegem&#243;nico con los indios de hacienda como base social, en un r&#233;gimen en el que m&#225;s de la mitad de la propiedad de la tierra laborable se concentraba en pocas familias.&lt;br class='autobr' /&gt;
Los primeros a&#241;os del liberalismo sorprendieron a Franz Tamayo en Europa. Residiendo en Par&#237;s fue nombrado, a sus 22 a&#241;os, representante de Bolivia ante el Comit&#233; Internacional de Estudiantes, organizaci&#243;n que gestionar&#237;a alguna forma de arbitraje internacional para enfrentar el cercenamien- to mar&#237;timo. Aunque colabor&#243; con el liberalismo, inclusive despu&#233;s de cumplir cuarenta a&#241;os, Ta- mayo expres&#243; cr&#237;ticas, propugn&#243; reformas y oposici&#243;n, en general, a la pr&#225;ctica de los pol&#237;ticos bo- livianos. Fue, en 1919, candidato a la Presidencia de la Rep&#250;blica por el Partido Radical fundado por &#233;l mismo, y en sus actuaciones parlamentarias y en su labor como periodista, sea en los dos pe- ri&#243;dicos que cre&#243; y dirigi&#243;, El f&#237;garo y El hombre libre, o sea a trav&#233;s de otros medios, critic&#243; a los liberales, &#8220;puritanos&#8221;, &#8220;doctrinarios&#8221; y &#8220;unionistas&#8221;.&lt;br class='autobr' /&gt;
Desde fines del siglo XIX, se form&#243; en Bolivia una ideolog&#237;a liberal con enfoque positivista del hombre, la pol&#237;tica y la historia. Sosten&#237;a que el Estado deb&#237;a abandonar la funci&#243;n de vigilante del orden, que favorec&#237;a a la oligarqu&#237;a sure&#241;a, tendr&#237;a que separarse de la Iglesia e impulsar en las ciu- dades, la libre empresa y la iniciativa privada. El discurso liberal proyectaba un mundo moderno con caracter&#237;sticas espec&#237;ficas: la explotaci&#243;n de los recursos naturales ser&#237;a ilimitada y el fortale- cimiento de las clases poderosas emergentes, les permitir&#237;a satisfacer sus demandas y caprichos eu- ropeizados. La condici&#243;n para esto era dejar inc&#243;lume el orden social rural que se hab&#237;a preservado desde el tiempo de la colonia espa&#241;ola y que seguir&#237;a benefici&#225;ndoles.&lt;br class='autobr' /&gt;
El liberalismo polemiz&#243; contra el pensamiento conservador. Seg&#250;n los liberales, contra las r&#233;moras ideol&#243;gicas decimon&#243;nicas, Bolivia se encaminar&#237;a hacia la construcci&#243;n de una sociedad libre de los sermones y el poder clerical, promover&#237;a un vigoroso pensamiento capitalista y una educaci&#243;n laica. El triunfo de la Revoluci&#243;n de 1899, s&#243;lo fue posible gracias a la alianza de las clases medias con los campesinos aymaras y quechuas. Fue un protagonismo hist&#243;rico tanto m&#225;s parad&#243;jico cuan- to se considera que en el contexto de la guerra civil ubicada en el codo de dos siglos, de un mill&#243;n setecientos mil habitantes, s&#243;lo el 7% de la poblaci&#243;n hab&#237;a recibido instrucci&#243;n primaria, y casi el 60% de la poblaci&#243;n se compon&#237;a por indios que viv&#237;an en las haciendas sometidos a la condici&#243;n de &#8220;pongos&#8221;; en un r&#233;gimen semi-feudal que los humillaba.&lt;br class='autobr' /&gt;
***&lt;br class='autobr' /&gt;
Este a&#241;o, 2009, se conmemora un siglo de la fundaci&#243;n de la primera instituci&#243;n boliviana creada para la formaci&#243;n de profesores: la Escuela de Maestros y Preceptores de Bolivia fundada por el pe- dagogo belga Georges Rouma en Sucre, capital de la Rep&#250;blica, en 1909. El acontecimiento fue parte de la pol&#237;tica liberal implementada por el gobierno de Ismael Montes y de un proceso regional latinoamericano de formaci&#243;n de las identidades nacionales.&lt;br class='autobr' /&gt;
En la &#250;ltima d&#233;cada del siglo XIX, hubo en varios pa&#237;ses latinoamericanos el prop&#243;sito de constituir s&#243;lidas instituciones nacionales que formaran a los futuros maestros. Desde 1889 hasta el primer cuarto del siglo XX, se dio la fundaci&#243;n precipitada de Escuelas Normales de alcance nacional en Ecuador, M&#233;xico, Honduras, Costa Rica, Bolivia y El Salvador. El discurso predominante insist&#237;a en la pertinencia del modelo franc&#233;s de la &#8220;&#201;cole Normal&#8221;, aunque tambi&#233;n hubo influencia del li- beralismo anglosaj&#243;n de John Dewey y el pensamiento te&#243;rico propio, por ejemplo, de Faustino Sarmiento en Argentina.&lt;br class='autobr' /&gt;
El prop&#243;sito de las fundaciones era organizar y reproducir la educaci&#243;n como la m&#225;s importante funci&#243;n del Estado, incrementar la oferta de los servicios educativos en los niveles de primaria y se- cundaria, y contar con profesionales que formen a los futuros docentes. Las Escuelas Normales deb- &#237;an ser instituciones p&#250;blicas gratuitas, ofrecer&#237;an formaci&#243;n de maestros sin grado universitario y estar&#237;an subordinadas al control de los Ministerios de Educaci&#243;n. Carecer&#237;an de independencia y contar&#237;an con sus propias escuelas de educaci&#243;n primaria donde se mejorar&#237;a pr&#225;cticamente el ser- vicio y la formaci&#243;n docente.&lt;br class='autobr' /&gt;
El m&#225;s importante objetivo radicaba en forjar la identidad de las naciones. Formando a los futuros maestros y preceptores, se desarrollar&#237;a en los ni&#241;os y los j&#243;venes el sentido de pertenencia nacio- nal, valorar&#237;an la historia propia remarcando la &#233;pica constituci&#243;n de los pa&#237;ses, y consolidar&#237;an la estructura de un Estado fuerte, cultural, econ&#243;mica, pol&#237;tica y socialmente. Surgi&#243; la &#8220;ideolog&#237;a normalista&#8221;: discurso sobre la nobleza de la docencia, el esp&#237;ritu y la vocaci&#243;n del maestro, su inde- clinable e &#237;ntegra figura de formador, y el orgullo de haberse formado en la instituci&#243;n m&#225;s respeta- ble del Estado: la Escuela Normal.&lt;br class='autobr' /&gt;
La Escuela Normal de Maestros y Preceptores de Sucre formar&#237;a a los futuros profesores de Bolivia, ofreciendo una formaci&#243;n integrada con preeminencia cient&#237;fica y t&#233;cnica. As&#237;, los liberales consti- tuyeron un sistema educativo urbano laico que expresaba los resultados del contrato que Ismael Montes firm&#243; en 1905 con el pedagogo belga Georges Rouma, para que dirigiera una reforma edu- cativa en el pa&#237;s.&lt;br class='autobr' /&gt;
La misi&#243;n presidida por Rouma defend&#237;a la libertad de conciencia, la ense&#241;anza laica y la autonom- &#237;a de los contenidos; propuso reformar el nivel primario y constituir un sistema de formaci&#243;n docen- te. Tambi&#233;n abogaba por planificar racionalmente objetivos factibles a partir de estudios espec&#237;ficos de la realidad del ni&#241;o. Expresando el darwinismo social europeo, el pedagogo belga pensaba que la inteligencia limitada del ni&#241;o boliviano no le permit&#237;a razonar ni efectuar inferencias; sin embargo, lo ve&#237;a prol&#237;fico en su imaginaci&#243;n aunque por esto, frecuentemente perder&#237;a el sentido de la reali- dad. Ante tal cuadro, los maestros deber&#237;an insistir en una pedagog&#237;a activa y disciplinaria.&lt;br class='autobr' /&gt;
Los maestros egresados de la Escuela dominar&#237;an contenidos especializados para trasmitirlos a los estudiantes bolivianos a trav&#233;s de una disciplina r&#237;gida. Rouma remarcaba una pedagog&#237;a del orden que vigorice y encauce las disposiciones y energ&#237;as de los educandos considerando los factores psi- col&#243;gicos, sociales, biol&#243;gicos y volitivos, orientando la formaci&#243;n a la acci&#243;n y la producci&#243;n. Buscaba que los futuros profesores desarrollaran un esp&#237;ritu cient&#237;fico, aprendieran a observar, ex- perimentar, comparar y analizar para poder juzgar e inferir. Procur&#243; erradicar el escolasticismo y el verbalismo, la teorizaci&#243;n memor&#237;stica contraria a la experiencia, quiso forjar el esfuerzo y la per- severancia encauzando la docencia a tareas pr&#225;cticas y la experimentaci&#243;n. Se trataba de que los maestros aplicaran con propiedad, los contenidos de &#8220;la ciencia y el arte de la ense&#241;anza&#8221; para construir una nueva realidad educativa en Bolivia.&lt;br class='autobr' /&gt;
Aparte de los intelectuales, los ciudadanos de Sucre se opusieron a la entidad y al trabajo del direc- tor belga. La causa principal fue el enfoque co-educativo, aunque tambi&#233;n influy&#243; la proclama de libertad religiosa de los estudiantes y de libertad docente para la ense&#241;anza. El te&#243;logo Joan Bardi- na, por ejemplo, critic&#243; que se tender&#237;a a resultados cuantificables en el aprendizaje de los ni&#241;os.&lt;br class='autobr' /&gt;
Tradicionalmente, la Escuela Normal ha forjado un estigma que caracteriz&#243; el ideal del maestro bo- liviano por d&#233;cadas. Los j&#243;venes de aut&#233;ntica &#8220;vocaci&#243;n&#8221; y con alto rendimiento en secundaria, ex- presar&#237;an la imagen del profesor como &#8220;ap&#243;stol&#8221;, ejemplo de esfuerzo y sacrificio por el pa&#237;s y la juventud. Deber&#237;a tener amplios conocimientos, excelente redacci&#243;n, correcci&#243;n en el uso del len- guaje, rapidez mental, memoria, elocuencia, sensibilidad l&#237;rica y, sobre todo, una buena estatura, voz estent&#243;rea y prestancia en el porte. El maestro era lo mejor de la cultura moderna de las clases dominantes: expresaba cosmopolitismo elegante, solvencia del saber cient&#237;fico de la &#233;poca y trans- misi&#243;n del humanismo cl&#225;sico. Formador de las clases medias pudientes y desinteresado ap&#243;stol de nobles ideales, educador de los colegios de prestigio en las ciudades y de las nuevas generaciones de ni&#241;os y j&#243;venes, inculcar&#237;a un inquebrantable esp&#237;ritu de superaci&#243;n, ense&#241;ar&#237;a la civilidad mo- derna, la ciencia y buenas costumbres, incluyendo el cultivo del cuerpo y una incorruptible morali- dad.&lt;br class='autobr' /&gt;
***&lt;br class='autobr' /&gt;
En 1857, Gustave Flaubert public&#243; su obra &#8220;Madame Bovary&#8221;, con cuyo personaje central se identi- fic&#243;. La trama de la obra dio lugar a que se creara el t&#233;rmino &#8220;bovarysmo&#8221;, entendido como la insa- tisfacci&#243;n novelesca en un contexto de represi&#243;n y convencionalismo social. La novela muestra la ciega, tenaz y desesperada rebeli&#243;n de Madame Bovary contra la sociedad que negaba a la mujer el derecho al placer y la felicidad. Emma Bovary construy&#243; varias realidades perfilando una situaci&#243;n que la satisficiera; sin embargo, una y otra vez, la campesina que hab&#237;a estudiado en un convento muy estricto, estaba, de nuevo, buscando una identidad incierta, distinta a la que hab&#237;a alcanzado. Recay&#243; siempre en la disconformidad, nada la satisfac&#237;a. Destru&#237;a lo constituido y las ficciones que su propio yo hab&#237;a fabulado. Termin&#243; suicid&#225;ndose.&lt;br class='autobr' /&gt;
El psic&#243;logo y fil&#243;sofo franc&#233;s Jules de Gaultier cre&#243; el t&#233;rmino en un ensayo de 1892, definiendo al concepto como una patolog&#237;a de evasi&#243;n de la realidad que provoca que el sujeto se refugie en la imaginaci&#243;n. En Latinoam&#233;rica, autores como Antonio Caso y Leopoldo Zea emplearon el t&#233;rmino &#8220;bovarysmo&#8221; para denotar la conflictiva identidad cultural del hombre latinoamericano. Se trata de su ser en permanente b&#250;squeda y siempre insatisfecho. En educaci&#243;n, algunos autores han relacio- nado el concepto con el de &#8220;colonizaci&#243;n pedag&#243;gica&#8221;, pensando la cultura, la sociedad y el ser na- cional seg&#250;n clich&#233;s europeos.&lt;br class='autobr' /&gt;
En Bolivia, Franz Tamayo escribi&#243; que &#8220;el excelente Gautier&#8221; habr&#237;a criticado la &#8220;simulaci&#243;n de la ciencia pedag&#243;gica&#8221; empleando el concepto de &#8220;bovarysmo pedag&#243;gico&#8221;, que tendr&#237;a una dimen- si&#243;n objetiva y otra subjetiva. Objetivamente, el &#8220;bovarysmo&#8221; se evidenciar&#237;a en los pedagogos lati- noamericanos y bolivianos, seg&#250;n Tamayo, mostrando actitudes de &#8220;artistas&#8221; o &#8220;juglares&#8221;. Los &#8220;ar- tistas&#8221; de la educaci&#243;n se ocupar&#237;an con ficciones y apariencias; los &#8220;juglares&#8221;, la convertir&#237;an en algo mezquino y despreciable. En lo concerniente a la dimensi&#243;n subjetiva, el &#8220;bovarysmo&#8221; pe- dag&#243;gico referir&#237;a una carencia absoluta de inteligencia cient&#237;fica y un enorme apetito por vivir bien.&lt;br class='autobr' /&gt;
En el bovarysmo pedag&#243;gico prevalecer&#237;a la copia, el plagio, la simulaci&#243;n para que una obra extra- &#241;a aparezca como propia y original. Los libros se impondr&#237;an sobre la inteligencia y sobre la vida. Los nombres c&#233;lebres, los sistemas y las teor&#237;as aparecer&#237;an con grandilocuencia; descubri&#233;ndose el embuste de artistas y juglares de la educaci&#243;n. A las actitudes seg&#250;n el bovarysmo les faltar&#237;a, abso- lutamente, la creaci&#243;n, carecer&#237;an de descubrimiento, ser&#237;an ficticias. S&#243;lo expresar&#237;an ret&#243;rica, re- cursos estil&#237;sticos para que el auditorio crea que el discurso subyacente es serio y verdadero. Seg&#250;n Tamayo, el gobierno liberal remoz&#243; sus propios prejuicios al creer que las ideas de los extranjeros ser&#237;an necesariamente mejores que las propias. Su bovarysmo resultaba, para &#233;l, inocultable cuando pretendi&#243; aplicar modelos importados a la educaci&#243;n boliviana como si fuesen soluciones infalibles a los problemas.&lt;br class='autobr' /&gt;
Tamayo admit&#237;a que si bien la moralidad pedag&#243;gica extranjera era diez veces mayor a la nacional y si bien la incapacidad docente del boliviano estaba fuera de toda duda, la importaci&#243;n de profesores extranjeros no ser&#237;a suficiente para resolver los problemas de la pedagog&#237;a nacional. No existir&#237;a raz&#243;n alguna para suponer que gracias a la orientaci&#243;n y los contenidos de la Escuela Normal de Maestros de Sucre, se esperar&#237;a que los maestros egresados de la capital cambien el perfil psicol&#243;gi- co del cholo, civilicen al indio o dejen de reproducir de modo caricaturesco, una educaci&#243;n alienada para el blanco. Pese a los esfuerzos y el optimismo liberal, las escuelas, los colegios y las universi- dades, adem&#225;s de ser instituciones donde la carencia de conocimientos relevantes entre los alumnos y los profesores era absoluta, seguir&#237;an siendo entidades donde se ense&#241;aba de todo y no se aprend&#237;a nada.&lt;br class='autobr' /&gt;
***&lt;br class='autobr' /&gt;
Hasta 1910, la pol&#237;tica liberal para la educaci&#243;n del indio se redujo a la fundaci&#243;n de algunos n&#250;cle- os escolares con escasa proyecci&#243;n institucional y social. Despu&#233;s de la p&#233;rdida del mar y de la Re- voluci&#243;n Federal, la problem&#225;tica ind&#237;gena se hizo visible con fuerza, dando lugar a posiciones inte- lectuales vigorosas y pol&#233;micas como las de Alcides Arguedas, Felipe Segundo Guzm&#225;n o Belisario D&#237;az Romero entre otros. La cr&#237;tica de Tamayo afirmada en los editoriales de El Diario, aseveraba que la educaci&#243;n del indio era, pr&#225;cticamente, inexistente; Tamayo rechaz&#243; el racismo dominante en el siglo XIX que acusaba al indio de alcoh&#243;lico, ego&#237;sta, perezoso y fan&#225;tico. Reivindicaba figuras como la de Andr&#233;s de Santa Cruz y encomiaba la participaci&#243;n de las huestes ind&#237;genas en la Gue- rra del Pac&#237;fico. Tambi&#233;n denunci&#243; que la sociedad estaba imposibilitada de visualizar el alto car&#225;c- ter moral del indio y que las instituciones republicanas consolidaron costumbres que no respetaban sus derechos reconocidos por ley. Se&#241;alaba que era una obligaci&#243;n del Estado impartir educaci&#243;n primaria al indio y que nadie evaluaba los resultados de su aprendizaje.&lt;br class='autobr' /&gt;
Un tema que mereci&#243; atenci&#243;n fue la ense&#241;anza de la lengua espa&#241;ola a los indios. Felipe Segundo Guzm&#225;n hab&#237;a proclamado que se deb&#237;a castellanizar al indio en la escuela primaria promoviendo su inserci&#243;n en una cultura superior. Tamayo critic&#243; que la castellanizaci&#243;n se diera simult&#225;neamen- te la ense&#241;anza formal de la lectura y la escritura del idioma espa&#241;ol. Para que el indio se formara, pensaba Tamayo, era imprescindible redefinir las pautas &#233;ticas del comportamiento colectivo, orien- tando la educaci&#243;n y la pedagog&#237;a para dirigir, cultivar, formar y gobernar la energ&#237;a nacional. En una actitud paternalista, Tamayo inst&#243; a que quienes fueran m&#225;s inteligentes y m&#225;s cultivados que el indio, destruyeran el abismo que los separaba. En verdad, la raza ind&#237;gena ser&#237;a la &#250;nica que, por su presencia en la historia y su acci&#243;n sobre la naturaleza, hac&#237;a posible hablar del &#8220;car&#225;cter nacional&#8221;.&lt;br class='autobr' /&gt;
Resultaba necesario educar el &#8220;car&#225;cter nacional&#8221;. La pedagog&#237;a que respondiese a este imperativo concentrar&#237;a su atenci&#243;n en la energ&#237;a, en la fuerza de nuestra sangre y en la voluntad de nuestra alma colectiva. Las enriquecerla, realizar&#237;a el potencial de la energ&#237;a india, extremar&#237;a la fuerza la- tente de la sangre nativa y alcanzar&#237;a la plenitud del alma colectiva. El car&#225;cter nacional expresar&#237;a la energ&#237;a y, en Bolivia, la raza depositaria de dicha energ&#237;a, casi en su totalidad, ser&#237;a la del indio.&lt;br class='autobr' /&gt;
La opini&#243;n del pensador boliviano sobre la alfabetizaci&#243;n del indio empleando la lengua espa&#241;ola indica que esta tarea se presentaba como compleja, necesaria e insuficiente. Entre sus obras como intelectual se cuenta la traducci&#243;n que hizo en 1910, del libro de Ernst W. Middendorf, Introduc- ci&#243;n a la gram&#225;tica aymara. Es notorio el inter&#233;s de Tamayo por contribuir a la normalizaci&#243;n de la lengua aymara; sin embargo, estaba consciente de que dicha labor ling&#252;&#237;stica de contenido erudito no afectaba la vida y el vigor de la mencionada lengua vern&#225;cula. La lengua aymara ser&#237;a brillante por s&#237; misma. Tamayo la habr&#237;a aprendido en la infancia, inclusive como lengua materna.&lt;br class='autobr' /&gt;
Tamayo expres&#243; que el aymara guardaba su lengua atesor&#225;ndola, junto a sus costumbres, m&#233;todos, tradiciones y dieta. La lengua aymara, a la que calific&#243; de grande y asombrosa, constituir&#237;a para &#233;l, un &#8220;castillo de piedra&#8221; donde la raza aymara se recluir&#237;a. Una fortaleza que le permitir&#237;a realizar su esp&#237;ritu rudo, callado, impenetrable y enigm&#225;tico, hablando s&#243;lo para s&#237; mismo y para sus cong&#233;ne- res de raza. El indio no tendr&#237;a la disposici&#243;n espont&#225;nea para aprender el espa&#241;ol y si lo hiciera, verter&#237;a su indeleble personalidad en tal aprendizaje, consciente de que su sangre no podr&#237;a perderse en mezcla pr&#243;diga alguna. Se tratar&#237;a de la perseverancia hist&#243;rica de la raza india expresada en la constante uni&#243;n de su alma al ser de las monta&#241;as inexpugnables levantadas alrededor del altiplano.&lt;br class='autobr' /&gt;
En el altiplano, el alma del indio ser&#237;a como los Andes: extra&#241;a y dif&#237;cil, magra, vasta y solitaria. El alma de la raza india ser&#237;a impenetrable e inaccesible, amurallada por cumbres que le obligar&#237;an a vivir en s&#237; y para s&#237; misma, concentrar&#237;a sus energ&#237;as interiores de forma tan poderosa, que llegar&#237;a inclusive a desmedrar la inteligencia. Tal, seg&#250;n Guillermo Francovich, la &#8220;m&#237;stica de la tierra&#8221;. El aymara ser&#237;a un ser deprimido por las apariencias pero comprimido en la realidad, un esp&#237;ritu claus- tral consciente de su superioridad evidenciada en su fuerza muscular y en su paciencia extraordina- ria. La tierra habr&#237;a endurecido gradualmente los sentimientos del indio, lo habr&#237;a hecho desconfia- do otorg&#225;ndole el silencio andino:&lt;br class='autobr' /&gt;
El alma de estos montes&lt;br class='autobr' /&gt;
se hace hombre y piensa.&lt;br class='autobr' /&gt;
Tramonta un ansia inmensa los horizontes,&lt;br class='autobr' /&gt;
y en luz hura&#241;a m&#225;s de una sien transflora&lt;br class='autobr' /&gt;
una monta&#241;a!&lt;br class='autobr' /&gt;
Que el indio no se aproxime espont&#225;neamente a la lengua espa&#241;ola y que a veces tenga que apren- derla forzado por las circunstancias, evidenciar&#237;a, para Tamayo, su profunda rebeld&#237;a y tozudez. Siendo que el lenguaje pone en evidencia la visi&#243;n del mundo de los usuarios de una lengua, la to- zudez ind&#237;gena para preservar la arquitect&#243;nica aymara, inclusive cuando el aprendizaje de la len- gua espa&#241;ola era inevitable, permitir&#237;a advertir la inferior inteligencia del indio comparada a la inte- ligencia del europeo. Pero, si bien el indio no ser&#237;a notablemente inteligente, tendr&#237;a siempre nota- bles concepciones e inventiva, comprender&#237;a siempre recta y directamente, incompleja y sanamente, toda forma y todo principio de causalidad. Adem&#225;s, la inteligencia del indio carecer&#237;a de pasi&#243;n y sentimiento; no gozar&#237;a del placer directamente, siendo secundaria e instrumental en comparaci&#243;n con los intereses por la vida. La inteligencia india, seg&#250;n Tamayo, s&#243;lo suputar&#237;a y evaluar&#237;a proba- bilidades de &#233;xito o ruina de la existencia. Se tratar&#237;a de una inteligencia m&#225;s volitiva que intelecti- va y que habr&#237;a formado en los mejores tiempos de las razas aut&#243;ctonas, estrategas, legisladores, in- genieros, profetas, edificadores de imperios y rectores. Raza de un esp&#237;ritu similar a la raza del fa- ra&#243;n Sesostris I en Egipto, y parecida, por su simplicidad y grandeza, a la raza de los romanos.&lt;br class='autobr' /&gt;
Superior en esto a la del blanco y del mestizo, la inteligencia del indio habr&#237;a pose&#237;do pocos, fun- damentales y eficientes criterios sobre los que apoyar&#237;a su vuelo ideal; habr&#237;a utilizado un pensa- miento simple, recto, justo y fuerte, como elemento de c&#225;lculo. Su acci&#243;n cerebral se habr&#237;a dado articulada invariablemente a la intelecci&#243;n de la cosa misma, exenta de las taras, psicosis y neuras- tenia de otras razas. Instruir al indio, seg&#250;n Tamayo, no implicar&#237;a ense&#241;arle las normas cultas de la lengua espa&#241;ola. Si la educaci&#243;n abarcase aspectos cognitivos, axiol&#243;gicos y t&#233;cnicos; la instrucci&#243;n del indio se limitar&#237;a s&#243;lo a la reproducci&#243;n de habilidades y capacidades. Ser&#237;a absurdo suponer que el indio estudie el espa&#241;ol con la finalidad de convertir dicha lengua en un instrumento de co- nocimiento cient&#237;fico o cultural, dando lugar a que la lengua sea un fin de estudio en s&#237; misma. Adem&#225;s, la instrucci&#243;n del indio con el espa&#241;ol deb&#237;a tener en cuenta que no s&#243;lo en Bolivia, sino en Am&#233;rica, la afirmaci&#243;n del castellano b&#225;rbaro ser&#237;a un destino inevitable ya advertido en 1924.&lt;br class='autobr' /&gt;
Ante tal situaci&#243;n, nuestro idioma tendr&#237;a, en opini&#243;n de Franz Tamayo, que &#8220;matematizarse&#8221;; es decir, deb&#237;a formalizarse si quer&#237;a, como las lenguas n&#243;rdicas, ganar en precisi&#243;n y orden. La len- gua espa&#241;ola, seg&#250;n &#233;l, tendr&#237;a demasiado follaje, no se habr&#237;a desarrollado cerca de sus ra&#237;ces, y la abundancia de sus manifestaciones exuberantes habr&#237;a creado dos reacciones a cual peor y m&#225;s riesgosa. Por una parte, el intento ib&#233;rico por petrificar la lengua mediante el purismo inmoviliza- dor, con el riesgo de matarla. Y, en segundo lugar, el esnobismo americano que la desorganizaba mezcl&#225;ndola con el franc&#233;s, frecuentemente la desnaturalizaba.&lt;br class='autobr' /&gt;
Tamayo consideraba que una educaci&#243;n culta despertar&#237;a la conciencia intelectual. Sin embargo, los intentos de alfabetizaci&#243;n del indio, la instrucci&#243;n de las primera letras, no habr&#237;an motivado en &#233;l una fuerza volitiva ni intelectual, no lo habr&#237;an hecho m&#225;s fuerte aunque tampoco, felizmente, m&#225;s vicioso. Si no supiese leer ni escribir, situaci&#243;n generalizada a principios del siglo XX, el indio no se envanecer&#237;a de nada, ni desear&#237;a nada que estuviese relacionado con alg&#250;n texto escrito. En los casos en los que el indio podr&#237;a comunicarse en espa&#241;ol, pensaba Tamayo, dicha comunicaci&#243;n ser- &#237;a aparente. En verdad, prevalecer&#237;a en su alma un yo interior herm&#233;tico. Si el indio supiese leer y escribir, entonces, sin duda, se avanzar&#237;a en el objetivo de construir una &#8220;comunidad nacional&#8221;, pero el costo implicar&#237;a perder las caracter&#237;sticas raciales m&#225;s valiosas. Seg&#250;n Tamayo, la escuela de las primeras letras volv&#237;a a los indios personas ventajistas -como los cholos- motiv&#225;ndoles a que aban- donen sus virtudes raciales de sobriedad, paciencia y trabajo.&lt;br class='autobr' /&gt;
El proyecto nacional deber&#237;a considerar las limitaciones intelectuales del indio, posibilitando que llegara a lo que pod&#237;a ser de manera plena: un excelente soldado, minero y agricultor. La &#8220;ciencia&#8221; y el arte de la pedagog&#237;a nacional se plasmar&#237;an instruy&#233;ndole para que perfeccionara sus aptitudes y habilidades, habida cuenta de la necesidad de precautelar sus virtudes raciales. Instruir al indio en su propia lengua no ser&#237;a conveniente, entre otras razones por las dificultades de ense&#241;anza de una lengua no estandarizada ni normalizada.&lt;br class='autobr' /&gt;
Que aprenda a leer y escribir tendr&#237;a valor civilizatorio s&#243;lo si la pedagog&#237;a valorara y encauzara la vitalidad y la energ&#237;a de la raza india seg&#250;n consideraciones objetivas. As&#237;, no tendr&#237;a caso esperar que el indio mostrase trascendencia imaginativa, que fuese capaz de especular en la ciencia o en el arte, que elaborase sofismas o falacias, que constelase esp&#237;ritus culturales originales, o que efectua- se agudezas del ingenio. A la inteligencia del indio le estar&#237;a vedado el vuelo ideal y filos&#243;fico, la duda met&#243;dica, la actitud cr&#237;tica y tambi&#233;n el sufrimiento del pensamiento existencial. Toda peda- gog&#237;a deber&#237;a considerar esto.&lt;br class='autobr' /&gt;
La pedagog&#237;a ind&#237;gena, desarrollada con amor y paciencia, deb&#237;a ser instructiva y profil&#225;ctica, orientada a las artes y los oficios y a despertar la inteligencia nativa. Tambi&#233;n deber&#237;a tender a erra- dicar del car&#225;cter del indio, el aislamiento morboso, su concentraci&#243;n interior y su tendencia a tener un sentimiento antisocial. De este modo, el indio podr&#237;a llegar a ser, seg&#250;n Tamayo, explorador, matem&#225;tico, constructor, ingeniero, maestro de escuela, sargento, lugarteniente o subjefe; e inclusi- ve, probablemente, con una educaci&#243;n apropiada y posterior, buen capit&#225;n, hombre de estado, go- bernante o patricio.&lt;br class='autobr' /&gt;
La pedagog&#237;a orientada a cholos y mestizos tendr&#237;a varios aspectos comunes con la pedagog&#237;a ind&#237;- gena. Ambas tendr&#237;an que orientar la instrucci&#243;n primaria de modo que despierte, saque a la luz y motive, el crecimiento de la energ&#237;a nacional. Tambi&#233;n deber&#237;an ense&#241;ar el gusto por vencerse, el dominio de uno mismo, el culto a la fuerza, el desprecio de los peligros, el desd&#233;n a la muerte, el amor a la acci&#243;n, la expansi&#243;n individual y colectiva en y por la vida, la irreverencia templada por la audacia y la osad&#237;a, el dominio sobre las cosas y el vencimiento de la naturaleza. Tales, las bases de la pedagog&#237;a nacional.&lt;br class='autobr' /&gt;
Tamayo pensaba que la pedagog&#237;a nacional deb&#237;a apreciar la importancia hist&#243;rica de la resistencia ind&#237;gena frente a cualquier intento de colonizar o de exterminar su cultura, reivindicando la energ&#237;a que le es propia y proyect&#225;ndola, ya no meramente como una fuerza reactiva y t&#243;nica. Comprender- &#237;a que el alma nacional radica en el indio y que la instrucci&#243;n que se le brinde representar&#237;a, en de- finitiva, el fortalecimiento del pa&#237;s y la fragua del &#8220;esp&#237;ritu nacional&#8221;.&lt;br class='autobr' /&gt;
Sin nada m&#225;s que sus propios argumentos desplegados en c&#237;rculo y con grandilocuentes referencias a la historia, Tamayo se&#241;al&#243; a la personalidad ind&#237;gena como la fuerza que se impuso moral, inte- lectual y racialmente sobre el blanco. En Bolivia, el indio emigrante en la ciudad, habr&#237;a realizado su destino de convertirse en mestizo y de aparecer como cholo. Ser&#237;a el indio que aprendi&#243; las pri- meras letras, pero a quien la sociedad excluir&#237;a y segregar&#237;a estigmatiz&#225;ndolo. Con todo, la sangre india correr&#237;a a trav&#233;s de varias instituciones: universidades, cuarteles y Parlamento; y aunque su presencia ser&#237;a una realidad inevitable que el blanco detesta, la raza ind&#237;gena estar&#237;a en la base de la construcci&#243;n del porvenir de la &#8220;naci&#243;n boliviana&#8221;.&lt;br class='autobr' /&gt;
Al parecer, las ideas de Tamayo sobre la &#8220;naci&#243;n&#8221;, estuvieron influidas por pensadores europeos como Ernest Renan, quien, en la segunda mitad del siglo XIX, se&#241;al&#243; que toda naci&#243;n, para consti- tuirse, deb&#237;a contar tanto con aspectos objetivos como con aspectos subjetivos que le dieran unidad. La confluencia de las caracter&#237;sticas culturales compartidas como la procedencia &#233;tnica, la lengua, la religi&#243;n, la comunidad de intereses econ&#243;micos, la definici&#243;n geogr&#225;fica y los deberes militares ser&#237;an, seg&#250;n el pensador franc&#233;s, los aspectos objetivos de tal unidad. Los rasgos subjetivos incluir- &#237;an la valoraci&#243;n de un pasado imaginado como heroico y la voluntad colectiva de compartir la rea- lizaci&#243;n de alg&#250;n proyecto futuro. En cuanto Tamayo consideraba que la raza ind&#237;gena ten&#237;a las ca- racter&#237;sticas culturales objetivas y subjetivas exigidas por Renan, tal raza podr&#237;a y deber&#237;a consti- tuirse en el basti&#243;n de la naci&#243;n boliviana brind&#225;ndole unidad. En tanto el pensador pace&#241;o fue cr&#237;tico de los gobiernos liberales a los que sin embargo reconoci&#243; valor frente al conservadurismo, en tanto asum&#237;a que la raza ind&#237;gena realizar&#237;a un &#8220;proyecto nacional&#8221;, su concepci&#243;n nacionalista fue, sin duda, racista.&lt;br class='autobr' /&gt;
En la simplicidad de la vida del pescador, del apacentador de reba&#241;os y del eterno servidor personal, habr&#237;a subsistido un ser autosuficiente, aut&#243;nomo y autodidacta. Pensaba Tamayo con un inoculta- ble tono de especulaci&#243;n filos&#243;fica, que el indio conservaba la fuerza real, primitiva y material de la historia, capaz de dotar de sentido a la naci&#243;n. La raza ind&#237;gena expresar&#237;a una ley biol&#243;gica espe- cial pese al incremento de los impuestos, los abusos con los servicios generales y especiales, los precios inequitativos, el confinamiento a ciertos trabajos, la exclusi&#243;n de la participaci&#243;n en los asuntos p&#250;blicos, el odio y el desprecio. La raza ind&#237;gena ser&#237;a un modelo y un patr&#243;n apto para la lucha.&lt;br class='autobr' /&gt;
Gracias al indio, el mestizo podr&#237;a recuperar su originaria voluntad y energ&#237;a tristemente perdidas, y el blanco podr&#237;a reconducir el contagio moral nocivo que habr&#237;a provocado, impregn&#225;ndose &#233;l mis- mo de las virtudes morales e intelectuales de la raza ind&#237;gena. Tamayo consideraba prioritario y fundamental que la &#8220;conciencia nacional&#8221; especificar&#237;a, claramente, el prop&#243;sito de una pedagog&#237;a propia que radicar&#237;a en despertar la energ&#237;a dormida de la raza ind&#237;gena. S&#243;lo la realizaci&#243;n de la energ&#237;a india permitir&#237;a que Bolivia logre lo que podr&#237;a ser y que tenga la certeza consciente de que- rer hacerlo.&lt;br class='autobr' /&gt;
***&lt;br class='autobr' /&gt;
En los editoriales de 1910, Franz Tamayo puso de manifiesto su visi&#243;n del espa&#241;ol que conquist&#243; el Nuevo Mundo y que construy&#243; la sociedad colonial: opini&#243;n con abundancia de adjetivos, insultos y una escisi&#243;n dicot&#243;mica sorprendente por su vigor maniqueo. A los 31 a&#241;os de edad, Tamayo ex- pres&#243; con vehemencia y radicalismo lo que para &#233;l habr&#237;a sido Espa&#241;a en el siglo XVI, lo que fuera el r&#233;gimen colonial que impuso a Am&#233;rica, y lo que representar&#237;an los espa&#241;oles durante cuatro- cientos a&#241;os, hasta inicios del siglo XX. Muestra sin duda, aqu&#237; tambi&#233;n una concepci&#243;n racista.&lt;br class='autobr' /&gt;
La raza de los espa&#241;oles, para Tamayo, la form&#243; una manada de ilotas y ch&#225;ndales desenfrenados, mendigos hambrientos, descastados y feroces. Los conquistadores habr&#237;an sido, seg&#250;n el pensador boliviano, incapaces de buscar el conocimiento por el saber, de gozar lo nuevo y lo ignoto, o de proyectar una cultura de altos ideales humanos. Hombres de una crueldad consciente y helada, habr- &#237;an podido actuar, sin embargo, expresando pasiones ardientes y ciegas. &#201;stas habr&#237;an anulado el buen sentido del espa&#241;ol, pervertido tambi&#233;n por su irremediable pereza, su melancol&#237;a, orgullo in- fecundo, fantas&#237;a desordenada y religiosidad fan&#225;tica capaz de florecer en pasiones y sentimientos intensos.&lt;br class='autobr' /&gt;
Tamayo ve&#237;a en el espa&#241;ol al ser resentido de las dominaciones griega, romana, cartagin&#233;s, celta y &#225;rabe, que se sucedieron durante un milenio y medio en la pen&#237;nsula ib&#233;rica. Descubrir Am&#233;rica habr&#237;a sido el triunfo del d&#233;bil y la victoria de quienes careciesen de buena voluntad, de los despectivos y sin capacidad: los impotentes, disp&#233;pticos, fr&#237;gidos, insomnes y pasivos.&lt;br class='autobr' /&gt;
Seg&#250;n Tamayo, la colonia ser&#237;a una demostraci&#243;n incontestable de que la raza ib&#233;rica nunca fue su- perior a las razas americanas que conquist&#243; y coloniz&#243;. Resulta curioso que Tamayo piense que la &#8220;raza&#8221; conquistadora y colonizadora, la que someti&#243; a los imperios de centro y sud Am&#233;rica, la raza ib&#233;rica, sea para &#233;l, &#8220;inferior&#8221; a la del indio. Inferior por crear sufrimiento y destruir la vida, por no resistir al mestizaje que sobrevino durante la colonia, por no impulsar los rasgos intelectuales y mo- rales de los pueblos conquistados, por estar incapacitada de reconocer la calidad del pensamiento ind&#237;gena, la radiante energ&#237;a f&#237;sica y las magn&#237;ficas condiciones morales de los pueblos &#8220;conquista- dos&#8221;. Inferior por triunfar en el brutal enfrentamiento que define qui&#233;nes tendr&#225;n el poder y qui&#233;nes ser&#225;n los sujetos y las colectividades sometidas y dominadas en la historia.&lt;br class='autobr' /&gt;
El conquistador representa hoy, tanto la figura del aventurero, como la del s&#250;bdito y del cura. Como aventurero, era un hombre sediento de oro que enfrentaba lo desconocido, conquistador de riquezas para s&#237; mismo, saqueador y destructor de culturas y civilizaciones, inescrupuloso violador y explo- tador de los indios a quienes pod&#237;a imponer la mita hasta la muerte. Como s&#250;bdito del rey, era su arcabucero, conquistador de nuevas colonias para la Corona y art&#237;fice que hizo posible la gloria del imperio espa&#241;ol. Como cura, era el evangelizador por excelencia para mayor gloria de Dios: difusor de la verdad y la salvaci&#243;n, conquistador de almas y misionero de la sagrada labor de la Iglesia.&lt;br class='autobr' /&gt;
Los editoriales de 1910 fueron redactados cuando Franz Tamayo hab&#237;a cumplido 31 a&#241;os de edad; sin embargo, los textos que escribi&#243; a los 18 y 19 a&#241;os y que se conocen como Odas, expresan tam- bi&#233;n la misma visi&#243;n maniquea de lo ib&#233;rico y lo indio. Se trata del mismo gesto que anticipa un racismo de hiperb&#243;lica valoraci&#243;n de lo ind&#237;gena y de credulidad ingenua del poeta boliviano en la &#8220;leyenda rosa&#8221; tejida en torno a los pueblos prehisp&#225;nicos.&lt;br class='autobr' /&gt;
Despu&#233;s del descubrimiento de Am&#233;rica y mientras se produc&#237;a la conquista, entre los espa&#241;oles hubo disputas ideol&#243;gicas con contenido teol&#243;gico que ten&#237;an el prop&#243;sito de esclarecer el sentido divino y trascendente del sometimiento de Am&#233;rica. Dos extremos es posible identificar hoy en el contexto ideol&#243;gico que circunscribi&#243; a tales disputas: la &#8220;leyenda negra&#8221; que, imposibilitada de dar sostenibilidad a una estrategia de exacci&#243;n indefinida, tuvo corta vida, y; por otro lado, la &#8220;leyenda rosa&#8221; que espasm&#243;dicamente aparece en el imaginario aut&#243;ctono con mayor o menor referencia a la utop&#237;a andina.&lt;br class='autobr' /&gt;
La visi&#243;n extrema de los indios como bazofia de la humanidad apareci&#243; temprano en el siglo XVI. El te&#243;logo Gin&#233;s de Sep&#250;lveda pensaba que los indios eran &#8220;hom&#250;nculos&#8221;: seres carentes de alma y de raz&#243;n, semi-animales que com&#237;an, beb&#237;an y lujuriaban con una existencia viciosa, bulliciosa, vengativa, id&#243;latra y embustera. Este discurso cedi&#243; ante la necesidad de la evangelizaci&#243;n como argumento para justificar el saqueo, la destrucci&#243;n cultural y la muerte; dotando de sentido, al pare- cer, a la historia de Am&#233;rica.&lt;br class='autobr' /&gt;
El discurso de la evangelizaci&#243;n adquiri&#243; diferentes tonalidades desde la conquista y en la colonia temprana. Apareci&#243; la conciliaci&#243;n de intereses para beneficio colectivo esgrimida por los frailes Antonio de Montesinos en Santo Domingo y Bartolom&#233; de las Casas en Chiapas. El obispo de Chiapas profetiz&#243; la ruina de Espa&#241;a si los conquistadores continuaban con la destrucci&#243;n de los in- dios, argument&#243; teol&#243;gicamente a favor de los derechos de Am&#233;rica y sustent&#243; la idea de que los in- dios eran seres humanos con raz&#243;n y alma, habiendo alcanzado libertad y sociabilidad. Los defendi&#243; y traz&#243; los rasgos principales de la &#8220;leyenda rosa&#8221;: personas de altas virtudes incluso superiores a los espa&#241;oles. Franz Tamayo en su oda titulada &#8220;El apostolado&#8221;, dice que el nombre grande y celes- tial de las Casas, era sin&#243;nimo de consolaci&#243;n a los indios, que el espa&#241;ol excepcional, ap&#243;stol do- minico, les promet&#237;a el cielo y les instaba a tener esperanza, aceptando con resignaci&#243;n el martirio.&lt;br class='autobr' /&gt;
En el siglo XVII el discurso de la evangelizaci&#243;n se focaliz&#243; en reflexiones intelectuales y literarias que difundieron una visi&#243;n rom&#225;ntica de los pueblos prehisp&#225;nicos. El Inca Garcilaso de la Vega en su obra de 1609 titulada Comentarios reales de los incas, sobrevalor&#243; lo que pol&#237;tica, social y cultu- ralmente representaron los incas en la historia, delineando las pautas de lo que ser&#237;a el discurso de evangelizaci&#243;n. Por su parte, el cacique Guam&#225;n Poma de Ayala, apel&#243; al juicio de los espa&#241;oles para sobrevalorar la vida social de los se&#241;or&#237;os locales en detrimento del imperio incaico. Ambos autores formaron la imagen de las culturas prehisp&#225;nicas asoci&#225;ndolas con el Paitit&#237;: un espacio simb&#243;lico caracterizado como el habit&#225;culo dorado, refugio frente a la vor&#225;gine de los espa&#241;oles y para&#237;so selv&#225;tico sin explotaci&#243;n ni sometimiento. As&#237; surgi&#243; la &#8220;utop&#237;a andina&#8221;. Tamayo cant&#243; a la exuberante riqueza americana como un oasis de ensue&#241;o similar a la Atl&#225;ntida.&lt;br class='autobr' /&gt;
La &#8220;leyenda rosa&#8221; presenta al imperio de los incas como una sociedad perfecta, profundamente sa- bia y pac&#237;fica, y con un sistema pol&#237;tico inmejorable. Los sacrificios humanos que los incas efec- tuaban, de ni&#241;os (la capacocha), la destrucci&#243;n cultural de pueblos, dada por la migraci&#243;n masiva coaccionada (el mitimayazgo), la servidumbre que se deb&#237;a efectuar para la nobleza inca como for- ma de tributo (el yanaconazgo), el trabajo que era obligatorio realizar en un sistema econ&#243;mico desp&#243;tico, tanto en la construcci&#243;n de caminos, palacios y ciudades como en la explotaci&#243;n de las minas del Inca (la mita); para la &#8220;leyenda rosa&#8221; carecen de relevancia, por lo que, en general, no son mencionados. Si no, se los distorsiona haci&#233;ndolos aparecer como concepciones espirituales &#8211; animistas-, o formas de integraci&#243;n cultural que preservar&#237;an las diferencias seg&#250;n una sabia organi- zaci&#243;n econ&#243;mica y pol&#237;tica del mejor mundo posible.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La &#8220;leyenda rosa&#8221; presenta como una cualidad social, que la poblaci&#243;n incaica se dividiera entre los productores que trabajaban la tierra y quienes se encargaban de desempe&#241;ar otros roles. Muestra como una necesidad invariable que exista una clase formada por una estrecha c&#250;spide estatal con la nobleza teocr&#225;tica en el v&#233;rtice. La leyenda presenta a los &#8220;orejones&#8221; como benevolentes y sabios arist&#243;cratas, en general, emparentados con el Inca y que realizaban una administraci&#243;n local impe- cable. Muestra como algo &#8220;original&#8221; en grado extremo, que los incas realizaran el culto al Sol, que tuvieran s&#233;quitos religiosos con v&#237;rgenes consagradas, que hubiesen encargados para controlar las estad&#237;sticas imperiales, que el ej&#233;rcito haya sido poderoso y feroz, que los incas hubiesen afianzado su poder con ingeniosas formas de comunicaci&#243;n y trasporte, que hubiesen artesanos talentosos para trabajar exclusivamente para las &#233;lites y que habr&#237;a sido un honor estar al servicio personal del Inca.&lt;br class='autobr' /&gt;
Los miembros que se ocupaban en las labores productivas (los hatunrunas), aparecen en la &#8220;leyenda rosa&#8221; como alegres agricultores. Se tratar&#237;a de familias sin necesidades econ&#243;micas aunque sus po- sesiones fuesen precarias. Aparece como algo &#8220;natural&#8221; en la historia que s&#243;lo los &#8220;orejones&#8221; dispu- sieran de adornos preciosos, de varias mujeres, esclavos y de acceso exclusivo a la educaci&#243;n mili- tar, viviendo en espl&#233;ndidos palacios. Tamayo cant&#243; al esplendor de estos palacios y expres&#243; su pe- sar por la ca&#237;da del Cusco. As&#237; se habr&#237;a consumado el oprobio que Espa&#241;a verti&#243; sobre la libertad sagrada de los incas: infortunio que cercen&#243; el camino de la gloria inca.&lt;br class='autobr' /&gt;
La leyenda presenta las relaciones de poder de los incas sobre los se&#241;or&#237;os aymaras en el Collasuyo, no como relaciones de opresi&#243;n, no como dominio pol&#237;tico y militar, no como imposiciones tributa- rias de productos y servicios personales; sino, como un orden espont&#225;neo y conveniente en el que, gracias a la superioridad de los l&#237;deres, se organizaba al pueblo. La supresi&#243;n de las costumbres de las colectividades sometidas, la imposici&#243;n de la religi&#243;n y de la lengua y la exacci&#243;n a trav&#233;s de tributos de por vida, aparecen seg&#250;n el relato id&#237;lico de los incas, como pac&#237;ficas relaciones de en- se&#241;anza, paternales motivaciones para trabajar y el gozo colectivo de una felicidad sin l&#237;mites en un sistema que desconocer&#237;a la escasez. Expresando tal tendencia, Tamayo refiri&#243; la sociedad inca co- mo un &#8220;m&#225;gico imperio&#8221;.&lt;br class='autobr' /&gt;
Franz Tamayo cant&#243; &#8220;A Espa&#241;a&#8221;, la responsabiliz&#243; de la destrucci&#243;n de la magnificencia andina, de la libertad incaica y de la majestad de una sociedad plet&#243;rica de grandeza. Espa&#241;a, para el joven poeta, ser&#237;a objeto de las maldiciones de Dios por aplastar la gloria americana, por reducir magn&#237;fi- cos tronos a cenizas y ciudades espl&#233;ndidas a ruinas. Espa&#241;a habr&#237;a clavado, para Tamayo, con crueldad, ferocidad y fatalidad, el pu&#241;al artero de la conquista, violando, sojuzgando, sometiendo y depravando:&lt;br class='autobr' /&gt;
Cuando el pu&#241;al ibero l &#769;hubo transido,&lt;br class='autobr' /&gt;
ese mundo agorero dio un alarido!&lt;br class='autobr' /&gt;
Despu&#233;s, pavura, y un estupor de siglos&lt;br class='autobr' /&gt;
que a&#250;n dura, a&#250;n dura!&lt;br class='autobr' /&gt;
La &#8220;leyenda rosa&#8221; se fortaleci&#243; seg&#250;n una relaci&#243;n de mutua influencia con la &#8220;utop&#237;a andina&#8221;. Des- de el siglo XVI, movimientos pol&#237;ticos y culturales con participaci&#243;n ind&#237;gena proclamaron el re- torno a un idealizado mundo prehisp&#225;nico haciendo de la &#8220;leyenda rosa&#8221; una utop&#237;a de regresi&#243;n a un mundo ind&#237;gena que nunca existi&#243;. En su oda de 1896 titulada &#8220;Manco Inca XIII&#8221;, Franz Tama- yo idealiz&#243; al &#250;ltimo Inca, llegando a afirmar que, consciente de la inevitable derrota en la batalla, el rey peruano buscaba en la muerte un placer y el reinicio del tiempo perdido, que los ca&#237;dos en la guerra eran los verdaderos vencedores y que el declive hist&#243;rico era, en verdad, un nuevo amanecer.&lt;br class='autobr' /&gt;
Naturalmente, en esta l&#237;rica de la historia, Tamayo no hace menci&#243;n, en absoluto, a que Manco Inca fue al principio un rey t&#237;tere de Francisco Pizarro, que fue coronado con el apoyo de los espa&#241;oles y que defendi&#243; a Hu&#225;scar.&lt;br class='autobr' /&gt;
Los claroscuros de la historia de la conquista, el conjunto de traiciones, paradojas, contradicciones y bajezas como parte indisoluble de las rebeliones ind&#237;genas, evitan tener apreciaciones maniqueas. Impiden ver a la historia como un conjunto de procesos de enfrentamiento entre buenos y malos, entre los pobres indios, sufridos persistentes y resistentes, y los mal&#233;volos espa&#241;oles, crueles y fero- ces. Que Tamayo, contando 18 a&#241;os, haga empleo de la l&#237;rica para expresar esa visi&#243;n pueril de la historia, es sin duda una licencia literaria. Sin embargo, como &#233;l mismo se&#241;ala y ratifica posterior- mente en sus editoriales de 1910, el estudio de la historia le despert&#243; sentimientos de identidad ame- ricana y la comprensi&#243;n de que su deber inclusive po&#233;tico, consist&#237;a en cantar los lamentos de los hermanos y los padres indios, v&#237;ctimas de la canalla: los verdugos espa&#241;oles.&lt;br class='autobr' /&gt;
***&lt;br class='autobr' /&gt;
En el editorial del 26 de agosto, Tamayo explicit&#243; su visi&#243;n racista de la sociedad al aseverar que el indio tendr&#237;a una moralidad superior a la del mestizo y a la del blanco. Seg&#250;n &#233;l, el indio ser&#237;a ca- paz de acogerse a un r&#233;gimen interior de sumisi&#243;n voluntaria, haciendo que determinados principios racionales coordinasen sus actos con su pensamiento. Tal moral superior se expresar&#237;a en la grave- dad para realizar su existencia, en sentimientos profundos de justicia, equidad y amor; en su capaci- dad de ser su propio amo y en la posibilidad de rebasar sus intereses personales s&#243;lo para beneficio de los dem&#225;s.&lt;br class='autobr' /&gt;
La raza ind&#237;gena ser&#237;a incomparable con cualquier otra raza. En lo concerniente a las virtudes mora- les: trabajo desde la infancia hasta la m&#225;s avanzada edad, incapacidad de mentir, empe&#241;o por man- tener una ordenada salud corporal, carencia de maldad, respeto mutuo entre padres e hijos, fidelidad conyugal, sobriedad para comer, mesura de los discursos, paciencia secular, heroica seriedad en tra- tos, respeto a la palabra y a la ley, reverencia a la tradici&#243;n, repudio a la chacota y necesidad de ser veraz, grave, manso e inocuo. La raza india ser&#237;a, en consecuencia, incomparable y superior a las razas del populacho blanco y mestizo. Para el pensador boliviano, existir&#237;an cientos de &#8220;pruebas&#8221; que respaldar&#237;an sus afirmaciones; sin embargo, en el editorial de referencia s&#243;lo se&#241;al&#243; dos. La primera sobre la honestidad del indio en el comercio y la segunda sobre la seguridad que ofrec&#237;a a la campi&#241;a boliviana.&lt;br class='autobr' /&gt;
Frente al blanco que tendr&#237;a los rasgos contrarios, el blanco diputado, ministro, juez, poeta, profe- sor, cura o intelectual; es decir, en comparaci&#243;n a quienes para Tamayo, ser&#237;an &#8220;par&#225;sitos&#8221;; las ca- racter&#237;sticas del indio ser&#237;an superiores. El indio, para el pensador pace&#241;o, vivir&#237;a en un gran des- pliegue de vigor, con pocos placeres, en una desproporci&#243;n sorprendente entre su alimentaci&#243;n y el trabajo mal recompensado; con pocas satisfacciones y en una ausencia notoria de vicios como la cobard&#237;a, la mala fe, la malicia y la pereza.&lt;br class='autobr' /&gt;
La fuerza f&#237;sica y moral de la sangre del indio ser&#237;a m&#225;s plena cuanto menos se hubiesen mezclado. El mestizo conservar&#237;a el vigor indio pero con disipaci&#243;n y empobrecimiento de la energ&#237;a original; siendo ambos, sin embargo, indio y mestizo, superiores a la raza deca&#237;da de los blancos americanos. En la raza del indio resaltar&#237;an, seg&#250;n Tamayo, dos rasgos distintivos evidentes en el transcurrir de la historia: la persistencia y la resistencia. Se tratar&#237;a de dos aspectos generados por la fuerza del medio tel&#250;rico donde se habr&#237;a generado la raza ind&#237;gena. En resumen, aparte de la descripci&#243;n idealizada y l&#237;rica, con fuerte tono racista, la argumentaci&#243;n de Tamayo incurre en una petici&#243;n de principio o en un razonamiento en c&#237;rculo: la superioridad del indio se realizar&#237;a por la energ&#237;a de su raza, la cual se habr&#237;a formado por la influencia del medio ambiente. Esta presencia espacial privilegiada le habr&#237;a permitido ser superior en la historia, es decir en el tiempo, gracias a la fuerza f&#237;sica y a los rasgos morales e intelectuales que le ser&#237;an propios.&lt;br class='autobr' /&gt;
El indio ser&#237;a un conservador, el defensor de una idealizada identidad inconmovible, la persona li- bre para erigir las normas que prefiera, rigi&#233;ndose estrictamente por el cumplimiento de ellas. F&#237;si- camente, existir&#237;a una persistencia morfol&#243;gica y corporal siempre patente, evidenciada como exito- sa y superior en la prueba racial m&#225;s dura: el cruzamiento. Desde el punto de vista moral, Tamayo pensaba que en el indio perdurar&#237;a su propia din&#225;mica cultural, la pr&#225;ctica de su voluntad y la ge- nuinidad de sus intenciones y acciones. La persistencia consistir&#237;a en un rasgo positivo de poderosa afirmaci&#243;n de la energ&#237;a racial. Las facciones, la estatura, el color y las proporciones de los hijos de un blanco y una india, seg&#250;n el pensador, pondr&#237;an en evidencia la m&#225;s &#8220;perfecta derrota del blan- co&#8221;: ser&#237;an casi completamente, rasgos de indios hasta los nietos y biznietos al menos. Concluye Tamayo que se decantar&#237;a el destino biol&#243;gico de las razas. Unas estar&#237;an destinadas a &#8220;reinar&#8221; so- bre otras: las m&#225;s fuertes sobre las m&#225;s d&#233;biles.&lt;br class='autobr' /&gt;
Sobre la resistencia, se tratar&#237;a de rasgos raciales del indio que lo har&#237;an impermeable, su alma se replegar&#237;a impidiendo que asimile lo que viene de afuera. Tamayo pensaba que gracias a sus modes- tas ocupaciones de minero, labrador, viajero de a pie, alba&#241;il, zapador militar y soldado incompara- ble, gracias a sus h&#225;bitos de consumidor frugal, de persona que se bastase a s&#237; misma y que ayudase a los otros, produciendo todo cuanto la naci&#243;n tuviese, en fin, gracias a su inquebrantable &#233;tica de acci&#243;n indefinida; la salud del indio ser&#237;a espl&#233;ndida, inclusive diez veces superior a la del blanco. La resistencia del indio se verificar&#237;a, pues, en la ausencia de enfermedades tales como la tubercu- losis, la escrofulosis, las artritis polimorfas y otras que aquejar&#237;an perniciosamente a los europeos.&lt;br class='autobr' /&gt;
Suponer, como lo hace Tamayo, que el indio sea persistente respecto a s&#237; mismo y resistente respec- to a su contexto y los dem&#225;s; establecer que existan leyes hist&#243;ricas y biol&#243;gicas que, sustantivando la acci&#243;n de enfrentamiento o dando realce a la preeminencia de rasgos f&#237;sicos y morales entre la razas, ofrezcan la visualizaci&#243;n de algunas como &#8220;superiores&#8221; y de otras como &#8220;inferiores&#8221;; radicar la superioridad de una raza en la energ&#237;a que se le atribuir&#237;a con base en algunos ejemplos persona- les circunstanciales y seg&#250;n una visi&#243;n unilateral y autorreferencial de procesos hist&#243;ricos con fuer- tes prejuicios de h&#233;roes y villanos; en fin, hacer radicar el &#8220;car&#225;cter nacional&#8221; exclusivamente en la energ&#237;a de una raza que habr&#237;a intervenido en el proceso de mestizaje con escasas luces; son, sin duda, por decir lo menos, prol&#237;ficas especulaciones filos&#243;ficas de muy alto contenido pol&#233;mico.&lt;br class='autobr' /&gt;
Al margen de que estas generalizaciones racistas sean discutibles desde varios puntos de vista, rela- tivizando su valor inclusive como descripciones &#8220;sociol&#243;gicas&#8221; de la sociedad pace&#241;a a principios del siglo XX; es muy dif&#237;cil admitir, cuando no se tienen prejuicios maduros y en&#233;rgicos, que la ca- su&#237;stica sesgada de experiencias personales, las generalizaciones metaf&#237;sicas l&#225;biles, o las inspira- ciones l&#237;ricas motivadas por una apreciaci&#243;n limitada de la historia, deban orientar, no s&#243;lo la pol&#237;ti- ca educativa del gobierno, sino tambi&#233;n, tendr&#237;an que &#8220;fundamentar&#8221;, el porvenir del pa&#237;s. De esta manera, la denominada por Franz Tamayo, &#8220;filosof&#237;a de la historia boliviana&#8221;, estar&#237;a dibujada en el horizonte pol&#237;tico de Bolivia con el indio y su raza como fundamento y figura central.&lt;br class='autobr' /&gt;
Resulta palmario que entre tales generalizaciones arbitrarias, para Tamayo, el pensamiento filos&#243;fi- co m&#225;s detestado por &#233;l sea la filosof&#237;a de la igualdad, el Iluminismo franc&#233;s, la sistematizaci&#243;n ilustrada que proclamaba la libertad, la fraternidad entre los individuos y el deber de asumir a los dem&#225;s en similares condiciones de dignidad, derechos y obligaciones. El enciclopedismo ser&#237;a una desmoralizaci&#243;n mental en contra de la que resultar&#237;a imperativo generar con vigor, varias pedagog- &#237;as espec&#237;ficas. Por ejemplo, al mestizo, habr&#237;a que ense&#241;arle seg&#250;n el principio: &#8220;poco y bien, y no mucho y mal&#8221;. Seg&#250;n Tamayo, no existir&#237;a otro ideal de la humanidad distinto al de desplegar las fuerzas de la naci&#243;n, pero no para la paz, sino para el poder y el sometimiento; puesto que, en &#250;ltima instancia, todo ser&#237;a &#8220;lucha sin tregua, lucha de intereses, lucha en todo terreno y de todo g&#233;ne- ro&#8221;. La pedagog&#237;a depende del racismo, &#233;ste es el contenido central del pensamiento educativo y fi- los&#243;fico del escritor pace&#241;o.&lt;br class='autobr' /&gt;
Tamayo expuso su concepci&#243;n sobre las relaciones entre las razas se&#241;alando que por detr&#225;s de la aparente estabilidad del derecho, la igualdad, la raz&#243;n y la libertad, aparecer&#237;a una historia de guerra que se realizar&#237;a tanto en el campo de batalla como en el cuerpo del h&#237;brido. Las derrotas y humilla- ciones hist&#243;ricas que mordieron sucesivamente los indios, no tendr&#237;an relevancia. Lo que estar&#237;a en juego ser&#237;a, seg&#250;n &#233;l, qui&#233;n se impone racialmente a su contrario en el inevitable mestizaje. Detr&#225;s del derecho sonar&#237;an los gritos y reinar&#237;a la muerte en los campos de batalla; pero, despu&#233;s, el cru- zamiento que proveer&#237;a al vencedor placer, riqueza y servidumbre, haciendo del vencido el ultraja- do, el explotado y el pongo, significar&#237;a para Tamayo, algo muy distinto: se tratar&#237;a, en verdad, del triunfo del vencido. El mestizo, fruto de la violaci&#243;n y condenado tambi&#233;n a la servidumbre -aunque con algunas prerrogativas y bastante proyecci&#243;n hist&#243;rica-, ser&#237;a la &#8220;revancha hist&#243;rica&#8221; del indio. Curiosamente, la raza derrotada en el campo de batalla, vejada y sojuzgada, tendr&#237;a una verdad oculta, una victoria excelsa por ser la raza m&#225;s fuerte, la m&#225;s en&#233;rgica, la m&#225;s vital, la m&#225;s podero- sa, y en definitiva, la raza superior: superior, aunque parezca incre&#237;ble, a la raza que la venci&#243;.&lt;br class='autobr' /&gt;
Tamayo hostigaba en pensamientos expresados en 1905 y 1924, c&#243;mo la muchedumbre, es decir, el populacho de cholos y blancoides, habr&#237;a tenido la osad&#237;a de incursionar, con pobreza, ruindad y suciedad, inclusive en el arte, enturbiando con su presencia, la calidad y el buen gusto, sin que si- quiera la poes&#237;a quede exenta de tal atropello. En una conferencia de 1912, us&#243; otras expresiones l&#237;ricas y m&#237;sticas con tinte racial: &#8220;La raza, hist&#243;ricamente hablando, es como el &#225;rbol: lo que est&#225; en la ra&#237;z est&#225; en el fruto y en la flor&#8221;, afirm&#243; que Am&#233;rica tendr&#237;a que sobreponerse a las determi- naciones del pasado y a la inferioridad de la raza ib&#233;rica que depravaba al indio con el mestizaje.&lt;br class='autobr' /&gt;
El fil&#243;sofo e historiador franc&#233;s, Michel Foucault, ha investigado la genealog&#237;a de los discursos ra- cistas en Europa. Desde el siglo XVI se habr&#237;a consolidado un discurso de m&#250;ltiples variables con enunciados verdaderos que reivindicar&#237;an los derechos no reconocidos. Fueron alegatos a favor de ciertos actores, sustantiv&#225;ndolos y asign&#225;ndoles una misi&#243;n imaginaria que proyectar&#237;a su raza co- mo un destino m&#237;stico colectivo, recurriendo inclusive a la violencia. El discurso infamante contra los adversarios, las palabras, los contenidos, las motivaciones, las interpelaciones y un conjunto amplio y complejo de actos verbales y simb&#243;licos, expresar&#237;a que la realidad constituida incluir&#237;a, invariablemente, a una raza y sus enemigos. Las reivindicaciones de dicha raza adquirir&#237;an gran po- der de influencia y de circulaci&#243;n, enorme capacidad de metamorfosis y polivalencia estrat&#233;gica, un sentido mesi&#225;nico atribuido a determinados actores quienes ser&#237;an capaces de anunciar un nuevo mundo y construir un orden in&#233;dito. As&#237;, la sociedad es vista de modo dial&#233;ctico y excluyente res- pecto de los enemigos: lucha de razas y enfrentamiento de los opuestos. De la derrota de los susten- tadores del viejo r&#233;gimen, nacer&#237;a seg&#250;n el discurso racista, un nuevo mundo: el orden por el que lucharon los Mes&#237;as y m&#225;rtires de la historia, haciendo del enfrentamiento &#8220;el motor de las institu- ciones y el orden&#8221;.&lt;br class='autobr' /&gt;
Desde su origen en Inglaterra, el discurso de la &#8220;guerra de las razas&#8221;, concibi&#243; que inclusive en los periodos de paz, se har&#237;a, sordamente, la guerra. Frente a los discursos que proclamaban la igualdad y la raz&#243;n, que sustentan el Estado de derecho, la verdad, la justicia y el contrato social; el discurso racista se constituy&#243; en un arma para una victoria expl&#237;citamente segmentaria: ret&#243;rica obscuramen- te cr&#237;tica e intensamente m&#237;tica, expresar&#237;a las amarguras incubadas, las locas esperanzas y la solu- ci&#243;n a los problemas atingentes, estructurales y profundos. En los siglos XVII y XVIII se comenz&#243; a visualizar la sociedad como un escenario de &#8220;guerra de las razas&#8221;: lugar donde el odio y la rebeld- &#237;a destruir&#237;an el viejo orden, articul&#225;ndose bandos que se enfrentar&#237;an y luchasen.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay distintas alternativas para los intelectuales incentivados a teorizar sobre el enfrentamiento ra- cial. Franz Tamayo habr&#237;a presumido el final del r&#233;gimen conservador, el acabamiento de benefi- cios y privilegios de algunos grupos y la consolidaci&#243;n de in&#233;ditos beneficios y privilegios para otros grupos. Dado que la guerra permanecer&#237;a latente, habr&#237;a sentido la responsabilidad de generar acciones preventivas y legales a trav&#233;s del Estado, para que, gracias al poder ideol&#243;gico de la edu- caci&#243;n, &#8220;la raza&#8221; fuese silenciada, desarticulada o cooptada. Habr&#237;a intentado reprimir la explosi&#243;n india con el discurso hiperb&#243;lico sobre la raza ind&#237;gena y convirtiendo a la educaci&#243;n en el medio adecuado para domesticar la energ&#237;a seg&#250;n prop&#243;sitos de civilizaci&#243;n.&lt;br class='autobr' /&gt;
Concebir el racismo como una segregaci&#243;n motivada por el color de la piel, los cabellos, los ojos, la talla, las proporciones o la complexi&#243;n, es reducir el discurso racista a su &#8220;transcripci&#243;n biol&#243;gica&#8221;. Tamayo vivi&#243; en la &#233;poca en la que se produjo tal discurso en Europa. Varias de sus expresiones, respecto de la raza india andina, tienen connotaciones similares a las europeas. Esto es evidente cuando el escritor boliviano atribuye a los indios de los Andes, una superioridad incomparable fren- te a las dem&#225;s, en especial, el blancoide americano.&lt;br class='autobr' /&gt;
Resulta claro que todo discurso que maximiza una raza cualquiera, con independencia de cu&#225;l &#233;sta sea, en detrimento de todas las dem&#225;s, se&#241;alando aspectos f&#237;sicos o corporales como los determinantes de su superioridad, incurre, inobjetablemente, dentro del racismo biol&#243;gico. Que Tamayo no s&#243;lo hable de la superioridad f&#237;sica del indio, sino la extienda a una superioridad moral y, en alg&#250;n sentido, &#8220;intelectual&#8221;; hace de su discurso, de una trascripci&#243;n racista con tinte &#8220;biol&#243;gico&#8221;, una concepci&#243;n racista con alcance &#8220;hol&#237;stico&#8221;. De aqu&#237; que su producci&#243;n intelectual adopte la forma de un m&#233;lange filos&#243;fico, sociol&#243;gico, pol&#237;tico y literario en el que se traslucen prejuicios sobre el mundo, la sociedad, el hombre y la historia con la figura hiperb&#243;lica, rom&#225;ntica, idealizada e inexistente del indio en la c&#250;spide.&lt;br class='autobr' /&gt;
Se trata de textos en los que abundan connotaciones discriminatorias de los blancos y de los mestizos, rebosantes de prejuicios ofensivos y en los que la segregaci&#243;n, la intolerancia y el separatismo educativo con gesto paternalista, est&#225;n sesgados por las preferencias axiol&#243;gicas, &#233;tnicas y culturales de Tamayo que, seg&#250;n &#233;l, se validar&#237;an a s&#237; mismas. La dureza del medio ambiente americano dobleg&#243; al blanco; en cambio, el indio, aunque no comenz&#243; a brillar debido a los tonos oscuros de su naturaleza, habr&#237;a impregnando cada vez m&#225;s con sus firmes y penetrantes rasgos y olores, el escenario americano. As&#237;, se abri&#243; una americanizaci&#243;n que hizo aparecer en el centro al mestizo. Los blancoides, americanos de tez clara y rasgos f&#237;sicos parecidos a los caracteres anglosajones, habr&#237;an perdido las cualidades del &#8220;verdadero&#8221; blanco, del blanco europeo que cre&#243;, difundi&#243; y conservar&#237;a, la civilizaci&#243;n occidental. Los blancoides americanos, clases altas de la ciudad, ser&#237;an inh&#225;biles para toda creaci&#243;n cultural, responsables del atraso, la pobreza y la pereza de las naciones del sur durante cuatrocientos a&#241;os.&lt;br class='autobr' /&gt;
Aunque ninguna raza es &#8220;absolutamente pura&#8221;, aunque los procesos de hibridaci&#243;n racial en los pueblos ser&#237;an complejos y largos, aunque los factores &#233;tnicos ser&#237;an distintos y numerosos en los procesos suscitados en la historia; para Tamayo, resulta absurdo negar que cada raza posea una energ&#237;a diferencial. Las condiciones del medio ambiente influir&#237;an de manera decisiva para configu- rar los rasgos f&#237;sicos, morales e intelectuales; la historia ser&#237;a el escenario de sucesi&#243;n de la grande- za o miseria de las colectividades; pero, en la energ&#237;a de cada raza radicar&#237;a el sustrato de su &#8220;ley biol&#243;gica&#8221;. As&#237;, en 1910 no habr&#237;a blancos en Bolivia, puros ni europeos; e inclusive en los blan- coides bolivianos, pese a su desprecio por el indio y el cruzamiento con sangres ex&#243;ticas, existir&#237;an vestigios de la energ&#237;a primigenia de la raza india.&lt;br class='autobr' /&gt;
Seg&#250;n Tamayo, las culturas occidentales ser&#237;an producto del genio individual estimulado por el esp&#237;ritu nacional. Realizar&#237;an el car&#225;cter pl&#225;stico de los italianos, heredado del sensualismo del Renacimiento; el realismo franc&#233;s que devino del pompadourismo dieciochesco, afeminado y refinado; la energ&#237;a ego&#237;sta, sabia, triste y puritana de los ingleses; y el esp&#237;ritu matem&#225;tico, imperialista, eru- dito, minucioso y hambriento de los alemanes. En las sociedades meridionales, debido a que el ge- nio personal nunca descollar&#237;a, el &#8220;instinto &#233;tnico&#8221; lo habr&#237;a reemplazado: factor del esplendor de las construcciones culturales.&lt;br class='autobr' /&gt;
El racismo hol&#237;stico considera los rasgos f&#237;sicos de las razas superiores como complementarios o ex- presivos de otras caracter&#237;sticas tambi&#233;n superiores. Pautas morales, h&#225;bitos de vida o costumbres de la raza m&#225;xima ser&#237;an superiores por expresar una cultura m&#225;s depurada en cualquier sentido, de hombres m&#225;s fuertes y varoniles y de mujeres m&#225;s bellas y firmes; todos realizando el esp&#237;ritu, alma, energ&#237;a, esencia o substancia suprema en el tiempo y las estirpes.&lt;br class='autobr' /&gt;
Nietzsche tendr&#237;a una curiosa influencia en Tamayo. Seg&#250;n el fil&#243;sofo alem&#225;n, quienes gobernaban en la antig&#252;edad con crueldad, fuerza y energ&#237;a; los de la raza instaurada en el poder, estaban exentos de toda constricci&#243;n social, de toda regulaci&#243;n normativa e impon&#237;an las leyes a su antojo. Tales anima- les rapaces de la selva de la guerra, monstruos que retozaban con el dolor, la muerte, la explotaci&#243;n, los asesinatos, los incendios, las violaciones y las torturas, los petulantes sin remordimiento de con- ciencia; siempre hicieron gala de la mayor tranquilidad de esp&#237;ritu frente a sus peores cr&#237;menes. Fue- ron los &#8220;mejores&#8221; de su medio, las personas moralmente buenas y los modelos que la sociedad deb&#237;a imitar, glorificar y dispensar. Las &#8220;bestias rubias&#8221; fueron las aristocracias romana, &#225;rabe, germ&#225;nica, japonesa, los h&#233;roes hom&#233;ricos y los vikingos escandinavos.&lt;br class='autobr' /&gt;
Seg&#250;n Nietzsche, este estado natural fue deliberadamente pervertido por el cristianismo que apel&#243; a la fuerza reactiva de los sometidos y ultrajados, de las v&#237;ctimas explotadas, los d&#233;biles y los desharrapa- dos. Proclam&#243; que el Reino de los Cielos les pertenec&#237;a y que ellos eran los &#250;nicos seres moralmente &#8220;buenos&#8221;. As&#237; se dio la trasmutaci&#243;n de valores, se instituy&#243; la pobreza y la mansedumbre como vir- tudes, el victimismo y la voluntad nihilista como valiosos; y termin&#243; triunfando el resentimiento, la mala conciencia y la repetici&#243;n de ideales asc&#233;ticos. Las bestias de ayer se hicieron los ejemplos vitu- perados, estigmatizados, despreciados y detestados de hoy: la moral se escindi&#243; de la pol&#237;tica, lo bue- no se separ&#243; de la fuerza y la dimensi&#243;n religiosa se margin&#243; de la vida social activa.&lt;br class='autobr' /&gt;
Tamayo habr&#237;a jugado un rol parecido al del cristianismo: subvertir el orden natural que une la fuerza y la bondad moral. Creer y justificar que pese a las derrotas hist&#243;ricas, pol&#237;ticas y econ&#243;micas; pese a que la raza de los indios habr&#237;a sido secularmente sometida, segregada, oprimida, explotada, humillada, vejada y aplastada; ser&#237;a, en verdad, superior a sus vencedores: los espa&#241;oles.&lt;br class='autobr' /&gt;
Como en el cristianismo, el discurso racista de Tamayo carece de interpelaciones de subversi&#243;n: la energ&#237;a racial india existir&#237;a pero no protagonizar&#237;a ninguna guerra. Tampoco cabe que la voz estent&#243;- rea de alg&#250;n intelectual, pol&#237;tico, amauta y menos un l&#237;der nativo como Wilca Z&#225;rate, instase a que la masa de indios ignorantes se levante contra el orden opresivo. Para Tamayo es inconcebible que hacia 1910, los pongos de hacienda destruyan y cambien el orden de las cosas que prevaleci&#243; por siglos. Su valor, ser la raza superior de Am&#233;rica por su energ&#237;a, se disip&#243; como algo inmanente, inmutable e im- perecedero: pol&#237;ticamente irrelevante y l&#237;ricamente et&#233;reo. Pero este discurso no carece de sagacidad frente a la presencia india en la Revoluci&#243;n Federal: hip&#243;stasis racista que neutraliz&#243; la fuerza mate- rial convirti&#233;ndola en categor&#237;a metaf&#237;sica.&lt;br class='autobr' /&gt;
Como se ha responsabilizado a Nietzsche del holocausto nazi, &#191;tendr&#237;a Franz Tamayo alguna responsabilidad en provocar que algunas tendencias indigenistas o culturalistas en Bolivia pudiesen desembocar en pr&#225;cticas totalitarias cegadas por el racismo? La respuesta como en el caso del fil&#243;sofo alem&#225;n es la misma: no. Si la enfermedad, la ceguera y la precariedad de salud m&#225;s sorprendente en Nietzsche reflejan una imagen especular antit&#233;tica que proclama el &#8220;superhombre&#8221;; de igual forma, los lujos de Tamayo el hacendado, una cultura cl&#225;sica vast&#237;sima, la vida en Europa, una esposa francesa, el dominio de varias lenguas, la posible misantrop&#237;a o al menos la aversi&#243;n a las clases pudientes y blancoides de su tiempo, adem&#225;s de otras peculiaridades de su vida; quiz&#225;s se reflejan especularmente en im&#225;genes antit&#233;ticas: la raza del indio como la superior de Am&#233;rica. Pero, no es apropiado desconocer ni negar a ning&#250;n discurso racista, por muy convincente que pueda parecer la explicaci&#243;n psicoanal&#237;tica de su origen y contenido, que puede motivar riesgos y efectos socio- pol&#237;ticos, beligerantes y antidemocr&#225;ticos.&lt;br class='autobr' /&gt;
Aqu&#237; radica la explicaci&#243;n de la connivencia f&#225;ctica de dos discursos que, siendo aparentemente di- ferentes, compartir&#237;an la misma matriz te&#243;rica de donde provendr&#237;an: la pulsi&#243;n racista. Se trata, por una parte, de los discursos con connotaciones &#233;tnicas, indigenistas, culturalistas o populistas del m&#225;s procaz y acerbo contenido intelectual; y, por otra parte, los discursos con categor&#237;as como la revoluci&#243;n, la justicia, el cambio o el socialismo, rebosantes de alambicadas y permisivas sutilezas ideol&#243;gicas. En breve, el racismo de Tamayo no es reactivo a una connivencia provechosa con dis- cursos marxistas a ultranza.&lt;br class='autobr' /&gt;
Algunas veces se ha referido la egolatr&#237;a de Franz Tamayo, dada la hip&#243;stasis de la raza del indio, mostrada como el cuadro que &#233;l mismo pint&#243;, con los trazos coloreados por la &#8220;leyenda rosa&#8221;, y los rasgos superiores y radiantes de una energ&#237;a alucinante. En el folleto que respondi&#243; a la &#8220;biograf&#237;a fant&#225;stica&#8221; que Fernando Diez de Medina publicara en 1942, obra que Tamayo detest&#243; y pulveriz&#243;, afirm&#243;: &#8220;la sociedad pace&#241;a soy Yo!&#8221;, enfatizando su ego con may&#250;scula y signos de admiraci&#243;n. Tambi&#233;n escribi&#243;: &#8220;Don Franz Tamayo no miente, no ha mentido nunca: la naci&#243;n lo sabe&#8221;. El pen- sador se consideraba un indio y cre&#237;a ser invulnerable por la grandeza inconmensurable de s&#237; mis- mo: &#8220;por mucho que se escupa sobre la monta&#241;a, el Illimani es inmaculable&#8221;. Se cre&#237;a heredero de una raza que &#233;l idealizaba de modo hiperb&#243;lico en detrimento maniqueo de cholos y blancoides.&lt;br class='autobr' /&gt;
La met&#225;fora orogr&#225;fica es la que m&#225;s le gustaba para identificarse a Franz Tamayo. En 1932, pese a que fuera declarado por el Consejo Municipal de La Paz, persona indigna de representar al pueblo, public&#243; el poema en el que se compara a Olympio, el personaje po&#233;tico de V&#237;ctor Hugo, intimista y reconcentrado con quien se identific&#243; el escritor franc&#233;s; pero tambi&#233;n puede haber referencia a Zeus Ol&#237;mpico o a un s&#237;mil tel&#250;rico de Olimpia.&lt;br class='autobr' /&gt;
Tamayo se&#241;al&#243; que su padre y la ascendencia de su familia paterna, estaban emparentados con una familia &#8220;de alcurnia&#8221; pero no hisp&#225;nica, sino de la aristocracia ind&#237;gena de Per&#250;. Los Tamayo ser- &#237;an, seg&#250;n &#233;l, &#8220;pr&#237;ncipes indios&#8221; ennoblecidos por Carlos V, habiendo dado como frutos de la supe- rioridad de la raza aut&#243;ctona, hijos prominentes descendientes de sangre pura: excelsos representan- tes de la sociedad, honrando a Dios, la ley y el honor. Esta tesis referida a la pureza racial de don Franz y su &#8220;estirpe&#8221;, dif&#237;cilmente se explica debido al supuesto desprecio de los Tamayo por que &#8220;la buena sociedad pace&#241;a&#8221; no abriese sus puertas a la madre de Franz, sin ocasionar ira ni misantrop&#237;a en don Isaac.&lt;br class='autobr' /&gt;
Franz Tamayo escribi&#243; que su madre fue una india pura. El &#8220;birlochaje&#8221; habr&#237;a sido absolutamente ajeno a ella: &#8220;india soberbia&#8221;, &#8220;espl&#233;ndida princesa india, seguramente de sangre imperial&#8221;, no habr- &#237;a tenido ni una pizca de anfibolog&#237;a dudosa ni delicuescente en su sangre. Al hablar de su padre re- ci&#233;n nacido, Franz Tamayo lo llama &#8220;bell&#237;simo ni&#241;o&#8221;. Diez de Medina estar&#237;a de acuerdo porque se tratar&#237;a de un hacendado blanco. Al hablar de uno de sus hijos con Luisa Galindo, dice don Franz que era un &#8220;ni&#241;o de fina raza y de faz muy dulce&#8221;. Al parecer, abuelo y nieto, padre e hijo de don Franz, pese a las diferencias de color de piel, pese a cu&#225;n &#8220;tiznado&#8221; podr&#237;a ser el nieto debido a las herencias de la madre y de la abuela paterna, deb&#237;an destacar, uno en grado superlativo por la coin- cidencia con los c&#225;nones est&#233;ticos blancoides, y el otro, por la &#8220;finura&#8221; y los rasgos indios de una cara &#8220;muy dulce&#8221;, aunque no tan &#8220;bella&#8221; como la de su abuelo blanco.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;D&#243;nde queda entonces, el racismo de Tamayo que hac&#237;a radicar la superioridad de la raza india no s&#243;lo en los aspectos morales y en cierta medida, intelectuales, sino tambi&#233;n en los f&#237;sicos? &#191;Hay que presumir que, seg&#250;n &#233;l, el indio ser&#237;a f&#237;sicamente m&#225;s fuerte, en cierto sentido m&#225;s inteligente y, sin duda, moralmente m&#225;s bueno que el blancoide, pero no m&#225;s &#8220;bello&#8221;? &#191;Por qu&#233; la esposa de juventud de Tamayo fue una joven francesa, hermosa seg&#250;n los c&#225;nones parisinos, y evidentemente, no para los andinos?&lt;br class='autobr' /&gt;
Tal esposa se llamaba Blanca &#8211;Blanche Bouyon- y las poes&#237;as referidas a Claribel &#8211;esto es la &#8220;mu- jer brillante&#8221;-, al parecer inspiradas en su esposa francesa, cantan la belleza femenina refiriendo los s&#237;mbolos de la blancura y la claridad: la nieve y el alabastro.&lt;br class='autobr' /&gt;
Oh ma&#241;ana azul y rosa, &lt;br class='autobr' /&gt;
Claribel,&lt;br class='autobr' /&gt;
en que te vi, mariposa, &lt;br class='autobr' /&gt;
Claribel!&lt;br class='autobr' /&gt;
Reina y mujer, ni&#241;a y diosa, &lt;br class='autobr' /&gt;
oro, n&#225;car, nieve y rosa,&lt;br class='autobr' /&gt;
Claribel!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Era real como un astro, &lt;br class='autobr' /&gt;
un sue&#241;o vivo!&lt;br class='autobr' /&gt;
En rosa y alabastro &lt;br class='autobr' /&gt;
fuego cautivo!&lt;br class='autobr' /&gt;
Sin un lamento&lt;br class='autobr' /&gt;
su tumba, el mar! Y s&#243;lo&lt;br class='autobr' /&gt;
la nombra el viento!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Repitiendo la historia de su padre en lo concerniente al fracaso de su primer matrimonio, despu&#233;s de cinco a&#241;os de convivencia y de que su esposa francesa lo dejara regresando a su pa&#237;s, hacia 1910 Franz Tamayo conoci&#243; a Luisa Galindo con quien convivi&#243; y tuvo varios hijos. Es probable que la muchacha aymara inspirara el poema &#8220;Romance aymara&#8221; en el que Tamayo canta tambi&#233;n a la be- lleza femenina, pero esta vez con los colores, las formas, las figuras y los olores andinos, diferentes, sin duda, a los de Francia y el viejo continente:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Qu&#233; sabor tiene el perfume &lt;br class='autobr' /&gt;
que exhala tu obscura tez! &lt;br class='autobr' /&gt;
Como una flor se consume &lt;br class='autobr' /&gt;
mi beso en tu obscura tez. &lt;br class='autobr' /&gt;
&#191;Qu&#233; tibio im&#225;n invencible &lt;br class='autobr' /&gt;
envuelve tu obscura tez? &lt;br /&gt;&lt;span class=&#034;spip-puce ltr&#034;&gt;&lt;b&gt;&#8211;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt; Una v&#237;bora invisible &lt;br class='autobr' /&gt;
verti&#243; su magia en tu tez!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tamayo escribi&#243; que el blancoide que no reconoce a sus v&#225;stagos como mestizos, los hijos de una india, ser&#237;a &#8220;en su alma, en su sangre y en su conducta, m&#225;s pongo que el humilde pongo que le sir- ve&#8221;. Tal, la inferioridad moral blancoide, lo m&#225;s repudiado por &#233;l e &#8220;inferior&#8221; desde todo punto de vista. As&#237;, gracias a la providencial intervenci&#243;n de la prosapia india, habr&#237;a sido posible inocular en el producto h&#237;brido, el mestizo, los valores nativos m&#225;s altos y estimables. Que un indio valore co- mo bell&#237;simo a un blanco o a una blanca, es otra vicisitud racial y parad&#243;jica licencia de una obra en la que el razonamiento conceptual no es lo m&#225;s depurado, coherente, importante ni valioso.&lt;br class='autobr' /&gt;
Las especulaciones filos&#243;ficas del escritor sobre la historia, sus referencias a c&#243;mo la sangre india salvar&#237;a Am&#233;rica, y Am&#233;rica se constituir&#237;a en la salvaci&#243;n de Europa y del mundo, son aseveracio- nes que se sumergen en visiones on&#237;ricas de inspiraci&#243;n po&#233;tica. &#201;stas, que no se ven como opinio- nes, ser&#237;an la captaci&#243;n intuitiva de una nueva era de la humanidad. Nuevas tierras, nuevos hombres &#8211;los mestizos- ser&#237;an los protagonistas de otro comienzo, inclusive para la civilizaci&#243;n europea y cristiana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Seg&#250;n Tamayo, la regla hist&#243;rica de Am&#233;rica ser&#237;a el mestizaje. Si la historia fuese el factor tempo- ral, corresponder&#237;a al medio ambiente constituirse en el factor espacial; ambos formar&#237;an el alma americana. &#201;sta se habr&#237;a afirmado dando lugar a las voluntades, las ideas, las capacidades y los sentimientos colectivos que forman la patria americana en sus diferentes y espec&#237;ficas manifesta- ciones perge&#241;ando aspiraciones e ideales. En Bolivia, la historia y el medio geogr&#225;fico corrugar&#237;an a indios, mestizos y blancos. La energ&#237;a ser&#237;a vern&#225;cula, lo mismo que la fuerza, haciendo del mes- tizo el tronco com&#250;n de la nacionalidad: crisol donde se fundir&#237;an las identidades, aglutinando a los hombres y minimizando las diferencias.&lt;br class='autobr' /&gt;
El mestizo habr&#237;a perdido parcialmente la energ&#237;a primigenia del indio, pero como h&#237;brido represen- tar&#237;a la afirmaci&#243;n de la fuerza y de los rasgos nativos. Contendr&#237;a m&#225;s de indio que de blanco, siendo depositario de la energ&#237;a nacional, brindando a la historia de Bolivia, la oportunidad de plasmar la ley biol&#243;gica: dinamizar la energ&#237;a que es propia de cada raza. Se tratar&#237;a de realizar el car&#225;cter nacional en el genio, la moral y la inteligencia, en las costumbres, los gustos y las tenden- cias, en las afinidades y las repulsiones.&lt;br class='autobr' /&gt;
Puesto que su inteligencia ser&#237;a superior a la del indio, una pedagog&#237;a de disciplina lo convertir&#237;a en buen comerciante, artesano y obrero; tambi&#233;n los mestizos ser&#237;an escritores, abogados, m&#233;dicos y profesionales de desempe&#241;o adecuado, e inclusive, artistas destacados. Tal pedagog&#237;a deber&#237;a ins- truirles contenidos &#250;tiles y pr&#225;cticos. Por su perfil psicol&#243;gico indeseable, extremado en el cholo y motivado por el deleznable acervo cultural europeo, la pedagog&#237;a despertar&#237;a en el mestizo la energ- &#237;a aut&#243;ctona e india que en &#233;l dormir&#237;a. Al reconducir su moral, formar su intelecto y cultivar su in- teligencia, se lo preparar&#237;a para que construya el pa&#237;s, d&#233; sentido a la patria y busque la comuni&#243;n de los elementos heterog&#233;neos, conducentes a aspiraciones e ideales compartidos.&lt;br class='autobr' /&gt;
Para Tamayo el &#8220;cholo&#8221;, el mestizo letrado, expresar&#237;a una mezcla baja de sangres. De car&#225;cter am- bicioso, jimio, vicioso e insustancial, ser&#237;a el portador por excelencia de la corrupci&#243;n y el abande- rado de la desmoralizaci&#243;n. Aspirante a ministro, coronel u obispo, s&#243;lo llegar&#237;a a ser con mucho esfuerzo y pocos escr&#250;pulos, empleado p&#250;blico identificado por su mediocridad, h&#225;bil, sin embargo, para esconder sus sentimientos envenenados, su envidia y sus pretensiones. Los cholos formar&#237;an un ej&#233;rcito de individuos improductivos, socialmente parasitarios y pol&#237;ticamente peligrosos.&lt;br class='autobr' /&gt;
Las especulaciones filos&#243;ficas de Tamayo abundan en sus editoriales y en otras obras. Es hoy in- aceptable que la energ&#237;a nacional est&#233; sustentada por la raza india, la misma noci&#243;n de &#8220;raza&#8221; es ar- bitraria y sesgada. El pensador boliviano deja advertir m&#250;ltiples, ecl&#233;cticas y obsecuentes influen- cias filos&#243;ficas, expresando contenidos m&#237;sticos, gestos rom&#225;nticos y ademanes est&#233;ticos muy traba- jados, expresiones de notoria fuerza te&#243;rica, manifestaciones del pensamiento cl&#225;sico e intenciones de dotar a sus proposiciones de valor cient&#237;fico. En fin, a pesar de que hoy se conocen las nefastas consecuencias pol&#237;ticas de los discursos racistas, pese a que su sustentaci&#243;n es gen&#233;ticamente arbi- traria, no deja de ser sugestivo que el temperamento, la personalidad, las condiciones socio- ideol&#243;gicas de vida de Tamayo, su experiencia personal y de clase, sus prejuicios y sus motivacio- nes, redundaran en un racismo de notable influencia actual en Bolivia.&lt;br class='autobr' /&gt;
Pero, pese a la notoria arbitrariedad de los textos de Tamayo, al margen del valor literario, l&#237;rico y rom&#225;ntico de sus obras; sus proposiciones educativas, su demanda de construcci&#243;n de la conciencia nacional y su interpelaci&#243;n a despertar la energ&#237;a racial, no dejan de ser sugestivas. Que crea que la identidad boliviana deba construirse en contra de un perfil individual y colectivo marcado por el en- claustramiento, la inferioridad y el victimismo, producto de conquistas y usurpaciones sucesivas desde el colonialismo espa&#241;ol hasta la tragedia del Chaco; no carece de inter&#233;s social, pol&#237;tico y psicol&#243;gico. En este sentido, todav&#237;a resuena el imperativo de que el boliviano sea una persona que sepa lo que quiere y que sea capaz de juzgarse. Tambi&#233;n tiene valor estudiar las caracter&#237;sticas, las tendencias y los perfiles de los destinatarios de la educaci&#243;n, considerando las condiciones econ&#243;- micas, sociales e ideol&#243;gicas en las que se desarrolla la formaci&#243;n del indio. Pero, radicar en la raza ind&#237;gena la energ&#237;a para &#8220;crear&#8221; una pedagog&#237;a nacional, exenta del bovarysmo y que proclame la lucha por la existencia seg&#250;n el principio: &#8220;haceos fuertes&#8221;; postular una pedagog&#237;a que, seg&#250;n Ta- mayo, ser&#237;a &#8220;axial&#8221;, no deja de ser una pretensi&#243;n decimon&#243;nica de tono rimbombante carente de factibilidad.&lt;br class='autobr' /&gt;
&#191;C&#243;mo es posible comprender el racismo de Tamayo y c&#243;mo es dable valorarlo? Seg&#250;n &#233;l, sus ase- veraciones ser&#237;an una &#8220;filosof&#237;a&#8221; de la historia dedicada a formar la conciencia nacional. Para acep- tarla, habr&#237;a que asumir el supuesto de que los indios sean depositarios de una energ&#237;a invencible; adem&#225;s, con una dosis suficiente de prejuicios, habr&#237;a que imaginar el pasado como la &#8220;leyenda ro- sa&#8221; lo idealiza rom&#225;nticamente. Tambi&#233;n habr&#237;a que nutrirse de misticismo y creer en la utop&#237;a de regresi&#243;n: final anhelado colectivamente para retornar a un mundo que nunca existi&#243;. Hasta aqu&#237; puede ser inocuo, pero cuando, quienes creen en tales ilusiones, invocan una &#8220;guerra de razas&#8221; o utilizan tales im&#225;genes para la manipulaci&#243;n pol&#237;tica, impeliendo a que de manera entusiasta, surjan los reclutas de una &#8220;lucha de sangres&#8221; mesi&#225;nica, entonces las palabras dejan de ser inocentes y se convierten en instrumentos &#250;tiles para el crimen. La actitud pedag&#243;gica y paternal de Tamayo como formador del indio y de los mestizos para beneficio de la patria, pese a ser preferible, no dispone de la fuerza para controlar el peligro mencionado y la furia racial que el propio discurso del escritor habr&#237;a despertado, seguramente sin querer hacerlo.&lt;br class='autobr' /&gt;
***&lt;br class='autobr' /&gt;
Los gobiernos liberales de principios del siglo XX concibieron una educaci&#243;n laica, proyectaron la educaci&#243;n como medio de integraci&#243;n social y formaron a los indios mediante las escuelas ambu- lantes. Su programa buscaba redimir al pueblo y a las razas aut&#243;ctonas a trav&#233;s de los ejercicios corporales, la orientaci&#243;n psicol&#243;gica y la formaci&#243;n moral, aunque m&#225;s de una manera residual y demag&#243;gica, antes que mediante la implementaci&#243;n efectiva de determinadas pol&#237;ticas de Estado. En verdad, se ocuparon m&#225;s de la formaci&#243;n de maestros para las ciudades.&lt;br class='autobr' /&gt;
Pero, la historia de la educaci&#243;n rural en Bolivia tiene ricas experiencias en las escuelas &#8220;clandesti- nas&#8221; con personajes dram&#225;ticos como los caciques apoderados. Las experiencias m&#225;s decisivas se dieron en la d&#233;cada de los a&#241;os 30, particularmente, la fundaci&#243;n de la escuela ayllu de Warisata. Tal logro fue expresivo del proceso hist&#243;rico liberal y de la influencia de intelectuales, con Franz Tamayo en primer lugar. Tambi&#233;n mostr&#243; el contexto de la Guerra del Chaco y la necesidad de afirmar la identidad despu&#233;s de otra debacle nacional.&lt;br class='autobr' /&gt;
En la primera d&#233;cada del gobierno liberal, las escuelas ambulantes para ind&#237;genas alfabetizaban y ense&#241;aban la doctrina cristiana. Hasta 1905 hubo m&#225;s de medio centenar de escuelas primarias rura- les. En la segunda d&#233;cada se estableci&#243; la primera Normal Rural en Umala, en la provincia Aroma de La Paz; la de Colomi en 1916 como antecesora de la Normal Rural de Vacas de Cochabamba, y la de Puna en Potos&#237;. Otra experiencia fue la escuela de Caquiaviri de La Paz, que prepar&#243; tambi&#233;n a maestros rurales. Pero, desde el principio, prevaleci&#243; la escisi&#243;n entre la formaci&#243;n docente para el mundo urbano y para el mundo rural. Se hizo expl&#237;cita la visi&#243;n diferenciada del hombre y de la mujer que ser&#237;an parte de uno u otro contexto. Esto, aparte de referir cierta antropolog&#237;a filos&#243;fica diferencial, estructur&#243; conocimientos excluyentes y, en definitiva, una educaci&#243;n elitista y espec&#237;fi- ca, o paternalista y dirigida.&lt;br class='autobr' /&gt;
Las Normales Rurales se constituyeron en entidades vivas de las comunidades, pero tambi&#233;n en centros cerrados de formaci&#243;n de maestros, casi exclusivamente dirigidos a los indios o campesinos del lugar, para que alcancen cierto estatus social como maestros de primaria. Deb&#237;an ser reproducto- res, ante los comunarios del entorno, de una fuerte impronta cultural nativa, por lo general, intolerante, racista y reactiva; desplegada con una baj&#237;sima calificaci&#243;n docente. El precio del radicalismo y la exclusividad racial fue en detrimento de la calidad educativa rural. Por otra parte, tal magiste- rio, desde mediados del siglo XX, fue te&#241;ido por la prebenda pol&#237;tica, partidaria o sindical: la retri- buci&#243;n de corrupci&#243;n secular instrumentada para favorecer a los correligionarios, parientes, clientes o amigos, incluso siendo personas analfabetas. Es la venalidad que en las &#250;ltimas d&#233;cadas ha adqui- rido caracter&#237;sticas sociales y pol&#237;ticas end&#233;micas hasta convertirse en lo que hoy predomina en nuestro escenario discursivo fuertemente racista: una venalidad &#233;tnica.&lt;br class='autobr' /&gt;
Hasta hace pocas d&#233;cadas los actores rurales, destinatarios de la educaci&#243;n primaria, no conceb&#237;an como prioritaria la necesidad de que sus hijos aprendieran las primeras letras en la modalidad bilin- g&#252;e. Al contrario, sus expectativas de migraci&#243;n a la ciudad exig&#237;an, de modo imprescindible, alfa- betizarse en la lengua espa&#241;ola. Hoy, gracias a los discursos con inocultable prop&#243;sito de manipula- ci&#243;n ideol&#243;gica, al margen de la supuesta revitalizaci&#243;n de las lenguas originarias como veh&#237;culo de comunicaci&#243;n, se precipita una regresi&#243;n hist&#243;rica, ut&#243;pica y ficticia, de aislamiento racista y de menosprecio de los factores occidentales como componentes de las identidades mestizas. Esto que- da sustentado con la sobrevaloraci&#243;n de viejas y nuevas &#8220;leyendas rosas&#8221; que han diversificado el racismo en torno a los pueblos y las identidades ind&#237;genas. Tal regresi&#243;n da lugar a peligrosas esci- siones pol&#237;ticas. En el peor escenario racista, se advierten proyectos de aislamiento totalitario de ac- tores sociales y pol&#237;ticos con febriles sue&#241;os de extrapolar las categor&#237;as de la insignificante locali- dad rural del altiplano, hundida en la osificaci&#243;n cultural, la xenofobia incoherente y una visi&#243;n end&#243;gena paup&#233;rrima; no s&#243;lo al cant&#243;n y la secci&#243;n, sino a la provincia, al Departamento y al pa&#237;s entero.&lt;br class='autobr' /&gt;
En el otro lado de la medalla, los intentos o proyectos de modernizaci&#243;n de la formaci&#243;n docente di- rigida a profesores del mundo rural, enfoques citadinos que pretendieron imponer l&#243;gicas de efi- ciencia, no han sido exitosos ni hicieron consideraciones culturales. Las pr&#225;cticas, las costumbres, las visiones tradicionales y &#233;tnicas, operan resistentemente contra la modernidad. La balcanizaci&#243;n de la educaci&#243;n rural es defendida indirectamente gracias a un imaginario colectivo que ha aprendi- do a sobrevalorar lo propio como si fuese la &#250;nica posibilidad de organizaci&#243;n de la vida social. Da- das las condiciones de aislamiento de las comunidades agr&#237;colas, no se les puede pedir una visi&#243;n cosmopolita del mundo y de la vida, por ser pueblerinas y herm&#233;ticas. Pero, que una cultura clasi- cista como la de Franz Tamayo, un conocimiento universal, diverso y enriquecido con la vivencia directa de lo m&#225;s desarrollado de Europa, termine por sobrevaluar lo aut&#243;ctono porque es propio o porque identificaba a su ascendencia materna, resulta, al menos, parad&#243;jico. Dicha sustantivaci&#243;n &#233;tnica culturalista perpet&#250;a desde hace ocho d&#233;cadas intensivamente, una formaci&#243;n docente deca&#237;- da, racista y paup&#233;rrima, aumentando la separaci&#243;n econ&#243;mica, social, &#233;tnica y cultural que caracte- riza, sin serlo exclusivamente, hoy m&#225;s que antes, a Bolivia, como un &#8220;pa&#237;s de indios&#8221;.&lt;br class='autobr' /&gt;
S&#243;lo una educaci&#243;n intercultural que forme para reconocer las diferencias y promover la afirmaci&#243;n de las identidades con equidad, superar&#237;a la balcanizaci&#243;n de la formaci&#243;n docente y de la educa- ci&#243;n en Bolivia. Por lo dem&#225;s, la escisi&#243;n entre el orbe urbano y el mundo rural se agudiza, parad&#243;- jicamente, al insistirse en la sustantivaci&#243;n &#233;tnico-culturalista. Tal escisi&#243;n tampoco se resuelve en la historia por el supuesto mestizaje instant&#225;neo al que estar&#237;a condenada la raza blanca, inferior seg&#250;n el racismo de Tamayo. Tal posici&#243;n es otra coartada discursiva que recientemente sirve para que avispados pol&#237;ticos, oportunamente ret&#243;ricos, sean los verdaderos beneficiarios de la supuesta- mente inevitable guerra de las razas entre los indios supremos y los despreciables mestizos y blan- coides. Enfrentamiento supuesto de dos mundos con abismales diferencias de visi&#243;n: simb&#243;licas, afectivas, ideol&#243;gicas y sociales.&lt;br class='autobr' /&gt;
Pese a estas paradojas, desde la &#233;poca liberal ha quedado indeleble en el imaginario ind&#237;gena, que existe una obligaci&#243;n ineludible del Estado de educar al indio. Pese a que la influencia de intelectuales como Tamayo ha devenido en productos hist&#243;ricos controvertidos, ambivalentes, peligrosos, radicales e intolerantes, nunca exentos de las pulsiones totalitarias del poder; han generado una memoria colectiva que, en su aspecto m&#225;s asertivo y encomiable, pol&#237;tica, social e hist&#243;ricamente, concibe desde hace un siglo que la negaci&#243;n del derecho de las comunidades a tener profesores que las eduquen, a tener escuelas primarias y a disponer de centros de formaci&#243;n normalista, implicar&#237;a una retroceso al latifundismo conservador del siglo XIX: el mundo de vida detestado por los indios por ser el orbe expoliador, opresivo y racista. Todo lo que la misma educaci&#243;n les ense&#241;&#243; a repudiar y que no volver&#237;an a tolerar jam&#225;s. De ellos depende que ahora y en el futuro no tomen ni extremen lo que la alfabetizaci&#243;n y la lengua espa&#241;ola les ense&#241;aron a criticar.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Rivadeneira Prada, Ra&#250;l. Presencia permanente de Cervantes y el Quijote en Bolivia</title>
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		<dc:date>2016-03-04T21:32:19Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Tatiana Alvarado Teodorika</dc:creator>



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&lt;p&gt;Presencia permanente de Cervantes y el Quijote en Bolivia RA&#218;L RIVADENEIRA PRADA (leer la presentaci&#243;n) &lt;br class='autobr' /&gt;
Inmensidad de la obra cervantina Situarse en el mundo de Cervantes y el Quijote es como hallarse en medio del mar, a bordo de una fr&#225;gil y diminuta barca, maravillado por su inabarcable inmensidad. &#191;Cu&#225;nto se ha escrito acerca de ellos? Nunca lo sabremos con exactitud. Pero s&#237; sabemos que, despu&#233;s de la Biblia, el Quijote es la obra m&#225;s difundida en espa&#241;ol y que se ha traducido ya a (&#8230;)&lt;/p&gt;


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&lt;a href="https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?rubrique13" rel="directory"&gt;Disertaciones&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Presencia permanente de Cervantes y el Quijote en Bolivia &lt;br class='autobr' /&gt;
RA&#218;L RIVADENEIRA PRADA (&lt;strong class=&#034;caractencadre-spip spip&#034;&gt;&lt;a href='https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?article151' class=&#034;spip_in&#034;&gt;leer la presentaci&#243;n&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Inmensidad de la obra cervantina&lt;br class='autobr' /&gt;
Situarse en el mundo de Cervantes y el Quijote es como hallarse en medio del mar, a bordo de una fr&#225;gil y diminuta barca, maravillado por su inabarcable inmensidad. &#191;Cu&#225;nto se ha escrito acerca de ellos? Nunca lo sabremos con exactitud. Pero s&#237; sabemos que, despu&#233;s de la Biblia, el Quijote es la obra m&#225;s difundida en espa&#241;ol y que se ha traducido ya a m&#225;s de cien lenguas.&lt;br class='autobr' /&gt;
La primera traducci&#243;n a un idioma extranjero (el ingl&#233;s), se la debe al hispanista y esten&#243;grafo brit&#225;nico Thomas Shelton, publicada en 1612. Shelton se bas&#243; en la versi&#243;n espa&#241;ola lanzada cinco a&#241;os antes en Bruselas. La &#250;ltima traducci&#243;n, hasta ahora, es la vaciada al quechua por el peruano Demetrio Tupaj Yupanki, con r&#250;sticas ilustraciones realizadas por habitantes del pueblo de San Juan (Per&#250;). Fue presentada p&#250;blicamente el 12 de mayo de 2006.&lt;br class='autobr' /&gt;
La primera traducci&#243;n al alem&#225;n, data de 1621, se debe a Pahsch Basteln von der Sohle. El hispanista C&#233;sar Oudin la edit&#243; en franc&#233;s en 1614. Lorenzo Franciosini, lexic&#243;grafo y profesor de espa&#241;ol en Siena y Pisa tradujo el Quijote al italiano y lo public&#243; en Venecia, en 1622. Estas son las traducciones m&#225;s pr&#243;ximas a la primera edici&#243;n de la novela.&lt;br class='autobr' /&gt;
La bibliograf&#237;a producida en espa&#241;ol y otras lenguas es incalculable. En s&#243;lo dos a&#241;os (2005-2006), con motivo del IV Centenario de la publicaci&#243;n de la primera parte del Quijote, se han editado en castellano m&#225;s de 400 nuevos libros, seg&#250;n informa Alberto Blecua, en el estudio introductor de una nueva edici&#243;n de la novela, dirigida por &#233;l y publicada en la colecci&#243;n Austral de Espasa Calpe, Madrid, 2007.&lt;br class='autobr' /&gt;
&#191;Qu&#233; se puede decir de Cervantes y del Quijote, que no se haya dicho ya en los &#250;ltimos cuatrocientos a&#241;os? Con ligereza de juicio podr&#237;a suponerse que ya nada queda por decir. Sin embargo, con mejor discernimiento por relecturas de la obra, se puede afirmar que en esta prodigiosa e inagotable cantera a&#250;n hay riqueza inexplotada.&lt;br class='autobr' /&gt;
Actualidad del Quijote&lt;br class='autobr' /&gt;
El Quijote es tan actual como los sucesos cotidianos. Su presencia en nuestras vidas es permanente y sorprendente. &#191;Por qu&#233;? Porque nos toca de cerca y da la mediad de nuestra identidad, no con chauvinismos mezquinos, sino con la esencia de la especie humana, con la cultura universal.&lt;br class='autobr' /&gt;
Recordando las palabras de &#205;talo Calvino digamos que el Quijote es el cl&#225;sico de cada uno de sus lectores: &#8220;Tu cl&#225;sico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo, en relaci&#243;n y a veces en contraste con &#233;l&#8221;, dice el c&#233;lebre escritor cubano-italiano, autor, entre otras obras, del sustancioso ensayo Por qu&#233; leer a los cl&#225;sicos.&lt;br class='autobr' /&gt;
Abunda en este tema el generoso ensayo &#8220;Vigencia del Quijote&#8221;, de Jos&#233; Manuel Mart&#237;n Mor&#225;n, publicado en el Bolet&#237;n de la Real Academia Espa&#241;ola, Tomo LXXXV, enero-diciembre de 2005. Con sobrada raz&#243;n, Claudio Guill&#233;n dice acerca de esto: &#8220;Cervantes (el Quijote), nos sorprende una y otra vez incit&#225;ndonos a examinar cr&#237;ticamente los m&#225;s variados temas, convirti&#233;ndolos en problemas, dramatiz&#225;ndolos mediante di&#225;logos, y considerando su posible proyecci&#243;n en conductas reales y personales&#8221; (Edici&#243;n conmemorativa, del Quijote. Asociaci&#243;n de Academias, Alfaguara, Madrid, 2004).&lt;br class='autobr' /&gt;
La respuesta cr&#237;tica m&#225;s temprana tras la aparici&#243;n p&#250;blica del Quijote parece ser la de John Locke, hacia 1690. En su obra Ensayo sobre la comprensi&#243;n del hombre, el fil&#243;sofo ingl&#233;s escribe: &#8220;Ninguno de los libros de ficci&#243;n que yo conozco se iguala a Don Quijote en utilidad, humor y formidable decoro&#8221;. Daniel De Foe (1720) habla del &#8220;quijotismo de Robinson Crusoe&#8221;.&lt;br class='autobr' /&gt;
Dostoeiwski escribi&#243; en 1840: &#8220;Si este mundo se acabara, y en el otro nos preguntaran qu&#233; hemos aprendido de la vida en la Tierra, y a qu&#233; conclusi&#243;n hemos llegado, bastar&#237;a presentar un volumen del Quijote y decir: Esta es nuestra conclusi&#243;n acerca de la vida. &#191;Pueden por ella inculparnos?&#8221;&lt;br class='autobr' /&gt;
Sigmund Freud le dijo en una carta a su novia Martha Bernais que durante el caluroso verano de 1883 estuvo m&#225;s concentrado en la lectura de Don Quijote que en estudiar la anatom&#237;a del cerebro.&lt;br class='autobr' /&gt;
En la apreciable extensi&#243;n de cuatro siglos con Cervantes y el Quijote, el mundo literario, se transform&#243; y los universos m&#237;stico, pol&#237;tico, social, econ&#243;mico, psicol&#243;gico, encontraron puntas de ovillo para construir teor&#237;as, desgranar ideas, desmadejar hechos y emociones en busca de una mejor comprensi&#243;n de la naturaleza humana.&lt;br class='autobr' /&gt;
Los primeros lectores del siglo XVI hallaron en la novela un motivo de sabroso entretenimiento, calific&#225;ndola como una comedia harto reidera. El Romanticismo del siglo XIX la clasific&#243; como descriptiva y representativa de la ficci&#243;n y la realidad fusionadas.&lt;br class='autobr' /&gt;
El propio vocablo &#8220;Quijote&#8221; ha evolucionado sem&#225;nticamente. Referido a un ser humano, adquiere inicialmente el sentido de loco, disparatado; despu&#233;s, el de sujeto c&#243;mico, burlesco y caricaturesco; en el siglo XIX, pasa a significar &#8220;hombre idealista y rom&#225;ntico&#8221;; en el siglo XX, es paradigma de libertad y justicia. En otros idiomas, se lo ha cubierto con semas opuestos por ejemplo: The Oxford Paperback Dictionary (1998) mantiene el sentido rom&#225;ntico de la palabra cuando registra &#8220;quijotesco&#8221; de este modo: &#8220;quixotic: noble, caballeroso, altruista&#8221;. En cambio, el Deutsches W&#246;rterbuch de Wahring (1994) conserva la significaci&#243;n dada por el Diccionario de Autoridades de 1737 cuando anota: &#8220;Donquichotterie&#8221; (quijotismo), conducta rid&#237;cula destinada al fracaso&#8221;.&lt;br class='autobr' /&gt;
Influencias&lt;br class='autobr' /&gt;
Miguel de Cervantes y el Quijote han tenido y tienen vigorosa influencia en creaciones y recreaciones sobre muchos escritores, contando entre ellos a no pocos bolivianos.&lt;br class='autobr' /&gt;
No cabe duda de la influencia espa&#241;ola en la literatura inglesa. La obra m&#225;s influyente ha sido el Quijote, pero tambi&#233;n lo ha sido el Teatro Espa&#241;ol de los siglos XVI y XVII. Corresponden a esta &#233;poca obras escritas en ingl&#233;s basadas en piezas teatrales espa&#241;olas, por ejemplo, The Island Princes, de Fletcher inspirada en la Conquista de las Islas Malucas, de Leonardo de Argensola, y Rule a Wife and Have a Wife, similar a la obra El sagaz Estacio, marido examinado, de Alonso Jer&#243;nimo de Salas Barbadillo.&lt;br class='autobr' /&gt;
Voltaire dijo: &#8220;Yo soy don Quijote&#8221;. Sim&#243;n Bol&#237;var lanz&#243; una exclamaci&#243;n algo parecida a la anterior: &#8220;Los m&#225;s grandes majaderos del mundo hemos sido Jesucristo, Don Quijote y yo&#8221;. Goethe, (1782) coment&#243; entusiasmado: &#8220;Cervantes es mi chaleco salvavidas en medio del oc&#233;ano de papeles burocr&#225;ticos&#8221;.&lt;br class='autobr' /&gt;
Hoy se sostiene que el Quijote es fuente de la literatura moderna, matriz de la escritura actual y del naciente siglo XXI. Mario Vargas Llosa afirma: &#8220;Aunque no lo sepan, los novelistas contempor&#225;neos que juegan con la forma distorsionan el tiempo, barajan y enredan los puntos de vista y experimentan con el lenguaje, son todos deudores de Cervantes&#8221; (Edici&#243;n conmemorativa del Quijote).&lt;br class='autobr' /&gt;
Al expirar el siglo XIX, Iv&#225;n Turgenev public&#243; en Rusia Hamlet y Don Quijote, una original comparaci&#243;n del origen y arrebatos de locura en ambos personajes. Recu&#233;rdese que Hamlet, de Shakespeare, se represent&#243; en 1603; dos a&#241;os despu&#233;s se public&#243; El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.&lt;br class='autobr' /&gt;
En 1890, el jud&#237;o Mendele Moher Sefarim escribi&#243; una obra imitativa de las aventuras del Caballero Andante y su fiel escudero, a la que titul&#243; Los viajes de Benjam&#237;n III, cuyos personajes tienen gran parecido (por sus sue&#241;os y peripecias) con don Quijote y Sancho Panza, aunque sin armadura, ni caballo ni rucio. (He resumido aqu&#237;, en traducci&#243;n propia, algunas referencias tomadas del ensayo Don Quijote across the Centuries, de Patricia Finch y John Allen, publicado por la Universidad de Yale, New York, 1996.&lt;br class='autobr' /&gt;
Juan Siles Guevara da noticia de que Ricardo Jaimes Freyre escribi&#243; la pieza El mundo de Cervantes y el de don Quijote, as&#237; como una rese&#241;a del libro Vida de Don Quijote y Sancho, de Miguel de Unamuno, ambos trabajos publicados en la Revista de Letras y Ciencias Sociales de Tucum&#225;n, Argentina, sin fecha de edici&#243;n.&lt;br class='autobr' /&gt;
Eduardo Ocampo Moscoso registra en su Historia del periodismo boliviano que a fines de 1898 comenz&#243; a circular en La Paz una hoja dominical titulada Don Quijote, en formato tabloide. El 1 de septiembre de 1899, se fund&#243; en Cochabamba el semanario Sancho Panza, caracterizado por lanzar invectivas en prosa y cuartetos de rima forzada. Al a&#241;o siguiente, se suma a la prensa de La Paz el semanario combativo La Voz de Sancho Panza, ideol&#243;gicamente opuesto a Don Quijote, de la misma ciudad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cervantes y el Quijote en Bolivia&lt;br class='autobr' /&gt;
En una pausa de su extenuante aventura, don Quijote piensa que sus haza&#241;as han suscitado enorme inter&#233;s p&#250;blico. Quiere saber en qu&#233; concepto lo tiene la gente, en qu&#233; nivel se encuentra su reputaci&#243;n. Para esto, m&#225;s que pedirle, le ordena a su compa&#241;ero:&lt;br class='autobr' /&gt;
...y dime, Sancho amigo, qu&#233; es lo que dicen de m&#237; por ese lugar. &#191;En qu&#233; opini&#243;n me tiene el vulgo, en qu&#233; los hidalgos y en qu&#233; los caballeros. &#191;Qu&#233; dicen de mi valent&#237;a, qu&#233; de mis haza&#241;as y qu&#233; de mi cortes&#237;a? &#191;Qu&#233; se platica del asunto que he tomado de resucitar y volver al mundo la ya olvidada orden caballeresca?&lt;br class='autobr' /&gt;
Sancho le da una informaci&#243;n recabada del bachiller Carrasco:&lt;br class='autobr' /&gt;
Me dijo que andaba ya en libros la historia de vuestra merced, con nombre del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.&lt;br class='autobr' /&gt;
Carrasco corrobora la noticia y a&#241;ade:&lt;br class='autobr' /&gt;
Es tan verdad, se&#241;or &#8211;dijo Sans&#243;n&#8211; que tengo para m&#237; que el d&#237;a de hoy est&#225;n impresos m&#225;s de doce mil libros de la tal historia: si no d&#237;galo Portugal, Barcelona y Valencia, donde se han impreso y aun hay fama que se est&#225; imprimiendo en Amberes; y a m&#237; se me trasluce que no ha de haber naci&#243;n ni lengua donde no se traduzca.&lt;br class='autobr' /&gt;
La reputaci&#243;n del Quijote traspas&#243; en poco tiempo los l&#237;mites de su peque&#241;a aldea, pues cuando Cervantes a&#250;n se hallaba escribiendo la segunda parte, circulaban ya traducciones de la primera en ingl&#233;s y franc&#233;s.&lt;br class='autobr' /&gt;
El encargo de don Quijote a su escudero no se lo llev&#243; el viento. Como el bachiller Sans&#243;n Carrasco, muchos voluntarios se han echado sobre los hombros la pesada tarea de indagar qu&#233; se ha dicho y qu&#233; se dice del Ingenioso hidalgo sobre la faz de la tierra. Dos botones de muestra: Finch y Allen rastrearon pistas bibliogr&#225;ficas para legarnos Don Quijote across the Centuries (Don Quijote a trav&#233;s de los siglos).&lt;br class='autobr' /&gt;
El profesor boliviano Luis R. Quiroz toma el lugar de Sancho Panza y oficia de informante para responder a la pregunta &#191;Qu&#233; dicen de don Quijote los habitantes de esta tierra americana que Cervantes eligi&#243; para ser Corregidor? En ese empe&#241;o, Quiroz ha recopilado todo cuanto le ha sido posible, durante m&#225;s de tres lustros, acerca de la presencia de Cervantes y el Quijote en Bolivia, para entregarnos ahora el fruto de sus indagaciones en esta obra de tomo y lomo que testimonia el permanente inter&#233;s de los bolivianos, como en todas partes, por la obra cervantina. Y presenta el libro oportunamente, cuando a&#250;n estamos celebrando el IV centenario del Quijote. Lo incorpora con buena vestidura y s&#243;lido contenido, a la lista de obras similares hechas en pa&#237;ses por donde a&#250;n cabalgan incansables el Caballero de la Triste Figura y su rechoncho compa&#241;ero.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Algo sobre el autor&lt;br class='autobr' /&gt;
Pero, digamos algo acerca del autor de esta haza&#241;a verdaderamente quijotesca, de voluntarioso, noble y desinteresado emprendimiento. Luis R. Quiroz naci&#243; en La Paz, en 1933. Se gradu&#243; de profesor de ingl&#233;s y espa&#241;ol e hizo estudios de docencia en la Universidad de Vermont, EE.UU, donde obtuvo, adem&#225;s, tres maestr&#237;as: una en la Ense&#241;anza del Ingl&#233;s, otra en Educaci&#243;n Superior, y la tercera en Ense&#241;anza del Espa&#241;ol, en 1964, 1966 y 1976, respectivamente. Su experiencia y excelencia docente no se limita a la ense&#241;anza de idiomas, sino que abarca tambi&#233;n una buena porci&#243;n de la literatura, pues en Vermont ha impartido cursos, cuyos t&#237;tulos paso a mencionar: Literatura Espa&#241;ola del Siglo de Oro, etapa a la que pertenecen Cervantes y el Quijote; El Teatro Espa&#241;ol, La Generaci&#243;n del '98, La Novela de la Posguerra Civil Espa&#241;ola y La Novela Espa&#241;ola Contempor&#225;nea.&lt;br class='autobr' /&gt;
Quiroz ha organizado simposios sobre Cervantes y su obra, y veladas universitarias con representaciones de los entremeses cervantinos, entre 1977 y 1985; ha dirigido recorridos de sus estudiantes por las rutas de don Quijote, por medio de recursos gr&#225;ficos y audiovisuales. Con el material reunido en Bolivia y en fuentes documentales de los Estados Unidos, pudo armar la estructura de la obra que hoy presenta, pero no solo eso, sino que el valioso material compilado le sirvi&#243; tambi&#233;n para ofrecer conferencias en ingl&#233;s y en espa&#241;ol. Estos son los t&#237;tulos de sus disertaciones m&#225;s importantes:&lt;br class='autobr' /&gt;
1. Cervantes in Bolivia: Cervantes Wants to be Mayor of La Paz and Clavile&#241;o. Two Plays by Guillermo Francovich. Trabajo preparado para la Convenci&#243;n Nacional Asociaci&#243;n de Estudios Afro-Americanos y de Estudios Hispanos y Latinos de Houston, Texas, mayo de 1997&lt;br class='autobr' /&gt;
2. Cervantes in Bolivia: Don Quixote &#769;s Legacy in Two Bolivian Children Story Writers. Disertaci&#243;n sobre el cuento Don Quijote en el Siglo XX, de Oscar Alfaro y la novela corta Las aventuras de Miguel&#237;n Quijano de Gast&#243;n Su&#225;rez. Universidad de Cincinnati, Ohio, octubre de 1997.&lt;br class='autobr' /&gt;
3. Cervantes in Bolivia: The Painter Sol&#243;n Romero as Spokesman of Don Quixote. Disertaci&#243;n ilustrada con video y transparencias, en la Universidad Hofstra, Nueva York, febrero de 1998.&lt;br class='autobr' /&gt;
4. Cervantes in Bolivia: Don Quixote in the City of La Paz, by Juan Francisco Bedregal. Houston, Texas, julio de 2006.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay m&#225;s referencias y pautas sobre la tesonera dedicaci&#243;n de Luis Quiroz a los estudios cervantinos, pero lo mencionado hasta aqu&#237; es m&#225;s que suficiente para certificar la idoneidad del compilador en la ejecuci&#243;n de un trabajo serio, responsable.&lt;br class='autobr' /&gt;
Las antolog&#237;as re&#250;nen piezas escogidas de obras, generalmente literarias, con brev&#237;simas referencias de sus autores. La compilaci&#243;n acopia obras o fragmentos sin sujetarse a un riguroso criterio selectivo. La compilaci&#243;n es informativa, debe responder a la pregunta &#191;Qu&#233; hay acerca de...? En el caso presente, a la pregunta: &#191;Qu&#233; hay en Bolivia acerca de Cervantes y el Quijote? Quiroz informa que ha encontrado cincuenta y siste trabajos de cuarenta y ocho escritores, cuyas semblanzas dan la medida de sus talentos, aptitudes y destrezas tanto como la talla de sus obras.&lt;br class='autobr' /&gt;
Quiroz registra, pues, en este volumen la mayor parte de cuanto se ha dicho hasta ahora, en Bolivia, sobre don Miguel y don Quijote. Esto por una parte; por otra, ofrece a los lectores res&#250;menes bio-bibliogr&#225;ficos de los autores bolivianos cuyas obras ha compilado. De este modo, presta tambi&#233;n un valioso servicio de difusi&#243;n de nuestros valores literarios, dentro y fuera del pa&#237;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La compilaci&#243;n&lt;br class='autobr' /&gt;
La compilaci&#243;n hecha por D. Luis R. Quiroz pone al alcance de la mano las inspiraciones bolivianas debidas a Cervantes y el Quijote, desde el centenario ensayo Bol&#237;var y Don Quijote, de Jos&#233; Quint&#237;n Mendoza (1893), hasta la reciente novela breve Miguel de Cervantes Saavedra y un amor secreto, de Dora Justiniano de la Rocha (2007).&lt;br class='autobr' /&gt;
El 21 de mayo de 1590, el Manco de Lepanto le pidi&#243; a Felipe II, rey de Espa&#241;a, que le asignara alguno de los &#8220;tres o cuatro oficios que al presente est&#225;n vac&#237;os en las Indias&#8221;, entre ellos el de Corregidor de La Paz. El tenor de esta carta fue dado a conocer por Mart&#237;n Fern&#225;ndez de Navarrete en su obra Vida de Cervantes y despu&#233;s reproducido por D. Marcelino Men&#233;ndez y Pelayo en sus Obras completas. La solicitud cay&#243; en saco roto, porque para ejercer alguno de esos &#8220;tres o cuatro oficios&#8221; hab&#237;a que pertenecer a la nobleza, y, como todos saben, Cervantes era plebeyo. Pero, su anhelo de ser Corregidor de La Paz se salv&#243; de caer en el olvido o de quedar enclaustrado en un anecdotario, de esos que se llenan de telara&#241;as en los s&#243;tanos de las bibliotecas y archivos oficiales, hallando natural refugio en la ficci&#243;n literaria donde los sue&#241;os se hacen realidad. Juan Francisco Bedregal y Ra&#250;l Botelho Gos&#225;lvez lo llevaron al cuento y la novela; Guillermo Francovich al teatro y Gregorio Reynolds a la poes&#237;a.&lt;br class='autobr' /&gt;
El lector tendr&#225; la oportunidad de leer y valorar los 59 trabajos de Cervantes y el Quijote en Bolivia, por ello, y por razones de tiempo, me limito a mencionar los productos m&#225;s destacables, desde mi punto de vista. Adem&#225;s de la obra de Quint&#237;n Mendoza, veo los magn&#237;ficos ensayos de Hernando Sanabria Fern&#225;ndez, Rub&#233;n Carrasco de la Vega y Jorge Siles Salinas; bellos poemas de Abel Alarc&#243;n, Joaqu&#237;n Gantier y Humberto Viscarra Monje; formidables piezas oratorias de Armando Alba, Porfirio D&#237;az Machicao y Carlos Casta&#241;&#243;n Barrientos; sustanciosos art&#237;culos publicados en peri&#243;dicos y revistas con las firmas de Guillermo Francovich, Juan Francisco Bedregal y Ren&#225;n Estensoro Alborta.&lt;br class='autobr' /&gt;
Abren el libro un ordenado y descriptivo pr&#243;logo del autor, y una ilustrativa introducci&#243;n escrita por D. Jaime Mart&#237;nez Salguero.&lt;br class='autobr' /&gt;
Est&#225;n intercaladas en los textos hermosas l&#225;minas de los consagrados artistas Carmen &#193;lvarez Daza, Walter Sol&#243;n Romero y Miguel Yapur Daza.&lt;br class='autobr' /&gt;
Ser&#237;a inexacto decir que esta obra registra el paso de Cervantes y el Quijote por Bolivia, porque no es as&#237;, porque el genial autor y sus fant&#225;sticos personajes no vinieron y se fueron, sino que llegaron para quedarse. Permanecen en las monta&#241;as y el altiplano; en los valles, bosques y llanuras bolivianos.&lt;br class='autobr' /&gt;
Por la magia de las inspiradas creaciones y recreaciones de fecundos escritores, habitan entre nosotros Cervantes, don Quijote, Sancho Panza y Dulcinea; Rocinante y Clavile&#241;o con sus arrebatos, sus alegr&#237;as y tribulaciones; con sus ma&#241;as y figuras. Viven con la gente, est&#225;n en la mentalidad popular llamada tambi&#233;n &#8220;el imaginario colectivo&#8221;, proliferando sus dichos, adagios y refranes, aun en ap&#243;crifas sentencias como la tan difundida &#8220;Sancho, amigo, deja que los perros ladren, se&#241;al de que avanzamos&#8221;, que el hombre com&#250;n toma, sin dubitaci&#243;n, como leg&#237;tima voz del Caballero Andante, sin saber que se apropia, remodelada, de una locuci&#243;n escrita en el siglo XX por el guionista de la pel&#237;cula &#8220;Don Quixote&#8221;, de Orson Welles, en esta forma: &#8220;Ladran, Sancho, se&#241;al que cabalgamos&#8221;. Hermoso dicho que bien podr&#237;a suscribir con agrado el propio Caballero Manchego.&lt;br class='autobr' /&gt;
Esta obra, dig&#225;moslo una vez m&#225;s, da fehaciente testimonio de la presencia permanente de D. Miguel de Cervantes Saavedra y del Quijote de la Mancha en Bolivia. Congratulaciones a su autor por el benepl&#225;cito con que seguramente ser&#225; recibida en el &#225;mbito literario de Bolivia y en el mundo de habla hispana. Le auguramos un &#233;xito editorial rotundo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La Paz, 25 de noviembre de 2009&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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<item xml:lang="es">
		<title>Ordenes, Jorge. La adversidad en la novel&#237;stica de Alcides Arguedas</title>
		<link>https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?article120</link>
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		<dc:date>2016-03-04T21:17:57Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Tatiana Alvarado Teodorika</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Presentaci&#243;n de la tesis de maestr&#237;a del Dr. Jorge Ordenes Lavadenz&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?rubrique13" rel="directory"&gt;Disertaciones&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;LA ADVERSIDAD EN LA NOVEL&#205;STICA DE ALCIDES ARGUEDAS V&#205;VIDA Y VIGENTE&lt;br class='autobr' /&gt;
POR&lt;br class='autobr' /&gt;
JORGE V. ORDENES L. (&lt;strong class=&#034;caractencadre-spip spip&#034;&gt;&lt;a href='https://www.academiadelalengua-bo.org/spip.php?article147' class=&#034;spip_in&#034;&gt;leer la biograf&#237;a&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;)&lt;br class='autobr' /&gt;
La narrativa del pensador boliviano Alcides Arguedas D&#237;az viene a ser un llamado al orden y a la legalidad, sobre todo con respecto al Art&#237;culo 7 de la Constituci&#243;n Pol&#237;tica del Estado -que, entre otras cosas, estipula el derecho a una remuneraci&#243;n justa por el trabajo realizado. Las novelas de Arguedas son tambi&#233;n un pedido simb&#243;lico a los bolivianos a dejar de jugar a tener un pa&#237;s, y un postulado doloroso de edificaci&#243;n de Bolivia lanzado desde un positivismo social cr&#237;tico en boga en Am&#233;rica durante las primeras d&#233;cadas del siglo veinte.&lt;br class='autobr' /&gt;
En muchos sentidos, la obra de Arguedas es un llamado vigente, ahora en los a&#241;os enfilados al dos mil. Es vigente porque el campesino todav&#237;a est&#225; sumido en el atraso, sufre el peor &#237;ndice de mortalidad infantil del continente, y sus hijas contin&#250;an llenando las mal pagadas vacantes de puestos de servidumbre en las ciudades, contribuyendo as&#237; a que la clase urbana pobre crezca. La clase urbana menos pobre en su conjunto exhibe poca capacidad de despegue moral, en un statu quo. repleto de gente presupuest&#237;vora que ejerce su oficio en un medio carente de un poder judicial que haga respetar el contrato y la propiedad, am&#233;n de otros derechos constitucionales; mientras los ricos bolivianos saborean su condici&#243;n de primer mundistas en nuestro tercer mundo: &#034;Lo cierto es que Arguedas hac&#237;a blanco de sus ataques a poderosos intereses creados&#034;. 1/&lt;br class='autobr' /&gt;
Arguedas nace en La Paz, el 16 de julio de 1879, &#233;poca en que la hija predilecta de Sim&#243;n Bol&#237;var sangra debido a su incapacidad de mantenerse territorialmente &#237;ntegra. Arguedas es corresponsal de El Comercio en 1898; se grad&#250;a de abogado en 1903; viaja a Francia y Suiza en 1904; se casa con Laura Tapia y viaja nuevamente a Par&#237;s como segundo secretario de la legaci&#243;n de Bolivia en 1910; luego de un tiempo en Buenos Aires, renuncia a la diplomacia en 1913; es elegido diputado nacional por el partido liberal en 1916; es suspendido por la misma c&#225;mara en 1918; es delegado de Bolivia en la firma del Tratado de Versalles y concurre a la iniciaci&#243;n de la Liga de las Naciones en 1918; se lo nombra c&#243;nsul general en Par&#237;s en 1922, y en el barco que lo lleva a Europa conoce a Gabriela Mistral; adquiere una casa-quinta en Couilly Seine sur Marne, muy cerca a Par&#237;s, en 1924; una encuesta lo declara el autor m&#225;s le&#237;do de Bolivia en 1927; es nombrado ministro en Colombia, pero se lo suspende por sus cr&#237;ticas al presidente Hernando Siles en 1929; es nombrado c&#243;nsul general en Par&#237;s en 1930, de donde regresa cuatro a&#241;os m&#225;s tarde; el 19 de noviembre de 1935 muere su esposa; es v&#237;ctima de una desafortunada agresi&#243;n por parte del entonces presidente de la rep&#250;blica, Germ&#225;n Bush, en 1938; es elegido jefe del partido liberal y sale senador por La Paz, y luego se lo nombra ministro de agricultura, en 1940; es nombrado ministro de Bolivia en Venezuela en 1941; regresa a Bolivia y viaja a Buenos Aires por razones de salud en 1944; muere en Chulumani en 6 de mayo de 1946, unos meses antes de que se pendiese de un farol de la Plaza Murillo de la ciudad de La Paz, al presidente de la Rep&#250;blica. 2/&lt;br class='autobr' /&gt;
A fin situar la contribuci&#243;n de Arguedas a la literatura en torno al indio y su condici&#243;n hist&#243;rico-socio-pol&#237;tica, cabe decir que la literatura indianista, predecesora de la indigenista, &#034;parece haberse iniciado en Cuba como protesta contra la esclavitud con Francisco, de Anselmo Su&#225;rez,&#034; 3/ escrita hacia 1838 y publicada en 1888. Gertrudiz G&#243;mez de Avellaneda, en su novela Guatimoz&#237;n (1846) establece la utilizaci&#243;n rom&#225;ntica del tema, aunque la evocaci&#243;n del M&#233;xico de Moctezuma es ex&#243;tica. Parece que el punto de partida del tema indianista con fondo sociol&#243;gico se da en la novela poem&#225;tica Cumand&#225; (1871), del ecuatoriano Juan Le&#243;n de Mera, donde el recurso del alzamiento ind&#237;gena, si bien ven&#237;a germin&#225;ndose desde la rebeli&#243;n de Enriquillo, no se hab&#237;a manifestado con el encono de los j&#237;baros de Cumand&#225;. De corte social es la novela Aves sin nido (1889), de la prosista peruana Clorinda Matto de Turner. Sin dejar de ser rom&#225;ntica, esta novela se&#241;ala la transici&#243;n hacia la novela indigenista propiamente dicha que se escribi&#243; despu&#233;s de 1890. En Bolivia, cabe destacar el notable y pionero ensayo de reclamo sociol&#243;gico en favor del indio del oriente boliviano: Informe que eleva al ministerio de guerra el delegado nacional en el Territorio de Colonias, Rodolfo Ara&#250;z, publicado en La Paz en 1912. En este reclamo Ara&#250;z presenta, en estilo literario, una serie de proyectos para mejorar la condici&#243;n del indio boliviano. Todos ellos influenciaron la novela Raza de bronce (1919), que inicia la novela indigenista de contenido sociol&#243;gico-pol&#237;tico de Am&#233;rica, y precede lo que vino a llamarse la novela de compromiso socio- pol&#237;tico de los a&#241;os 70: Arguedas se mostr&#243; &#034;en&#233;rgico determinante de la cruda vivacidad de su obra poligr&#225;fica, de ensayista, historiador, periodista y valioso narrador imaginativo&#034;. 4/&lt;br class='autobr' /&gt;
A trav&#233;s de su narrativa, y tambi&#233;n su obra ensay&#237;stica, Arguedas aparece azarosamente solitario, mesi&#225;nico, itinerante; predicando su visi&#243;n de testigo de un per&#237;odo brutal y fat&#237;dico en la historia del pa&#237;s. Hombre enamorado de las letras, se educ&#243; y autocultiv&#243;; af&#225;n que lo condujo a estudiar la historia de Bolivia; a calar, catar y tasar el pensar y el proceder del boliviano. Opt&#243; por el punto de vista de su &#233;poca: positivista, sociol&#243;gico, moralizante; y habl&#243; y escribi&#243;, hasta de razas, sobre todo en su ensayo Pueblo enfermo (1909). Era la &#233;poca de Wilhelm Schafer, Hip&#243;lito Taine, Gustavo Le Bon, Ramiro de Maeztu, Carlos Octavio Bunge, C&#233;sar Zumeta, Jos&#233; Ingenieros, Mac&#237;as Picavea, &#193;ngel Ganivet y otros cient&#237;ficos de la sociolog&#237;a. Sus novelas Pisagua (1903), Vida criolla (1912), y Raza de bronce (1919), cuyo germen fue Wata wara (1904), tambi&#233;n se dan desde el punto de vista sociol&#243;gico. Tres novelas que cumplen, quiz&#225; mejor que Pueblo enfermo, por su realismo naturalista y cadencia est&#233;tica, la tarea de contextualizaci&#243;n de una cr&#237;tica que, a manera de cruzada, se autoasigna Arguedas.&lt;br class='autobr' /&gt;
Aparte del relato realista, la protesta en las novelas de Arguedas se da por medio de la contextualizaci&#243;n de s&#237;mbolos crom&#225;ticos, sinest&#233;sicos, impresionistas, expresionistas y hasta esperp&#233;nticos. El repetido paisaje gris y nublado, las tormentas vallunas, los perros raqu&#237;ticos, las aguas sedientas de sangre, el lodo, la flora y la fauna hostiles, el hombre y sus creencias, son s&#237;mbolos realista-naturalistas de una circunstancia dif&#237;cil, boliviana, que duele al autor; son paradigmas fenom&#233;nicos de la enfermedad que aqueja al pa&#237;s. Enfermedad causada por los bolivianos y sus man&#237;as que Arguedas expone. Su deseo es plantearla, iluminarla, de modo que, al vislumbrarla, el mismo boliviano indio y no-indio procure tomarla en serio para erradicarla en bien de todos. Su didascalia da cuenta de la barbarie en busca de la civilizaci&#243;n. Para Arguedas civilizar es identificar, aislar y plantear el desvalor; destacar los valores, transar, acordar, edificar con entendimiento, sentido de prop&#243;sito y equidad. Su planteo, en mi opini&#243;n, es edificante, y, en muchos sentidos, repito, vigente. &#8220;El tono sombr&#237;o y negativo de la cr&#237;tica de Arguedas, ambos muy exacerbados, le han valido la acusaci&#243;n injusta de antipatri&#243;tico, cuando en verdad lo que tiene es un pesimismo que nace de su honda y dolorosa preocupaci&#243;n por la enfermedad que cree haber descubierto en su pueblo&#8221;. 5/&lt;br class='autobr' /&gt;
No es malo el boliviano, dir&#237;a Arguedas: mala es su actitud &#034;cholesca&#034; (o sea actitud destructiva por sus dosis de envidia, malicia, incumplimiento e ignorancia), fruto de una sicolog&#237;a acomplejada que cunde tanto en el &#034;blanco&#034; como en el mestizo y el indio, seg&#250;n Arguedas. Pero vayamos por partes.&lt;br class='autobr' /&gt;
Para efectos de este trabajo he estructurado la contextualizaci&#243;n de Arguedas en tres partes, seg&#250;n aparecen en Pisagua, Vida criolla y Raza de bronce: el contexto del medio (rural y urbano), el contexto del hombre boliviano (el indio y en no-indio), y el contexto sicol&#243;gico (el indio y el no- indio).&lt;br class='autobr' /&gt;
EL MEDIO&lt;br class='autobr' /&gt;
1. El fondo de tierra&lt;br class='autobr' /&gt;
Arguedas contextualiza la condici&#243;n de v&#237;ctima del indio boliviano. El &#034;Tata&#034; viene a ser, el hombre &#034;blanco&#034;, o el mestizo explotador, hacendado, opresor y detentador del poder pol&#237;tico y social del pa&#237;s. El paisaje gris y triste, las caracter&#237;sticas amedrentadoras de la topograf&#237;a del collao, los r&#237;os, el mar, la fauna, la flora, connotan esa desigual, legendaria e injusta pugna entre hombres, ahora bolivianos, desorientados por su interesada &#8212;y &#233;ticamente desvirtuada&#8212; interpretaci&#243;n de la historia. As&#237;, Arguedas, sabiendo que al desvirtuar la historia se altera el presente y se perjudica el porvenir, ensombrece a sabiendas el fondo tel&#250;rico, el medio ambiente de su novel&#237;stica, en busca de la contextualizaci&#243;n de su cr&#237;tica del boliviano. Raza de bronce empieza as&#237;:&lt;br class='autobr' /&gt;
El rojo dominaba en el paisaje. Fulg&#237;a el lago como un ascua a los reflejos del sol muriente. Y, tintas en rosa, se destacaban las nevadas crestas de la cordillera por detr&#225;s de los cerros grises que enmarcan al Titicaca poniendo blanco fest&#243;n a su cima angulosa y resquebrada, donde se deshac&#237;an los restos de nieve que recientes tormentas acumularon en sus oquedades. 6/&lt;br class='autobr' /&gt;
El color rojo, el &#034;sol muriente&#034;, las &#034;tintas en rosa&#034;, los &#034;cerros grises&#034;, los &#034;restos de nieve&#034;, denotan la t&#243;nica esencialmente, pesimista, triste y frustrada de Arguedas. El lector capta la insinuaci&#243;n est&#233;tica estructurada en un af&#225;n sociol&#243;gico: el rojo significa sangre, sufrimiento, adversidad; el gris denota senectud, desuso, decadencia; el blanco de la nieve representa la magnitud del escenario de la Cordillera de los Andes. Luego la escena se enriquece s&#250;bitamente con el ingreso de la se&#241;ora india Wata Wara cuyo rostro se muestra &#034;requemado por el fr&#237;o&#034; y por &#034;el cortante aire de la sierra&#034;.&lt;br class='autobr' /&gt;
&#191;Podr&#237;amos arg&#252;ir que el ambiente arguediano se muestra adverso al indio? En primera instancia dir&#237;amos que no, ya que el indio y el altiplano, la sierra, se identifican desde hace siglos; sobre todo antes de la Conquista europea. En segunda instancia debemos decir que s&#237;, porque en esa circunstancia geogr&#225;fica el indio cuenta con pocos recursos o, mejor dicho, se le limitan los recursos que posibiliten su reivindicaci&#243;n. De ah&#237; que Arguedas insista en un clima hostil y adverso a las necesidades y aspiraciones de superaci&#243;n y dignidad del aut&#243;ctono. Otros autores bolivianos, alej&#225;ndose de Arguedas, aluden a lo hostil, pero sin descartar el encanto del Altiplano. A manera de comparaci&#243;n veamos lo siguiente: &#8220;Es la tristeza hecha tierra, imagen que, a manera de una definici&#243;n gr&#225;fica de la gran meseta, ha sido repetida por otros escritores,... La nota grave, serena, mon&#243;tona y triste es la que, en efecto, predomina en el paisaje altipl&#225;nico; y sin embargo, dentro de ella misma. &#161;Cu&#225;ntos matices henchidos de atracci&#243;n y profundo encanto...!&#8221; 7/&lt;br class='autobr' /&gt;
Jaime Mendoza describe la tristeza como consustancializada con la tierra; aunque esa tristeza- tierra se eleve sentimentalmente en virtud a la adjetivaci&#243;n de encanto &#8212;lo que denota una voluntad menos entristecida e entristeciente que la de Arguedas. Esa alusi&#243;n al encanto est&#225; ausente en Alcides Arguedas, ya que su intenci&#243;n es asociar la melancol&#237;a del paisaje con las condiciones adversas en que desvive el indio:&lt;br class='autobr' /&gt;
El lago, desde esa altura, parec&#237;a una enorme brasa viva. En medio de la hoguera saltaban las islas como manchas negras, y en el estrecho de Tiquina, encajonado al fondo entre dos cerros fing&#237;an muros de un negro azulado, daba la impresi&#243;n de un r&#237;o de fuego viniendo a alimentar el ardiente caudal de la encendida linfa. La llanura escueta de &#225;rboles, desnuda, alarg&#225;base negra y gris en su totalidad. Un silencio envolv&#237;a la extensi&#243;n y dir&#237;ase muerto el paisaje, si de vez en cuando no se oyese a lo lejos el medroso sollozar de la quena de un pastor. 8/&lt;br class='autobr' /&gt;
Descontando el af&#225;n preciosista de Arguedas, propio de su &#233;poca en otros novelistas como Manuel D&#237;az Rodr&#237;guez, Carlos Reyles, Enrique Larreta, Rafael Ar&#233;valo Mart&#237;nez, Augusto D'Halmar, Pedro Prado, &#193;ngel Estrada, Enrique G&#243;mez Carrillo, y otros, observamos su preferencia por el color rojo, por su asociaci&#243;n con lo atemperado; en contraste con lo caracter&#237;sticamente fr&#237;o de la regi&#243;n geogr&#225;fica que describe. &#034;Dir&#237;ase muerto el paisaje&#034;, aunque m&#225;s bien ese paisaje se reivindica en lo est&#233;tico y arrullador del &#034;sollozo de la quena de un pastor&#034;. Tierra ingrata y pastor se confunden en una posibilidad ecl&#233;ctica que habilita el camino a la acci&#243;n civilizadora, a la posible reivindicaci&#243;n. Tal conjunci&#243;n se torna menos preciosista, y m&#225;s sociol&#243;gicamente militante en pos del cambio, en la novel&#237;stica posterior a la de Arguedas, y en funci&#243;n a su contribuci&#243;n pionera. As&#237;, a manera de comparaci&#243;n, en Aluvi&#243;n de fuego: &#8220;El altiplano de lomo hirsuto, que peinan ch&#250;caros vientos de la cordillera, se mostraba encendido por ese sol de vidrio de las ma&#241;anas. Melod&#237;a de charangos y de ponchos en que se perciben infinitos resplandores musicales, que son como un cabrilleo electrizado y lunar que produce el contrapelo de los jaguares&#8221;. 9/&lt;br class='autobr' /&gt;
Aluvi&#243;n de fuego fue escrita cuando el cruce de corrientes narrativas regionalistas, esteticistas, y a&#250;n s&#250;per-regionalistas, era un hecho en la novel&#237;stica hispanoamericana, junto al planteo social, pol&#237;tico y econ&#243;mico de los pa&#237;ses.&lt;br class='autobr' /&gt;
En la novel&#237;stica de Arguedas, el agua, por ejemplo, en sus diferentes manifestaciones, comparte el contexto con el fondo de tierra para dotarlo de fuerza, voracidad y hasta patetismo. El mar, en constante di&#225;logo con las canteras de Pisagua, se niega a permanecer boliviano: &#8220;Eran las doce del d&#237;a. Un sol quemante y asfixiador ca&#237;a a plomo sobre la cabeza de los combatientes que doblegados, rendidos por el cansancio, a&#250;n peleaban (...). El mar, tranquilo hasta entonces, comenzaba a irritarse dando golpes sobre las rocas donde estaban encubiertos los bolivianos, que diezmados...&#8221;. 10/&lt;br class='autobr' /&gt;
El mar no quiso ser boliviano. El cansancio de Bolivia era hist&#243;rico. La incompetencia castrense de algunos militares bolivianos se manifestaba desde entonces. La mayor parte de los sectores civiles tampoco descollaron en de la defensa del Litoral, excepto en Calama, con los civiles Eduardo Abaroa, y otros. La mayor parte estaba enfrascada en luchas internas que ten&#237;an como escenarios el medio rural y urbano, con secuelas de pugnas y violencias hasta entrado el siglo veinte.&lt;br class='autobr' /&gt;
El indio llev&#243; la peor parte. Los cuatro indios viajeros, de la primera parte de Raza de bronce, lo significan: cumplir con el mandato del terrateniente, pese a todo, para lograr sobrevivir en terrible adversidad: &#034;Hay una profunda actitud revolucionaria en el esquema general de Raza de bronce. La descripci&#243;n tel&#250;rica corresponde al paisaje social, en lo pol&#237;tico&#034;. 11/ El campesino oprimido se ve obligado a proteger los intereses del hacendado opresor de apellido Pantoja:&lt;br class='autobr' /&gt;
Lleg&#243; la noche. Una noche obscura, perfumada y fr&#237;a. Los viajeros descargaron las bestias,... tendieron mantas... y a poco se elevaron los ronquidos fuertes y nada acompasados. Despertaron a eso de media noche, tiritando de fr&#237;o. Una obscuridad profunda e impenetrable rodeaba todo y se o&#237;a caer con fuerza el ruido de una lluvia torrencial. Despertaron mojados, y se dieron prisa en colocar la carga bajo el alar del techo, del que ca&#237;an hilos de agua tibia. 12/&lt;br class='autobr' /&gt;
Lo mismo expuso, a su modo, en su momento, sobre el medio pune&#241;o, el novelista ecuatoriano Jorge Icaza, sobre todo en su novela Huasipungo (1934). Y sobre un medio tropical, lo hace tambi&#233;n el novelista colombiano Jos&#233; Eustasio Rivera, en su novela La vor&#225;gine (1924). Icaza escribe as&#237;:&lt;br class='autobr' /&gt;
Anochec&#237;a en las monta&#241;as cuando los indios,... llegaban desfallecidos y chorreando agua por las esquinas de los ponchos al galp&#243;n donde pasaban la noche. La lluvia que arrecia por momentos, el croar de las ranas, el viento que silba en el chuz&#243;n desvencijado y el silencio de los peones que se van acurrucando uno a uno por los rincones de la estancia hace m&#225;s angustiosa la hora,... 13/&lt;br class='autobr' /&gt;
Los indios de Arguedas, camino del Altiplano a los valles, rememoran adversidades en primera persona, atildando el mensaje de protesta:&lt;br class='autobr' /&gt;
Entre tanto, el ruido del r&#237;o crec&#237;a m&#225;s y m&#225;s. Era como si cajones enteros de cohetes reventasen en el espacio... De repente me pareci&#243; sentir que el agua entre mis pies tomaba mayor violencia e iba aumentando de caudal. Al mismo tiempo hacia la playa sent&#237;a ruidos intermitentes y poderosos... &#161;Conoc&#237;a de sobra ese ruido! Una vez que se le oye, ya no se le confunde m&#225;s con ning&#250;n otro... se nos ven&#237;a encima la mazamorra... Al amanecer no quedaba casi nada del pueblo. 14/&lt;br class='autobr' /&gt;
Los poblados son mayormente de indios, y cuando se produce el desastre, son ellos los que mueren, y no los hacendados que viven en las ciudades. La injusticia rinde su veredicto en medio de toneladas de lodo e infortunio. &#8220;El r&#237;o es traicionero, veleidoso e implacable, hoy corre por aqu&#237;, socava el terreno y lo derrumba. En vano se ponen muros a su veloz corriente, &#161;oh, ellos bien conoc&#237;an el r&#237;o! Toda su vida no era sino una constante lucha contra &#233;l. Lucha tenaz, porfiada, perenne, eterna &#161;Pero &#233;l siempre triunfante, siempre desbastador, siempre terrible!&#8221;. 15/ Al intentar salvar una ac&#233;mila que hab&#237;a ca&#237;do en la corriente, se ahoga el indio Manuno, quien &#034;ciego ante el peligro, dej&#243; la recua y se lanz&#243; corriente adentro, en auxilio de su bestia... lleg&#243; un aullido horrendo que nada ten&#237;a de humano&#034;. 16/&lt;br class='autobr' /&gt;
A manera de comparaci&#243;n, veamos c&#243;mo el novelista colombiano Jos&#233; Eustasio Rivera describe una muerte similar, tambi&#233;n en son de protesta social: &#8220;... el embudo tr&#225;gico [de una cascada] los sorbi&#243; a todos. Los sombreros de dos n&#225;ufragos quedaron girando en el remolino... El espect&#225;culo fue magn&#237;fico. La muerte hab&#237;a escogido una muerte nueva contra sus v&#237;ctimas, y eran de agradecerle que nos devorara sin verter sangre, sin dar a los cad&#225;veres livores repulsivos&#8221;. 17/&lt;br class='autobr' /&gt;
Por algo se clasifica a Eustasio Rivera entre los escritores superregionalistas de Hispanoam&#233;rica. Hay que tener un tipo de naturaleza muy pat&#233;tico &#8212;o por lo menos detallarlo pat&#233;ticamente&#8212; para expresar regocijo por un tipo de muerte, el que sea, en primera persona. La naturaleza, o sea la adversidad, de Arguedas se muestra menos voraz que la del colombiano ya que, luego, por ejemplo, el cad&#225;ver de Manuno dar&#225; en una orilla de donde ser&#225; recogido por sus compa&#241;eros. En Rivera, como en Arguedas, existe el &#233;nfasis de presentar un medio sediento de vidas humanas; aunque en el colombiano, ese &#233;nfasis se muestra m&#225;s pronunciado, sard&#243;nico, expresionista- naturalista, y de ancha brocha donde cabe hasta el humor. Arguedas busca desplazarse del contexto de lucha contra la naturaleza hacia una protesta revolucionaria. A Rivera interesa el infierno verde en que act&#250;an sus personajes, aunque retiene su enfoque de la situaci&#243;n humana en las caucher&#237;as del Casanare colombiano. Salvando distancias de tiempo, con Arguedas de iniciador, existe una preocupaci&#243;n sociol&#243;gica com&#250;n en Arguedas, Icaza y Rivera, que ser&#225; recogida por la narrativa posterior, incluyendo la novel&#237;stica de Aluzio Azevedo, Gabriel Garc&#237;a M&#225;rquez, Alejo Carpertier, Augusto Roa Bastos, Manuel Mej&#237;a Vallejo, entre tantos otros.&lt;br class='autobr' /&gt;
Pisagua incluye un episodio donde las aguas acopian fuerza metaf&#243;rica de la adversidad boliviana.&lt;br class='autobr' /&gt;
Esta vez Arguedas combina el hecho hist&#243;rico con la defensa del mar boliviano. Alejandro Villarino, protagonista principal de Pisagua, encuentra su muerte &#8212;y por lo tanto el fracaso total, incluso el amoroso&#8212; cuando las aguas del Pac&#237;fico se al&#237;an a la metralla chilena para sellar simb&#243;licamente la mediterraneidad de Bolivia. El cuadro destella por la representaci&#243;n de un sacrificio in&#250;til. Arguedas seguramente dir&#237;a que ni un gran n&#250;mero de actos de arrojo suicida, como el de Villarino, hubieran evitado la derrota de Bolivia. Cuando lo obvio era, en su momento, organizar el pa&#237;s para la guerra a toda costa, y a todo costo, en defensa del Litoral. No fue as&#237;, y tal desalienta a autor al punto de inspirar en &#233;l el siguiente cuadro pat&#233;tico en contenido, aunque delicadamente est&#233;tico en estilo:&lt;br class='autobr' /&gt;
&#161;Vida Bolivia! grit&#243; cuando &#233;stas [las olas] imprimieron un beso amargo en sus labios, grito que fue contestado por una descarga que, interrumpiendo ese silencio augusto, levant&#243; en su redor una lluvia de agua... se le vio agitar la bandera con un estremecimiento de muerte y enseguida desaparecer en el soberbio elemento. Las olas, al cerrarse encima de su cabeza, recogieron un grito solemne y extra&#241;o a la vez: &#034;&#161;viva Bo... Sara!&#8221;. 18/&lt;br class='autobr' /&gt;
Este episodio conmueve cuando se sabe que Sara, amada de Alejandro en la novela, tambi&#233;n tuvo que recibir el beso de &#233;l antes de morir; mientras la flora y la fauna hostiles de Arguedas nuevamente significan la intrascendencia de los pocos valores positivos que el autor observa entre los habitantes de la llanura altipl&#225;nica.&lt;br class='autobr' /&gt;
Sobre el suelo de la llanada, duro como la piedra, no medraba ni la m&#225;s peque&#241;a hierba. Hecho de argamasa, arena, y lodo batido y rodado por muchas pendientes, su tierra no lleva la virtud germinativa, y tienen que caer sobre ella muchas lluvias y polen de flores para redescubrirse en partes con el verdor de plantas in&#250;tiles, que en su af&#225;n de vivir, ser&#237;an capaces de echar ra&#237;ces sobre el mismo hierro batido. 19/&lt;br class='autobr' /&gt;
Si al imaginarnos un indio boliviano nos hici&#233;ramos la idea de un hombre risue&#241;o, sano, alegre a su manera, optimista, y motivado a mejorar; y si tales caracter&#237;sticas hubieran sido observadas por Arguedas, ese lugar de &#034;plantas in&#250;tiles&#034; le hubiera inspirado una descripci&#243;n quiz&#225; m&#225;s buc&#243;lica, menos pesimista. Lo negativo resalta en s&#237;mbolos e im&#225;genes donde la est&#233;tica quiz&#225; sea, barrocamente, la &#250;nica cadencia optimista del autor pace&#241;o. La mala legislaci&#243;n del boliviano con poder, sobre el boliviano con menos poder, inquieta al autor. Por otra parte y desde el punto de vista ecol&#243;gico, se adelanta m&#225;s de medio siglo en enunciar la fragilidad del medio ambiente. &#8220;... el mismo lago [Titicaca], siempre pr&#243;digo en dones, ahora se mostraba esquivo con sus riquezas de peces, aves y totoras, explotadas sin medida ni control desde tiempo inmemorial, hasta el punto de agotarse d&#237;a a d&#237;a por falta de una rudimentaria legislaci&#243;n que resguarde el raro tesoro de su fauna y flora, &#250;nicas en el mundo&#8221;. 20/&lt;br class='autobr' /&gt;
Pero la ecolog&#237;a preocupa poco a Arguedas, su af&#225;n es sociol&#243;gico:&lt;br class='autobr' /&gt;
Aqu&#237; [en el Altiplano] no basta prever, porque la naturaleza parece dormir y nada puede el esfuerzo del hombre, ante los rigores y la inclemencia del clima. El ser que vive aqu&#237;, el indio, s&#243;lo tiene una cosa para resistir los embates del cielo: la humildad de su vida m&#225;s que pobre... No le es dable forzar la tierra para obligarla a producir, porque la energ&#237;a de los brazos no puede nada contra las fuerzas implacables de los elementos o agentes naturales. 21/&lt;br class='autobr' /&gt;
Arguedas se desola al notar la escasez de una actitud pr&#225;ctica ante la vida &#8212;tan proclamada por la escuela positivista. El contextualiza el paisaje despu&#233;s de catar al hombre desorientado. Busca que el hombre modele el terreno y no el terreno al hombre:&lt;br class='autobr' /&gt;
Todo all&#237; era barrancos, desfiladeros, laderas empinadas, insondables precipicios. Por todas partes saltaba el nevado alto, deforme, inaccesible, soberbiamente erguido en el espacio. Su presencia aterrorizaba y llenaba de angustia el &#225;nimo de los pobres llaneros. Sent&#237;anse vilmente empeque&#241;ecidos, impotentes, d&#233;biles. Sent&#237;an miedo de ser hombres. 22/&lt;br class='autobr' /&gt;
El reto de la naturaleza debe afrontarse con inteligencia y audacia, si se busca doblegarlo. La barbarie comienza con el b&#225;rbaro que desconoce su barbarie al resistir el cambio. El clamor de Arguedas se nutre de la barbarie del blanco y del mestizo. El indio es m&#225;s v&#237;ctima, pero v&#237;ctima que puede y debe reaccionar.&lt;br class='autobr' /&gt;
Habiendo deslindado el fondo tel&#250;rico-ambiental en la novel&#237;stica de Alcides Arguedas, como una gran met&#225;fora del drama humano de Bolivia, queda la estructura de asociaciones entre ese fondo, y las situaciones humanas que aparecen en las novelas. Se trata a continuaci&#243;n del fondo urbano.&lt;br class='autobr' /&gt;
2. El fondo urbano&lt;br class='autobr' /&gt;
Al estudiar aspectos del fondo urbano, sobre todo de Vida criolla, debemos recalcar la funci&#243;n acopiadora del autor. Su mente acopia impresiones con el prop&#243;sito de cambiarlas de atuendo y de perspectiva, para exhibirlas como entes significantes de la adversidad en que vive la mayor parte de los bolivianos, desde el aparapita hasta el mandam&#225;s. Arguedas viene a ser el acopiador de impresiones, sensaciones e impulsos que alcanzan temperatura cr&#237;tica, antes de convertirse en literatura. As&#237;, el contexto urbano de su narrativa se plasma enfermizo.&lt;br class='autobr' /&gt;
Por Arguedas nos percatamos que all&#237; el humano propende a realizar poco, a presenciar m&#225;s que a actuar, a disfrutar ese presenciando, as&#237; como la presencia, de la gente que, por otra parte, disfrutan de lo mismo. Es un c&#237;rculo repetitivo de nacimiento, bautismo, confirmaci&#243;n, casorio, procreaci&#243;n y senectud sin mayor pretensi&#243;n. Mundillo de estulticia y ceguera social donde la envidia, el inter&#233;s creado, la hipocres&#237;a, son partes de una realidad social emplazada en la inercia de la inacci&#243;n.&lt;br class='autobr' /&gt;
Al autor poco interes&#243; la posible idoneidad que ofrezcan unos cuantos individuos en contraste con el irresponsable comportamiento de los m&#225;s. Su prop&#243;sito fue pregonar verdades inc&#243;modas para la mayor&#237;a de los bolivianos pese al costo social que tal le signific&#243;. Bolivia es un pueblo, el pueblo es gente y la gente forma los centros urbanos que Arguedas &#8212;en el caso del trayecto urbano y suburbano que va del Prado a Aranjuez, en La Paz&#8212; lo describe as&#237;:&lt;br class='autobr' /&gt;
Los, coches, saltando por los baches y envueltos en nubes de polvo, salieron del Prado y emprendieron por la ancha y sinuosa avenida bordeada de eucaliptus y sauces llorones. Verdeaban los &#225;rboles por el primaveral reto&#241;o, poniendo alegre nota en la vasta aglomeraci&#243;n de cerros grises y resquebrajados que cierran el valle por los costados, dejando al fondo ancha v&#237;a de espacio, limitada primero por las cumbres atormentadas y rojizas de Aranjuez, luego, y encima, por las cenicientas del Alto de las &#193;nimas, que medio velan la perspectiva de la real cordillera, y, por fin, Illimani, cuya eviterna nieve fulg&#237;a a esa hora del medio d&#237;a. A ambos lados del camino en las faldas de los pelados montes, sembrad&#237;os de patatas y ma&#237;z, en pleno brote, hac&#237;an menos ingrata la visi&#243;n del yermo. 23/&lt;br class='autobr' /&gt;
Los &#034;cerros grises y resquebrajados&#034;, cumbres atormentadas y rojizas&#034;, &#034;faldas de los pelados montes&#034;, &#034;ingrata visi&#243;n del yermo&#034;, de la regi&#243;n suburbana sur de La Paz obviamente preparan el &#225;nimo del lector para lo que viene luego, que se anticipa como poco halag&#252;e&#241;o. Y as&#237; acontece. El contexto general de Vida criolla es de desaliento. Con el mismo desaliento escribir&#225;n novelistas bolivianos como Armando Chirveches, Oscar Cerruto, y Carlos Medinaceli. Es que Bolivia es un desaliento. Chirveches, por ejemplo, amigo de Arguedas, dice en La candidatura de Rojas que se publica cuatro a&#241;os despu&#233;s que Vida criolla:&lt;br class='autobr' /&gt;
El amanecer del d&#237;a de las elecciones fue triste,... algunas calles hall&#225;banse convertidas en ci&#233;nagas y lodazales y desde los tejados decr&#233;pitos, el agua se escurr&#237;a por goteras interminables que ba&#241;aban a los transe&#250;ntes en plena v&#237;a p&#250;blica. El cielo, de un color gris desesperante, no ten&#237;a trazas de cambiar de color;... tornaba grises hasta las monta&#241;as lejanas, envueltas por casi transparentes telones de niebla que ning&#250;n rayo de sol llegaba a descorrer. 24/&lt;br class='autobr' /&gt;
&#034;D&#237;a triste,&#034; &#034;ci&#233;nagas,&#034; &#034;color gris,&#034; &#034;telones de niebla,&#034; ausencia de sol&#034;, recuerdan el contexto arguediano de s&#237;mbolos que reflejan una realidad humana. Chirveches, entre otros, reconoce el m&#233;rito de tal contextualizaci&#243;n. Y as&#237; podr&#237;amos sacar citas afines de Aluvi&#243;n de fuego y de La Chaska&#241;awi. El punto que busco recalcar es que en estos narradores se destaca un quehacer de presentar-reflejando la problem&#225;tica socio-pol&#237;tica de Bolivia. De all&#237; que existan opiniones, sin duda acertadas, sobre el mensaje pionero de Arguedas. La siguiente ser&#237;a un ejemplo: &#8220;Este libro [Raza de bronce]... deja planteado un importante problema social sin dar la soluci&#243;n... Dio... un trozo de vida henchido de sugesti&#243;n reformista y revolucionaria que, a la vuelta de treinta y cuatro a&#241;os, habr&#237;a de recogerse en el primer intento de reforma antifeudal del agro: 1953. 25/&lt;br class='autobr' /&gt;
Seguramente Alcides Arguedas hubiese querido ser testigo de la implementaci&#243;n de la reforma agraria boliviana de 1953. Aunque, 41 a&#241;os despu&#233;s del hecho, todav&#237;a impera la confusi&#243;n an&#237;mica en el campesino boliviano, acarreado al siglo veinte con la utop&#237;a de un decreto, que, sin un asidero administrativo serio y id&#243;neo, todav&#237;a est&#225; lejos de satisfacer. Concretamente, la falta de caminos, escuelas, servicios de salud y, sobre todo, la ausencia de servicio de justicia elemental &#8212;y el respectivo tinglado institucional &#161;y constitucional! que la imparta&#8212; mantienen vigente, a fines del siglo veinte, en una gran medida, el contexto simb&#243;lico-pol&#237;tico-social de las novelas de Arguedas. Por eso este estudio.&lt;br class='autobr' /&gt;
Adentr&#225;ndonos algo m&#225;s en el contexto urbano de la narraci&#243;n y su significado, abordemos el asunto del carnaval pace&#241;o, seg&#250;n lo describe el autor, presagiando lo que habr&#237;a de escribir sobre la fiesta en su Historia General de Bolivia, donde nuestro autor cita al diplom&#225;tico argentino D&#225;maso Uriburo: &#8220;Eran, dice, los d&#237;as de carnaval y entreg&#225;ndose hab&#237;a el s&#225;trapa ind&#237;gena a sus vulgares placeres, a la raz&#243;n que recibiera la noticia de la ocupaci&#243;n militar de Antofagasta. El efecto que deb&#237;a producir a Bolivia tan inesperado acontecimiento, turbar pod&#237;a las fiestas, por lo que se propuso ocultarlo hasta de sus mismos favoritos y confidentes&#8221;. 26/&lt;br class='autobr' /&gt;
El &#034;s&#225;trapa ind&#237;gena&#034; en este contexto viene a ser posiblemente el general Hilari&#243;n Daza, presidente de Bolivia durante los carnavales de 1879. Caudillo b&#225;rbaro lo llam&#243; Arguedas. Al episodio total de la Guerra del Pac&#237;fico identific&#243; como la verg&#252;enza m&#225;s grande de la historia de Bolivia. &#191;Y el carnaval pace&#241;o? Arguedas lo describe as&#237;:&lt;br class='autobr' /&gt;
... se&#241;alando a los m&#225;scaras, que por grupos iban y ven&#237;an rompiendo con sus gritos y cantos incoherentes, tristes y licenciosos, el pesado sopor de la urbe, cuyas calles sinuosas perd&#237;an sus l&#237;neas en la sombra. Marchaban m&#225;scaras sudorosos, fatigados, hambrientos. Cinco horas llevaban de correr la ciudad de un extremo a otro y eran pocas las casas donde se bailaba. 27/&lt;br class='autobr' /&gt;
&#191;C&#243;mo no va a causar estupor el hecho de que, por repetir escenas como &#233;sta, Bolivia, en parte, haya perdido su litoral? &#191;No es motivo de amargura hist&#243;rica el que la mueca carnavalesca todav&#237;a se nos r&#237;a ante el desacierto de la autoridad? La verdad es que el general Hilari&#243;n Daza debi&#243; haber iniciado la inmediata defensa del salitre, el cobre, el oro, la salida al mar, y, sobre todo, del territorio y, por lo tanto, de la dignidad de Bolivia. Arguedas, por intermedio de su personaje Carlos Ram&#237;res, resume el sentir de entonces respecto a las celebraciones de carnaval: &#034;!Que gente tan est&#250;pida, por Dios! &#161;Lo peor que a esto llaman divertirse!&#034; 28/ La vida debe ser muy dura para hombres y mujeres bolivianos cuyo momento de desahogo m&#225;ximo gire alrededor de unos cuanto d&#237;as de carnaval. Parecer&#237;a que perder el juicio, y el quicio, por unos d&#237;as, en pos de un descanso, justificase el costo. &#8220;Y comenzaron a beber de las copas servidas de cerveza, sedientos, hidr&#243;pitos, con ansias, hasta con c&#243;lera. Algunos cog&#237;an dos copas y mientras consum&#237;an la ocultaban la otra bajo la capilla del domin&#243; o detr&#225;s de la espalda. Otros m&#225;s pr&#225;cticos, hac&#237;an desaparecer las botellas en el amplio capuch&#243;n de las mangas&#8221;. 29/&lt;br class='autobr' /&gt;
Mientras tanto, Pisagua, en marzo de 1879, seg&#250;n Arguedas, luc&#237;a as&#237;: &#034;... ciudad triste como un cementerio y en la que, si algo se oye, es el rugido del oc&#233;ano que se retuerce con furor de fiera enjaulada.&#034; 30/ Y en opini&#243;n precipitada de Augusto Guzm&#225;n:&lt;br class='autobr' /&gt;
La impresi&#243;n madura del libro [Vida criolla] es algo fuerte y amarga. Una sociedad hip&#243;crita y villana en una peque&#241;a ciudad aldeana que el autor llama &#034;urbe&#034; y cuyas virtudes nada tienen que ver con el prop&#243;sito de se&#241;alar sus vicios... El argumento se reduce a la descripci&#243;n, en escenas sucesivas, de la vida que hacen en La Paz a fines del siglo anterior los j&#243;venes intelectuales y de sociedad. 31/&lt;br class='autobr' /&gt;
Discrepo. Alcides Arguedas no tiene como prop&#243;sito describir virtudes y vicios de la sociedad, en el sentido de que su contexto abarca lo negativo con prioridad. Ese contexto se afirma en una voluntad cr&#237;tica, por momentos apasionada; porque en la Bolivia de fines de siglo diez y nueve y comienzos del veinte, el hacendado abusa al campesino, el due&#241;o de minas abusa al minero, el patr&#243;n abusa empleado, el gobernante abusa del gobernado en detrimento del progreso nacional. De esa gama de abusos habla Arguedas, y a ella se refiere en su contextualizaci&#243;n. Guillermo Francovich lo corrobora: &#8220;Aunque sus investigaciones [de Arguedas] estaban consagradas a la historia y a la sociolog&#237;a, no era el conocimiento puro de la realidad social lo que &#233;l buscaba en ellas, sino la oportunidad para exteriorizar la protesta de su esp&#237;ritu angustiado por el espect&#225;culo que le ofrec&#237;a la vida nacional&#8221;. 32/&lt;br class='autobr' /&gt;
Tambi&#233;n lo postula Carlos Medinaceli: &#8220;Se ha dicho que Arguedas es un pesimista. En realidad lo es. Lo es temperamentalmente. Pero su pensamiento es sano, vigorizador de la voluntad de creaci&#243;n y poder como el padre Zaratustra, o, m&#225;s propiamente, si no queremos irnos tan alto, estimulador de la acci&#243;n como los &#034;regeneracionistas&#034; del 98 espa&#241;ol, Costa y Ganivet&#8221;. 33/&lt;br class='autobr' /&gt;
A prop&#243;sito de que si la sociedad descrita por Arguedas es totalidad, o una parte, del &#225;mbito urbano de La Paz, cabe citar la opini&#243;n de Fernando D&#237;ez de Medina &#8212;opini&#243;n desconcertante por lo categ&#243;rica de un autor que nunca acept&#243; la cr&#237;tica arguediana&#8212; que Dice que las descripciones de Arguedas constituyen una &#034;h&#225;bil pintura de la sociedad pace&#241;a al comenzar el siglo&#034;. 34/ Yo dir&#237;a que, en vez de &#034;h&#225;bil&#034;, es una agria pintura. Y otra opini&#243;n incluso m&#225;s precipitada: &#034;Vida criolla es un resumen de las reacciones mestizas ante las urgencias sociales de la ciudad pace&#241;a, ciudad en formaci&#243;n. 35/ Yo dir&#237;a que en Bolivia y de bolivianos solamente hay reacciones mestizas. Las reacciones indias quiz&#225; sean el motivo de la opini&#243;n de D&#237;az Machicado.&lt;br class='autobr' /&gt;
Considero que la verdad es que a Arguedas &#034;le duele Bolivia&#034;, &#8212;como a Unamuno, por esa misma &#233;poca, le doli&#243; su Espa&#241;a&#8212; mientras que a D&#237;ez de Medina parece que Bolivia duele muy poco, o quiz&#225; nada. A Augusto Guzm&#225;n duele la parte mala, advirtiendo la existencia de otra parte m&#225;s bien buena. A D&#237;az Machicado &#161;duele el mestizo pace&#241;o! Bueno, que cada uno de nosotros derive su propia dosis de dolor de acuerdo a lo que duela o no duela. Lo incontrovertible es que Bolivia perdi&#243; su salida al mar; perdi&#243; el Acre y el Chaco, necesit&#243; una revoluci&#243;n y muchos muertos para llegar a la reforma agraria, etc.; y todav&#237;a, en 1994, se halla reducida a ser catalogada como el pa&#237;s m&#225;s atrasado de Suram&#233;rica, pese las privatizaciones, reformas decentralizantes, cambios de ministerios y de ministros, entre otras cosas.&lt;br class='autobr' /&gt;
Ya que estamos en esto, reconozcamos la necesidad arguediana de explicar estas medidas, en forma persuasiva y constante, al pueblo de Bolivia &#8212;que es despu&#233;s de todo due&#241;o de lo que se quiere privatizar, comprometer y compartir con la inversi&#243;n extranjera. La ausencia de tales explicaciones justifica la oposici&#243;n a tales medidas, o buena parte de ellas. Oposici&#243;n y descontento &#8212;por no decir confusi&#243;n y traj&#237;n lento&#8212; que actualmente entorpece la acci&#243;n de los poderes ejecutivo, legislativo, y, desde luego, el judicial &#8212;si es que &#233;ste cuenta en Bolivia. De aqu&#237; la renovada actualidad del contexto arguediano, de su despliegue cr&#237;tico, que, si bien doli&#243; en su &#233;poca y duele hoy, tambi&#233;n ayuda a plantear una buena parte de la problem&#225;tica social. Acept&#233;moslo con gallard&#237;a: todav&#237;a pretendemos resolver problemas sin plantearlos debidamente. Ya el significado de este debidamente constituye un reto en Bolivia. Sin plantear y comprender los problemas nacionales, dif&#237;cilmente los resolveremos. Arguedas los comenz&#243; a plantear como nadie lo hab&#237;a hecho.&lt;br class='autobr' /&gt;
II. EL HOMBRE&lt;br class='autobr' /&gt;
1. El indio&lt;br class='autobr' /&gt;
Desde el punto de vista jur&#237;dico-social, la protesta contra el mal trato que se da al indio americano se remonta a principios del siglo diez y seis, cuando el padre Las Casas eleva a la conciencia y al conocimiento de las autoridades de la Corona, la forma abusiva en que el europeo trata al indio. Desde Alonso de Ercilla, tambi&#233;n en el siglo diez y seis, viene recurriendo el tema del indio, su historia y circunstancia, como fuente de inspiraci&#243;n literaria. Recordemos que durante el siglo diez y ocho, escritores franceses como Montaigne, Voltaire, Mamortel y otros, utilizan el tema en funci&#243;n y prop&#243;sito, sobre todo, de la Leyenda Negra contra Espa&#241;a: &#034;La interpretaci&#243;n ut&#243;pica de la vida del ind&#237;gena en Am&#233;rica antes de la conquista y la emoci&#243;n de filantrop&#237;a ante el indio fueron los matices esenciales de la literatura indianista en Francia hasta fines del siglo diez y ocho&#034;. 36/&lt;br class='autobr' /&gt;
Esa tradici&#243;n europea sostiene la tesis del llamado &#034;buen salvaje&#034;, que de revote da lugar a la contrapartida de &#034;mal civilizado&#034; o &#034;mal conquistador&#034;, es decir &#034;mal espa&#241;ol&#034;; o sea hombre blanco malo. El hacendado boliviano descrito por Alcides Arguedas en Raza de bronce no deja de ser corroboraci&#243;n de la tesis de &#034;mal hombre&#034; due&#241;o de vidas y haciendas.&lt;br class='autobr' /&gt;
Aqu&#237;, como un aparte necesario, cabe recalcar que tal tesis est&#225; lejos de abarcar las grandes y nobles cosas y hechos de Espa&#241;a en Am&#233;rica, de los que hay infinidad. Con s&#243;lo recordar que Bartolom&#233; de las Casas, Antonio de Montesinos, Alonso del Espinal &#8212;espa&#241;oles que tuvieron que ver con la elaboraci&#243;n del primer c&#243;digo de legislaci&#243;n a favor de los indios, conocido como las Leyes de Burgos, promulgadas en diciembre de 1512&#8212; adem&#225;s de Mat&#237;as de Paz, Miguel de Salamanca, Sebasti&#225;n Ram&#237;rez de Fuenleal, Antonio de Le&#243;n Pinelo, entre tantos otros. Y en lo que vino a ser Bolivia: Luis de Rivera, Mart&#237;n de Barco Centenera, &#193;lvaro Alonso Barba, Victoriano de Villalva, e incluso creo que el primer ministro de finanzas de Bolivia, Facundo Infante, eran todos espa&#241;oles de nacimiento que, como muchos otros espa&#241;oles de intachable trayectoria moral, contribuyeron positivamente al progreso de Bolivia.&lt;br class='autobr' /&gt;
Seg&#250;n Arguedas, la iniciativa del indio por lo general se manifiesta con relaci&#243;n al mundo y al tiempo inmediato, careciendo de suficiente emotividad para concebir idealismo. A&#241;ade que escasean en &#233;l la voluntad y el deseo de cambio. Observa y sufre por y ante el &#034;blanco&#034; y el mestizo, con pasmo e impotencia. Sobrevivir es su consigna, aunque los avatares de su forma de pensar rara vez le han permitido conducir su a&#241;oranza de libertad y justicia a la acci&#243;n reivindicadora sostenida. Cuando esto ha sucedido, hist&#243;ricamente, el resultado ha sido el fracaso. Como ilustraci&#243;n, cabe decir que, seg&#250;n la historiadora Scarlett O'Phelan Godoy, hubo nada menos que 140 rebeliones en el Per&#250; y Alto Per&#250;, entre 1708 y 1793, casi todas dirigidas por mestizos y/o criollos. Jos&#233; Gabriel Condorcanqui, alias T&#250;pac Amaru, era mestizo. La adversidad social en Raza de bronce se manifiesta pues en la contextualizaci&#243;n de la explotaci&#243;n. Se da porque Arguedas postula en &#250;ltima instancia la alterabilidad, o m&#225;s precisamente, la reivindicabilidad socio-pol&#237;tica del indio, pese a criticar su inapetencia.&lt;br class='autobr' /&gt;
V&#237;ctima de su propia historia, el indio aparece en la escena arguediana deviniendo su infortunio ante seres humanos (otros bolivianos) que, con su religi&#243;n cat&#243;lica y su Constituci&#243;n Pol&#237;tica de Estado, desde 1825, preconizan de dientes para fuera la justicia y la ley equitativas para todos los nacionales mientras explotan al indio, o se muestran indiferentes ante esa explotaci&#243;n: Arguedas recoge la causa, habiendo otros que la comentan: &#034;Con la tan ponderada guerra de emancipaci&#243;n no se lleg&#243;, como se cre&#237;a, a la anulaci&#243;n de las clases sociales, ideal al que se tend&#237;a; ellas contin&#250;an primando en el decurso de la rep&#250;blica y subsiste hasta nuestros d&#237;as&#034;. 37/&lt;br class='autobr' /&gt;
Arguedas tambi&#233;n hab&#237;a recogido la causa: &#8220;La vida es un combate rudo e incesante entre todos los elemento de la naturaleza y entre todos lo seres vivos de la creaci&#243;n; una cruel y enorme carnicer&#237;a en la que los m&#225;s fuertes viven a costa de los menos fuertes&#8221;. 38/&lt;br class='autobr' /&gt;
En esos lugares &#034;el hombre sobrevive ofuscado consigo mismo, y... habla con voz gangosa, apenas perceptible porque un enorme bocio le cubre la garganta, y es encorvado, canijo, y de una palidez cadav&#233;rica&#034;. 39/ El indio existe embotado en la adversidad de los elementos, incluyendo vicios, y en el caos de su historia. El hacendado &#034;blanco&#034; o el mestizo reinan: &#8220;&#161;Buenas tardes, tatitos! &#161;Buena tardes mamitas! saludaron [los indios] al entrar al patio, quit&#225;ndose los sombreros. Llegaban sudorosos, agitados, con los pies y los zapatos emblanquecidos por el polvo, vorazmente hambrientos, rabiosamente anhelosos de agotar fuentes, cascadas y mares de chicha y aguardiente&#8221;. 40/&lt;br class='autobr' /&gt;
Para Arguedas, Bolivia toda, como naci&#243;n, paga el alto costo de la explotaci&#243;n del boliviano por el boliviano. &#191;Y el gobierno? &#191;Y la pol&#237;tica? Usufruct&#250;an del estado de cosas:&lt;br class='autobr' /&gt;
Calle abajo, en desorden, ven&#237;an grupos de chiquillos precediendo a la comparsas de bailarines ind&#237;genas que avanzaban lentamente soplando en sus zampo&#241;as tristes ... Detr&#225;s de las comparsas varios cholos conduc&#237;an a distancia de varios metros dos bandas de tela blanca desplegadas en todo lo ancho de la calle y sobre las que, en letras negras, los partidarios hab&#237;an pintado dos inscripciones: &#161;&#161;&#161;VIVA EL ECRECIO CIUDADANO DON COSME ENDARA!!! &#161;&#161;&#161;VIVA EL GRAN PARTIDO!!! 41/&lt;br class='autobr' /&gt;
Los indios bailan pese a la falta del derecho al sufragio. Indios tristes con suertes negras desde el momento que se entregaron al derrotismo, al hambre:&lt;br class='autobr' /&gt;
El hambre hace estragos en la regi&#243;n. Diariamente se ven ambular por los caminos polvorosos y secos caravanas de dolientes. Van en pos de la parihuela sobre las que saltan formas r&#237;gidas de cuerpos cubiertos con oscuros crespones, y se oyen los pla&#241;ideros acentos con que se despiden los abandonados y malhayan el rigor de hados implacables que consienten la aniquilaci&#243;n por hambre de vidas humanas. 42/&lt;br class='autobr' /&gt;
Los &#034;hados implacables&#034; son los due&#241;os del destino del indio, o sea los hacendados y sus amigos que, por otra parte, no se limitan a ejercer su poder en Bolivia. El novelista ecuatoriano Jorge Icaza tambi&#233;n recurre al tema del hambre. Est&#225; expuesto en Huasipungo, en forma directa y desafiante. Arguedas se muestra m&#225;s sereno. El novelista peruano Ciro Alegr&#237;a utiliza el hambre como recurso arribado. En la novela El mundo es ancho y ajeno, la comunidad de Rumi se da inicialmente pr&#243;spera. Va cayendo progresivamente en desgracia. Cuando el hambre acosa al indio, &#233;ste la sacia con coca. &#034;La coca es buena para el hambre, para la sed, para la fatiga, para el calor, para el fr&#237;o, para el dolor, para la alegr&#237;a, para todo es buena. Es buena para la vida&#034;. 43/&lt;br class='autobr' /&gt;
Alcides Arguedas menciona la coca como una constante en la dieta del indio, precisamente porque el hambre tambi&#233;n es constante. En Arguedas el hambre es end&#233;mica, en Ciro Alegr&#237;a llega. En la novela Sobre la misma tierra (1943) del venezolano R&#243;mulo Gallegos, el hambre tambi&#233;n es una constante, aunque los indios relatados por Gallegos hambrean m&#225;s por indolencia: &#034;All&#237;, languidec&#237;a, desmoralizada, una brava gente aborigen. Hambres anuales en la seca pen&#237;nsula natal la hab&#237;an hecho emigrar hacia la ciudad propicia a los rebuscos de la mendicidad&#034;. 44/&lt;br class='autobr' /&gt;
La tradici&#243;n fatalista del indio tambi&#233;n es abordada por Arguedas como elemento negativo. Debilitado hist&#243;ricamente por sus propios or&#225;culos y leyendas, incluso antes de que llegasen los espa&#241;oles, el indio encuentra dif&#237;cil extraerse a su condici&#243;n de dependiente: &#8220;Moldeados ya su temperamento y su car&#225;cter a la obediencia pasiva, totalmente domesticados para no saber obrar ni aun pensar por cuenta propia, llevaban los indios una vida llana, activa [en agricultura], con poca o ninguna complicaci&#243;n sentimental y relativamente feliz por la ausencia de grandes y trascendentales aspiraciones&#8221;. 45/&lt;br class='autobr' /&gt;
Las caracterizaciones de &#034;moldeado,&#034; &#034;obediente,&#034; &#034;domesticado&#034;. etc., hacen que el indio se convierta en v&#237;ctima de sus propias creencias y de su superstici&#243;n. Seg&#250;n Arguedas, si el indio mismo no revisa seriamente estos desvalores, es dif&#237;cil que el mestizo o el &#034;blanco&#034; los revise por consideraci&#243;n, o por l&#225;stima: &#034;El lago sagrado de Wi&#241;aymarca, hoga&#241;o generoso de recursos, ahora expulsaba, enfermo de males hechiceros, el mundo vivo de sus entra&#241;as...&#034; 46/ El mensaje moralista de Arguedas est&#225; dirigido al &#034;blanco&#8221; y al mestizo que detentan el poder de cambiar las cosas: &#034;S&#237; Tata ... te queremos ... eres un padre para nosotros y no hay nadie m&#225;s bueno que t&#250; ... Nosotros somos tus hijos ... Nadie tenemos en la vida para que nos defienda y ampare sino t&#250; ... Somos tus esclavos...&#034; 47/ Novelistas como Jorge Icaza, Ciro Alegr&#237;a, Eustasio Rivera, y bolivianos como Oscar Cerruto y Fernando D&#237;ez de Medina, recogen el tema de la superstici&#243;n del indio. Generalmente asocian al indio con un ser primitivo, de lenta superaci&#243;n espiritual, irreflexivo y reacio al progreso material sostenido: &#034;El hechizo es primitivo... entre nosotros subsisten algunas formas... Los ind&#237;genas no conciben lo natural como sobrenatural, sino al contrario: lo sobrenatural les parece natural&#034;. 48/&lt;br class='autobr' /&gt;
Para el indio todo es Dios. El sol, la lluvia, el trueno, el rel&#225;mpago, el granizo, el arco iris. Las noches y los d&#237;as act&#250;an como la misma evidencia que los hombres viven y generan. Un torrente formidable fluye de todas partes y sus olas poderosas atestiguan el renovado estremecimiento del universo. Todo es milagro. Esp&#237;ritu y materia conviven en armon&#237;a indivisible: son inocentes, puros como el d&#237;a primero, el cosmos no surgi&#243; para ser dominado por el hombre. 49/&lt;br class='autobr' /&gt;
Detr&#225;s de esa descripci&#243;n de la situaci&#243;n paup&#233;rrima del indio, Arguedas lanza una severa cr&#237;tica a los hacenderos. Si bien el indio deber&#237;a hacer su parte en la tarea de su superaci&#243;n, el no-indio viene a ser el que nutre, en buena medida, la adversidad. El indio de Arguedas es un s&#237;mbolo de la forma en que Bolivia se socava. El mismo indio se autosocava, y el no-indio socava; por lo tanto Bolivia se socava. Bolivia en este contexto tambi&#233;n viene a ser, notoriamente, las sucesivas administraciones nacionales que, en su af&#225;n de &#034;gobernar&#034;, desgobiernan la cuesti&#243;n de la equidad y justicia para con el indio. Por lo menos as&#237; lo contextualizan las novelas de Alcides Arguedas, y de otros escritores suramericanos con respecto a sus respectivos gobiernos &#8212;y &#034;primer mundos&#034; que habitan en esos &#034;tercer mundos&#034;. Los indios de Arguedas son una prueba de fracaso nacional: &#8220;Arguedas hab&#237;a aprendido a seguir la huella de todas esas existencias que formaron el cimiento de nuestra nacionalidad. Todos sus esfuerzos se hab&#237;an dedicado al apresto de esa marcha alucinada de hombres que formaban el conjunto orquestal del crescendo&#8221;. 50/&lt;br class='autobr' /&gt;
&#034;La mejor obra de Alcides Arguedas es, sin duda, Raza de bronce, novela de proyecci&#243;n continental... precursora el movimiento nativista americano&#034;. 51/ Estas opiniones de la obra indigenista de Alcides Arguedas viene a corroborar el valor universal de su novel&#237;stica como postulado de justicia en Bolivia, y en otras regiones de Am&#233;rica.&lt;br class='autobr' /&gt;
Resumiendo, f&#237;sica y socialmente oprimido, y espiritualmente socavado desde la llegada de los conquistadores espa&#241;oles, y socavado por su propia tradici&#243;n ind&#237;gena, el indio se derrot&#243; de entrada, lo que facilit&#243; el triunfo del europeo y la consecuente explotaci&#243;n que dura hasta nuestros d&#237;as.&lt;br class='autobr' /&gt;
2. El no-indio&lt;br class='autobr' /&gt;
16&lt;br class='autobr' /&gt;
Por &#034;cholo&#034; y por mestizo se entiende mezcla, digamos racial, de indio y blanco, aunque esta afirmaci&#243;n es vaga porque no significa gran cosa, seg&#250;n veremos; ya que en Hispanoam&#233;rica, cuando se habla de raza blanca, yo creo que se est&#225; estipulando una aproximaci&#243;n. De all&#237; que nadie que se considere generacionalmente americano puede aseverar pureza racial, excepto quiz&#225; el indio. Por lo dem&#225;s, queda invalidada cualquier interpretaci&#243;n de alcurnia que tenga que ver con pureza de raza blanca.&lt;br class='autobr' /&gt;
Alcides Arguedas, en Pueblo enfermo, habla del mestizo boliviano como una resultante belicosa de &#034;abrazo fecundante de la raza blanca, dominadora, y de los indios, raza dormida&#034;. 52/ Tambi&#233;n habla de la procedencia del t&#233;rmino &#034;cholo&#034;, que resulta ser una evoluci&#243;n de la palabra italiana fanciullo (jovencito). 53/ Pero lo de &#034;cholo&#034;, desde el punto de vista racial, en los escritos de Arguedas, queda irresoluta... y es m&#225;s, queda en el aire:&lt;br class='autobr' /&gt;
Seg&#250;n Novicow &#034;nadie ha podido decir jam&#225;s cu&#225;les rasgos establec&#237;an las caracter&#237;sticas de la raza [blanca]&#034;. En Bolivia, no se sabr&#237;a precisar, ni a&#250;n deslindar las diferencias existentes entre las llamadas raza blanca y raza mestiza. ... El cholo (raza mestiza), en cuanto se encumbra en su medio, ya es se&#241;or, y, por lo tanto, pertenece a la raza blanca. 54/&lt;br class='autobr' /&gt;
Esta cita es importante porque traslada el asunto de la etnolog&#237;a a la sociolog&#237;a. De acuerdo a Arguedas, el cholo puede desplazarse en la escala social hacia la raza blanca; lo que significa que el cholo puede ser blanco, y el blanco, por l&#243;gica, puede ser, o devenir, cholo. Si tal es el caso, hay que plantear la cosa en forma distinta, y hay que hablar de cholo y no-cholo desde un punto de vista &#233;tico.&lt;br class='autobr' /&gt;
Eso de cholo en Bolivia es m&#225;s cuesti&#243;n de actitud &#233;tico-social tanto de parte del que califica como de parte del calificado. Y actitud que seguramente tiene un acto como fundamento. Por ejemplo, si fulano comete el acto de estafarme, mi actitud para con &#233;l ser&#225; negativa, y lo considerar&#233; &#8212;y lo calificar&#233; de&#8212; cholo; y posiblemente &#233;l me considere otro cholo en funci&#243;n a mi acto de calificarle de cholo. Se trata entonces de la actitud con su acto.&lt;br class='autobr' /&gt;
Dicho lo anterior &#191;qui&#233;nes son cholos y qui&#233;nes son no cholos en la novel&#237;stica de Alcides Arguedas? &#191;Podemos aseverar que Alejandro Villarino es cholo, o que el hacendado Pantoja es cholo? Si respondemos afirmativamente &#191;podemos decir cu&#225;n cholo es Villarino, o cu&#225;n no-cholo es Pantoja? La respuesta es obvia: s&#237;, podemos.&lt;br class='autobr' /&gt;
Si cholo significa opresor (acto), &#191;no es acaso cholo Pantoja? (mi actitud para con Pantoja). Si cholo quiere decir abusivo, aprovechador &#191;no es ciertamente cholo el cura de la parroquia donde se encuentra la hacienda Kohahuyo? Si cholo es el chisme &#191;no son cholos los amigos de Carlos Ram&#237;rez? Si cholo es lo que corroe, lo &#225;cido, &#191;no son cholos los Rodr&#237;guez, los Olaguibel, los Pe&#241;abrava, de Vida criolla? Si cholas son la envidia, la crueldad, la hipocres&#237;a, la borrachera, la p&#233;rdida del mar, la delincuencia, la ignorancia, la ineptitud y la corrupci&#243;n &#191;no es chola la colectividad que la sustenta, y cholos sus componentes humanos? &#191;Acaso no es cholo el patriotero? &#191;Y no es cholo el gobernante que...? Llenar una novel&#237;stica de verdades (actos), es una valent&#237;a (actitud). Y si la cobard&#237;a es chola y la valent&#237;a es no chola, quedemos silog&#237;sticamente de acuerdo en que Alcides Arguedas es honesto, ver&#237;dico, no cholo, porque su literatura novelesca es un llamado al orden basado en muchas verdades, aunque nada es perfecto, desde luego.&lt;br class='autobr' /&gt;
No cholo o cholo vienen a ser pues actitudes que poco o nada tienen que ver con la cuesti&#243;n raza. Chola ser&#237;a la falta de justicia (acto), mientras que su vigencia es no chola. Y como ambas existen en el mundo boliviano y no-boliviano, concluyamos que cholos hay en todas partes. El cholaje o choler&#237;o y la barbarie son, en este contexto, sin&#243;nimos.&lt;br class='autobr' /&gt;
Desde ese punto de vista, la sociolog&#237;a de Arguedas es una digna continuaci&#243;n de la dualidad civilizaci&#243;n y barbarie del argentino Domingo Faustino Sarmiento. Otro argentido, Eduardo Mallea, despu&#233;s de Arguedas, har&#225; dicotom&#237;a af&#237;n con su dualidad de la Argentina visible (cholaje) y la Argentina invisible (no cholaje). He ah&#237; una verdad de nuestra expresi&#243;n en base a actitudes encontradas en un choque que nos contin&#250;a definiendo. Fuerzas en pugna procurando anularse en el vigor de una batalla constante que puede llamarse, en resumen &#161;Am&#233;rica!&lt;br class='autobr' /&gt;
Entendiendo el t&#233;rmino cholo como lo hemos expuesto, podemos afirmar que la novel&#237;stica de Alcides Arguedas podr&#237;a interpretarse como un dechado de indios y de no-indios, y que los no-indios son, en su mayor&#237;a, cholos. Y este es precisamente, en &#250;ltima instancia, el prop&#243;sito del autor: mostrar la actitud cholesca, y el acto da&#241;ino que afecta a Bolivia. Trat&#225;ndose de seres humanos, su contenido es sociol&#243;gico; mientras que su fondo es, repito, &#233;tico.&lt;br class='autobr' /&gt;
En las novelas de Arguedas, la actitud del no-indio est&#225; caracterizada por un acto de logomaquia desenfrenada que se sostiene mayormente en la ignorancia. El resultado tiende a ser la envidia como extroversi&#243;n. El acto de la envidia a su vez propende a gestar una sensaci&#243;n de incomodidad, una actitud de desconfianza, frustraci&#243;n y amargura que conduce al fracaso. Este lleva a la soledad y al escapismo. El sadismo, la crueldad, los vicios, la dejadez, la delincuencia, el robo, la corrupci&#243;n, etc., son actos que se manifiestan en cualquier instancia del proceso.&lt;br class='autobr' /&gt;
&#191;Es la envidia, como la ve Alcides Arguedas, solamente boliviana? &#161;No!. pero india americana desde luego no es:&lt;br class='autobr' /&gt;
&#191;De Bolivia s&#243;lo? esa pintura me hace ver la vida de casi todas las sociedades provincianas. &#161;Ah envidia! esta, &#233;sta es la terrible plaga de nuestras sociedades, &#233;sta es la &#237;ntima gangrena del alma espa&#241;ola, y &#233;sta nuestra llaga de abolengo, hermana gemela de la ociosidad belicosa, se la transmitieron nuestros abuelos a los pueblos hispanoamericanos y en ellos ha florecido, con su flor de asaf&#233;tida. 55/&lt;br class='autobr' /&gt;
Vistas as&#237; las cosas, la cantidad de filones de cr&#237;tica de la novel&#237;stica arguediana es inagotable, seg&#250;n lo hemos estudiado en el trato de Arguedas de los medios campestre y urbano. Su poder de expresi&#243;n busca del s&#237;mbolo que enriquezca el estilo de su prosa. Su inspiraci&#243;n exhala dolor al tener que escribir novelas en las que se muestra una Bolivia invertebrada, hostil consigo misma: &#8220;La vida de estos dos seres era una perpetua discusi&#243;n. Discut&#237;an por todo, sobre todo, en cualquier circunstancia, [y] motivo. Fuerte era ese esp&#237;ritu de contradicci&#243;n de ambos. Bastaba que Ram&#237;rez dijese que una cosa era blanca, para que Luj&#225;n sostuviese que era negra. La simple afirmaci&#243;n de uno provocaba la negaci&#243;n de otro&#8221;. 56/ &#8220;Sucede tambi&#233;n... que en Bolivia no hay memoria, cosa que viene a comprobar o patentizar la falta de cultura, porque un pueblo que lee no olvida, no puede olvidar, porque, de entre las cosas perecederas el libro es la menos f&#225;cil. Y es en los libros donde se perpet&#250;an las acciones de los hombres, buenas y malas, casi por la eternidad&#8221;. 57/&lt;br class='autobr' /&gt;
Esta contextualizaci&#243;n de Arguedas seguramente dio pie a que se criticase al autor por pensar y escribir verdades, ya que nadie puede negar la injusticia que el sector minoritario de &#034;primer mundo&#034; boliviano ha ejercido hist&#243;ricamente sobre el &#034;tercer mundo&#034; boliviano. Lo peor es que hay resabios que perduran; de ah&#237; la vigencia mensaje social arguediano. Desde el personaje Pantoja hasta Melgarejo y Rodr&#237;guez, hay una constante destructiva cuyo origen se pierde en el subconsciente del cholo. De all&#237; la soledad del boliviano id&#243;neo, del escapismo de Villarino, de Ram&#237;rez, y de tantos otros no-indios. De all&#237; tambi&#233;n la angustia y el deseo de que Bolivia llegue a respirar otros aires, en novelistas como Armando Chirveches, Carlos Medinaceli, Oscar Cerruto, Augusto C&#233;spedes, y otros.&lt;br class='autobr' /&gt;
Su vida fue un renunciamiento absoluto de las pompas y los honores. &#161;Vaya usted a creer que la menguada, ayuda de cargo diplom&#225;tico fuera un todo para &#233;l! no, se&#241;or. Impagable ha sido su hero&#237;smo de estudiante y de estudioso en cuanto le vimos construir una monta&#241;a inmensa de aseveraciones y evidencias que se infiltrar&#225;n por los siglos de los siglos, en el alma de las generaciones. 58/&lt;br class='autobr' /&gt;
A la poca cr&#237;tica pro arguediana en Bolivia hay que a&#241;adir la cr&#237;tica internacional que se muestra m&#225;s reconocedora del sitial que corresponde a Arguedas: &#8220;[Arguedas] se da cuenta que [los indios] son la parte sufrida de la naci&#243;n, m&#225;rtires hacia dos frentes: el de los hombres y el de la naturaleza&#034;. 59/ Raza de bronce, su obra m&#225;s valiosa y difundida: &#8220;Enlaz&#225;ndose con partes descriptiva bien elaboradas, semblanzas... se desenvuelve teniendo por ambiente la vida del ind&#237;gena atropellado por los blancos, con caracteres de buena novela social. 60/&lt;br class='autobr' /&gt;
Seg&#250;n Arguedas, el temperamento no-indio desconoce el recato y la franqueza. Ram&#237;rez, v&#237;ctima del &#034;qu&#233; dir&#225;n&#034;, es desterrado de la ciudad. Mientras el personaje Luj&#225;n opina: &#8220;Esta tierra es incapaz de producir santos y mucho menos m&#225;rtires; con nosotros vienen ahora muchos virtuosos; Pedrosa, por ejemplo. Hizo una estafa, y como su padre era ministro y la estafa era contra el estado, se dijo que era viveza de hombre pr&#225;ctico. Y nuestros virtuosos son de esa laya&#8221;. 61/&lt;br class='autobr' /&gt;
Duros conflictos sufre tambi&#233;n Carlos Ram&#237;rez. Cabe destacar aqu&#237; que el desencanto de Ram&#237;rez es el desencanto de Alcides Arguedas. &#034;Ram&#237;rez, figura autobiogr&#225;fica... participa de las melancol&#237;as y desencantos de su progenitor literario&#034;. 62/ Con esta opini&#243;n queda clara la participaci&#243;n de Arguedas en sus personajes; aunque la mayor&#237;a sean tipos que &#233;l socava y hasta repugna, como la actitud de Su&#225;rez, en Raza de bronce; Ram&#237;rez, en Vida Criolla; y Villarino en Pisagua. Estos representan al autor; es decir, en ellos hay mucho de Arguedas. Los dem&#225;s personajes se mueven tipificando males sociales del segmento no-indio de la poblaci&#243;n. Pantoja es el arquetipo del cholo opresor que preserva a la fuerza su heredada fortuna. Troche, el indio acholado, &#8212;ya que tambi&#233;n hay indios no-cholos o decentes&#8212; representa un nexo entre Pantoja y el indio abusado.&lt;br class='autobr' /&gt;
Vida criolla ofrece una galer&#237;a de tipos cholescos, como Guilarte, el tinterillo completo; Pedrosa, el galeno de carachas; Emilio Luj&#225;n, el politiquilla barato; Justo Aranda, el magistrado don nadie; Rodr&#237;guez, el proxeneta por excelencia; Barrientos, el m&#250;sico de chicher&#237;a; Olaguibel, el petardista; y, entre las mujeres al cual m&#225;s emperifolladas y cursis, cuyas funciones sociales la convierte en petimetras picariles, feligresas del rond&#243; a punta de agua y tequiche: la vieja do&#241;a Juana, madre de Elena, ro&#241;osa y idiota; la solterona Carlota Quiroz, indeseable y mala como el c&#243;lera; y Elenita, la mosca muerta. He ah&#237; el cuadro humano arguediano.&lt;br class='autobr' /&gt;
Porque, mis amigos, yo, antes que nada, soy boliviano. Todo lo quisiera sano, grande y fuerte en mi patria. El m&#233;rito de mi libro [Pueblo enfermo, aunque se puede referir a toda su obra], si tiene alguno, estriba en esto s&#243;lo: encerrar un fervoroso amor por la tierra y ser el primero y el &#250;nico que se escribi&#243; con un plan y un todo de razonamiento l&#243;gico para explicar las causas de nuestro estancamiento en las rutas del progreso. 63/&lt;br class='autobr' /&gt;
Pero veamos al hombre Arguediano por dentro.&lt;br class='autobr' /&gt;
III. EL YO&lt;br class='autobr' /&gt;
1. Sicolog&#237;a india&lt;br class='autobr' /&gt;
Las novelas de Alcides Arguedas ofrecen material para formar &#8212;por inferencia, denotaci&#243;n y/o connotaci&#243;n, en base al material estudiado arriba&#8212; una opini&#243;n sobre las fuerzas que han afectado, y, quiz&#225; a&#250;n en cierta medida, contin&#250;en afectando el esp&#237;ritu y la moral del indio boliviano.&lt;br class='autobr' /&gt;
Postulamos que el indio arguediano sufre una profunda confusi&#243;n sicol&#243;gica provocada por:&lt;br class='autobr' /&gt;
(a) su autoderrota ante el europeo en gran medida derivada de su ciega disciplina religioso-jer&#225;rquica en el sentido de que lo que anunciase o dijese el l&#237;der indio, el Inca en el caso del grupo incaico, era ley;&lt;br class='autobr' /&gt;
b) la marginalizaci&#243;n de sus creencias religiosas por parte del conquistador en el cometido de implantaci&#243;n por la fuerza del cristianismo;&lt;br class='autobr' /&gt;
(c) la injusticia de que es objeto en manos de gente que predica la piedad, la caridad, el perd&#243;n, adem&#225;s de bautizarse y confirmarse como exige la iglesia cat&#243;lica, y escuchar misa todos los d&#237;as;&lt;br class='autobr' /&gt;
(d) la eliminaci&#243;n de su estructura de vanguardia en el sentido de haber sufrido la p&#233;rdida total y violenta de sus l&#237;deres pol&#237;ticos y espirituales a partir de la tercera d&#233;cada del siglo diez y seis;&lt;br class='autobr' /&gt;
(e) la humillaci&#243;n sufrida por el var&#243;n indio al observar que la india es violada por el blanco sin que exista justicia que le ayude a recuperar su dignidad;&lt;br class='autobr' /&gt;
f) el nepantilismo o la humillaci&#243;n sufrida por el var&#243;n indio al percatarse de que la india prefiere hijos mestizos para as&#237; lograr protecci&#243;n en el serrallo, mayor jerarqu&#237;a social, y consideraci&#243;n para su descendencia;&lt;br class='autobr' /&gt;
(g) ser testigo de su propia incapacidad de reacci&#243;n ante una situaci&#243;n de violencia sistematizada contra su pueblo;&lt;br class='autobr' /&gt;
(h) percatarse repetidamente, desde el siglo diez y ocho, de que hay bolivianos &#034;blancos y mestizos que lanzan los primeros gritos significativos de su emancipaci&#243;n sin que &#233;l sea part&#237;cipe del liderazgo;&lt;br class='autobr' /&gt;
(i) luchar y morir por esa emancipaci&#243;n para caer nuevamente, a partir de 1825, en el mismo abuso e injusticia de la &#233;poca espa&#241;ola;&lt;br class='autobr' /&gt;
(j) los efectos del consumo de alcohol y de coca;&lt;br class='autobr' /&gt;
(k) percatarse de que la forma m&#225;s segura de sobrevivir es bajo el amparo del criollo, pese al vejamen y denigraci&#243;n que tal &#034;amparo&#034; signifique;&lt;br class='autobr' /&gt;
(l) refugiarse en el fatalismo, la superstici&#243;n, la brujer&#237;a, afines a las deidades y creencias de sus antepasados, bajo la recalcitrante presi&#243;n de los que quieren convertirlo del todo al cristianismo.&lt;br class='autobr' /&gt;
Ampliemos cada uno de estos aspectos de la sicolog&#237;a ind&#237;gena de Am&#233;rica.&lt;br class='autobr' /&gt;
Con respecto a (a) su autoderrota, los ind&#237;genas de mayor progreso tecnol&#243;gico, cient&#237;fico y social, a principios del siglo diez y seis &#8212;los aztecas y los incas&#8212; hab&#237;an profetizado, cada uno independientemente y coincidentalmente, el arribo de hombres barbudos y blancos que vendr&#237;an en comisi&#243;n de&#237;stica a alterar las cosas, y que no hab&#237;a que poner resistencia. Tal coincidencia, de incalculable implicaci&#243;n derrotista y entreguista, socav&#243; el esp&#237;ritu y la voluntad ind&#237;gena al punto de tornarla en logro relativamente f&#225;cil para el espa&#241;ol. Este por su lado ven&#237;a triunfador en lides de fe, espada, tercio y catequizaci&#243;n, que consumieron ocho siglos de lucha contra el musulm&#225;n en la pen&#237;nsula ib&#233;rica. El sentido de logro en funci&#243;n al cristianismo de biblia, armadura, sable, lanza, caballo, perro y garrote y por desgracia enfermedades como el tifus, la variolosis, la influenza&#8212; encontr&#243; acceso expedito al esp&#237;ritu &#8212;y al territorio&#8212; del esp&#237;ritu ind&#237;gena para doblegarlo. Esta g&#233;nesis de la derrota india en Am&#233;rica encuentra secuela, en lo que toca a Bolivia, en la contextualizaci&#243;n de Raza de bronce. &#8220;Huayna Capac llam&#243; a sus oficiales para anunciar el fin del imperio con el reino del doceavo Inca, por conquista de hombres extra&#241;os barbudos y blancos, tal como lo hab&#237;an precedido los or&#225;culos. Orden&#243; no resistir los designios de los dioses, pidiendo m&#225;s bien obediencia a sus mensajeros&#8221;. 64/&lt;br class='autobr' /&gt;
b) La marginalizaci&#243;n y virtual erradicaci&#243;n de las creencias religiosas del indio se hicieron a toda costa y a todo costo, desde el comienzo de la Conquista, con el prop&#243;sito de imponer la religi&#243;n cat&#243;lica y as&#237; establecer la autoridad espiritual y moral de la Iglesia. Sin embargo la catequizaci&#243;n se hizo en forma parcial e incompleta, con la confusi&#243;n espiritual y moral resultante:&lt;br class='autobr' /&gt;
La mentalidad de los ind&#237;genas no estaba en condiciones de entender las concepciones demasiado elevadas para su esp&#237;ritu que se les predicaba y asimilaba superficialmente las ense&#241;anzas de los misioneros. No comprend&#237;a la profundidad de los dogmas cristianos ni la magnificencia de sus mandamientos. Se quedaba en la exterioridad de los ritos y de las ceremonias. 65/&lt;br class='autobr' /&gt;
c) La injusticia de que es v&#237;ctima el indio boliviano, el indio americano, se destila de las p&#225;ginas de las novelas de Alcides Arguedas, Jorge Icaza, Jos&#233; Eustasio Rivera, Ciro Alegr&#237;a, y otros narradores anteriores como Clorinda Matto de Turner, seg&#250;n dijimos. En realidad, es precisamente la obvia falta de justicia que impulsa la pluma de estos literatos. Arguedas hace hablar as&#237; a unos de sus personajes indios:&lt;br class='autobr' /&gt;
Somos para ellos [los patrones] menos que bestias. El m&#225;s humilde de los mestizos o el m&#225;s canalla, se cree infinitamente superior a los mejores de nuestra casta... Y as&#237;, maltratados y sentidos nos hacemos viejos y nos morimos llevando una herida viva en el coraz&#243;n &#191;Cu&#225;ndo nos ha de acabar esta desgracia? &#191;C&#243;mo hemos de librarnos de nuestros verdugos? 66/&lt;br class='autobr' /&gt;
d) Haber perdido los l&#237;deres espirituales y pol&#237;ticos que educaban, formaban y administraban la juventud, la colectividad ind&#237;gena, sobre todo por medio de la tradici&#243;n oral, coart&#243; de cuajo la delicada continuidad de una historia, de la leyenda, del ensue&#241;o, de la capacidad de admirar a los h&#233;roes, de la capacidad de seguir sus ejemplos y pautas morales, y, en consecuencia, redujo a la nada la capacidad de idealizaci&#243;n aut&#233;ntica del indio: &#034;Aqu&#237;, formando rueda, danzan los sicuris... All&#225;, los phusipayas, encorvados sobre sus flautas enormes y gruesas, lanzan notas bajas, hondas pat&#233;ticas, en que parece exhalarse la cruel pesadumbre de la raza&#034;. 67/&lt;br class='autobr' /&gt;
e) La humillaci&#243;n sufrida por el indio al contemplar la violaci&#243;n de sus mujeres sin poder defenderlas se incluye en Raza de bronce: &#8220;Wata-Wara de un salto p&#250;sose de pie y prob&#243; desasirse para huir; pero Pantoja la ten&#237;a cogida con la fijeza de un dogo de lucha. La india prorrumpi&#243; en estridente alarido mas al punto cay&#243; sobre su boca la pesada y gruesa mano de Ocampo&#8221;. 68/&lt;br class='autobr' /&gt;
La reacci&#243;n de Agiali, esposo de la v&#237;ctima, es humana cuando descubre el cad&#225;ver de su esposa: &#034;El sabe que la han asesinado los patrones&#034;. 69/ He ah&#237; al indio Choquehuanka hablando en nombre de su estirpe: &#034;Ustedes me han reprochado de encubridor y de t&#237;mido, y es porque no quer&#237;a sacrificarlos: pero reci&#233;n veo que para nosotros no puede haber sino un camino: matar o morir&#034;. 70/ Y el ofendido esposo: &#8220;Agiali apenas o&#237;a. Abrumado de dolor, sediento de venganza, &#250;nicamente anhelaba hallarse junto a su muerta y correr despu&#233;s, aunque fuera solo, a cobrar de los patrones la deuda de sangre&#8221;. 71/ Poco despu&#233;s y cuando la rebeli&#243;n ven&#237;a tomando cuerpo surge el derrotismo de Choquehuanka&#034;. ... pero luego he visto que siempre quedar&#237;an soldados, armas y jueces para perseguirnos con rigor, implacablemente, porque alegar&#237;an que se defienden y que es lucha de razas la que justifica sus medidas de sangre y odio&#034;. 72/ La historia de humillaci&#243;n se repite, el resultado es el fracaso. Injusticia y castigo no se hacen esperar, y &#034;la cosecha de mujeres&#034; nunca se acaba para el no indio desde el siglo diez y seis.&lt;br class='autobr' /&gt;
f) El nepantilismo o la humillaci&#243;n del var&#243;n ha debido de ser dolorosamente profunda al percatarse de que la india prefiere hijos mestizos para asegurar el futuro de su descendencia&#8221;: Las indias no dudaron en traicionar a sus parientes y paisanos para proteger a los espa&#241;oles, que se hab&#237;an convertido en sus nuevos amos y en los padres de su descendencia mestiza&#034;. 73/&lt;br class='autobr' /&gt;
g) Ser testigo de la incapacidad de acci&#243;n de su pueblo ante la injusticia del opresor ha debido ser profundamente traum&#225;tico:&lt;br class='autobr' /&gt;
El patio, donde los indios p&#225;lidos, descompuestos, miraban la feroz faena [del castigo de azotes], sin decir ellos palabra ni hacer un gesto; su inmovilidad era todav&#237;a m&#225;s r&#237;gida y s&#243;lo se les ve&#237;a pesta&#241;ear con precipitaci&#243;n. !Perd&#243;n tata, perd&#243;n, por Dios! Yo no he incendiado la casa. &#161;Perd&#243;n! se quejaba y pla&#241;&#237;a dolorosamente el flagelado. Los otros [indios] aterrorizados, gimientes, cayeron en masa de rodillas: &#161;Perd&#243;n! &#161;perd&#243;n! 74/&lt;br class='autobr' /&gt;
Y en opini&#243;n del analista y cr&#237;tico literario chileno Arturo Torres-R&#237;oseco: &#034;La segunda parte de Raza de bronce expone los sufrimientos y la destrucci&#243;n de esos indios debido a la codicia de los patrones, y en un relato sombr&#237;o, que da al lector verdadero sentimiento de angustia cuando contempla el martirio de la esclavizada &#034;raza de bronce&#034;. 75/&lt;br class='autobr' /&gt;
h) Saber que los primeros gritos de emancipaci&#243;n fueron lanzados por mestizos y blancos, y no por &#233;l, cuando es &#233;l es el que m&#225;s ha sufrido y sufre bajo el yugo de la opresi&#243;n. Arguedas lo dice conminatoriamente, sin tomar en cuenta el peso traumatizante de los factores expuestos en esta secci&#243;n sobre la circunstancia sicol&#243;gica del indio: &#8220;El indio lucha y muere por defender un bien inmediato,... pero los conceptos superiores de la solidaridad, honor colectivo y deber del sacrificio por el bien com&#250;n son cosas que escapan absolutamente a su comprensi&#243;n&#8221;. 76/&lt;br class='autobr' /&gt;
i) Luchar y morir por la emancipaci&#243;n de Bolivia para luego caer nuevamente en el abuso y la injustica. Despu&#233;s de 1925, ha debido ser triste y desconcertante para el indio. &#8220;El cholaje desde aquel s&#225;bado seis de agosto de 1825 hasta nuestros d&#237;as, ha esgrimido un pensamiento y una actitud de discriminaci&#243;n y segregaci&#243;n racial con respecto al indio; al cual esclavizado, asesinado, rob&#225;ndole sus tierra y su cultura, lo ha sometido a una oprobiosa condici&#243;n infra humana, peor que en la Colonia&#8221;. 77/&lt;br class='autobr' /&gt;
j) Los efectos de la coca y el alcohol sin duda han colaborado a socavar la salud del indio boliviano. El consumo del alcohol durante celebraciones religiosas se ha convertido una tradici&#243;n. El consumo de coca, a mi parecer, tampoco ha ayudado a conservar la salud indio. Alg&#250;n d&#237;a se tendr&#225; que estudiar el efecto pernicioso del consumo de coca en la salud del indio. Yo conjeturo que el consumo de la coca, por siglos, ha sido, en gran medida, una causa importante de la postraci&#243;n espiritual y mental del indio, y de su tristeza. Ser&#225; un arbusto hist&#243;rico de fruto cultural indio, pero su abuso ha sido perjudicial para el indio. Y no me estoy refiriendo al consumo de coca&#237;na, sino al consumo continuo de la hoja de coca. &#8220;Llegaron sudorosos, agitados, con los pies y los zapatos emblanquecidos por el polvo, vorazmente hambrientos, rabiosamente anhelosos de agotar fuentes, cascadas y mares de chicha y aguardiente&#8221;. 78/&lt;br class='autobr' /&gt;
El ambiente urbano, del criollo, tampoco ayuda, como ejemplo: &#8220;Hab&#237;a amanecido. Grupos de indios arreaban por las calles, desiertas y sucias, sus recuas de burros o de llamas de regreso a sus pagos. Las campanas de la iglesia repicaron so&#241;olientas llamando a los fieles a esta primera misa de ceniza. Y los M&#225;scaras, ebrios perdidos, se recog&#237;an a sus casas con paso inseguro&#8221;. 79/&lt;br class='autobr' /&gt;
k) No tener m&#225;s alternativa que servir al burgu&#233;s para poder sobrevivir, ya sea viviendo cerca a &#233;l, o dependiendo de su voluntad &#8212;leyes y sistema para poder comerciar el producto agr&#237;cola&#8212; tambi&#233;n ha tenido que ser una forma de agobio sicol&#243;gico y moral.&lt;br class='autobr' /&gt;
l) Tener que acudir a los remanentes de las convicciones m&#237;tico-religiosas de sus antepasados, como la superstici&#243;n, las deidades de la naturaleza, la brujer&#237;a, en medio de presiones para convertirse al cristianismo, ha debido ser una jornada similar a los ritos de los cristianos de la catacumbas de los primeros siglos de la era cristiana. En opini&#243;n de Arguedas: &#8220;Sojuzgado, pues, el indio por diferentes creencias contradictorias, enteramente sometido al influjo material y moral de sus yatiris, de los curas, patrones y funcionarios p&#250;blicos, su alma es dep&#243;sito de rencores acumulados de muy atr&#225;s, desde cuando encerraba la flor de la raza contra su voluntad, en el fondo de las minas&#8221;. 80/ &lt;br class='autobr' /&gt;
2. Sicolog&#237;a no-india&lt;br class='autobr' /&gt;
Detr&#225;s del cerro gris, la paja brava, chozas, fetiches, totorales y &#034;ni&#241;as bien;&#034; en medio de la asco y la angustia de d&#237;as perdidos, la carencia de altivez; entre enga&#241;os, excesos de alcohol y de politiquer&#237;a, existe un &#225;mbito interior en cada uno de los personajes no-indios de Alcides Arguedas que encierra el origen sicol&#243;gico de la actitud del acto exterior. Ese acto exterior puede ser bueno o malo, dependiendo de la escala de valores y la perspectiva del que valora. Pero cuando se trata de neurosis, el problema se debe plantear claramente y sin titubeos.&lt;br class='autobr' /&gt;
El no indio boliviano, desde la perspectiva de Alcides Arguedas, se caracteriza sicol&#243;gicamente por las manifestaciones neur&#243;ticas que se dan por y en los sentimientos de inseguridad y de inferioridad. La presencia de estos sentimientos en los personajes principales de las novelas de Arguedas permite postular que &#233;ste intuye m&#243;viles sicol&#243;gicos afines a lo que, con el tiempo, iban a conducir al sicoan&#225;lisis de los austr&#237;acos Sigmund Freud y Alfred Adler. 81/&lt;br class='autobr' /&gt;
Si aceptamos la timidez, el pesimismo, el derrotismo, el escapismo, etc., como derivaciones negativas del sentimiento de inferioridad; y si entre las derivaciones positivas tenemos el respeto a la mujer, y el hero&#237;smo, los personajes y situaciones que viven en Pisagua y hacen la novela revelan la presencia de comportamiento neur&#243;tico. Ya Adler lo hab&#237;a se&#241;alado:&lt;br class='autobr' /&gt;
Todos los hechos se explican de la forma m&#225;s sencilla: lo que suministra el punto de partida de la evoluci&#243;n de una neurosis es el sentimiento amenazador de inseguridad y de inferioridad, sentimiento que engendra el deseo irresistible de encontrar un fin susceptible a hacer soportable la vida, asegur&#225;ndole una direcci&#243;n, fuente de calma y de seguridad. 82/&lt;br class='autobr' /&gt;
Adler postula que la acumulaci&#243;n de adversidades en el subconsciente puede conducir a una reacci&#243;n que contrarreste el efecto negativo del sentimiento de inferioridad. Viene a ser un impulso de represi&#243;n contra la adversidad: &#8220;Adler... sostiene que el causante de los deseos de represi&#243;n es el deseo de poder. El sentimiento de inferioridad es el que suele llevar al hombre incluso al hero&#237;smo... es el causante de las sublimaciones, que son el arte, la literatura, la acci&#243;n heroica. 83/&lt;br class='autobr' /&gt;
Una l&#243;gica y primera manifestaci&#243;n del sentimiento de inferioridad es pues la timidez, que se traduce en la debilidad de car&#225;cter para garbear adversidades que precisan fuerza de represi&#243;n contra la misma timidez. As&#237;, Alejandro Villarino, ante la imposibilidad de reconquistar a Sara: &#8220;D&#233;bil por naturaleza y por car&#225;cter, no quiso llegar a la conclusi&#243;n de que muy bien podr&#237;a escogerse de hombros y luego re&#237;r la farsa de vivir. En su pobre alma hubo un derrumbe. Desechando la idea del suicidio pens&#243; otra cosa; pens&#243; irse. Y se fue&#8221;. 84/&lt;br class='autobr' /&gt;
Villarino exhibe comportamiento consistente con la presencia del sentimiento de inferioridad en &#233;l, sin manifestaci&#243;n de impulsos sicol&#243;gicos contrarios, represivos de ese sentimiento de inferioridad. Otro ejemplo ser&#237;a la descripci&#243;n que hace Luj&#225;n del sentimiento de inferioridad de Carlos Ram&#237;rez, su amigo &#237;ntimo: &#8220;En el colegio era un chiquillo reservado, t&#237;mido, incapaz de un gran grito o de una bien sentada patada y extraordinariamente flojo para las ciencias exactas... En las clases, siempre a la cola, rezagado; en ex&#225;menes, siempre con n&#250;meros bajos... La insignificante contrariedad amorosa le pon&#237;a de un car&#225;cter imposible: torn&#225;base hosco y mudo&#8220;. 85/&lt;br class='autobr' /&gt;
Alejandro Villarino por su lado, y Carlos Ram&#237;rez por el suyo, en sus respectivas circunstancias, est&#225;n sometidos a una prueba de adversidad sentimental. Ambos sucumben. En el caso de Villarino, que es el que m&#225;s ilustra nuestro prop&#243;sito, la introversi&#243;n y la timidez se imponen:&lt;br class='autobr' /&gt;
Sara, ignoro si al confesarle los sentimientos que me animan... &#034;No pudo continuar. El coraz&#243;n le lat&#237;a de una manera atroz. Hab&#237;a pensado que tendr&#237;a el suficiente valor para, despoj&#225;ndose de su timidez, decirle lo mucho que la amaba; hab&#237;a, previniendo este caso, forj&#225;ndose un discurso en el que las frases de entusiasmo eran muchas, pero llegado el momento se encontr&#243; con que su discurso se evaporaba. 86/&lt;br class='autobr' /&gt;
El sentimiento de inferioridad convertido en timidez en Villarino, denota temor, miedo de que la respuesta de Sara sea negativa. Arguedas destaca la timidez para condenar la ausencia de manifestaciones represivas que contrarresten esa cortedad. El resultado es el pesimismo constante, y luego el derrotismo. O sea que en tanto los sentimientos represivos &#8212;como la reflexi&#243;n, la cautela, el recato&#8212; escaseen, el caos s&#237;quico resulta en el desasosiego espiritual y luego en el desajuste moral. La ca&#237;da es inevitable: Villarino &#034;viaj&#243; consumiendo sus energ&#237;as y abri&#233;ndose paso a fuerza de malgastar caudales. &#161;Viaj&#243; llevando en el pecho el cad&#225;ver de una pasi&#243;n que se pudr&#237;a!&#8221; 87/&lt;br class='autobr' /&gt;
La falta de car&#225;cter de Villarino hace que Sara opte por otras amistades, que no siempre resultan las mejores. En concreto: Arguedas opta porque Sara y Alejandro se desintegren moralmente: &#034;Y esos dos seres que... pod&#237;an haber sido dichosos... hall&#225;banse vencidos, ca&#237;dos para siempre en ese fango donde se arrastran los que ya no acarician una ilusi&#243;n&#034;. 88/&lt;br class='autobr' /&gt;
Ante el c&#250;mulo de adversidad, cuya raz&#243;n primera se arraiga en el sentimiento de inferioridad, el humano busca el desahogo. En el caso de Villarino, el desahogo se manifiesta ca&#243;ticamente ya que, en vez de buscar un entendimiento sentimental, s&#243;lo consigue insultar a Sara en un momento en que las cosas hubieran podido arreglarse: &#034;Y luego el fango que se arroja a mi coraz&#243;n, luego t&#250;, meretriz, siendo de otro... &#161;te he odiado como a nadie en el mundo!... &#161;Ah! Sra, convulsa, loca, aterrada, con el cabello suelto, cay&#243; de rodillas a sus plantas&#034;: 89/ Villarino luego aparece agotado, repugnando la vida, enloquecido de dolor, avergonzado, &#034;corrido por el murmullo de burla que, en su redor, se iba produciendo, busc&#243; la soledad de un rinc&#243;n&#034;. 90/&lt;br class='autobr' /&gt;
El escapismo de Villarino lo conduce a Europa, y despu&#233;s a la batalla de Pisagua, donde perece heroicamente desde el punto de vista b&#233;lico, m&#225;s no tan heroicamente si observamos su vida enfrascada en un derrotismo irreversible. Arguedas hace que sus personajes vivan duras pruebas. Los conduce desde la timidez hasta el aislamiento, la soledad como &#250;ltimo reducto sicol&#243;gico: &#034;La soledad es el fondo &#250;ltimo de la condici&#243;n humana&#034;. 91/ &#034;En un individuo, un desarrollo neur&#243;tico proviene, en definitiva del sentimiento de aislamiento, de hostilidad, de miedo y de una disminuci&#243;n de la confianza en s&#237; mismo&#034;. 92/ &#8220;&#161;Es triste esta incomprensi&#243;n, este desconocimiento entre seres humanos, sobre todo entre los que debi&#233;ramos conocernos! Es dif&#237;cil salir de nuestro interior. Nos lo impide el orgullo o la timidez, o el ignorar las palabras que conducen a la comprensi&#243;n, o el haber revestido nuestra intimidad con un muro de piedra&#8221;. 93/&lt;br class='autobr' /&gt;
Queda pues comprobado que los personajes estudiados, a manera de ilustraci&#243;n, sufren de neurosis. Sus sentimientos de inferioridad son profundos. Hay situaciones en que el elemento compensador se da a trav&#233;s de la acci&#243;n heroica. Pues bien, la ausencia de una vida m&#225;s o menos normal, donde las compensaciones o satisfacciones existan, hace que el c&#250;mulo de sinsabores produzca esa acci&#243;n heroica como forma de contrarrestar, ipso facto, la adversidad contenida. Lo vimos cuando el Alejandro Villarino toma parte descollante en la revoluci&#243;n que depone al dictador Mariano Melgarejo; y cuando, presa de la desesperaci&#243;n, luego de la muerte de Sara, se incorpora en las filas castrenses bolivianas en camino a defender el puerto de Pisagua. Pero se incorpora en tales filas no solamente por la muerte de Sara, sino que tambi&#233;n para desahogarse, ipso facto, de la angustia acumulada en a&#241;os de desgaste sicol&#243;gico:&lt;br class='autobr' /&gt;
Villarino es odiado, es maldecido por todos, el Cristo de una Calvario sangrient&#237;simo, estaba all&#237;, con dos balazos en el cuerpo, infundiendo valor a sus compa&#241;eros para defender a esa patria que le hab&#237;a hecho padecer tanto; estaba all&#237; olvidado de sus rencores, de los ultrajes que le hab&#237;an inferido, dispuesto a ser el primero de la recua, a aumentar el n&#250;mero de los h&#233;roes sin nombre. 94/&lt;br class='autobr' /&gt;
Conclusiones&lt;br class='autobr' /&gt;
La naturaleza hostil y la vitalidad del hombre sirven de medio para expresar el desaforo de la situaci&#243;n en que desvive su pa&#237;s. La descripci&#243;n realista-naturalista del medio campestre, con abundante aporte preciosista, contextualiza el prop&#243;sito cr&#237;tico. La principal preocupaci&#243;n del autor es el hombre y su actitud ante los otros hombres que hacen Bolivia. Expone y critica los procederes de esos hombres con todo el vigor de su talento.&lt;br class='autobr' /&gt;
Arguedas estudia la estructura social de la ciudad de La Paz, sus tradiciones y costumbres. Plantea cr&#237;ticamente el hecho del carnaval y sus consecuencias adversas, sobre todo en lo que refiere al nefasto acto del general Hilari&#243;n Daza, de diferir la defensa del Litoral en raz&#243;n del carnaval. La opini&#243;n de otros cr&#237;ticos destacan la importancia y, hoy por hoy, la vigencia de la cr&#237;tica de Arguedas.&lt;br class='autobr' /&gt;
Teniendo en cuenta el amor que Arguedas expresa por su Bolivia a lo largo de toda su obra, el trato que hace del indio es tajante. Lo ataca por su conformismo, y lo defiende del flagelo del no- indio siguiendo una tradici&#243;n que se remonta a los trabajos de Bartolom&#233; de Las Casas, y otros. Otro tanto hacen en sus respectivas novelas el peruano Ciro Alegr&#237;a y el ecuatoriano Jorge Icaza. El indio es v&#237;ctima de su propia historia y de su fatalismo ya que su entrega es casi total.&lt;br class='autobr' /&gt;
El apelativo cholo tiene poco o nada que ver con la etnolog&#237;a, ya que Arguedas otorga al cholo la capacidad y habilidad de desplazarse socialmente a la categor&#237;a de no cholo. Ser o no ser cholo tiene que ver con actos y actitudes de bolivianos. Cuando se busca insultar se recurre al apelativo cholo. As&#237;, el hacendado Pantoja de Raza de bronce es cholo por que abusa del indio. El cholo es por lo general ignorante, envidioso y fracasado. El indio y el resto del pa&#237;s pagan las consecuencias por esa presencia de barbarie en Am&#233;rica. El indio puede ser cholo o no cholo, aceptada la perspectiva &#233;tica del an&#225;lisis.&lt;br class='autobr' /&gt;
La sicolog&#237;a india se debate entre sentimientos de: autoderrota; marginalizaci&#243;n de sus creencias religiosas; injusticia en manos del &#034;cristiano&#034;; p&#233;rdida de sus l&#237;deres; humillaci&#243;n ante el hecho de la violaci&#243;n de sus mujeres; nepantilismo o desvar&#237;o ante el hecho de que la india prefiere tener hijos mestizos; ser testigo de su propia inacci&#243;n; que los no-indios sean los l&#237;deres de las luchas de emancipaci&#243;n; que los no-indios hiciesen la revoluci&#243;n de independencia; lucha y muere por la causa de la libertad sin jam&#225;s llegar a ser dirigentes; observar que despu&#233;s de 1825 la injusticia contin&#250;a igual que durante el per&#237;odo colonial; lo malo del consumo de alcohol y de coca; que su sobrevivencia depende de la docilidad al servicio del no indio. Por todo esto, reconozcamos que, hoy por hoy, lo que m&#225;s socava sicol&#243;gicamente al indio es su propia amargura, su historia y la forma fatalista en que la interpreta. Luego est&#225; el abuso ilegal y anticonstitucional que ha venido sufriendo y, en muchos sentidos, sigue sufriendo en manos del no-indio.&lt;br class='autobr' /&gt;
Los principales personajes arguedianos se caracterizan por los sentimientos de inseguridad y de inferioridad y, a menudo, el deseo de superarlos con la acci&#243;n inmediata. La perseverancia o desahogo met&#243;dico de las energ&#237;as vitales que deber&#237;an conducir al esfuerzo edificante se ven limitadas por el deseo de satisfacci&#243;n inmediata. Al no cristalizar este deseo, que puede ser de &#237;ndole amatoria, el individuo se convierte en v&#237;ctima de su propia incapacidad. El resultado es la neurosis que a menudo conduce a la desesperaci&#243;n y al suicidio, como en el caso de Alejandro Villarino en Pisagua. Todo en un despliegue de adversidad sin lindes.&lt;br class='autobr' /&gt;
Notas de referencia&lt;br class='autobr' /&gt;
1. Raimundo Lazo, La novela andina (M&#233;xico: Purr&#250;a, S.A., 1971), p. 28.&lt;br class='autobr' /&gt;
2. Parte de la informaci&#243;n de este p&#225;rrafo ofrece Mariano Baptista Gumucio en Alcides Arguedas, compilaci&#243;n de art&#237;culos sobre Arguedas de varios autores (La Paz: Los Amigos del Libro, 1979), pp. 10-15.&lt;br class='autobr' /&gt;
3. Fernando Alegr&#237;a, Breve historia de la novela hispanoamericana (M&#233;xico: de Andrea, 1965), p. 81.&lt;br class='autobr' /&gt;
4.Lanovelaandina, p. 28.&lt;br class='autobr' /&gt;
5. Robert G. Mead Jr. Breve historia del ensayo hispanoamericano (M&#233;xico: de Andrea,&lt;br class='autobr' /&gt;
1956), p. 89.&lt;br class='autobr' /&gt;
6. Alcides Arguedas, Raza de bronce (Buenos Aires: Losada, S.A., 1957), p. 9.&lt;br class='autobr' /&gt;
7. Jaime Mendoza, El macizo boliviano (La Paz, Bolivia: Ministerio de Educaci&#243;n y Bellas Artes, 1957), p. 33.&lt;br class='autobr' /&gt;
8.Razadebronce, p. 10.&lt;br class='autobr' /&gt;
9. Oscar Cerruto, Aluvi&#243;n de fuego (Santiago de Chile: Ercilla, 1935), p. 31.&lt;br class='autobr' /&gt;
10. Alcides Arguedas, Pisagua, Obras Completas, I (La Paz, Bolivia: Aguilar, 1959), p. 81.&lt;br class='autobr' /&gt;
11. Porfirio D&#237;az Machicao, El ateneo de los muertos (La Paz, Bolivia: Buriball, 1956), p. 24.&lt;br class='autobr' /&gt;
12.Razadebronce, p. 26.&lt;br class='autobr' /&gt;
13. Jorge Icaza, Huasipungo (Buenos Aires: Lautaro S.R.L., 1948), p. 29. 14.Razadebronce, p. 28.&lt;br class='autobr' /&gt;
15.Razadebronce, pp. 37-38.&lt;br class='autobr' /&gt;
16.Razadebronce, pp. 39-40.&lt;br class='autobr' /&gt;
17. Eustasio Rivera, La vor&#225;gine (M&#233;xico: Diana, S.A., 1958), p. 129. 18. Arguedas, Pisagua, OC., I, p. 85.&lt;br class='autobr' /&gt;
19.Razadebronce, p. 35.&lt;br class='autobr' /&gt;
20.Razadebronce, p. 101.&lt;br class='autobr' /&gt;
21. Alcides Arguedas, La danza de las sombras, OC I (M&#233;xico: Aguilar, 1959), pp. 955- 956.&lt;br class='autobr' /&gt;
22.Razadebronce, p. 52.&lt;br class='autobr' /&gt;
23. Alcides Arguedas, Vida criolla, OC I, p. 91.&lt;br class='autobr' /&gt;
24. Armando Chirveches, La candidatura de Rojas, (Buenos Aires: Universitaria de Buenos Aires, 1964), p. 116.&lt;br class='autobr' /&gt;
25. Augusto Guzm&#225;n, La novela en Bolivia (La Paz: Juventud, 1955), p. 62. 26. Alcides Arguedas, Historia General de Bolivia, OC II, pp. 1320-1321. 27.Vidacriolla, p. 134.&lt;br class='autobr' /&gt;
28.Vidacriolla, p. 134.&lt;br class='autobr' /&gt;
29.Vidacriolla, p. 140.&lt;br class='autobr' /&gt;
30. Pisagua, OC I, p. 76.&lt;br class='autobr' /&gt;
31.LanovelaenBolivia, p. 60.&lt;br class='autobr' /&gt;
32. Guillermo Francovich, El pensamiento boliviano en el siglo XX (M&#233;xico: Fondo de Cultura Econ&#243;mica, 1956), p. 43.&lt;br class='autobr' /&gt;
33. Carlos Medinaceli, Las inactualidades de Alcides Arguedas (La Paz-Cochabamba: Los Amigos de Libro, 1972), p. 45.&lt;br class='autobr' /&gt;
34. Fernando D&#237;ez de Medina, Literatura boliviana (Madrid: Aguilar, 1954), p. 277. 35.Elateneodelosmuertos, p. 25.&lt;br class='autobr' /&gt;
36. Concha Mel&#233;ndez, La novela indianista en Hispanoam&#233;rica (San Juan: Universidad de Puerto Rico, 1961), p. 38.&lt;br class='autobr' /&gt;
37. Carlos Medinaceli, &#034;La nacionalizaci&#243;n del indio,&#034; en Alegr&#237;a de ayer ( Art&#237;stica 1988), p. 186.&lt;br class='autobr' /&gt;
38.Razadebronce, p. 9. 39.Razadebronce, p. 48.&lt;br class='autobr' /&gt;
40.Razadebronce, p. 180.&lt;br class='autobr' /&gt;
41,Vidacriolla, p. 121.&lt;br class='autobr' /&gt;
42.Razadebronce, p. 138.&lt;br class='autobr' /&gt;
43. Ciro Alegr&#237;a, El mundo es ancho y ajeno (M&#233;xico: Diana, S.A., 1964), p. 277.&lt;br class='autobr' /&gt;
44. R&#243;mulo Gallegos, Sobre la misma tierra (Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1961), p. 89. 45, Alcides Arguedas, Pueblo enfermo, OC I, p. 429.&lt;br class='autobr' /&gt;
46.Razadebronce, pp. 101-102.&lt;br class='autobr' /&gt;
47.Razadebronce, p. 181.&lt;br class='autobr' /&gt;
48. Oscar Cerruto, Aluvi&#243;n de fuego (Santiago de Chile: Ercilla, 1935), p. 21.&lt;br class='autobr' /&gt;
49. Fernando D&#237;ez de Medina, Nayjama (La Paz: Guisbert &amp; Cia., 1970), p. 23.&lt;br class='autobr' /&gt;
50.Elateneodelosmuertos, p. 11.&lt;br class='autobr' /&gt;
51.Literaturaboliviana, p. 278.&lt;br class='autobr' /&gt;
52.Puebloenfermo, p. 435.&lt;br class='autobr' /&gt;
53.Puebloenfermo, p. 412.&lt;br class='autobr' /&gt;
54.Puebloenfermo, p. 412.&lt;br class='autobr' /&gt;
55. Miguel de Unamuno, &#034;La envidia hisp&#225;nica,&#034; Mi religi&#243;n y otros ensayos, OC IV p. 419.&lt;br class='autobr' /&gt;
56.Vidacriolla, p. 98. 57.Ladanzadelassombras, p. 1019. 58.Elateneodelosmuertos, p. 21.&lt;br class='autobr' /&gt;
59. Rudolff Grossman, Historia y problemas de la literatura hispanoamericana (Madrid: Revista de Occidente, 1972), p. 421.&lt;br class='autobr' /&gt;
60. Raymundo Lazo, Historia de la literatura hispanoamericana (M&#233;xico: Purr&#250;a, S.A., 1967), p. 163.&lt;br class='autobr' /&gt;
61.Vidacriolla, p. 95.&lt;br class='autobr' /&gt;
62.Literaturaboliviana, p. 277.&lt;br class='autobr' /&gt;
63.Vidacriolla, 640.&lt;br class='autobr' /&gt;
64. William H. Prescott, The Conquest of Peru (New York: Mentor, 1961), p. 205. La traducci&#243;n es m&#237;a.&lt;br class='autobr' /&gt;
65. Guillermo Francovich, La filosof&#237;a en Bolivia (La Paz: Ed. Juventud, 1966), p. 16. 66.Razadebronce, p. 243.&lt;br class='autobr' /&gt;
67.Razadebronce, p. 176.&lt;br class='autobr' /&gt;
68.Razadebronce, p. 225.&lt;br class='autobr' /&gt;
69.Razadebronce, p. 46.&lt;br class='autobr' /&gt;
70.Razadebronce, p. 231.&lt;br class='autobr' /&gt;
71.Razadebronce, p. 240.&lt;br class='autobr' /&gt;
73. Ricardo Herren, La conquista er&#243;tica de las Indias (Barcelona: Planeta, 1991), p. 129. 74.Razadebronce, p. 113.&lt;br class='autobr' /&gt;
75. Arturo Torres-R&#237;oseco, Nueva historia de la gran literatura iberoamericana (Buenos Aires: Emec&#233;, 1961), p. 191.&lt;br class='autobr' /&gt;
76. Alcides Arguedas, &#034;Primera carta a Germ&#225;n Bush,&#034; en Cartas y otros escritos, OC II, p. 1179.&lt;br class='autobr' /&gt;
77. Fausto Reinaga, &#8220; Prologo&#8221;, El indio y el cholaje boliviano (La Paz: Piakk, 1964). 78.Razadebronce, p. 180.&lt;br class='autobr' /&gt;
79. Vida criolla, p. 142.&lt;br class='autobr' /&gt;
80.Puebloenfermo, p. 420.&lt;br class='autobr' /&gt;
81. Arguedas es coet&#225;neo a los estudios y apogeo del sicoan&#225;lisis. Sigmund Freud escrib&#237;a&lt;br class='autobr' /&gt;
en 1914 su Contribuci&#243;n a la historia del movimiento sicoanal&#237;tico.&lt;br class='autobr' /&gt;
82. Alfred Adler, &#034;Voluntad de poder y complejo de inferioridad,&#034; en Gaetan Pic&#243;n,&lt;br class='autobr' /&gt;
Panorama de las ideas contempor&#225;neas (Madrid: Guadarrama, S. L., 1965), p. 139. 83. Jos&#233; Vasconcelos, &#034;Filosof&#237;a psicol&#243;gica,&#034; Manual de filosof&#237;a, Obras completas,&lt;br class='autobr' /&gt;
(M&#233;xico: Libreros Mexicanos Unidos, S.A., 1961), Tomo IV p. 1131. 84. Pisagua, p. 59.&lt;br class='autobr' /&gt;
85.Vidacriolla, p. 96.&lt;br class='autobr' /&gt;
86. Pisagua, p. 43.&lt;br class='autobr' /&gt;
87. Pisagua, OC I, p. 61. 88. Pisagua, p. 64.&lt;br class='autobr' /&gt;
89. Pisagua, p. 70.&lt;br class='autobr' /&gt;
90. Pisagua, p. 54.&lt;br class='autobr' /&gt;
91. Octavio Paz, El laberinto de la soledad (M&#233;xico: Fondo de Cultura Econ&#243;mica, 1964), p. 161.&lt;br class='autobr' /&gt;
92. Carl Jung, &#034;Neurosis y sociedad,&#034; en Pic&#243;n, op. cit., p. 145.&lt;br class='autobr' /&gt;
93. Manuel G&#225;lvez, Hombres en soledad (Buenos Aires: Lozada, S.A., 1957), p. 90. 94 .Pisagua, p. 80.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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