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Rivadeneira Prada, Raúl

Homenaje a J. Quirós

Viernes 20 de mayo de 2016, por Tatiana Alvarado Teodorika

HOMENAJE A J. QUIRÓS
RAÚL RIVADENEIRA PRADA (leer la biografía)

BIOGRAFÍA BREVE

Juan Quirós García, el crítico mayor de la literatura boliviana en la segunda mitad del siglo XX, nació el 29 de agosto de 1914 en Cochabamba, último de una prole de siete hijos de los esposos Luis Quirós y Juana García

El 7 de mayo de 1957, ingresó en la Academia Boliviana de la Lengua de la que fue su director desde el 4 de abril de 1975 hasta el 5 de marzo de 1992. Fue catedrático y director de la Carrera de Literatura en la Universidad Mayor de San Andrés y profesor invitado en la Universidad de Iowa, Estados Unidos de América.

Ejerció la crítica literaria en los periódicos La Nación El Diario y Presencia, donde creó el suplemento semanal Presencia Literaria. Ese mismo año fundó también, con un grupo de escritores y periodistas, la revista SIGNO, CVADERNOS BOLIVIANOS DE CVLTURA.

PRESENCIA LITERARIA
Desde su creación con el nombre de “Hoja Literaria”, Presencia Literaria fue un órgano difusor y crítico de obras y autores de Bolivia y sobre Bolivia. La tipografía fue el soporte material de expresión de las ideas y los sentimientos más elevados. No fue casual ni vano relleno reproducir en la tapa de su primer número la “Oda a la tipografía” (1956) en que Pablo Neruda rinde homenaje a Gutenberg y a los impresores que le siguieron, y exalta la importancia de las letras de molde en el desarrollo y expansión de la cultura literaria universal. Condice el espíritu de Presencia Literaria con estos versos finales de la oda nerudiana: “…circulas/ en las venas/de nuestra/ anatomía/y si duermes volando durante/alguna noche o huelga/ o fatiga o ruptura/ de linotipia/ bajas de nuevo al libro/ o al periódico/ como nube/ de pájaros al nido”.
La tipografía de Presencia Literaria ponía semanalmente al alcance de sus lectores, como nube/ de pájaros al nido, el pensamiento filosófico y el teatro de Guillermo Francovich; los versos de Óscar Cerruto y Pedro Shimose; los ensayos históricos de José Luis Roca y Juan Siles Guevara; los artículos sobre arte colonial de los esposos José de Mesa y Teresa Gisbert; los estudios de Carlos Castañón Barrientos, las entrevistas de Mario Arancibia, las orientaciones diplomáticas de Manuel Frontaura Argandoña y Teodosio Imaña Castro; los trabajos lingüísticos de Carlos Coello y Mario Frías… Y abría senda a centenares de noveles poetas, narradores y ensayistas.
La columna más leída de Presencia Literaria era “Por el ojo de la cerradura”, que firmaba JOB, paradigma de la paciencia y la devoción. JOB le atrajo enemistades a su creador: todas las quejas y rabietas, muchas muy poco amables y rencorosas, apuntaban hacia él. Más de uno, poco favorecido por sus comentarios, juraba y re-juraba que nunca más leería a JOB, pero el domingo siguiente lo primero que hacía era husmear en los apuntes de “Por el ojo de la cerradura”.
Ilustradores llamaba Quirós a los talentosos dibujantes que le cooperaban, entre ellos Pedro Shimose, Luis Bellido, Clovis Díaz, Jorge Villanueva y los hermanos Edgar y Windsor Arandia.
“Detrás de ese pseudónimo se esconde Huáscar Cajías”, decían algunos; otros afirmaban: “JOB es Juan Quirós”, pero quedaban desconcertados al comprobar que “¨Por el ojo de la cerradura” seguía saliendo en su estilo conciso y de fina ironía, aun durante las largas ausencias de Quirós. Encabezaba la columna, en la contratapa del suplemento, la figura de un misionero descalzo, de cara inocente y luenga barba. Quirós creó a JOB, y él mismo apuntaba buena parte de los comentarios, pero también escribían la columna Huáscar Cajías, Alberto Bailey, Porfirio Díaz Machicao, Óscar Cerruto, Pedro Shimose, ÓscarRivera-Rodas y Raúl Rivadeneira Prada.
CRÍTICO LITERARIO

Entre 1858 y 1992, descuellan en la crítica literaria boliviana Gabriel René Moreno, Carlos Medinaceli, Gustavo Adolfo Otero, Humberto Vásquez Machicado y Juan Quirós García. A la muerte de Medinaceli (1949) queda silenciada por más de un lustro la estimación crítica, vacío que fue llenado por Quirós con el pseudónimo Juan D´Ors, adoptado en homenaje de admiración y gratitud al filósofo y crítico catalán Eugenio D´Ors, que fue Cónsul Honorario de Bolivia en Barcelona, y desde ese cargo salvó la vida de muchos bolivianos dándoles asilo y salvoconducto para abandonar el sangriento escenario bélico español.

La crítica de Quirós ensancha y enriquece las letras bolivianas con aplomo e imparcialidad; se desliza con ironía entre la generosidad y el rigor extremo, lejos del “paliquero” de Leopoldo Alas (Clarín). El lenguaje de Quirós es directo; amable, pero sin solemnidades; duro a veces, pero no ofensivo, le interesa más la obra que el autor. Quirós, como Clarín, levantó su voz contra el mal gusto, la chabacanería, el ripio en la poesía. Cultivar el buen gusto, esta es la cuestión de fondo aun para la crítica científica u objetiva que, como la de Frye, tiene punto de partida en la poética platónica.

La crítica de Quirós queda perpetuada en dos libros: La Raíz y las Hojas y Fronteras Movedizas, subtituladas “Crítica y estimación”. La escritura del maestro está libre de ataduras metodológicas y tiene un claro propósito estimativo y pedagógico. Su obra fue saqueada por copistas de escasas luces. Amén de estos hurtos, algunos detractores le acusaron de misoginia y exclusión de “autores cambas” en las publicaciones de Signo y Presencia Literaria. Los hechos desmienten ambas leyendas negras: en esas publicaciones abundan firmas femeninas y de escritores cruceños y benianos.

AUSENCIA Y PRESENCIA

La muerte, inexorable destino del hombre y casi siempre inoportuna, puso entre Quirós y sus discípulos-amigos una distancia temporal que, por grande que parezca, es apenas una angosta brecha por donde fluyen los recuerdos como hilos de agua en medio de un inmenso desierto, propiciando el mágico encuentro del pasado y el presente. Despierta un sentimiento similar al instalado en el corazón de Quirós cuando escribió el poema Presencia del ángel distante, en dísticos de interpelación y añoranza. Comprendimos la hondura de esta queja en el momento de su partida, pero también conservamos, cada día que pasa, el recuerdo del amigo, del “Ángel distante” cuya ausencia se torna presencia con el poder de la evocación. Se fue erguido en su misión apostólica, erguido de sencillez y sabiduría, erguido en el juicio justo y la opinión sensata, erguido ante los agravios y los agobios de la realidad, erguido ante el mezquino silencio; erguido, siempre erguido, en la memoria de quienes tuvimos el privilegio de contar con su amistad y su sabiduría.

Lo recordamos tarareando Cantos Gregorianos reminiscentes, tal vez, de su vida de seminarista en Barcelona y Roma, o melodías de Gladys Moreno, o los versos bucólicos y nostálgicos de una samba argentina: Desde la cuesta del Portezuelo/ mirando abajo parece un sueño/ un pueblito aquí, otro más allá/, un camino largo que baja y se pierde… Conservamos su imagen de marmórea figura: testa y perfil de patriarca bíblico, filósofo griego o tribuno romano. Amplia frente, de entradas profundas en su cabellera de nieve escarmenada. Ronca y firme la voz, y mano abierta a la incondicional ayuda. Exuberante buen humor, de clara y cordial risa al celebrar una broma de buen gusto. Rápida e ingeniosa la respuesta ante una insinuación maliciosa o burlesca; casi imbatible en la polémica, pero generoso en la explicación; ecuánime y preciso al dirimir controversias literarias.

En agosto de 2014 se han cumplido 100 años del nacimiento de Quirós. La corporación me confió la honrosa misión de preparar, con ese motivo, un acto de homenaje y la edición de una serie de ensayos de escritores que formaron parte del círculo íntimo del crítico. Respondieron a la convocatoria Pedro Shimose, Óscar Rivera Rodas, Carlos Coello, Alfonso Gamarra Durana, Carlos Castañón, Armando Mariaca y Teodosio Imaña Castro. Después, se sumaron Jaime Martínez y José Roberto Arze con sendos discursos por ellos pronunciados en el homenaje efectuado el 27 de agosto. Todas estas contribuciones, precedidas por mi ensayo Juan Quirós, semblanza y obra, forman parte de la Primera Sección del Anuario No. 29 y de la separata que, en forma de libro, se presentan esta noche.

Pedro Shimose se ocupa del único libro de poemas de Quirós, titulado “Ruta del Alba”, muy poco conocido aun en los ámbitos literarios del país. Shimose ofrece el primer análisis serio y documentado de esta obra; la disecciona, según el modelo de las Elegías de Propercio, en dos: 1. Poesía profana, (9 poemas), y 2. Poesía religiosa, (15 poemas).
El ensayista pregunta: “¿Por qué Ruta del Alba?” y él mismo responde: “Porque expresa la ruta del poeta –su camino de Santiago – en busca del alba, símbolo del despertar en la fe y la salvación. Shimose sostiene: “Decir que la poesía de Quirós es mística, es arriesgar mucho. La poesía religiosa de Quirós es ascética, de la vía purgativa (purgatio). Califica a Ruta del Alba como “libro de poesía religiosa sin parangón en las letras bolivianas”.

Óscar Rivera Rodas explora las claves que permitan comprender y adentrarse en el examen de la crítica literaria quirosiana. Comienza señalando que esa tarea se adecuaba a la índole y las condiciones de los medios de comunicación periódica y masiva, entre ellas principalmente la concisión. “De ahí que él mismo llamó a sus trabajos ‘reseñas’, es decir, narración sucinta, noticia y examen de obras literarias”. “El método –dice – se explica con los términos crítica y estimación. Es decir, por una parte, examen y juicio; por otra, aprecio y reconocimiento… Esa crítica y estimación tenían un objetivo muy claro, de carácter pragmático, que convertía su trabajo en lo que él mismo llamó una crítica constructiva”. Rivera Rodas explica el concepto anterior: “…criticar no debe ser solo censura, reprobación, o señalamiento de los defectos que pueda tener la obra literaria. La crítica debe considerar las imperfecciones de una manera afirmativa, dando firmeza, conjuntamente con el señalamiento de las virtudes de la obra, y así alcanzaría su condición de ‘crítica constructiva’, con capacidad, además, de instruir”.

Alfonso Gamarra Durana compuso, en su lecho de enfermo, un precioso canto sentimental, pero distante de la elegíaca tristeza, de ocho estrofas, una corta y siete largas, para honrar la memoria de su entrañable amigo Juan Quirós. El poeta combina la descripción del amigo con la admiración por su obra sacerdotal y literaria. Reproduzco el fragmento final de la octava estrofa, corolario de la imagen poética del maestro:

El hombre que esperaba la luz en el horizonte
se acercaba también a los crepúsculos
a los símbolos impresos
a conseguir la semilla de las odas
y en ellas los brotes perfumados
en la prosa de los discípulos
de ideas concebidas en la palpitación
y en las notas que cadencian sobre superficies
de mares calmos.
No quiso noches de vacío
ni senderos desiertos de escritos ilegibles.
Por lo que hizo en su vida
fue el doctrinero de la paz.

Carlos Coello Vila relata cómo se fundó la revista SIGNO, su casi milagrosa pervivencia de 1956 a 2007. A la muerte de Quirós, Coello asumió la dirección de la revista con igual solvencia y empeño que su fundador. Hace un detallado recuento de 1534 fichas de ensayos, estudios o artículos y más de un millar de recensiones de otros tantos libros.
Sobre la importancia que tuvo SIGNO en la vida literaria de Bolivia, oigamos a Coello: “Tres generaciones de bolivianos nos dimos cita en las páginas de esta meritoria publicación. La primera, generación de los mayores, la de los hombres nacidos antes del primer centenario de la República, entre 1910 y 1925, empezó a producir en la etapa previa a la guerra del Chaco; la de los nacidos entre 1935 y 1950, generación media, puso en letras de imprenta sus primeros trabajos a partir de los años 60, y la generación más joven compuesta por los nacidos entre 1950 y 1965, que deja escuchar su voz después de 1970. Esta mesnada multigeneracional de intelectuales es la portadora de la producción cultural boliviana que cubre la segunda parte del siglo XX y trasciende el siglo, proyectándose tenuemente en el presente.

Carlos Castañón Barrientos, uno de los fundadores del Movimiento Prisma, rememora la fundación y actividades de este cenáculo impulsado por Juan Quirós como un centro de confluencia de intelectos para el intercambio y discusión de ideas, creaciones e inquietudes culturales, sin limitaciones reglamentarias ni prejuicios. Apunta: “Juan Quirós, el más destacado organizador del grupo, y en realidad su sostén espiritual, fue quien bautizó (al cenáculo) con el nombre de Prisma, voz que designa un poliedro que, pese a la diversidad de sus facetas, constituye una unidad, un solo cuerpo”. Recuerda también que Prisma se estableció con la finalidad de realizar una amplia tarea de promoción de la cultura boliviana dentro y fuera del país.

Armando Mariaca Valdez deja oír su autorizada voz en la reminiscencia de la obra de Quirós en Presencia, el matutino católico fundado por Huáscar Cajías y un grupo de personalidades entre las que figura el propio autor. Entre afectuosos recuerdos e impresiones personales, Mariaca aporta esta imagen:
“La presencia de Mons. Quirós en PRESENCIA fue importante no solo por todo lo que hizo en el suplemento Literario, sino por su amistad, su don de gentes, su profesionalismo en la prédica del Evangelio con el ejemplo, con la forma de vida y con la práctica de virtudes que solo él supo imprimir a quienes conocía.

Teodosio Imaña Castro rescata del olvido la faceta universitaria de Quirós, no por corta menos importante, como catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras, y como Director de la Carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés, en la década de los 70s. Imaña Castro da testimonio de la amplitud con que Quirós acogía en la cátedra, en Presencia y en SIGNO los trabajos de noveles escritores y el aliento que les brindaba para seguir produciendo.

Jaime Martínez Salguero ofrece una síntesis biográfica de Quirós basada en el abundante material publicado en SIGNO 32-33 y una estampa desde la visión del amigo y asiduo colaborador de Presencia Literaria y la revista SIGNO. Transcribe algunas anécdotas personales del rico repertorio con que Quirós nos deleitaba, especialmente en las tertulias sabatinas de Prisma.

José Roberto Arze, quien ha tenido a su cargo la catalogación de una parte de la biblioteca de Quirós, ahora patrimonio de la Academia Boliviana de la Lengua, bajo la clasificación decimal de Dewey, informa de su volumen numérico en las áreas de Literatura. Historia y geografía; Ciencias sociales y otras.
La publicación se cierra con una selección iconográfica del inolvidable amigo y “maestro que no enseñaba nada, pero del que lo hemos aprendido todo”, como ha dicho Óscar Rivera Rodas.
Finalmente, deseo dejar impresa la frase que, libre de ropaje metafórico, me ha inspirado el imperecedero recuerdo de Juan Quirós:

Tu ausencia se hace presencia
porque no el olvido
sino la luz del recuerdo pervive,
y esta es más intensa
cuanto más larga es tu ausencia.

La Paz, 2015

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